Existen milagros mas también hay coincidencias en el mundo…
Atte. Arthuria Pendragon.
-Esta misma tarde, recuperaremos lo que es nuestro, acabemos con esta tragedia y avancemos a donde nuestro enemigo se refugia tan cobarde, se oculta entre la gente que una vez se nos encomendó proteger, les ha envenenado la mente y ahora es parte de nuestro enemigo.-
- ¡Así que no tengan piedad por que ellos tampoco la tendrán!- Dijo un hombre grande armado, con una espada y un gran escudo que tenia grabado el emblema de Hyrule, el gran general, el único sobreviviente al ataque de Ganondorf. –Hoy nuestras manos se llenaran de todo tipo de sangre, estaremos malditos por los familiares de aquellas personas. Pero todo sea por recuperar a nuestro amado Hyrule.-
Miles de hombres acudían al llamado del ahora proclamado gran héroe de Hyrule.
A unos minutos de tomar la cuidad, algunos hombres iban a ver a este nuevo héroe.
Nadie recordaba ni al Héroe que cargo el destino del mundo, ni a la Princesa Dorada de la esperanza.
Mientras que a lo lejos algunos campesinos oraban por el bienestar de los soldados, otros valientes iban tras ellos y pedían que los dejaran entrar al combate.
Sin más demora comenzaron a sitiar la cuidad, a base de grandes rocas en catapultas rompieron con la barrera principal que les impedía entrar.
Una vez a dentro los soldados comenzaron a buscar señas del enemigo, mas las calles vacías se encontraban, algo muy raro ocurría.
Un eco a lo lejos resonaba, eran abucheos y maldiciones, la cuidad temblaba ante los movimientos de la gente.
Los soldados llegaron a donde se escuchaba el jadeo, y encontraron a las masas corriendo de tras de algo o alguien.
Comenzó la masacre…
Gracias a la distracción de los demás, pudieron repeler al enemigo que apenas pudo conseguir algunas bajas en los soldados al percatarse que estaban ahí.
Ahora solo quedaba el castillo.
El nuevo héroe empuñaba su espada sin dudar de sus actos, se aproximaba al ya famoso puente entre la cuidad y el castillo, con un caballo blanco parecía ser el símbolo de esperanza que acabaría con el mal.
Cuando llego al castillo se llevo una gran sorpresa, un caballo café claro con algunas manchas blancas ya se encontraba ahí, con el emblema de Hyrule en su montura.
Abrió las puertas de par en par y lo que encontró era casi como un milagro.
Los refuerzos llegaron tras su general y vieron también la escena. Sin creer que aquello fuera real casi como un sueño.
Un chico rubio cargaba a la joven con un vestido blanco mostrando la trifuerza y tras ellos el mal había caído.
