Una sala circular blanca.
El mismo hombre que era aclamado por la gente, el mismo que era llamado Héroe, estaba en esa sala siendo el centro de atención.
El era algo grande de unos 25 años, tenía ojos azules y pelo café rizado, su cuerpo era musculoso y largo, vestía una capa roja, su armadura plateada con total seriedad.
Subía por las escaleras de mármol y le esperaba un hombre viejo con una túnica blanca.
Al llegar el hombre hizo una reverencia y así se quedo mientras el viejo proclamaba.
¡Paul!
-Tu hombre de palabra y verdad. Tus acciones son ya legendarias, tu nombre causa miedo al enemigo, tu figura impone respeto y tu espada representa tu grandeza.-
-En horas de angustia y de falta de un guía correcto para el pueblo tú fuiste su luz y su ley.-
-Hombres fueron contigo al lugar donde el demonio se encontraba y lo eliminaste con tu furia y coraje. Purgaste el mal de Hyrule.-
-Por estas acciones se te ha querido recompensar, pero no hay honor más grande que el que yo te otorgo.-
El hombre cogió una corona de oro con diamantes y un gran rubí en el centro y la coloco sobre Paul.
-Te estoy dando la gran responsabilidad de cargar con el peso de las alegrías, las penas y las crisis de tu pueblo.-
-¡Yérguete Paul Rey de Hyrule!-
El viejo bendijo a Paul con una espada y le indico que se levantara.
El joven rey Paul se dirigió debajo de las escaleras a recibir a su pueblo, salió por un balcón que daba la vista a casi toda la cuidad, el centro era perfectamente visible ante él.
-Mi gente, hoy es un día para celebrar, nuestros esfuerzos no han sido en vano, hemos recuperado nuestras tierras.-
-Aun más importante la justica prevaleció, todos somos héroes por que cualquiera puede tomar una espada pero no cualquiera tiene el valor de manchar sus manos por el beneficio mutuo.-
-Propongo que nos dejemos de espadas y tratemos de vivir en un mundo donde las espadas no tengan lugar en nuestra mente ni vida cotidiana. Propongo paz…-
La gente grito de emoción y aplaudió a su nuevo rey.
Paul se metió de nuevo a donde se encontraban las escaleras para bajar de la pequeña torre de coronación, cuando encontró en el paso hacia las escaleras a dos personas muy conocidas.
-¡Zelda y Link!- Dijo Paul algo sorprendido. –Que gusto verlos en este día, pensé que no vendrían.-
Los chicos hicieron una reverencia ante su nuevo rey. Zelda vestía un diferente atuendo al habitual, usaba un vestido corto que le llegaba poco más arriba de la rodilla, de manga larga era color rojo con un par de adornos dorados, en su cabeza ya no se encontraba nada más que una simple flor amarilla. La chica tomo la palabra. –Mi rey, no podíamos negarnos a ser por lo menos su escolta este día.-
Link por su parte también estaba muy diferente, tenía una pequeñísima coleta por detrás, mientras su cabello seguía siendo un desorden. Hoy en vez de su habitual vestidura verde traía un traje muy simple color rojo al igual que Zelda tenía adornos dorados. –Además que usted nos hizo la invitación a este gran honor.- Dijo Link con otra reverencia.
-Vamos chicos no sean tan formales, ahora dirijámonos al salón que nos espera un gran banquete, hoy celebramos. Estoy seguro de que hasta tu Zelda quieres un poco de celebración por haber acabado con el mal.- Dijo con una mirada algo burlona.
-Claro su majestad.- Replico la chica con una sonrisa muy falsa.
