Compromiso Real regresó a Fanfiction ;)

Los personajes son de la maravillosa Stephenie Meyer, La historia es una adaptación de La Princesa y el Italiano de Jane Porter.


La princesa y el italiano -Jane Porter

Compromiso Real

Epílogo

VAMOS a llegar tarde —dijo Isabella por enésima vez—. No puedo llegar tarde. No quiero llegar tarde.

Rose y Alice le dedicaron una mirada diver tida a la vez que exasperada.

—Si no hubieras empezado a llorar, no habrías tenido que volver a maquillarte.

—Si alguien me hubiera dicho antes lo del velo, no habría empezado a llorar.

—Habrías llorado de todos modos —dijo Rose—. Estás preciosa, Bell. Esa tiara parece hecha para ti.

Isabella alzó una mano para tocar la tiara de diamantes que llevaba puesta. Era la misma que su padre encargó para la boda con su madre.

Isabella parpadeó varias veces para contener de nuevo la lágrimas.

—¡Estoy insoportable!

—Tranquila, tía Isabella —dijo su sobrina Lilly—. Se supone que las novias siempre lloran.

Isabella rió y la abrazó.

—¿Cómo sabes tanto de la vida, pequeña?

Lilly suspiró.

—Ya tengo ocho años, tía. Lo que pasa es que desde que tienes todos esos líos con Edward te has olvidado de todo.

Alice hizo un gesto a su hija para que se callara, pero Rose rió. Isabella dedicó una irónica mirada a sus hermanas.

—Gracias, Lilly. Ahora lo recuerdo.

En otras circunstancias, el viaje a la catedral habría durado tan sólo unos minutos, pero dada la multitud que abarrotaba las aceras, en aquella ocasión se prolongó bastante más.

Cuando el coche se detuvo ante la catedral, Isabella se inclinó impulsivamente hacia sus her manas y las besó.

—Gracias —susurró, conmovida por tenerlas a su lado el día de su boda. Siempre había sido la princesita, la pequeña de las princesas Swan, pero sentía que aquello había cambiado de al gún modo a lo largo de los dos años anteriores. Se sentía lista para pertenecer de nuevo a Forks, para afrontar su futuro allí.

Mientras salía del coche oyó que alguien gri taba:

—¡Te queremos, princesa Isabella!

La gente que abarrotaba la catedral lo oyó y empezó a entonar su nombre mientras el abuelo se acercaba a ella para tomarla del brazo.

—Tu gente te quiere —dijo junto a su oído.

Isabella asintió, emocionada. Todo el mundo había sido tan amable con ella, tan paciente... y ella se sentía más agradecida de lo que nadie podía imaginar.

—Yo también quiero a la gente de Forks.

—Se alegran de tenerte de vuelta —añadió el rey Charles.

—Y yo de estar aquí, abuelo.

Pero en cuanto enfilaron el pasillo central, Isabella sólo tuvo ojos para el hombre que aguar daba ante el altar.

Edward.

La esperaba flanqueada por sus dos distin guidos cuñados, Emmett Hale y Jasper Whitlock, y era todo lo que siempre había querido, todo lo que siempre había soñado.

El príncipe Edward Masen Cullen. Su cora zón.

Con los acordes del órgano de fondo, Isabella contempló a Rose, Alice y Lilly mientras la precedían por el pasillo.

Y finalmente llegó su turno. Tres años des pués de su compromiso con el príncipe y dos después de haber perdido su virginidad. La vida no había sido fácil, pero cada lección que había aprendido la había llevado hasta aquel punto.

Cuando se detuvieron ante el altar, estaba temblando. Estrechó cariñosamente el brazo de su abuelo antes de apoyar la mano en el brazo que le ofrecía Edward.

—Gracias, abuelo —murmuró—. Te lo debo todo.

—No me debes nada, cariño. Sólo sé feliz.

—Lo soy.

El rey Charles la besó en la mejilla y a conti nuación se fue, dejándola al cuidado de Edward.

El órgano dejó de sonar, y unos segundos después el obispo comenzó a oficiar la ceremo nia.

—He llegado tarde —susurró Isabella mientras miraba el perfil de Edward.

—Sólo media hora —susurró él.

—Lo siento.

Él le estrechó la mano cariñosamente.

—Empieza a dárseme bien esperar.

Isabella estuvo a punto de reír. Pero no debía reír se. Era el día de su boda. Se estaba casando con un príncipe. La vida se estaba volviendo seria.

—Te has convertido en un hombre paciente.

Los labios de Edward se curvaron.

—¿Por qué no? Todos necesitamos un poco de tiempo extra de vez en cuando.

Las dos horas siguientes pasaron volando. Isabella disfrutó de la ceremonia, de la recepción y del baile, pero finalmente llegó la hora de escapar y quedarse a solas con Edward. Y escaparon a la habitación que tenía reservada Edward en el Pa lace Hotel. Al día siguiente partían en un cruce ro de dos semanas por las islas griegas, pero el resto de la noche era suyo.

Isabella se sentó ante el tocador para quitarse la tiara, pero resultó más difícil de lo que creía.

—¿Me echas una mano, Edward? No querría que se me estropeara el velo.

Edward, que estaba llenando la bañera, salió del baño y se acercó a ella.

—Estás preciosa —dijo, mirando el reflejo de Isabella mientras se situaba tras ella—. Y esta tiara es casi tan preciosa como tú —añadió mientras se la quitaba y la dejaba sobre el tocador.

—El abuelo la había estado guardando para mí.

—Tu familia te adora.

Isabella asintió y se mordió el labio inferior, emocionada. Se sentía tan feliz, tan afortuna da...

Al ver la amorosa mirada que le estaba dedi cando Edward la emoción amenazó con superarla. Todo lo que tenía que hacer era mirarla para desearlo... y el deseo no estaba precisamente dis minuyendo, sino que se volvía más y más inten so cada día.

—Te has quedado muy callado —murmuró.

—Estoy disfrutando mirándote.

—Has luchado verdaderamente por mí.

—No tenía otra opción.

—¿Por qué?

—Ya conoces la respuesta.

Isabella se levantó y se volvió hacia él.

—Quiero volver a escucharla.

Edward la tomó de la mano y se sentó con ella en el borde de la cama.

—Te quiero.

—Otra vez.

—Te quiero.

—Otra.

—Te quiero.

Isabella se inclinó hacia Edward y lo besó lenta mente, saboreando el deseo que de inmediato empezó a florecer entre ellos.

—Prométeme que nunca dejarás de decirme que me quieres.

—Lo prometo.

—Y prométeme que seguirás queriéndome cuando seamos mayores y tengamos canas.

—Lo prometo.

—Y prométeme que siempre recordarás este día.

Edward rió.

—Lo prometo.

Isabella respiró profundamente, aún tratando de asimilarlo todo.

—La verdad es que tenemos una historia in creíble que contarles a nuestros hijos.

—No la creerán.

—Tendrán que creerla. Es nuestras historia.

—Toda una historia —bromeó Edward.

—Más grande que la vida.

—Con muchas dosis de testarudez...

—Supongo que te estás describiendo a ti mis mo.

Edward volvió a reír.

—Puede que necesitemos repasar los hechos.

—Estoy de acuerdo. De hecho, mientras esta mos de luna miel podemos dedicarnos a recor dar los detalles.

—Tendremos tiempo.

—No mucho —Isabella apoyó sus labios contra los de Edward y susurró—: Estoy embarazada. Espe ramos un bebé para las próximas navidades.

Fin.


TEMINAMOS espero leerlas en las otras.
Niñas, les aviso de una vez, cuando las historias se terminen de publicar, no será necesario que las descarguen de flagfic o de otros sitios. Pondré las historias a su disposición, con portada y toda la cosa. La pregunta del millón: ¿Dónde?

Bueno, pues para acceder a ellas solo deben pasar a mi facebook ;)
En mi perfil está el link de acceso ;) www . facebook karen . oshea . 568?fref=ts
Ya he dejado "En su Cama" y el fin de semana subo esta, si la desean tener en su biblioteca personal solo deben acceder a mi facebook, ahí pondré el link de desacarga.

Besos: K. O'Shea ;)