El secreto de la luna

Cleo se recostó sobre la cama mientras Leki se daba vueltas en ella preparándose para dormir. Orphen en tanto no lograba conciliar el sueño ahí recostado sobre un sillón donde debía encogerse para descansar, pero tampoco lograba reunir el valor necesario para aproximarse a Cleo y pedirle un lugar en su cama.

Sin duda sería una noche muy larga para el hechicero.

Tras un rato de haber apagado la luz de la vela, Orphen notó que Cleo inquieta se movía de un lugar a otro, algo incómoda. Se preguntaba en tanto si estaba durmiendo, o simplemente se movía tanto porque no podía quedarse dormida, al igual que él. Unos minutos después, la chica finalmente se quedó boca arriba con su mano cayendo delicadamente sobre su frente, luego de ello dio un gran y profundo suspiro.

Cleo: Orphen, ¿estás despierto?

El muchacho asintió de mala gana, comenzaba a sentir algo de sueño y justo cuando lograba algo de paz interior la rubia lo molestaba.

Orphen: ¿qué sucede Cleo?

Cleo: estaba pensando, me temo que ya se tu respuesta, pero de cualquier forma debo decírtelo, después de todo uno nunca sabe, las personas son impredecibles y….

Oerphen: Cleo.. ¿a qué viene todo ese discurso?

Cleo: Keilot se irá de viaje, él sólo, necesitará ayuda y compañía, tal vez debamos acompañarlo.

Orphen se alzó del sillón rápidamente y algo perturbado, sin mencionar también muy molesto.

Orphen: Los cazadores usualmente viajan solos Cleo…

Cleo: creo que el no quiere... yo… yo voy a acompañarlo… -La chica se mostró decidida, la idea ya se le había metido de lleno dentro de la cabeza y nada ni nadie la haría cambiar de opinión.

Orphen dudó un momento con sus brazos apoyados sobre las piernas, y su cabeza gacha. –Ni modo- pensó finalmente.

Orphen: entonces… creo que no nos queda otra, no harás más que meter al muchacho en aprietos.

Cleo que aún se mantenía con sus brazos sobre su cabeza y con la mirada perdida en el techo se sentó sobre la cama sorprendida. "¿acaso había oído mal?, ¿acaso Orphen había decidido ayudar a Keilot?"

Cleo: entonces ¿iremos todos?

Orphen: ¡Claro que sí!, ya te lo dije, suficientes problemas tiene ya ese chico con su hermana como para que mas encima tenga que soportar la tortura que implica viajar con una molestia como tú.

Cleo: ¬¬ si serás…

Orphen: y es suficiente por hoy Cleo, necesito dormir… buenas noches.

Cleo: ¡SI!.

La muchacha sonrió dulcemente y esta vez cayó dormida rápidamente, no así el hechicero. Que no dejaba de repasar dentro de su cabeza una y otra vez la escena del cazador besando a Cleo, sintiendo con esto como una puñalada dentro de su pecho. Le molestaba no entender por qué sentía tal angustia en su interior, y además… una especie de rabia o enojo con Cleo que hasta el minuto nunca antes había sentido, mientras que al mismo tiempo se sentía culpable y sentía que más que nunca quería mantenerla a su lado.

Con sus brazos acomodados tranquilamente bajo su nuca se atrevió a dirigir su mirada hacia un costado en donde se encontraba el cuerpo de Cleo tímidamente alumbrados por la luz de la luna.

Su piel brillaba con intensidad bajo aquel reflejo invasivo que se introducía por la ventana, la hacía lucir hermosa, mientras que su rostro alegre y tranquilo era acariciado suavemente por sus dorados cabellos que se extendían encima de las sabanas.

Aquella imagen no lo sólo hizo sonrojar al hechicero, sino que también provocó una especie de cosquilleo en su vientre que trajo consigo mas reacciones propias de un hombre.

Sacudió su cabeza apartando la mirada hacia el otro extremo, y comprendió entonces que la imagen no se le borraba de la mente. Necesitaba despejarse o si no simplemente sentía explotaría en cualquier momento.

Se deslizó de su sillón y cauteloso camino hacia el gran ventanal por donde entraba la luz de la luna y luego lo abrió respirando aire fresco y calmando su instinto animal.

Momentos después y ya resignado de su condición aunque no asumido por ello se devolvió al cuarto para encontrarse de cara nuevamente con la imagen de la rubia apacible sobre su cama.

Se aproximó a ella curioso, preguntándose una y otra vez porque se sentía tan exaltado con la imagen de Cleo. Y mientras se hacía esta pregunta se sentó suavemente al borde de la cama justo a un costado de la muchacha.

Tantas cosas pasaron en ese momento por su mente que se sonrojó a tal punto de tomar el color de un tomate.

"¿qué estoy pensando?, ¡ja!, me estoy volviendo loco!, yo y Cleo, eso sería…" El hechicero miró Cleo una vez más y esta vez no pudo evitarlo, su mirada se dirigió automáticamente hacia los rosados y carnosos labios de la chica, en sólo un parpadeo se vio robando de ellos un tierno y secreto beso. Sólo eso necesitaba, probarse así mismo que sólo se trataba de una locura y que algo así nunca podría ocurrir. Se apartó lentamente del rostro de Cleo sin apartar ni un momento la mirada de su rostro, y entonces lo comprendió, le gustaba, y mucho, y se daba cuenta ahora… justo cuando ya la había perdido con otro.

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