El viaje
Orphen esperó durante gran parte del día, sin embargo Cleo nunca apareció.
Magic llegó a la posada a penas cayó la noche, consciente de que al día siguiente partirían, y a pesar de las esperanzas del hechicero la rubia no venía con él. Magik ni siquiera la había visto desde la última vez, y esta información irritó bastante a Orphen, quien comenzaba a preocuparse, no pensando en que algo malo ubiese ocurrido con su amiga, si no todo lo contrario.
Orphen: "sólo cosas buenas poden pasarle estando con Keilot" luego de este pequeño choque de neuronas el muchacho comenzó a darse de cabezazos en la pared, como castigo a ese pensamiento.
Aún a pesar de esto Orphen la esperó hasta entrada la noche pero Cleo parecía haberse esfumado de la faz de la tierra, a cada minuto que transcurría el chico de ojos almendrados sentía enardecer de rabia, y sin darse cuenta sus pasos que hasta el minuto se movían en un vaivén de acá para allá, acabaron llegando a la pequeña y cómoda casa azul del cazador.
Su rabia era tal que ni siquiera tuvo que armarse de valor para golpear invasivamente la puerta casi echándola abajo con los golpes. Pero a pesar de su atrevimiento no hubo respuesta.
Tras varios minutos realizando aquella agotadora tarea finalmente se decidió a echar abajo la puerta, cuando una imagen perturbadora cruzó por su mente.
Orphen: ¡Curo las cicatrices del declive!. Pronunció, luego la puerta se encontró intacta, tal y como estaba en un principio.
Un vistazo corto alrededor, lo hizo comprender que no había nadie. Imaginó lo peor. Tal vez Cleo y Keilot habían decidido marcharse antes, los dos solos y juntos.
Orphen estaba ardiendo en cólera, ¿Cómo podían hacerle eso?, Traicionarlo de esa manera, ¿después de todo ese tiempo, así sería? ¿Ni siquiera con un adiós de por medio?.
Entonces un ruido a su espalda le provocó voltearse.
Quizá no habían huido, tal vez con su fama de cazador, Keilot había sido atacado por algún demonio peligroso con Cleo encontrándose a su lado, quizá estaban heridos, quizá…
Keilot: Vamos Cleo, es tarde, no irás sola a casa.
Cleo: No estoy sola, Leki es muy buena compañía, ¿o no mi pequeño Leki?
A penas cruzaron el umbral cuando vieron una silueta negra paseando en medio de la oscuridad de la sala.
Keilot sacó de su cinturón una daga pequeña, mientras Cleo asustada se posaba tras el cuerpo del muchacho, pensando que tal vez pudiese tratarse de un fantasma. A pesar de la reacción de la rubia el castaño de piel y ojos claros, se incorporó con una sonrisa en el rostro, guardando su daga nuevamente en el cinturón.
Dio un par de aplausos y unas cuantas velas se prendieron rápidamente, iluminando tímidamente la habitación y dejando al descubierto al hechicero negro en medio del cuarto.
Cleo: ¡Orphen!. Suspiró la chica como primera reacción.
Pero aquello duró muy poco, luego de ese casi "recibimiento acogedor" de parte de Cleo, el hechicero sintió un tímido escalofrío que comenzó a recorrer lentamente su espalda mientras la expresión en el rostro de su amiga iba cambiando paulatinamente a una expresión, fría y malévola que acabó por enegreser por completo sus ojos, donde se asomó una amplia y tenebrosa sonrisa a la que Orphen conocía perfectamente y también temía, como pocas cosas en el mundo, seguido a eso una luz verdosa iluminó la sala por completo
Cleo: ¡LEKIIIIIII!- fue lo último que oyó antes de salir volando por los aires.
Minutos después Orphen y Cleo caminaban en medio de la oscuridad de la noche, Orphen bastante molesto y con rasmiñones en todo su cuerpo mientras la chica caminaba con su linda mascota en sus brazos y con aire distraído.
Cleo: Vaya Orphen así que no pudiste evitar preocuparte e ir a buscarme, ¿quién lo diría? Orphen preocupado por mi- se mofó la chica con una risa satisfecha contenida.
Orphen: ya te lo dije, me preocupas porque eres demasiado torpe, imaginé que podía haberte pasado algo.
Cleo: Sí, me imagino, por eso estabas en la casa de Keilot. Rebatió la muchacha.
El chico se ruborizó, ¿cómo podía haber inventado un pretexto tan tonto?, era lógico que Cleo lo mirara de esa forma, nadie era tan tonto como para creerse una historia así. Al menos la chica había aceptado finalmente devolverse junto a él a la posada, esto lo animaba un poco, aunque muy en el fondo, pues en ni un minuto estaría dispuesto aceptar que moría de celos.
Orphen: Cleo, ¿Dónde te metiste en todo el día?, realmente me estaba preocupando.
Cleo observó a Orphen, su expresión lucía serena, y realmente no estaba burlándose de ella.
Cleo: estuve con Keilot y Steph, fuimos a visitar a su hermana Sahara. Ella se enteró del viaje de Keilot, y por supuesto no lo aceptó sin antes dar batalla. Finalmente Steph la convenció pero ciertamente fue muy difícil, imagina a la hora que nos desocupamos.
Orphen sonrió aliviado; notó las expresiones de su compañera mientras esta hablaba, era sincera, y lo mejor es que no pensaba en cuanto lo aliviaba su respuesta.
Continuó su camino, escuchando los relatos de la muchacha, quien no podía evitar dar detalles de lo que había vivido al visitar a la hermana enferma del cazador. Había sido acosada por el curandero nuevamente.
Cleo: Intentó acercárseme por la espalda pero Keilot se dio cuenta y esperó el minuto apropiado y cuando el anciano se confió, él sacó una de sus armas, y en un parpadeo se encontraba colgado atrapado en un árbol con cinco dagas atravesándole la ropa. ¡Fue muy gracioso!
Orphen rió junto a Cleo, no le agradaba que el cazador la protegiera ni que el anciano intentara acosarla, pero sí el echo de que a pesar de la discusión que habían tenido y de la cual no se había disculpado, Cleo le continuaba hablando como si nada hubiese pasado.
Ella sin duda era como un niño pequeño, limpia de rencor, y malos sentimientos.
Cleo: Orphen, tú me llevaste al cuarto hoy en la mañana
Preguntó la chica de manera repentina, sacando abruptamente al hechicero de sus pensamientos.
Asintió sin más, intentando disimular sus mejillas sonrojadas. Recordando por supuesto lo ocurrido en esa ocasión, y por supuesto, la noche anterior, de alguna forma el alcohol había logrado bloquear ambas escenas en la mente de Cleo. (o quizá el subconsciente de Cleo había bloqueado esas escenas, tal vez para proteger sus propios sentimientos.)
Cleo: No recuerdo que paso, en verdad, dime, fuiste a buscarme al cuarto de Magik, o yo aparecí en la habitación, en verdad no recuerdo nada.
Orphen dudó unos momentos, pero luego de meditarlo cortamente decidió que lo mejor sería omitir cierta información a la chica, después de todo, ella era especial para él y por lo tanto un minuto como el vivido antes, debía ser un momento especial para ambos, lo que quería decir, completamente consciente de sus actos.
Orphen: Yo fui a despertar a Magik, pues él no había desayunado, y cuando entro al cuarto se encontraban los tres bebidos hasta no poder más. Luego de ello, mande a Magik a acostarse y a acostar a Eris quien era la que peor se encontraba de los tres. Luego de cargué en mi hombro mientras tu aullabas como lobo para que te soltara, pero te quedaste dormida antes de dejarte en la cama.
Cleo se ruborizó levemente tras aquel comentario y luego infló sus mejillas.
Cleo: que malo eres Orphen, como me dices que aullaba como lobo
El hechicero sonrió, al ver la tierna expresión de su amiga mientras decía aquellas palabras.
Orphen: Vamos Cleo, olvídate de eso, yo no le diré a nadie. Fue lo último que dijo antes de llegar a la posada.
Al día siguiente Magik debió lidiar con el mal humor de su maestro, ya que fue él quien le correspondió la dura tarea de despertarlo, puesto que Cleo a penas a esas horas comenzaba a arreglarse. No sabía por qué habían llegado tan tarde a casa, pero esperaba que al menos su maestro se encontrara feliz de regresar en compañía de Cleo y de tan buenos amigos, pero las suplicas del aprendiz no fueron oídas y todo lo contrario a lo esperado, el malgenio de Orphen ganaba nuevamente.
Magik: ¡Pero Maestro debemos irnos! El cazador ya vino por Cleo, ¿no dijo que iríamos con ellos?
Orphen: ¿O_o?, ¿dónde está? Respondió refunfuñando.
Magik: Abajo, desayunando, y Cleo ella debe haber bajado también…
Orphen: ¡¿Y por qué no me avisaste antes? Gritó éste con enfado, y con su rostro maquiavélico intimidó a Magik quien supo, debía correr por su vida, antes de caer en las garras de su maestro.
Cuando todos acababan ya de tomar su desayuno, el hechicero negro recién hacía su entrada, descendiendo por las escaleras con las manos tras su cabeza, de forma tranquila y despreocupada. Aún tenía tiempo suficiente como para atragantarse con algún trozo de pan y beber un vaso de jugo o una taza de té.
Cuando hubo terminado todos salieron y se despidieron con alegría abandonando finalmente el lugar.
Su viaje comenzaba ahora, y una nueva aventura aguardaba su camino, el clima era bueno, y el camino se veía esperanzador. Azalie se había encargado de dar coordenadas exactas al cazador respecto a su objetivo, y él en conjunto a una chica especial y sus amigos hechiceros de la Torre de los Colmillos, tendrían que caminar hacia los confines del mundo para alcanzar el lugar y encontrar a un poderoso enemigo.
Cleo: ¿y crees que puedas lograrlo? ¿Estás preparado para enfrentarlo? Le preguntó al cazador mientras caminaba relajadamente a su lado.
Keilot: supongo… en verdad he estado algo perezoso durante este año pero este viaje me ayudará a ponerme al día, debo hacerlo o si no….
Un rayo brillante pasó por debajo de Cleo y Keilot. La chica no entendió en que minuto el chico la había rodeado con sus brazos y alzado del suelo quedando ambos con las cabezas hacia abajo mirando directamente al pavimento.
Orphen: muy lento…
Keilot depositó a Cleo sobre el suelo, quien aún se mantenía sorprendida.
Magik meció la cabeza de un lado a otro en signo de desaprobación.
Cleo: ¡Maldito hechicero! ¡Tú nos atacaste! Le gritó la chica eufórica.
El rostro de Keilot sin embargo lucía serio, y mantenía la mirada fija en los ojos de Orphen quien se mantenía estático y de la misma forma.
Orphen: Vas a enfrentar a un poderoso demonio y, ¿piensas hacerlo en esas condiciones físicas deplorables? Te aconsejo que comiences a entrenarte desde hoy mismo o te aseguro que no sobrevivirás.
Cleo se relajó entonces comprendiendo que finalmente las intenciones de Orphen no eran malas, si no todo lo contrario, en su modo poco usual de ser, intentaba ayudar a Keilot ayudándolo con sus debilidades.
Keilot lo notó antes, y por eso no reprochó, había actuado muy lento, había salvado a penas del ataque de Orphen y eso era malo, en una situación real frente a un demonio, quienes eran mucho más rápidos y letales, él no hubiese salido con vida y lo que es peor, tampoco hubiese sido capaz de proteger a Cleo ni a nadie.
Keilot: (esbozando una sonrisa) Lo tendré en cuenta hechicero. Luego de ello dio la espalda y continuó con su camino.
Magik se adelantó, agradecido de que la actitud de su maestro no había molestado a nadie.
Cleo: intentas ayudarlo…
Orphen alzó los hombros, mientras apresuraba el paso.
Orphen: no, sólo intento que no sea una carga, a la hora de una batalla no me ocuparé de protegerlo a él, eso es seguro.
Cleo sonrió manteniéndose de pie mientras veía a Orphen caminar con sus manos dentro de los bolsillos. Lo conocía bien, y sabía que aquella era una de las tantas formas en que intentaba ayudar sin mostrar las mas mínimas intenciones de hacerlo.
Cleo: de seguro sólo intentaras cuidar de tu propio pellejo. ¿a quien más si no? Se mofó la chica mientras aceleraba el paso siguiendo a Orphen.
El chico se detuvo y volteó mirando directamente a los grandes y azulados ojos de Cleo.
Orphen: ¿A ti por ejemplo?, no permitiría que nada malo te ocurriera.
Esta respuesta dejó el corazón estático, ella misma parecía una estatua de hielo, jamás esperó una respuesta así de alguien, menos aún si ese alguien se trataba ni mas ni menos que del mismísimo Orphen.
Antes de poder agregar algo más, la pelirrubia advirtió como Orphen salió repentinamente expulsado hiendo a parar a un árbol en el cual se quedó estatico, completamente inmovilizado.
Keilot: demasiado lento y distraído…
Cleo y Magik: -_-"
Magik: Cleo, creo que el maestro logró encontrarse a alguien tan competitivo como él.
Cleo: Si, incluso yo pienso que este será un viaje agotador teniendo que lidiar con los dos de esa forma.
Magik: quién lo diría, después de decidirse a no molestarte más, el maestro se encontró a alguien más que te reemplace en las riñas.
Cleo se volteó hacia Magik quien evitó su mirada mientras salía corriendo al encuentro de su maestro quien tenía muchos alfileres rodeando todo su cuerpo, los cuales habían sido los causantes de dejarlo inmovilizado frente al árbol.
Orphen: ¡Magik! Sácame de aquí, ¡en cuanto lo hagas juro que mataré a ese cazador de pacotilla lo juro!
Cleo sonrió con alegría, los rayos de sol iluminaron por completo du juvenil rostro, haciéndola lucir radiante y hermosa, cosa que dos de los tres chicos presentes no dejaron pasar por alto.
Esta batalla no era una batalla por gusto, era una batalla de amor, una batalla entre Orphen y Keilot para ganar el corazón de Cleo.
Cleaaaa: Gracias! No lo había notado, lo peor es que se me había borrado, pero por suerte lo había subido correctamente a otra página, :P, no se que habrá pasado pero ahora sí, aquí está el capitulo 10. un beso!
