CAPITULO 16
Le gustaba el estar solo ahí en su mazmorra, sin escuchar más que el sonido de los arboles crujir contra el viento que le demostraba su manera de doblegarse, ese sonido era una belleza, el silencio absoluto, excepto cuando llegara Hermione, y aunque ella hablaba sin parar, no le molestaba el sonido de su voz, le gustaba que se expresara y demostrara su talento e inteligencia.
A veces, cuando necesitaba un pequeño descanso de su vida como espía, salía en plena noche para apreciar las millones de estrellas.
Solían brillar con tanta fuerza y eso le animaba a seguir adelante con ese papel, de soportar esa soledad, ya que sabría que estos gustos de pasear, de contemplar la belleza, sino hacia su papel como hechicero y espía, nunca nadie más apreciaría estos detalles y valía la pena.
Sus pensamientos de Severus viajaban mientras revisaba sus pergaminos, hasta que una silueta en su entrada lo hizo captar su atención.
Se giró. Su corazón casi se le salió del pecho al ver a Hermione en la puerta de madera, mirándole.
Se quedaron en esa posición durante uno o dos segundos hasta que ella empezó a alejarse de la puerta y se encamino hacia él.
-. Pase Señorita Granger -. Dijo Severus al ponerse de pie.
-. Deja los formalismos, Severus -. Contestó Hermione.
Severus bajo la mirada avergonzado, y la volvió a subir sonriéndole.
-. Tienes razón -.
Hermione se acercó, con ese pelo, completamente enredado y despeinado que a pesar de ser así, para Severus se veía hermosa, tal vez si olvidaría los formalismos.
Severus tiro de ella hacia él y ella le sonrió ligeramente; pero Hermione había esperado demasiado, lo obligo a sentarse y colocó sus largas piernas a cada lado de su cuerpo, se sentó sobre su regazo y le sujetó la cara con ambas manos.
-. Siempre tengo razón, Severus -.
Sus ojos le miraban con intensidad, como si intentaran leerle el pensamiento. Sabía que era eso lo que estaba haciendo, por lo que Severus deseo saber en qué estaba pensando realmente.
El mero hecho de que hubiese subido a su regazo y le hubiese sujetado la cara le aterraba, le cohibía, pero sin duda le excitaba, pero verla tan relajada y feliz después de la guerra, y después de haber terminado con Black, significaba que ella era para él, SOLO PARA EL.
-. Mmmmm, sé comporta muy impertinente Señorita Gran… Hermione -. Comento Severus.
Hermione se acurrucó contra su pecho y él la rodeo con sus brazos.
-. ¿En qué pensabas? Parecías muy lejos de aquí, aunque calificabas pergaminos, tu mente no estaba aquí, ni siquiera oíste cuando llame a tu puerta -.
Hablo al tiempo que se hundía en el pelo de Hermione y le acariciaba la espalda.
-. Pensaba en... la suerte. En ser afortunado. En tener un poco de suerte -. Era la verdad y la razón por la que aún podía respirar a pesar de que todavía no hubiera descubierto quien le otorgo la vida o había podido averiguar más de la poción.
-. ¿Y lo eres? ¿Afortunado? -.
-. No solía serlo. Pero un día mi suerte cambió para bien. Desde que esa persona permitió en mí el efecto de la poción, he aprovechado ese regalo, aunque me parece molesto e indignante la persona que lo hizo, si lo hizo Harry o Minerva, no me importa, siento que fue un abuso de su parte y eso me molesta.
Hermione sentía remordimiento y aunque debía decírselo, decidió guardar silencio y haría que Severus no pensara en eso, le acarició el pecho con suavidad, probablemente sin saber lo mucho que a Severus le excitaba.
-. Bueno, sea como sea, yo estoy agradecida, que por fin encontrara a alguien con quien compartir mi vida -.
Severus asintío con sus labios aún hundidos en su pelo.
-. Y aunque me cueste reconocerlo, también estoy agradecido, con esa persona y con Black -.
Su mano en el pecho de Severus se detuvo un momento, pero después continuó las suaves caricias.
-. ¿Con Sirius? -.
-. Si, el hizo que me fijara en ti, con sus celos irracionales y sus múltiples molestias -.
-. En eso, le agradecemos los dos -. Hermione comenzó a desabrochar la levita de Severus así como su camisa con miedo de que Severus la detuviera, pero como no sucedió ella se sintió libre de hacer un ruido sobre él, con su boca justo en su pectoral. Un sonido agradable, suave y bonito, y que le excitó mucho. -. Pero por favor olvida a la persona que decidió darte la poción -. Hizo una pausa y después susurró. -. Esa persona buscaba tu bien, no lo hizo por lastima, probablemente lo hizo por agradecimiento y tu… no puedes… -.
-. Shhhhh..., lo intentare -. La freno antes de que comenzara a hacerle honor a su apodo de Sabelotodo. -. Tratare de no pensar en eso -. Le tomo la cara. Quería ver qué ojos ponía cuando le contase lo que venía a continuación. Estaba tan preciosa mirándole bajo la luz de las pocas velas que iluminaban esa habitación, ahí posada en su pecho... Sus labios necesitaban ser besados y él quería estar dentro de ella, la deseaba, pero en su lugar se obligó a hablar. -. Siento que me estoy enamorando Hermione, y si es fuerte no me importa, si tú estas dispuesta a aceptarme, yo no me dejare rendir ni por Black ni por tu amigo Potter, ni por nadie del mundo mágico, con tal de que te quedes a mi lado, vales la pena. Eres tan fuerte..., tan preciosa... y tan brillante. Hermione Jean Granger. Mi pequeña Sabelotodo-. Le acaricio los labios con el pulgar. Y ella le regaló media sonrisa.
-. Gracias -. Murmuró Hermione, se había quedado sin palabras, y se había sorprendido de que esas palabras hubieran salido de su profesor ahora su hombre.
-. ¿Y sabes cuál es la mejor parte? -. Pregunto Severus.
-. Dime -.
-. Que estás aquí conmigo. Justo aquí, donde ahora se que puedo hacer esto -. Pasó su mano bajo su camisa y acaricio uno de sus pechos, con dulzura, llenando su mano con su suave tacto. Le sonrió. Esa clase de sonrisa sincera que prácticamente solo había conocido ella.
-. Así es -. Dijo Hermione, mientras ella misma desabrochaba su brasier y le permitía a Severus mejor acceso. -. Y me alegro de estar aquí contigo, Severus. Eres la primera persona que me hace... sentir tantas cosas al mismo tiempo-. Su voz se volvió más baja, pero también más clara. -. No sentí esto con nadie, ni con Ron, ni Viktor, ni siquiera con Sirius -.
-. Eso es porque estabas destinada para mí -. La interrumpió Severus.
Severus odiaba siquiera la idea de Hermione con otra persona; con el odioso Zanahorio, o inclusive con el perro faldero de Black viéndola desnuda, tocándola, haciendo que se corriese.
Esas imágenes lo volvía loco de celos, pero ahora que analizaba lo que Hermione le dijo le hizo muy feliz.
El había sido la primera persona en hacerle sentir deseo, y para sí mismo dio un grito de victoria. Y se las arreglaría para que fuese también la última persona que estuviera en su vida.
-. Te tengo ahora, y no te voy a soltar, y no quiero que te marches nunca -.
Hermione ronroneó y sus ojos se encendieron cuando Severus toco su otro pecho y encontró su duro y abultado pezón.
Tenía los pezones muy sensibles y ya deseaba el devorarlos. Y hacer que ella lo deseara. Ese era el verdadero motivo si había de ser sincero.
Hacer que Hermione lo deseara era su obsesión. Echo su cabello a un lado y se abalanzo hacia su cuello con sus labios.
Acababa de descubrir un nuevo deleite, el del sabor de su piel y cómo respondía cuando la tocaba.
Había mucha química entre ellos, nunca antes descubierta y mucho menos encontrada, aunque el tenía experiencia con muchas mujeres, esa vez con Hermione, le hacía sentir deseo, emoción, dulzura y sobre todo amor, como si fuera su primera vez.
Aunque claro estaba que sería su primera vez, con la verdadera mujer que amaba y eso lo supo desde el primer beso que le dio en la fiesta de Navidad.
Ahora se arqueaba hacia él y acercaba sus pechos a sus manos. Le pellizco un pezón y se volvió loco con el sonido que ella emitió.
Sabía adónde llevaba todo esto, o hacia dónde quería que los llevase. Ya quería moverse dentro de ella, a hacer que se corriera, a conseguir que pusiera esa mirada dulce y preciosa después de llegar al orgasmo.
De ahora en adelante quería vivir por ese mirar en sus ojos. Esa mirada sería capaz de llevarlo a comportarse de una manera que nunca antes pensé que podría hacer con una mujer, gentil, amoroso, seductor y sobre todo tierno.
Hermione con solo ese toque le basto para sentir su temperatura elevarse e instintamente empezar a moverse en su regazo de Severus.
Sus caderas se zarandeaban sobre su miembro erecto, oculto bajo la fina tela de sus pantalones de vestir.
Haciéndole imaginar toda clase de perversiones que podrían hacer ahora juntos, y como examinaba la expresión de Hermione solo a esas alturas, sabían que lo podrían hacer muy bien, juntos.
Y Severus ya no podía esperar a probar alguna de ellas. Severus recorrió su pierna y metió la mano por su falda hasta llegar a sus bragas de seda que llevaba puestas hasta llegar directamente a su sexo.
Estaba tan húmeda que Severus tuvo la suficiente confianza para seguir adelante. Hermione emitió unos ruidos cuando Severus rozo su vagina y empezó a trazar círculos alrededor de su tenso clítoris que tanto ansiaba el contacto de su miembro.
Ella lo deseaba. Y Severus no se detendría a hacer que ella lo deseara más todavía. Si esto era su amor demostrado de ella, el entregarse a él, él no la decepcionaría y haría que no quisiera alejarse de él, jamás. Ahora estaba seguro que de ella ahora en adelante quería más. Mucho más.
Severus alejo su boca de su cuello y su mano de su sexo y la levanto de su regazo para dejarla delante de él.
Permaneció así un instante mientras le clavaba su mirada en ella.
-. Quiero verte completa frente a mí, por favor Hermione, quiero ver todo lo que es mío -.
Hermione se tambaleó sobre sus pies un momento y le miró con una expresión indescifrable.
Hermione no sabía qué hacer con lo que Severus le pedía, o si entendía la insinuación que le acababa de dar, y en el fondo ella quería sentirse deseada por ese hombre que ahora le abría su alma, su vida y su corazón. Quería sentirse deseada, así que no importando su pudor y solo dejándose llevar por su excitación, decidió hacerlo.
-. Espero que no te decepciones -. Lo miró fijamente a Severus dejando ver su temor.
-. Lo dudo, eres perfecta y quiero ver esa perfección -.
Sin más Hermione empezó a respirar profundamente y Severus dudaba si te atrevería, pero estaba seguro sin importar cual sería su reacción de ella, él la aceptaría y la desearía por igual.
A Hermione le gustaba cuando era directo.
-. Te aseguro que si no quieres hacerlo, aun así querré estar contigo, tenerte abrazada a mi miembro y poder disfrutar esta noche contigo-. Dijo Severus.
Hermione lo miró con esos ojos cuyo color era intenso y suave que Severus jamás podría cansarse de ver, con eso Hermione se sintió en confianza y se llevó las manos a los botones de su blusa.
Se la quitó en un abrir y cerrar de ojos, pero la sostuvo en una mano un momento, antes de soltar la tela y dejar que cayese al suelo.
Esa demora, esa mirada que ella le lanzaba eran tan ingenuamente sexy para Severus. Su chica y mujer sabía jugar muy bien.
Sin la molestia del brasier Severus pudo apreciar que Hermione tenía además los pechos más bonitos del mundo.
Después fue bajando hasta la cremallera de su falda. Sus pulgares jugaron con él. Haciendo que su boca se hiciera agua según bajaba la cremallera.
Al terminar con la cremallera, soltó su falda y esta lentamente bajo por sus piernas con gracia. Al final se quedó de pie frente a él, con solo una tanga encima, con las piernas un poco separadas, su típico cabello alborotado, esperando que le dijese algo positivo.
-. ¡Merlín! Mírate. Nada de lo que me digas puede cambiar lo que siento por ti, o hacer que te desee menos -. Su miembro latía de excitación, muriendo de ganas de correrse dentro de ella. -. Créeme -. Le dijo Severus con un tono un poco brusco.
Ella tenía un aspecto que sugería que sus palabras la habían aliviado. Hermione aún dudaba de eso, tantas veces cerca de chicos y ni le había expresado un deseo hacia ella, y ahora Severus le hablaba como si fuera la mujer más bella del mundo, eso la hizo dudar.
Severus al ver su expresión aun de desconcierto quería demostrarle que el tenía razón.
-. Ven aquí -.
Hermione se acercó y se subió a su regazo de nuevo, rodeándolo con sus piernas y sentándose justo sobre su miembro, con solo una capa de suave algodón separando su piel.
Severus se lanzó primero por sus senos, tomando uno en cada mano. Entraban justos en su mano, sin sobresalir, y ese suave tacto lo tentaba con la promesa de conquistar otra parte de su cuerpo. El en su mente, sabia entre ambos eran pura perfección.
Hermione se arqueó cuando le mordió un pezón. No con fuerza, pero lo suficiente para retorcerse un poco y para emitir un gemido maravilloso a los oídos de él, cuando le mitigo el dolor con la lengua.
Preguntándose qué tal sería el sexo anal con ella. Apostaba a que podría llevarle al orgasmo.
De hecho, estaba seguro de que lo haría. Sería magnífico verla cuando ocurriese. Estaba acariciando su otro pecho y noto cómo se tensaba y se curvaba en sus brazos.
Toda abierta y excitada... y sexy. Tenía que estar dentro de ella. Sentir el primer orgasmo de Hermione en sus dedos, en su lengua o en su miembro era una sensación indescriptible, a la que se empezaba a volver adicto.
Movió la mano por su espalda, deslizándola por su trasero, bajando más para sentir su húmedo sexo.
Hermione jadeó suavemente cuando sus dedos de Severus rozaron su vagina y gimió en el momento en que calaron su humedad todo lo profundo que pudo.
-. Eres mía... -. Le susurro Severus a escasos centímetros de su cara. -. Este sexo es mío. Por siempre... De mis dedos..., mi lengua..., mi miembro.
Sus ojos de Hermione se encendieron cuando sus dedos de Severus se pusieron manos a la obra.
Tomo su boca de Hermione y enterró su lengua lo más hondo que pudo mientras los dedos jugaban entre sus muslos.
Esos maravillosos muslos para él, se abrieron sobre su regazo porque él le había dicho que lo hiciera.
Severus se encontraba tan excitado que el sentía que estaba siendo algo brusco con ella, pero no parecía poder controlarlo.
Ella no protestaba y si lo hubiese hecho, habría parado. Cada respuesta, cada sonido, cada suspiro, cada ondulación sobre su miembro le indicaba que, en realidad, le excitaba.
A Hermione le gustaba que tuviera el control, tanto en clase como ahora se lo demostraba y el adoraba cómo era con él.
Agarrarla así, con su brazo bajo su trasero y obligándola a estar todavía más cerca de él, era algo que tenía que hacer.
Quería hacerle entender que no podía dejarla marchar ahora, que el siempre estaría para ella, y que ella siempre estuviera para él.
Que no la dejaría marchar. Él ahora tenía la necesidad interna de poseerla. Siempre había sentido la necesidad de tener el mando durante el sexo, pero nunca así.
Hermione le hacía sentir cosas que ni siquiera podía comprender. Nunca antes se había sentido así. Solo con ella.
Tiro de sus caderas hacia arriba. Ella lo entendió y se mantuvo suspendida, el suficiente tiempo para bajarse Severus los pantalones.
No era el más sencillo de los trucos, pero sí necesario si quería estar dentro de ella, y Hermione parecía de acuerdo con el plan.
Severus se agarró el miembro y le dijo con un jadeo apremiante:
-. Justo aquí, como lo he soñado desde que te note, y procurare hacerlo bien -.
Severus pensó que quizá había derramado una o dos lágrimas cuando se deslizó sobre su miembro y Hermione empezó a moverse.
Al menos Severus sabía que quería llorar. Sentía cómo se le humedecían los ojos con el primer roce de su sexo rodeando su miembro calada de ese resbaladizo y lujurioso calor, y aunque al principio se mantuvo quieta y se abrazó más fuertemente a él, por el hecho de haber tomado su virginidad, ella después de un momento comenzó a moverse, a cabalgarle, con todas esas subidas y bajadas, que arrastraban a Severus a la inconsciencia.
Y tras varias veces con los mismos movimientos Severus consiguió por primera vez, correrse en su interior.
Pero eso no era suficiente para ambos, aun Severus se las ingenio para conseguir que tuviera otro orgasmo moviendo el pulgar contra su clítoris, y le encantaba cada sonido y cada jadeo que emitía cuando alcanzó el clímax un momento después.
Ella se corrió sobre él. Y, sin embargo, lo mejor fue que mientras tanto sus labios pronunciaron su nombre.
Cuando se derrumbó sobre él, con su miembro aún sucumbida por los espasmos, enterrado muy dentro de ella, sacudido por las convulsiones a medida que sus músculos internos se aferraban y tiraban de él, estaba seguro de que podría permanecer en su interior para siempre.
Severus se aferró a ella y no quería que sus cuerpos se separaran nunca. Se quedaron un rato en esa posición.
La abrazo y le acaricio la espalda con las yemas de los dedos. Ella se pegó a su cuello y a su pecho, y se sentía muy a gusto a pesar de que era de noche, se encontraban en su despacho y ella estaba totalmente desnuda.
Separaron sus miembros, y Severus la cargo en esa posición, Hermione se abrazó a su cuello y permanecieron sus piernas alrededor de la cintura de Severus, y así Severus la llevo a la cama, la recostó, tomo la manta que cubría su cama y cubrió a Hermione.
Mientras ella observaba como a lo lejos Severus se terminaba de desvestir, quedando completamente desnudo como ella, ella sonrió y poco a poco el sueño la venció.
Severus la vio dormir, y con sumisa calma se acostó a su lado, y la observo por un buen momento, por primera vez entendía a la gente cuando decían que lloraban de felicidad.
Ella era perfecta y ahora era solo suya.
