El infierno del Gohuorot

EL camino se tornaba cada vez más duro, Magik, Orphen y Cleo avanzaban lentamente a través de la espesura lastimando sus cuerpos con cada paso que daban. Orphen aún no lograba recobrar su memoria por completo y esto fastidiaba a Cleo. Sin embargo, el chico no había tenido problemas para retomar su rutina en donde ellos discutían continuamente.

Magik: Maestro, no puedo ver, hacia donde caminamos. A cada paso es más difícil avanzar y el camino se torna más oscuro.

Orphen: lo sé Magik, pero me temo que es el único camino.

Cleo: Oigan ustedes dos, dejen de reclamar y continúen avanzando. Dijo la chica dándose vuelta. Era esta vez Cleo quien encabezaba la marcha.

No era que Magik confiara en la orientación de la chica, sin embargo, confiaba en sus corazonadas con respecto a Keilot.

Esta situación de alguna forma molestaba a Orphen, la chica, parecía muy distraída desde que aquel muchacho se había marchado, aunque aún le faltaba mucho recordar respecto a esa mujer, el tipo de relación que llevaban y sus sentimientos hacia ella. No podía evitar molestarse cada vez que Cleo lograba encontrar algún rastro dejado por el cazador.

Magik: Cleo es realmente sorprendente. ¿Sabes lo difícil que es seguir el rastro a un cazador?. Y tú has encontrado pistas durante todo el camino.

Cleo detuvo su marcha y se volteó hacia los muchachos, quienes pudieron apreciar su semblante entristecido ante la mención del chico.

Cleo: Keilot… él me enseñó. –dijo con angustia mientras presionaba su puño y lo llevaba a su pecho.

Orphen: No entiendo cuál es tu afán de seguirlo, si es claro que se marchó para evitar que algo malo llegara a pasarte. Tu presencia sólo le causará problemas.- se aventuró a decir el hechicero negro a riesgo de salir volando por los cielos.

Pero a cambio los ojos celestes de la pelirrubia no hicieron más que entregarle una profunda mirada repleta de dolor.

Cleo: Tal vez sea cierto… - dijo la chica con desgano. –Pero si hay algo de lo que puedo estar segura es que Keilot no quería hacer este viaje sólo.

Orphen apartó la mirada de aquellos ojos.

Cleo: sé que generalmente sólo causo retrasos y problemas, pero creo que aun así… yo… ¡Yo se lo prometí!

Magik: Cleo.

Las palabras de Cleo retumbaron en la cabeza de Orphen. Y entonces comprendió el sentimiento de la chica. Una promesa, era una promesa, no podías simplemente desprenderte de ella y hacer como si nada.

Orphen alzó la vista, sólo para ver cómo Cleo desaparecía frente a sus ojos. La tierra Bajo sus pies de derrumbó haciéndola caer irremediablemente.

Magik y Orphen: CLEOOOOOO!

Cleo: AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAaa aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhh hh!

A penas unos segundos después se oyó el golpe.

Magik: ¿Cleo estas bien?

La muchacha no respondió. Además no había manera de ver algo ante aquella profunda oscuridad.

Orphen aún no recordaba muchos de sus hechizos y Magik no conocía ni uno que pudiera ayudarlos.

Orphen se puso de pie con el rostro serio mientras mantenía la vista sobre el agujero por el cual había caído la muchacha.

Orphen: saltaré.

Magik: pero maestro…

Orphen: si no te respondo entonces busca la manera de descender y sacarnos de ahí.

Magik asintió sin reproches. Antes de poder decir cualquier otra cosa, el hechicero se lanzó.

A los pocos segundos Magik oyó el impacto.

Magik: ¿Maestro está bien?

Orphen: ¡Si! Adelante, sólo preocúpate de caer correctamente.

El hechicero comenzó a buscar a su amiga a tientas. Cuando un brillo verdoso captó su atención.

Era Leki, quien había caído junto con la muchacha. El golpe había sido amortiguado por el cuerpo de su ama, pero ella se había llevado la peor parte, quedando inconsciente, pero a pesar de sus intentos Orphen no lograba ver nada en medio de aquella oscuridad. Leki comenzó a guiarlo hasta la muchacha hasta que finalmente Orphen logró dar con la chica.

Orphen: ¡Cleo!, ¡Cleo!.- dijo con cierta desesperación en su tono de voz mientras mecía suavemente el cuerpo de la chica.

La oyó quejarse, y el hechicero no pudo evitar suspirar de alivio.

Inmediatamente el cuerpo de Cleo comenzó a emitir un brillo tenue que se fue tornando cada vez más y más poderoso a medida que la chica abría los ojos.

Cuando finalmente se incorporó, llevó las manos a la cabeza quejándose por el dolor.

Orphen tardó un momento en salir de su asombro. Recordó entonces el extraño sueño que había tenido noches atrás, en donde veía una flor, creciendo en medio de la nada. Recordó haber tenido ese pensamiento, Cleo era, la luz que brillaba en medio de la oscuridad.

Orphen: Pero que…

Cleo oyó al hechicero y lo miró asombrada.

Cleo: Orphen. – soltó sorprendida, pero entonces notó que Orphen la miraba con cierto desconcierto y asombro.

Leki en cambio lamía la mano de la chica con felicidad, alegre de que hubiese despertado y que se encontrara bien.

Orphen notó entonces que la cabeza de la chica sangraba, justo por donde ella mantenía su mano.

Magik: ¡Allá voy maestro!. Gritó éste antes de lanzarse.

Orphen: tranquila Cleo deja ayudarte.

El hechicero apartó con delicadeza la mano de la pelirrubia quien no pudo evitar soltar un quejido al minuto en que su mano rozó la herida en su cabeza.

Magik: ¡Cleo!, ¡estás bien!, qué alivio, me temía que algo malo hubiese ocurrido.

Magik, tardó un momento en darse cuenta de la poderosa luz emanando del cuerpo de su compañera. Entonces justo en el momento en que Orphen acababa de curar las heridas de Cleo el muchacho soltó un grito de asombro.

Magik: ¡CLEO!, ¡estás brillando!

La chica entonces prestó atención a sus manos y comprendió que las palabras de Magik eran ciertas.

Cleo: ¿¡Pero qué es lo que está ocurriendo!?

Orphen: no tengo la menor idea, pero creo que podemos sacar ventaja de esto.

Magik: toda la razón, las criaturas de este lugar no están acostumbradas al contacto con la luz, quizá el brillo de Cleo las espante.

Cleo: =S … o las atraiga.

Orphen se llevó entonces la mano a la barbilla, pensando. Finalmente optó por alzar los hombros.

Orphen: De todas formas aquellas bestias no han tenido problema para encontrarnos. Si un monstruo desea pelea entonces la tendrá.

Cleo observó al hechicero en silencio. Comenzó a pensar que tal vez todo esto tenía que ver con aquella pequeña flor que había encontrado antes. Tal vez, no había sido un sueño, tal vez, aquella diminuta flor se había conmovido tanto ante su gesto que le había otorgado un don especial, para el largo y difícil camino que tendrían por delante.

Pero aquello no era lo que más preocupaba a la muchacha. Hace días le venía rondando en la mente la idea de que lo que vivió ese día, no había sido un sueño. Tal vez Orphen si la había besado.

Orphen en cambio parecía más preocupado de buscar la forma de salir de ese lugar.

Magik: Maestro, Cleo miren, encontré un camino. Tal vez podamos continuar por este sitio.

Cleo se levantó y se asomó por el sitio que Magik les indicaba.

La chica notó que el camino comenzaba a descender. Suspiró. Sabía que cada paso que daba los acercaba al terrible demonio que había mencionado Keilot, que Azalea conocía y que tanto mal había causado a Sahara.

Su semblante se ensombreció. Comenzó a preguntarse cosas en las que hasta ahora no había pensado. Orphen no estaba en sus mejores condiciones, y Magik daría su mejor esfuerzo de ser necesario. Pero, ¿sería suficiente?.

La chica comenzó a avanzar cuando Leki captó su atención empujándola levemente con su cabeza.

Cleo observó a Orphen quien sonreía, mientras hablaba con Magik. Éste le contaba una divertidísima anécdota de sus viajes.

La chica no pudo evitar perder su mirada en aquel rostro. No podía imaginarse una vida sin Orphen a su lado.

La chica suspiró mientras cerraba los ojos y pensaba.

Entonces chocó abruptamente con el torso del hechicero negro.

Orphen: Cleo te estaba hablando. -EL chico depositó su mano en la frente de su amiga. – ¿Estás bien?, ¿quieres que descansemos?, te diste un gran golpe.

Cleo observó a Orphen directamente a los ojos. Esto provocó que el hechicero se avergonzara quien se vio obligado a apartar la mirada.

Cleo: Estoy bien. Es sólo…

Magik: ¿Qué ocurre Cleo?

Cleo: creo que por esta vez deberían dejarme seguir este viaje sola.

Magik: ¿pero de que estas hablando Cleo?

Orphen: No creo que estés capacitada para hacer un viaje tan peligroso, sola.

Cleo: Claro que sí, estoy segura que podría cuidar de mi misma. Además Leki estaría conmigo.

Orphen: Qué te lleva a decir todas esas tonterías, ¡niña torpe!.

Cleo alzó la vista nuevamente y por primera vez su mirada decidida intimidó al hechicero.

Cleo: tú has perdido tu memoria y no sabemos cuándo la recuperes. Y por otro lado… ¡No quiero que nada malo les ocurra!

Orphen sonrió mientras depositaba su mano sobre la cabeza de la muchacha.

Orphen: ¿Qué sería de ti sin mí?, ¿acaso olvidas que aun así en mi condición les salvé la vida, tanto a ti, como a Magik?

Cleo asintió apartando la cabeza a un lado, zafándose del gesto de su compañero.

Magik: Lo lamento Cleo, pero no te dejaremos sola. Dijo el chico sonriendo.

Orphen: ¿Ya ves?, sería imposible que te libres de nosotros tan fácilmente.

La chica sonrió.

Magik: y tú Leki, ¿qué opinas?

Leki: ¡Grrrrrrrr!...

Orphen: Vamos, sigamos adelante… dijo mientras cogía la mano de Cleo obligándola a avanzar.

Magik notó el gesto y sonrió para sus adentros.

Mientras que Cleo observó la mano del hechicero entrelaza con la suya.

Cleo: Les advierto, tengo la impresión de que algo va a ocurrir en cuanto salgamos de esta cueva.

Orphen: y yo te advierto que entonces, más vale, estés preparada.

Continuaron caminando largo rato. Cleo alumbraba el camino, y esto les hacía mucho más fácil y rápido el viaje. Después de todo, haber caído por aquel agujero no había sido tan malo. Ahora podían avanzar rápidamente, sin estar luchando constantemente con árboles muertos y espinas.

Finalmente, después de horas de descendiendo. Cleo creyó ver algo de luz, una luz que no provenía de aquel brillo misterioso que su cuerpo emanaba. Apresuró el paso. Y entonces la sonrisa que mantenía en su rostro se quebró de un momento a otro.

Quedó de pié mirando hacia el exterior. Y no pudo evitar llevarse la mano a la boca.

Orphen Y Magik no tardaron en llegar y tal como Cleo no pudieron disimular el horror en sus rostros.

Afuera había arboles oscuros, secos, desolados, que crecían a gran distancia unos de otros. Un rio negro atravesaba la tierra seca y desolada. Una que otro charco de agua brotaba del piso, y ya hacían cadáveres podridos por todos lados. Era una imagen escalofriante, incluso el más fuerte y valiente de los hombres se habría sentido indefenso como un gatito ante aquella imagen.

Cleo fue la primera en avanzar. No daría marcha atrás, Keilot no podría sólo con el demonio y no podía abandonarlo a estas alturas. Jamás podría perdonárselo.

Orphen: está decidida en continuar.

Magik observó al hechicero tras oír sus palabras.

Magik: ella siempre ha sido así, nada la detiene, puede ser testaruda, odiosa e incluso torpe. Sin embargo, jamás deja algo inconcluso. Es así como llegó hasta usted maestro, ¿Aún no lo recuerda?, ella se escondió en la carreta en la cual viajábamos y sin preguntarle a nadie decidió acompañarnos. Hasta que finalmente la dejó continuar el viaje con nosotros.

Tras estas palabras el joven aprendiz continuó su camino, a pesar de que aún los oscuros ojos de Orphen estaban posados en él.

"¿Realmente así había acabado viajando Cleo con ellos?". Él no podía recordarlo, pero ciertamente no le parecía tan extraño después de pensarlo un poco.

Orphen siguió la huella de sus compañeros. Faltaba muy poco, podía sentirlo, algo iba a ocurrir y posiblemente no sería nada bueno, pero estaba seguro que mientras Magik, Cleo y él, estuviesen juntos, todo estaría bien.

La noche cayó finalmente y la oscuridad los embargó. Sentimientos de desolación brotaron de sus mentes como una lluvia de ideas. Su paso por aquel lugar infernal, comenzaba a afectarlos. Cleo era un caso diferente, ella aún brillaba, aunque la luz no brotaba hacia el exterior, como había ocurrido en la cueva, se podía ver luz en su mirada, un brillo acogedor que lograba entregar a sus compañeros la fuerza necesaria para continuar.

Ella fue quien encontró finalmente un sitio seguro para descansar, no era muy amplio, ni tampoco lucía cómodo, pero les brindaría la protección necesaria para pasar la noche.

Cleo: ¿Estas bien Magik?, luces cansado.

Magik: Creo que es el lugar, simplemente no logro sentirme cómodo estando en este sitio.

El muchacho se refugió aún más, entre la agrupación de enormes rocas, que Cleo había encontrado.

Cleo se volteó hacia Orphen. Lo notaba exhausto, incluso podía ver su respiración. Miles de pensamientos parecían agobiarlos, pues mantenía la cabeza gacha, con la mirada fija en el piso.

Cleo: Orphen… soltó la muchacha mientras depositaba su mano en el hombro del hechicero.

Éste se sobresaltó y le devolvió la mirada, un poco perdido.

Orphen: ¡Oh!, lo lamento Cleo, ¿Me hablabas?

Cleo: No, pero te vez exhausto. Quizá deberías dormir.

Orphen: no podría hacerlo aunque quisiera. Será mejor que tú y Magik descansen mientras yo hago guardia.

Cleo sabía que el hechicero no se encontraba bien, sin embargo, también sabía que decía la verdad y que probablemente no podría dormir. Por lo que no quiso insistir y lo dejó tranquilo.

Estaba tan exhausta que no le fue difícil conciliar el sueño por lo que cayó rápidamente dormida.

La chica repentinamente abrió los ojos. No podía saber si había dormido horas, minutos, o tal vez segundos, pero el roce de algo la obligó a abrir los ojos contra su voluntad.

A su lado estaba Orphen, muy cerca. Pero con la mirada perdida hacia afuera de la acumulación de rocas. La chica alzó la vista y observó con horror un brillo pálido pasando justo por fuera del lugar. Eran almas perdidas de seres extraños, monstruosos o simplemente con un destino cruel.

Orphen tapó la boca de la muchacha, pues notó que había despertado y supuso cuál sería su primera reacción.

El grito de Cleo quedó ahogado bajo la mano de aquel moreno quien se acercó aún más al rostro de Cleo, aun concentrado en la visión fantasmal que pasaba por fuera de su lugar de descanso.

Orphen: intentaron entrar, pero no pudieron, imagino que el brillo que emite cuerpo no sólo nos da luz en la oscuridad sino que también crea una barrera protectora. –dijo sin más. Notablemente nervioso por la presencia de aquellas criaturas.

Orphen finalmente soltó la boca de la muchacha.

Orphen: no creo que deba preocuparme más. Veo que algo nos protege, no sé qué sea precisamente, pero supongo que podré dormir esta vez.

Orphen se acomodó sobre el suelo. A unos pocos metros de Cleo, quien aún miraba hacia afuera consternada.

El frio de la noche le helaba los huesos y esas presencias fantasmagóricas la hacían temblar de pies a cabeza, como una niña asustada.

Cleo optó por apartar la mirada, tal como lo había hecho el hechicero y luego se aproximó gateando hacia el muchacho, quien no había tardado en caer rendido en los brazos de Morfeo, y se acurrucó a su lado, ocultando su rostro en el pecho del hechicero, rodeándolo con sus brazos intentando sentir el calor de su cuerpo y buscando refugio a sus miedos. Orphen despertó medianamente al sentir a la chica a su lado y en un acto reflejo la rodeo con sus propios brazos haciéndola sentir finalmente protegida, aunque ella no era la única que se sintió así, el hechicero por su lado también sintió como la energía de Cleo, lo atravesaba otorgándole, paz, seguridad y sanando sus miedos internos.

Finalmente ambos cayeron rendidos por el sueño.

Tal vez habían pasado horas, o quizá un día entero, pero Orphen despertó aun sintiéndose exhausto. Cuando lo hizo notó que Cleo no se encontraba. Se incorporó rápidamente. Le pareció extraño y por un segundo se le pasó por la mente pensar en que la chica podría haber decidido finalmente abandonarlos. Pero su incertidumbre apenas duró unos momentos.

Cleo apareció a los pocos segundos vistiendo otra ropa, esta vez llevaba puesto una blusa negra y unos pantalones negros ajustados mientras que se su cabello lo traía recogido con una cola de caballo.

Cleo: ¡ah! Veo que ya despertaron- dijo la chica mientras se arrodillaba y entraba gateando a aquel agujero q usaron como refugio.

Orphen se volteó y encontró a unos pocos centímetros a Magik estirando sus brazos y dando un gran bostezo.

Magik: Cleo, ¿que traes puesto?

Cleo: ¿esto?. - La chica enseñó su blusa. – es algo que Keilot me obsequió, es cómodo, me permitirá moverme fácilmente. Pero bueno. Eso no es lo importante ahora. – el rostro de Cleo, se volvió serio.- Revise el lugar. Encontré un rastro para seguir, pero… me temo que Keilot esté herido. Había sangre, no muy lejos de aquí.

Magik: ¡O no! Cleo, ¡eso es terrible!.

Orphen: ¿Cómo puedes estar segura que se trata de él?.

Cleo metió la mano al pequeño bolso que cargaba en su hombro y extrajo de él un cinturón cubierto con sangre.

Magik: lo recuerdo.. es suyo…

Orphen: entonces no perdamos más tiempo.

Caminaron a través de aquel lúgubre y triste espectáculo. Los cadáveres inundaban cada rincón dentro de aquel infierno, el aire se volvía cada vez más denso y el olor era insoportable, pero Cleo se mantenía firme en su posición, Magik jamás recordó ver a su amiga más serena y decidida que en aquel momento.

Orphen encabezaba la marcha y de tanto en tanto miraba a través de su hombro comprobando que sus amigos pudiesen seguirle el paso.

Así fue durante horas. Caminaron lento pero seguro a través de un valle de muerte. Ni una criatura les salió al encuentro, pero eran cautelosos y buscaban constantemente refugio para no ser vistos por los habitantes de aquel infierno.

En algún punto del viaje el agua turbia del río que los seguía a un costado de su camino se tornó roja. Ni siquiera Orphen quiso comprobar de qué se trataba, pero casi no cabía dudas, era un río de sangre.

Así mismo el suelo a sus pies comenzó a teñirse sutilmente de rojo.

Ahora Orphen, Cleo y Magik comenzaban a entender el temor de Keilot de querer arrastrarlos a esas tierras.

Cleo se detuvo en seco y Magik quien se distraía contemplando el desolador panorama chocó bruscamente con ella.

Orphen se volvió al sentir el sonido del impacto. Entonces vió como la muchacha se apartaba corriendo en dirección opuesta al río.

Orphen: ¡Cleooo!

La muchacha corrió lo más rápido que pudo, sin prestar atención a los gritos de sus amigos. Había sobre el suelo desnudo, apartado de donde quedaban los últimos vestigios de vegetación, un bulto sobre el suelo. Cleo lo reconoció de inmediato, ese traje oscuro, su porte, debía ser Keilot.

Magik y Orphen no tardaron en notarlo. Aunque un impulso inicial los hizo sentir algo de alivio. Orphen no pudo evitar sentir que algo no estaba bien en todo eso, pero no sabía qué. Un mal presentimiento lo inundó. Y con todas sus fuerzas corrió hacia Cleo quien se arrodillaba ante el cazador y depositaba sus manos en sobre el cuerpo del muchacho, comprobando su estado. Pero fue demasiado tarde, el cazador la estaba esperando y no bastó más que este gesto de parte de la muchacha para que él reaccionara y clavara un puñal justo en su vientre.