La batalla Final

Orphen corrió hacia la chica y se agachó justo a tiempo para recibir su cuerpo antes de que azotara en el suelo.

Alzó una mano y lanzó un hechizo al cazador, pero este se dividió por la mitad y el hechizo ni siquiera lo rozó. El rostro se le desfiguró por completo, claramente no se trataba del cazador, era una trampa.

Orphen dio un salto hacia atrás y Leki se abalanzó sobre la criatura hecha una fiera. Lo atacó una y otra vez, pero la criatura no hacía más que esquivar los ataques. Al menos Leki mantenía a la criatura apartada de ellos y daba tiempo suficiente para que Orphen pudiera examinar a su amiga.

La apartó de su cuerpo y la depositó sobre el suelo. Cleo estaba consciente y asustada, sostenía su vientre con su mano derecha, la cual estaba repleta de sangre.

Parecía ser que la criatura sólo había causado un daño superficial, lo que era un alivio. Pero de todas formas, la chica estaba perdiendo sangre. Debía curarla.

Orphen depositó sus manos sobre el vientre de ésta y comenzó a curarla, por algún motivo estaba costando más de lo necesario. Quizá el lugar en el cual se encontraban absorbía su poder de alguna forma o tal vez la energía, Orphen notó que realmente se sentía muy agotado.

La criatura esquivó a Leki una última vez y luego lanzó un ataque al pequeño dragón lobo, pero el animal lo esquivó y atacó una última vez, esta vez el demonio no pudo escapar del ataque. Las ropas se deshicieron y el disfraz se disolvió, tenía la forma de un ser humano, pero más parecía una masa gelatinosa capaz de tomar cualquier forma posible. Cuando el ataque lo alcanzó salió expulsado y a pesar de haberse lastimado gravemente la criatura aún tenía ánimos para seguir luchando.

Dio un salto y Orphen comprendió que se dirigía hacia ellos. Lanzó un ataque pero el demonio lo esquivó nuevamente, Leki no lanzó ni un ataque pues sabía que podría dañar a su ama, sin embargo logró envolver a la criatura en una luz verdosa que detuvo su avance. Magik aprovechó ese momento y luego de mucho observar tomó la determinación de utilizar otra estrategia. Cuando la criatura logró zafarse del poder del dragón lobo iba a dar un salto directo a Orphen, pero una espada lo atravesó.

La criatura se quedó inmóvil mientras chillaba por el dolor. Magik sujetó la espada con fuerza mientras el monstruo depositaba sus manos en el filo que la atravesaba. Se volvió hacia Magik y lo observó con unos profundos y hermosos ojos verdosos. Su cabello corto y castaño y una mirada de nostalgia y dolor, una traición. Era la pequeña y hermosa Eris. Magik cerró los ojos y descuartizó a la criatura, entendiendo que todo se trataba de una ilusión.

La figura cayó inerte y se derritió sobre el suelo.

Cleo y Orphen observaron a su amigo, quien aún tenía su rostro manchado con la sangre de la criatura y respiraba entrecortadamente. Aún en su mente veía la imagen de Eris observándolo con dolor. No podía evitar sentir su estómago revolviéndose ante aquella imagen. Entonces unas manos tomaron las suyas y le arrebataron la espada, luego unos brazos lo rodearon y él no pudo evitar soltar unas lágrimas.

Cleo: Fuiste muy fuerte Magik. Tranquilo, todo está bien.

Magik abrazó a Cleo y ocultó el rostro. No quería que su maestro lo viera llorar. Orphen dio unas palmaditas en el hombro de su aprendiz y sonrió.

Orphen: Vaya muchacho, nos salvaste la vida.

Leki se arrastró entre las piernas de Cleo captando su atención.

Cleo: Tú también Leki. Eres muy valiente.

Leki: Grrrrr! =3

Orphen: Pero tu Cleo, ¡fuiste muy torpe!. Sabes bien que este es un lugar peligroso, no vuelvas a actuar así yo no sé pero comienzo a pensar que tú…

Orphen estaba diciendo esto cuando de repente un montón de imágenes de Cleo metiéndolos en problemas una y otra vez le llegaron a la cabeza y una última, donde ella le obsequiaba un raimugai rojo. Muchos recuerdos regresaron a su mente.

Orphen: Siempre nos metes en problemas… (y esto último lo dijo bajando el volumen de su voz como si acabara de descubrir algo)

Cleo alzó la mirada aturdida, contrariada ya que esperaba un reto mucho mayor de parte de Orphen, pero este se había callado tan repentinamente que llamó su atención. Lo observó directamente a los ojos y descubrió que su mirada estaba perdida, como si estuviera vagando dentro de sus propios pensamientos.

Magik también observó a Orphen con cierta preocupación. Entonces, el hechicero sonrió repentinamente.

Cleo lo observó preocupada pero apenas unos segundos después ella también sonrió. Tomó su rostro entre sus manos con cierta emoción.

Cleo: ¡estás recordando!, ¡estás recordando!. Y luego lo abrazó.

Orphen miró a Magik y asintió con la cabeza entonces Magik también le devolvió la sonrisa.

El hechicero apartó a la chica tomándola por los hombros. Y le devolvió la mirada.

Orphen: Siempre has sido una molestia. -Le dijo en tono seductor provocando que la chica se ruborizara.

Cleo: eso.. eso no es cierto…

Orphen sonrió tiernamente y depositó su mano en la cabeza de Cleo.

Aún habían cosas por recordar, pero al menos, por el minuto recordaba lo importante, los hechizos, con quienes viajaba y su historia.

Orphen miró hacia adelante. Para tener un panorama más claro de la situación. Entonces la imagen que vio borró su sonrisa del rostro.

Se alzaba no muy lejos de ahí una gran montaña, una montaña que parecía estar dividía en dos. En esa abertura, se formaba un túnel oscuro y lúgubre. A la entrada había una gran y enorme telaraña en la cual se encontraba reposando el cuerpo de una persona que ya había visto antes.

Era Keilot, inconsciente, a merced de los monstruos de ese lugar y atrapado en aquella enrome telaraña.

Cleo no comprendió qué miraba Orphen hasta que se volteó y ella misma contempló la escena con pavor.

La chica pensó en echarse a correr hacia el muchacho de cabello castaño, pero instintivamente llevó su mano al vientre, no quería causar más problemas. ¿y si esta vez también fuese una trampa?

Orphen: estoy seguro que esta vez sí es él.

Magik: pero Maestro… es un cazador. ¿Cómo han logrado atraparlo de esa forma?

Orphen: supongo que con los mismos trucos sucios que a nosotros.

Cleo: Orphen debo ayudarlo.

Orphen estiró su brazo, cuando vio que Cleo comenzaba a avanzar y detuvo su marcha.

Orphen: Espera… creo que… creo que este es el tramo final del viaje.

Cleo y Magik quedaron mirando al hechicero.

Orphen: debemos permanecer juntos.

Magik: cuente con ello maestro.

Cleo desenvainó su espada y asintió con la cabeza.

Entonces comenzaron a caminar lentamente. Un temblor remeció el suelo bajo sus pies y repentinamente la imagen del sitio en el cual se hallaban comenzó a cambiar. En vez de una imagen desértica y nostálgica, aparecieron nuevamente árboles muertos y putrefactos, una imagen pantanosa. El agua a su lado burbujeaba soltando gases con un horrible hedor verdoso. Pero esto no los asustaba. Ya habían visto muchas cosas como para entender que el demonio Gohuorot, poseía un gran y temible poder. Podía causar la pérdida de memoria y cambiar el entorno. Tenía la capacidad de manipular los demonios y además si inyectaba su veneno era capaz de matar y ser el titiritero de un cuerpo humano, se preguntaron con que más podría sorprenderlos aquella criatura.

Y entonces el cuerpo de una joven y hermosa muchacha se hizo presente irrumpiendo en la escena.

Cleo y Magik la reconocieron inmediatamente por lo que su presencia no los tomó por desprevenido, en cambio Orphen no sabía de quien se trataba y fue justamente a él quien la muchacha cazadora escogió como blanco.

Cleo detuvo su ataque situándose frente al hechicero, provocando un choque entre las espadas de ambas. Magik salió por detrás y lanzó un hechizo obligándola a retroceder.

Sahara: Así que han llegado, que tontos, debieron haberse ido en cuanto mi hermano los abandonó. No tendrán ni una posibilidad.

Cleo: ¿cómo pudiste?, tu hermano sólo estaba intentando ayudarte y lo has traicionado.

Sahara: si bueno… debió haberme matado cuando pudo.

Sahara atacó nuevamente, pero esta vez Orphen fue quien respondió. Lanzó un ataque que la cazadora esquivó con facilidad. Pero entonces por detrás de Cleo apareció Leki.

Cleo: ¡Lekiiiiii!

La cazadora no pudo evitar el impacto del ataque y cayó inconsciente a un costado.

Cleo pasó por el lado de la muchacha y la observó apenas unos segundos. Luego le murmuró " lo siento " y siguió a sus compañeros.

Se acercaron a Keilot y Cleo tomó su rostro inconsciente entre sus manos. Se encontraba echo un ovillo y puesto de cabeza. Orphen temía que el muchacho pudiese haber sido transformado al bando contrario. Pero tampoco podían dejarlo ahí.

Cleo tomó su espada y con todas sus fuerzas comenzó a romper el hilo de la telaraña.

Entonces Magik notó como el cielo se volvía rojizo repentinamente.

Orphen advirtió como desde el fondo de la cueva se aparecían unos gigantescos y penetrantes ojos rojizos. Eran enormes y tenebrosos.

Cleo entendió que sería más fácil bajar a Keilot jalando de su cuerpo y se aferró a él comenzando a tirar. El hechicero de oscura mirada supo que no tenía tiempo suficiente y lanzó un hechizo a la telaraña desintegrándola por completo.

Cleo cayó al suelo con el cuerpo de Keilot entre sus brazos. Y un temblor remeció el suelo partiendolo bajo sus pies. Separando a Magic y Orphen de Cleo y Keilot.

Orphen y Magik: ¡Cleo!

Orphen iba a saltar pero entonces un ruido a su espalda lo hizo voltear. Algo se movía en el agua.

Se volteó hacia la cueva y los ojos rojos ya no estaban.

Una cabeza gigante se asomó y comenzó a emerger lentamente del agua.

Tenía cuernos de carnero gigantescos y sus ojos rojos y profundos no se despegaban de ellos. Sus dientes eran grandes y filosos, apenas si tenía dos orificios en la frente que hacían el lugar de nariz. Su cuerpo humanoide era gigantesco y fornido, tenía dos brazos fuertes y musculosos pero unas seis extremidades salían desde su espina dorsal y amenazaba como pinzas. Ahí estaba depositado el veneno, debían cuidarse de esas extremidades.

Cuando emergió del agua, la criatura, sonrió diabólicamente mientras observaba a Cleo. Entonces la chica repentinamente se vio aprisionada por una mano.

Se volteó y era Keilot, con su mirada desenfocada, se había zafado de sus ataduras y ahora presionaba el cuello de Cleo con todas sus fuerzas. Orphen intentó lanzar un hechizo, pero debió dar un salto hacia un costado cuando el Gohuorot invistió contra él. Leki tampoco tuvo suerte. La bestia se movía con agilidad.

Cleo: Keilot… no…

Keilot: Te dije que no me siguieras…

Cleo: dijiste que no querías estar solo…

Keilot sonrió malévolamente como si disfrutara ver a la chica intentando zafarse de su mano. Rasguñándole la mano que la aprisionaba con desesperación.

Keilot: que hermosa luces… incluso cuando estas a punto de morir.

La chica dirigió su mirada azulada a los hermosos ojos verdes del cazador. Y supo que aun brillaba en su interior parte de su alma.

Cleo: yo te salvaré Keilot.

El chico borró repentinamente la sonrisa del rostro. Y por un segundo se sintió confundido por las palabras de la chica. Eso fue suficiente para Cleo, quien lo golpeó con la empuñadora de su espada, dejándolo sin aire.

El muchacho iba a golpear a la chica, pero entonces ésta lo rodeó con sus brazos. Haciéndolo caer al piso.

Cleo: ¡Vamos Keilot!, ¡porfavor!, ¡reacciona!… ¡Tu no me lastimarías!.

Keilot iba a zafarse pero entonces la extraña sensación lo invadió de nuevo.

Se movió de un lado a otro, pero Cleo lo afirmaba cada vez con más fuerza. Repentinamente Cleo comenzó a brillar, cegándolo por completo.

Los ojos de los demonios no están acostumbrados a ese tipo de brillo. Keilot gritó y al hacerlo una sombra oscura abandonó su cuerpo saliendo por su boca, evaporándose.

A penas un momento después, Cleo notó que el chico ya no batallaba. Entonces se apartó y se encontró con dos hermosos ojos verdes mirándola tierna y cariñosamente, tal como los recordaba.

Keilot: Hola…- Le dijo con un susurro.-

Cleo: Hola. Dijo casi entre sollozos. – pensé que te habíamos perdido.-

Keilot: No, tú me salvaste.

Cleo: pero ¿cómo? Creí que si el Gohuorot te envenenaba morirás o serías su marioneta.

Keilot: pues no me hirió, solo me deje abatir por la oscuridad de este lugar. Pero tu luz fue más poderosa.

Cleo sonrió y dejó que el cazador le acariciara la mejilla.

Keilot entonces se puso de pie y lanzó una daga al demonio, justo antes de que la criatura se abalanzara sobre Magik. Luego tomó a Cleo y saltó con ella entre sus brazos para reunirse con los hechiceros.

Cleo corrió y se reunió con Magik.

Gohuorot: Vaya, despertaste muchacho.

Keilot simplemente bufó con desprecio.

Gohuorot: Y esa chica logró despertarte… interesante… la luz en la oscuridad.

Orphen se volteó a mirar a Cleo cuando la criatura la señaló. Parecía interesado en ella. El hechicero jamás permitiría que la bestia pusiera si quiera un dedo encima de Cleo.

El monstruo salió del agua y lanzó una llamarada hacia Keilot quien lo esquivo sin dificultad. Entonces la bestia se posó sobre sus seis extremidades y se arrastró por el piso cual araña, a toda velocidad. Orphen lanzó un ataque sin mayor resultado y luego saltó hacía un lado. Esquivando a la criatura. El Gohuorot embistió de nuevo dispuesto a atacar a Cleo y alzó una de sus patas, deseando acabar con ella, o bien, volverla su esclava, pero Cleo alzó su espada y detuvo el ataque, mientras luchaba dejó libre una de sus manos y lanzó un hechizo ante el asombro de Orphen y Magik.

La criatura tampoco esperó esto y su ira se volvió inmensa al comprobar que la chica había destruido aquella extremidad.

La bestia embistió con tal fuerza que fue capaz de romper la espada. Leki se escabulló por debajo de Cleo y lanzó un ataque desprevenido al demonio quien salió expulsado. Magik sostuvo a Cleo cuando esta retrocedió ante la fuerza del impacto. En tanto los ataques de Orphen y Keilot lograban distraer a la criatura, pero no lastimarla y francamente estaban exhaustos.

Keilot: a este paso él acabará con Cleo.

Orphen: ¡Maldita sea!

Keilot: tengo algo que puede dar un giro en esta batalla… pero esto sólo acabará con el trabajo de tus amigos…

Orphen miró al cazador sin comprender por completo lo que el chico intentaba decir.

Entonces el cazador sacó un cristal dorado.

Keilot: ¿Sabes por qué tengo tanta información de la cueva de los cristales?, ¿sabes por qué me interesé en ese lugar?, pues descubrí que con estos cristales puedo luchar contra los demonios acabando con la inmunidad que tienen ante los humanos. Pero tal vez destruya el cristal en el intento.

Orphen sonrió. -Es un riesgo que hay que correr-

Keilot: ¿Por Cleo?

Orphen: Por Cleo.

Magik: ¡Adelante espada de la luz!

La bestia una vez más había envestido contra Cleo y ahora la chica corría a buscar a Leki, quien había recibido uno de los ataques dirigidos a la chica.

Magik: ¡Maestro!

Orphen iba a llamar la atención de la bestia pero entonces la cazadora de cabello castaño le salió al encuentro clavando una daga en su brazo.

Sahara: Fallé…- Bufó molesta.

Keilot: Sahara no…

Orphen: Salva a Cleo, yo me ocuparé de ella.

Keilot: ¡No la lastimes, es mi hermana!.

Orphen: Se nota… es igual de molesta que tú.

Orphen: ¡Llamas!. Dijo esta vez alzando sus brazos en dirección a Sahara.

La chica logró zafarse por poco, ya advertida del poder del hechicero.

Sahara: Lastima… eres apuesto, que tristeza deshacerme de ti.

Orphen: ¡Llamo a las hermanas explosivas!

La chica saltaba de un lado a otro moviéndose con gran agilidad. Esquivando el ataque. Y entonces se aproximó peligrosamente al hechicero. Depositó una mano en su mejilla y se le acercó. Orphen detuvo su ataque, pues advirtió que acercársele solo era una forma de distraerlo. Pues atajó su mano con fuerza justo a tiempo cuando ésta intentó clavarle una espada.

El muchacho sostuvo a la chica con fuerza y aprovechando su cercanía le dio un enorme cabezazo dejándola aturdida por el golpe.

Orphen: Pared de vacío absoluto.

La chica retrocedió empujada por una fuerza desconocida y entonces alzó la vista para ver por última vez al hechicero alzando sus manos hacia ella. Supo entonces que era su final, y a pesar de eso no se movió. En el fondo de su corazón quería ser detenida. A penas fue un momento de cordura en el que pudo zafarse del poder que Gohuorot ejercía sobre ella.

Orphen: adelante espada de la luz.

Sahara cayó sobre el suelo. Inconsciente, a penas viva.

Orphen no tenía intenciones de matarla por ni un motivo, después de todo habían hecho el viaje para salvarla.

El cuerpo de la chica comenzó a desvanecerse. Orphen imaginó que al estar tan mal herida buscaría refugio en su cuerpo, muy lejos de donde se encontraban ahora.

Al alzar la vista vio a Keilot sobre el suelo, segundos antes que el demonio clavara una de sus patas en su hombro inyectándole su poderoso veneno.

Cleo con Leki entre sus brazos y Magik a su lado ahogaron un grito de horror.

Keilot cayó hacia un costado y comenzó a agitarse sobre el piso, como si estuviese soportando un fuerte dolor. Aún había tiempo suficiente para él… pero para detener el avance del veneno deberían matar al demonio.

Cleo se acercó a Keilot seguida por Magik, per la bestia azotó al chico quien apenas si pudo defenderse.

Magik: ¡Hilo una armadura de rayos de luz!.- Esto protegió al chico pero no evitó que fuese arrojado.

Cleo se arrodilló frente a Keilot llorando.

Keilot: Cleo toma. Le dijo entregándole el cristal y depositándolo en su mano.

Cleo observó la figura y la reconoció de inmediato.

Keilot: Debes clavarlo en su corazón, no debes fallar. Has todo lo posible.

Cleo: ¿Si lo logro salvaré tu vida?

Keilot asintió. – si no lo lograras entonces deberás matarme, o si no posiblemente, yo intentaré matarlos.-

Cleo: No podría…

Keilot : Comenzaría por hechicero…

Cleo sonrió con las lágrimas bañando su rostro. Sabía que esas palabras eran para alentarla a matarlo en caso de ser necesario. Sabía el cazador cuanto lo quería, pero también que no pondría en riesgo la vida de Orphen por la de él.

La chica se volteó al notar la mirada de Keilot alertándola de peligro. Entonces vio al Gohuorot sobre ella con una de sus patas alzadas.

Pero algo se interpuso. Era Orphen resistiendo con un escudo.

Cleo vio en aquello una oportunidad, se incorporó rápidamente y paso por debajo de los brazos de Orphen situándose justo delante de él, pero protegida por el escudo y finalmente utilizó el cristal clavándolo justo en el corazón de la bestia.

Keilot se retorció de dolor, pues de alguna forma también pudo sentir parte del dolor. Después de todo al inyectar su veneno el Gohuorot creaba una especie de lazo con su victima. Lazo que Cleo había roto al enterrar el cristal en la criatura. Luego lo movio dentro del cuerpo del demonio, para asegurarse de que no quedara con vida, ni pudiese lastimar a nadie nunca más y finalmente lo arrebató de su pecho y lo arrojó al suelo.

Orphen tomó a Cleo con una mano y se apartó dejando caer el cuerpo inerte de la bestia sobre el suelo.

Cleo se volteó hacia el chica sonriendo y esté le devolvió la mirada y la sonrisa. Habían acabado con la criatura.

Él había intentado salvarla, pero ella finalmente había sido quien los había salvado a todos.

No disfrutaron mucho del minuto de felicidad. Pues Cleo se distrajo rápidamente al oír los quejidos de Keilot.

Orphen en tanto fue por Magik y grande fue su alivio al verlo completamente sano y salvo a penas si adolorido por el golpe al azotar sobre el suelo tan abruptamente.

Cleo: ¡Necesitas medicina!, ¡dime que hago!

Keilot: Pídele a Orphen que saque el corazón de Gohuorot.

Cleo asintió y trasmitió a Orphen las palabras del cazador.

Y mientras Orphen obedecía, la chica se volvió hacia el cazador.

Cleo: ¿qué más?

Keilot se afirmó el hombro, y se incorporó tomando el rostro de la chica. Entonces, y ante la sorpresa de todos y más aún de la misma muchacha, le arrebató un dulce y tierno beso de los labios. Bien sabía el muchacho que también sería el último.

Cleo comenzó a brillar una vez más, inundándolos por completo con su luz. Todos se vieron obligados a cerrar los ojos ya que la luz era demasiado poderosa y los había cegado. Al abrirlos nuevamente se encontraron en un sitio sumamente diferente al anterior pero conocido.

Cleo retrocedió sonrojada tapando su boca. Mientras Orphen se aproximaba a ella sumamente molesto e irritado con el corazón del demonio en su mano.

Magik: pero… ¿qué pasó?.

Keilot se incorporó aún adolorido pero evidentemente mejor, aun sujetando su hombro.

Keilot: Cleo contaba con la protección de una flor angelical. Supuse que ella no estaría en peligro porque la protegía con su poder, pero al contar Cleo ya con una propia luz especial, la flor exigiría su magia de vuelta. Yo sólo removí un poco sus sentimientos para que Cleo brillara con su propia luz.- Dijo sonriendo de forma inocente, mientras que cada palabra que decía hacia que la chica se sonrojara más y más.- Así que al ver su luz la flor pidió su protección de vuelta y nos transportó hacia un sitio seguro, antes de las puertas del infierno, donde no debe estar muy lejos aquella flor. =3 Eso en resumen.

Orphen golpeó la cabeza de Keilot con el corazón del Gohuorot sin haber prestado mayor atención a las palabras del muchacho y le otorgó una mirada asesina mientras se interponía entre él y Cleo.

Keilot sonrió algo adolorido y sonrojado. Y pidió a Cleo prestado el cinturón de cazador que él mismo le había regalado a la chica.

Cleo se lo entregó sonrojada y algo tímida aun procesando las palabras del chico. Le llamó mucho la atención que tras el beso del cazador, lo único en lo que se veía capaz de pensar era en el hecho que entonces no había soñado el día en que Orphen la había besado realmente, todo era cierto. Observó al hechicero pero este no parecía haberse percatado de nada

Keilot en tanto rápidamente comenzó con la tarea de preparar el antídoto para él y para su hermana. No tardó mucho en hacerlo y luego lo bebió. Luego de ello, Orphen lo curó de muy mala gana.

Keilot: veo que recobraste tu memoria.

Orphen: Si… y lo que me faltaba, pude recordarlo una vez nos rodeó esa poderosa luz. – Esto último, no pudo evitar decirlo con un dejo de molestia. Y lanzó a Cleo una mirada amenazante-.

La chica solo sonrió nerviosa sin saber que decir. Le apenaba mucho haber sido tomada por desprevenido y que más encima, Orphen lo hubiese visto todo.

Magik: Creo que este será un largo viaje de regreso.