Una pequeña aventura

Habían pasado ya varios días desde que iniciaron su camino de regreso a Totokanta.

Magic caminaba alegremente acompañado por Leki, no prestaba atención a lo que ocurría a su espalda pues un escalofrío le advertía que no debía voltear.

Orphen: No eres más que una mocosa inmadura.

Cleo: ¿Vas a seguir con lo mismo?

Orphen: ¡Claro que voy a seguir! Te podías haber puesto cualquier otra cosa. Pero decidiste ponerte ese ridículo traje de cazador. Y desde entonces no has hecho más que traernos problemas.

Magic: Pero de qué habla maestro. Gracias a Cleo hemos comido y dormido muy bien estos días y lo mejor de todo ¡gratis!.- Magik sabía que no debería haber tomado partido en esa discusión pero era demasiado tarde.

La muchacha dibujó una sonrisa victoriosa en el rostro. Lo que provocó que el hechicero negro se enojara a un más.

Magik sintió la furia del hechicero y como forma de proteger su integridad decidió tomar a Leki entre los brazos. Orphen no le lanzaría un hechizo si el dragón-lobo estaba junto a él.

Orphen: Claro que no ha sido gratis. A casusa del aspecto de Cleo creen que es una cazadora profesional y he tenido que luchar con feroces bestias mientras ustedes se dan la buena vida.

Cleo: ¡Ay Orphen! Te has vuelto un amargado, hemos peleado codo a codo, hombro con hombro, espalda con espalda...

Orphen: ¡Ya cállate! A parte de todo he visto como coqueteabas con el hijo del hotel. Además de aprovechada eres una descarada.

Cleo frunció el ceño. Inhaló profundamente y luego exhalo, intentando conservar la calma.

Orphen había estado muy molesto desde que ella había decidido utilizar algunas prendas que Sahara y Keilot le habían regalado. Usarlas la hacían sentir importante y le daban la imagen de misterio y autoridad que deseaba, ahora que podía utilizar sus habilidades mágicas y los trucos de cazador que le había enseñado el muchacho, aquella era la vestimenta adecuada para poder atraer los retos que necesitaba para practicar. Sin embargo, El hechicero sólo parecía creer que intentaba atraer las miradas de otros hombres. Y sacarle celos. (O eso le hacía pensar) Se daba cuenta de la atención que recibía pero tampoco era justo que la insultara de aquella forma.

Cleo: si te comportaras como un novio y no cómo el bruto insensible que eres tal vez dejarían de acosarme y te tomarían en cuenta.

Orphen: ¿qué murmuras ahora? – se quejó el hechicero.

La muchacha suspiró. Decidió que sería mejor callar.

Orphen: Tal vez fue un error todo esto. Quizá debería haber dejado que te fueras con el cazador y su hermana…

Magic: Maestro- murmuró el hechicero mientras se volteaba a mirar. Sabía que su maestro se había excedido.

Cleo se detuvo a mirar al hechicero frívolamente mientras apretaba su puño. Bajó la mirada mientras temblaba de ira.

Orphen retrocedió pensando que la chica lo atacaría. Pero por el contrario, Cleo no se movió de su sitio. Ni siquiera le devolvió la vista.

Cleo: Tienes razón… - dijo la chica sin levantar la mirada.

Las palabras de esta fueron tan frías que Orphen sintió como si le echaran encima un balde de agua helada.

La chica mantuvo sus ojos azules escondidos del hechicero negro mientras pasó delante de él.

Orphen supo que se había dejado llevar por sus celos irracionales y que la chica merecía una disculpa. –Oye Cleo…-

Cleo: Leki… - llamó la chica. Volteando y sin querer mostrando sus grandes y brillantes ojos azules al borde de las lágrimas.

El hechicero alcanzó a ver como los ojos del animal comenzaban a brillar y antes de darse cuenta ya volaba por los cielos.

Magic y Cleo decidieron detenerse en medio del bosque para pasar ahí la noche. Estaban cerca del rio y las noches habían estado muy agradables, por lo que de seguro no pasarían frio.

Magic miraba de tanto en tanto, de un lado a otro esperando encontrarse con el rostro desfigurado por el enojo de su maestro.

Cleo sin embargo, lucía cabizbaja. No mostraba su usual sonrisa.

Magic: Vamos Cleo, sabes que no debes prestar atención a lo que dice, sólo estaba molesto.

Cleo: si, lo se… pero… tal vez tenga razón. Sabes, lo he pensado mucho. Busco la razón de porqué escogí a Orphen y no a Keilot. Creí tenerlo claro cuando lo hice… pero ahora… no estoy muy segura.

Magic intentó animarla, sin embargo, sabía que tenía razón. El hechicero había estado muy alterado esos días con Cleo y no había razón alguna para ello.

Cleo sonrió a Magic al notar su expresión preocupada. –Vamos sólo pensaba en voz alta, no es que debas preocuparte.-

La chica se puso de pie y estiró su cuerpo como si recobrara energía del aire. –Estoy aburrida iré a dar una vuelta.-

Magic: Esta bien Cleo, pero no te alejes demasiado, la cena pronto estará lista.

Cleo sonrió. Y se marchó dejando descansar a su pequeño dragón-lobo.

A los pocos minutos apareció Orphen caminando entre la espesura apoyado sobre un rama y sobando su cabeza.

Orphen: ¿Dónde está esa chica?, juro que me las va a pagar esta vez.

Magic: ¡Maestro!, me alegro, llega justo a tiempo para la cena.

Orphen sintió su estómago crujir y decidió que no podía pelear con el estómago vacío así que se sentó cómodamente sobre una roca y comenzó a comer.

Magic lo observaba intentando indagar en la mente del hechicero. Se preguntaba si alguna vez se le habría cruzado por la mente la posibilidad de que Cleo simplemente se cansara de su actitud.

Orphen se sintió incomodado por la mirada acechante de su discípulo y decidió dejar de lado su comida.

Orphen: ¿qué ocurre Magik?- Preguntó sonriendo.

Magic: no es nada.

El hechicero continuó comiendo hasta quedar satisfecho. Luego de eso advirtió que Cleo aún no aparecía. Lo cual llamó su atención, sólo el olor de la comida de Magic habría sido suficiente para traerla de regreso.

Orphen se puso de pie y se marchó sin decir nada.

Magik sonrió, sabía que iría a buscar a la muchacha y con algo de suerte todo estaría mejor.

Cleo se había sentado a la orilla del río para contemplar el reflejo de la luna sobre el agua. Sintió que el ruido de las piedras arrastradas por el agua podría ayudarla a calmar sus pensamientos. Sin embargo, lo único que consiguió fue quedarse dormida.

Fue justamente así que la encontró el hechicero. Tendida en el suelo durmiendo despreocupadamente, ajena a cualquier cosa. Incluso de su presencia.

Se arrodillo para despertarla sin embargo, al contemplar su rostro sintió que su corazón se aceleraba. La observó durante unos momentos en silencio, se sacó su chaqueta de cuero y la tapó con esta. En silencio para no despertarla se sentó a su lado y acarició su cabello.

Luego, como si recordara algo llevó la mano al bolsillo de su pantalón y extrajo un papel arrugado.

Lo estiró y comenzó a leer su contenido aunque en el fondo sabía sus líneas de memoria, después de haber leído aquellas letras tantas veces.

"Querida Cleo:

Sé que has tomado una decisión y que muy probablemente no cambiaras de opinión a pesar de lo mucho que insista en que creo que cometes un error.

Tengo certeza de volveremos a encontrarnos más adelante y espero que las condiciones sean favorables para mí cuando aquello ocurra. Aún tengo fe en que el hechicero termine echando todo a perder (Espero que no te enfades), aunque en realidad lo único que deseo es verte feliz.

Supe que has comenzado a hacerte fama de cazadora en los pueblos que has visitado. Es así como me enteré que descansarías en este hotel y pude hacerte llegar esta carta. Lamento que sea tan breve, pero he estado realmente ocupado.

Cleo, sólo quería contarte que estaré trabajando en uno de los pueblos por los que de seguro pasaras cuando vayas camino a Totokanta.

Agregué un mapa y marqué el lugar. Sólo por si tienes tiempo, si necesitas algo o sólo deseas que nos encontremos.

Espero no ser imprudente. Tal vez sea mejor que no le digas al hechicero negro. No deseo causarte problemas.

Pero me gustaría mucho verte.

Keilot."

Orphen volvió a arrugar la hoja mientras se mordía el labio. Le sorprendía el descaro y osadía del cazador.

Recordó el día en que esa carta cayó en sus manos. Cleo se daba un largo y agradable baño en las aguas termales. Mientras Magic y él habían salido a comprar provisiones para continuar el viaje. En cuanto regresaron al hotel, el administrador preguntó por Cleo y les informó que había llegado correspondencia para ella.

A Orphen aquello no le pareció extraño pues imaginó que se trataba de alguna petición formal para un trabajo de cazador. Por lo que no tuvo reparos al recibir el sobre y leer su contenido. Estaba tan molesto con las palabras del cazador:

"…creo que cometes un error…", "…Aún tengo fe en que el hechicero termine echando todo a perder…", "…Tal vez sea mejor que no le digas al hechicero negro…"

Que no lograba contenerse. Y al mirar a Cleo vestida con la ropa que le había regalado aumentaba su ira. Era consciente de que ella no era culpable del descaro del cazador. Pero por otro lado, no había nadie más con quien desquitar su enojo.

El hechicero llevó su mano a la frente mientras soltaba una sonrisa.

Orphen: Ese estúpido Keilot tiene razón. Si sigo así, terminaré arruinando todo y alejándola de mi lado.

Cleo se movió en su sitio sin despertar, desviando la atención del hechicero. Orphen se quedó mirándola en silencio y sin darse cuenta, él mismo acabó quedándose dormido.

Cleo sintió el peso de algo sobre su cabeza. Se incorporó lentamente mientras restregaba sus ojos. Se sorprendió al encontrar a Orphen durmiendo apoyado sobre una roca a su lado. Lo que sentía era el peso de su mano.

De seguro se había dormido mientras la acariciaba. Pensó la chica sin poder disimular su sorpresa. Se miró a si misma sólo para advertir que llevaba encima su chaqueta de cuerpo negra.

La chica abrazó la chaqueta mientras sonreía. Se quedó en silencio contemplando al hechicero sintiendo como su corazón latía de emoción al sentirlo tan cerca. Se veía tan tranquilo mientras descansaba, tan atractivo, sentía deseos de robarle un beso. Cleo se ruborizó con sus propios pensamientos. Aunque por otro lado, ese chico era su novio. La chica rubia volvió a sonrojarse.

Apoyó su palma en el suelo cerca del hechicero dispuesta a acercarse y besarlo cuando sintió crujir algo bajo su mano. Miró hacia el suelo y descubrió un papel. Lo levantó, curiosa de su contenido y comenzó a leerla…

Orphen abrió sus ojos sobresaltado sin recordar donde estaba. Lo primero que vio fue a Cleo arrodillada cerca de ella, con una hoja entre sus manos. Luego, recordó lo ocurrido. Había olvidado guardar la carta.

Orphen: Cleo… dijo en un susurro.

La muchacha alzó la vista al escucharlo.

Cleo: así que por esto has estado tan alterado.- dijo simplemente, sin demostrar ni una clase de expresión en su rostro.

El hechicero no lograba distinguir si estaba molesta o dolida, tal vez triste, melancólica…

Entonces la chica volvió la mirada a la carta. Y esta vez, no disimuló la amplia sonrisa de su rostro.

Eso era todo, Cleo se iría de su lado, estaba seguro. Después de todo lo había arruinado, tal como Keilot había predicho.

Cleo se volteó hacia Orphen sin ser capaz de quitar su sonrisa. –Estúpido hechicero negro.-

Orphen iba a responder ante aquella ofensa. Pero entonces aquella atrevida muchacha se acercó invasivamente a su rostro. Tomándolo por sorpresa. –¿No me digas que estabas celoso de esto?-

Orphen apartó la mirada. –Claro que no… cómo podría ponerme celoso de algo como eso…- mintió. Pero ni el mismo se creería aquella mal mentira.

-¿seguro?… entonces por qué no me la habías entregado. Después de todo, está dirigida a mí…-

-Yo…-

-espero que seas honesto.-

El hechicero tragó saliva. Sintió que no había escapatoria a menos que… Sonrió seductoramente mientras alzaba una ceja. Cleo supo inmediatamente que acababan de invertirse los papeles, sintió deseos de arrancar pero el hechicero fue más rápido y antes de entender cómo, yacía debajo de su cuerpo retenida de las muñecas.

Cleo: q… q… qué… ¿qué haces Orphen?, ¡suéltame!

El hechicero sonrió. Mientras se acercaba a los labios de la chica.

-me descubriste.- dijo susurrando en su oído. Rozando su oreja con los labios, logrando que se pusiera roja como un tomate.

El corazón comenzó a latirle muy rápido mientras de tanto en tanto se sacudía intentando zafarse de los brazos del hechicero.

Orphen no pudo negar que aquella pequeña lucha le causaba cierta sensación de placer. Se acercó a los labios de la muchacha y jugueteó con ellos, rozando y mordisqueando, antes de posicionarse de esos labios rosas.

Notó como aun besándola Cleo intentaba liberar sus manos con desesperación deseando tocar su rostro, su espalda, sus brazos, su abdomen. El hechicero la soltó sólo porqué el mismo no aguantaba el deseo de recorrerla con sus manos.

Cleo introdujo sus manos bajo la polera del hechicero y comenzó a explorar su abdomen, sus músculos perfectamente trazados, su piel suave y firme.

Orphen se sorprendió de la osadía de la muchacha, pero aquello sólo lograba provocar más su ansiedad.

Cleo empujó a Orphen obligándolo a quedar bajo su cuerpo, tomándolo completamente desprevenido.

La chica se acercó seductoramente mientras levantaba y lo despojaba de su polera. Comenzó a besar sus pectorales y comenzó a bajar muy lentamente provocando la agitación del hechicero. Se detuvo un momento al llegar a su abdomen.

Orphen sintió una fuerte presión pero no prestó atención a aquel detalle, estaba embriagado de placer perdido bajo los besos y caricias de Cleo. La chica se detuvo repentinamente mientras se incorporaba jadeando.

Orphen debió contenerse para no arrojarse sobre Cleo, al verla así, tan agitada, con sus mejillas encendidas de un rojo furioso y su cabello revuelto. La rubia muchacha sonrió con picardía mientras se ponía de pie. – te lo mereces.- dijo simplemente, mientras señalaba un punto rojo sobre su abdomen.

Orphen se quedó mirando sorprendido mientras Cleo se alejaba dejándolo ahí en medio de la nada.

El hechicero se echó sobre el césped riendo, aún agitado y con el chupetón que Cleo había dejado. –Esta niña…- soltó sin dejar de reír. – Me va a volver loco-

Orphen llegó al sitio donde habían montado el campamento. Cleo y Magic se habían acostado ya y acurrucado con unas mantas sobre el suelo para dormir. El hechicero se acostó junto a Cleo y la rodeó con sus brazos.

-Sé que no estas durmiendo... así que escucha. Ya me vengaré por esto.- le dijo en tono seductor.

Cleo sonrió por dentro. Pero continuó haciéndose la dormida.

Orphen, Cleo y Magik caminaban una vez más siguiendo un sendero que los conduciría a un pueblo cercano.

A pesar de que Orphen había despertado de muy buen humor, Cleo no podía dejar de preguntarse si se mantendría así aún después de llegar al pueblo.

El hechicero extendió sus brazos hacia el cielo y luego depositó sus manos tras la nuca. Se quedó mirando el cielo de forma distraída durante unos momentos, luego su rostro se ensombreció. Bajó la mirada al suelo. Repentinamente sacudió su cabeza de un lado a otro como si intentara borrar algo de su mente. Hizo una mueca extraña con el rostro, llevó una mano a la barbilla. Hasta que finalmente Cleo le propinó un golpe en la nuca.

Orphen: ¡Demonios!, ¿Por qué hiciste eso?

Cleo: estas actuando como un idiota.

Orphen: ¡Sólo estaba pensando!

Magik: ¿Maestro… ocurre algo?

Orphen pareció sorprendido con la pregunta. Pero no respondió, se limitó a apartar la mirada. Y emitir un bufido.

Cleo imaginó que era la cercanía del cazador lo que tenía a Orphen tan alterado. Iba a preguntar pero un fuerte temblor acompañado de ruidos subterráneos distrajo su atención.

Todos voltearon sólo para descubrir cómo se abría el suelo muy cerca de ellos y del agujero emergía una gigantesca criatura de patas puntiagudas. Tenía seis gigantescas patas y en su espalda unas enormes alas de libélulas. Su cola larga se asemejaba a la forma de un cien pies y su cabeza era similar a la de una Avispa.

Orphen: ¡pero que rayos...! . Musitó el hechicero sorprendido.

El hechicero cogió a Magik y a Cleo en el momento exacto que vio a la criatura sacudirse de un lado a otro. Advirtiendo su ataque.

Miles de espinas salieron expulsadas hacia todos lados.

Magik: ¡Hilo una armadura de rayos la luz!- recitó e inmediatamente fueron protegidos por un poderoso escudo que logró detener el ataque.

Cleo: ¡Bien hecho Magik!- Lo felicitó la muchacha, despreocupada de aquella situación.

Orphen: ¡Ustedes dos apártense!

Cleo: Uy si como no… - se burló la chica acercándose aún más a la criatura. Deseosa de pelear.

Antes de que Orphen pudiera hacer algo dos figuras emergieron desde atrás corriendo a toda velocidad y saltaron de un lado a otro esquivando con gran agilidad cada uno de los ataques del alimaña.

Uno de ellos saltó sobre la bestia y montó sobre su espalda. Sólo con la fuerza de sus manos despojó a la criatura de sus alas e instantáneamente la criatura cayó al suelo desmoronándose. Sin embargo, aquella bestia parecía ser más rápida en suelo que en el aire y ahora estaba molesta.

Cleo dio un grito, la presencia de los extraños la distrajo y no advirtió a la criatura hasta que la tuvo encima de ella. Alzó las manos hacia adelante y de alguna forma sin pensar en lo que hacía una poderosa luz emergió de sus manos.

Orphen: ¡Cleo no…..!

Antes de poder evitarlo no sólo la criatura si no que todos a su alrededor salieron expulsados por la fuerza de aquel poder.

La rubia muchacha chocó contra un árbol y perdió la consciencia de inmediato.

La bestia, furiosa arremetió contra la chica, pero una luz verdosa la envolvió inmovilizándola. Era Leki, defiendo a su ama.

Uno de los cazadores tomó a Cleo apartándola del campo de batalla. Mientras que el otro aprovechó la ayuda del dragón lobo y clavó su espada en el torso de la bestia partiéndola por la mitad.

Orphen y Magik llegaron hasta donde se encontraba Cleo quien comenzaba a despertar.

Xxxxx: que linda muchachita… pero ¿qué es?, hizo un hechizo, pero lleva ropa de cazadora…

El hombre que cargaba a la chica la deposito en el suelo. Era un hombre moreno y corpulento de gran estatura. Y sus brazos estaban llenos de cicatrices.

Orphen, Magik: ¡Cleooo!

Magik: ¿Cleo te encuentras bien?

Cleo: sí sólo me golpee la cabeza.

Orphen: Pero qué torpe fuiste. Debes controlar la energía de tus hechizos.

Cleo: O.O ¡pero de que estas hablando! Si eres tú el que no ha querido enseñarme a usar magia.

xxxxx: Vaya, vaya… qué tenemos aquí…

Cleo: oh! Lo lamento, muchas gracias por ayudarme.

Marjuk: Un gusto, soy Marjuk y mi compañero…

Orphen sintió un escalofrío recorriendo su espalda.

Keilot: Creo que alguien olvidó a su pequeño Leki

Magik y Cleo: ¡joven Keilot!

Orphen: grrrrrrr…. ¬¬"

Keilot: esperaba que llegaras, pero no encontrarnos de esta manera. Dijo sonriendo ampliamente mientras entregaba a Leki en sus brazos.

Cleo sonrió dulcemente. Hasta que sintió como de repente se congelaba su espalda.

Keilot saludó a Magik y finalmente a Orphen.

Ambos intercambiaron miradas. Tal vez era la impresión de todos pero parecían estar sacando chispas de los ojos.

Cleo y Magik se adelantaron intentando evitar una pelea y antes de que continuaran con su riña empujaron a Orphen incitándolo a continuar con su camino.

Magik: vaya maestro mire que tarde es… ya es hora de almorzar no lo cree.

Cleo: ¡Si, si! Ya es tarde y aun no llegamos al pueblo.

Orphen se zafó de los brazos de ambos y continuó caminando a pasos agigantados mientras exhalaba vapor por la nariz.

La muchacha detuvo su marcha un momento para voltear. Keilot la miraba sonriendo dulcemente, la chica se sonrojó y alzó una mano para despedirse, aunque sabía que muy pronto volverían a verse.

Orphen: Cleoooo!

Hola! ha pasado mucho tiempo desde que subí el último capítulo, he sido una ingrata, pero he leído sus comentarios. Muchas gracias!

La verdad es que había olvidado la contraseña de mi correo y no sé, un día por arte de magia volvió a mí la forma de recuperarlo. Y con sus comentarios ^.^ me dieron ganas de cumplir mi promesa y continuar la historia aunque ya está finalizada. Esta será una mini historia de unos pocos capítulos. Y aquí va el primero espero que les guste.

Saludos.