Adaptación. Linda H & S. Meyer Nada me pertenece.

Nota al final del capitulo!


Capitulo Número 26

El lunes por la mañana, Jake estaba sentado en el departamento de policía de, con la cabeza apoyada en las manos, repasando una y otra vez los archivos de los ordenadores, no habían resaltado ninguno de los nombres.

Aquel tipo odiaba a las mujeres. Seguramente no se llevaba bien con ellas, no le gustaría trabajar en su compañía. Tal vez hubiera en su archivo una nota acerca de una denuncia presentada por alguien, quizás una acusación de acoso sexual. Algo así debería haber saltado a la vista en el primer examen, pero era posible que dicha denuncia estuviera redactada de tal forma que no quedara expresado explícitamente lo del acoso sexual.

Ren y Emily permanecieron pegadas la una a la otra, impresionadas y desorientadas por lo que le había ocurrido a su estrecho círculo de amigas. Ya no le cabía ninguna duda a nadie de que había sido la Lista lo que había desencadenado aquella violencia, las comisarías de policía de la zona estaban formando

un equipo especial para coordinar y trabajar en aquellos casos, ya que no había dos amigas del grupo que vivieran dentro de la misma jurisdicción.

Las cadenas informativas nacionales no cesaban de hablar del tema. «¿Quién está matando a las Chicas de la Lista?», entonó una emisora. «El área de Forks está sobrecogida por los violentos asesinatos de dos de las mujeres que confeccionaron la humorística y polémica Lista del Hombre Perfecto que trajo en jaque al país hace un par de semanas.»

¿Dónde estaba el informe sobre la huella de zapato que habían encontrado en la casa de Ren? Normalmente no se tardaba tanto en recibir una respuesta. Registró su escritorio, pero nadie lo había dejado allí encima en su ausencia. A lo mejor se lo habían enviado a su compañero, dado que en todo el papeleo ambos se hacían referencia el uno al otro. Antes de la muerte de Claire, no todo el mundo estaba convencido de que el allanamiento de la casa de Ren tuviera algo que ver con el asesinato de Rose, pero

él sí lo estaba. Ahora, por supuesto, a nadie le cabía ya la menor duda.

Sam salió pronto del trabajo. Los acontecimientos del día anterior lo habían dejado tan aturdido que no podía concentrarse. Lo único que quería era recoger a Emily en la casa de la Tia de Ren y llevársela a casa, donde él y no otro pudiera velar por ella.

Estaba enamorado de Emily desde los catorce años. ¿Cómo había perdido de vista aquel hecho, y lo que ambos poseían juntos? ¿Por qué había hecho falta el terror de comprender que de verdad había un asesino acechando a Emily y a sus amigas para que él se diera cuenta de que si la perdía, se moriría?

No sabía cómo iba a poder compensarla por aquello. No sabía si Emily siquiera le permitiría hacerlo. Durante una semana más o menos, desde que ella adivinó que estaba encaprichado por una de sus compañeras, se había distanciado de él. A lo mejor creía que le había sido infiel de hecho, aunque jamás dejó que la situación entre ella y él llegase a desmandarse tanto. Se habían besado, sí, pero nada más.

Intentó imaginarse cómo se sentiría él si otro hombre besara a Emily y experimentó una sensación de malestar en el estómago. A lo mejor los besos no eran tan perdonables.

Era capaz de arrastrarse de rodillas por el suelo ante ella, con tal de que volviese a sonreírle como si le importara de nuevo.

Estacionó a su lado y subió por el camino hasta la doble puerta principal de la casa, donde pulsó el timbre y esperó.

Jacob salió a abrir la puerta. Sam se fijó en que aún llevaba encima la pistola. Si él tuviera una, se dijo, probablemente la llevaría también, fuera legal o no.

—¿Qué tal están? —preguntó en voz queda al entrar.

—Cansadas. Todavía les dura la impresión. Alice ha dicho que se han pasado el día durmiendo a ratos, así que supongo que anoche no durmieron gran cosa—

Sam sacudió la cabeza en un gesto negativo.

—Se pasaron la mayor parte de la noche levantadas y hablando. Es curioso; no hablaron apenas del hijo de puta que ha hecho esto, ni de lo cerca que estuvo Ren la otra noche cuando ese tipo entró en su casa. Sólo hablaron de Claire y Rose—

—Es como perder a dos miembros de la familia seguidos el uno del otro. Les va a llevar tiempo recuperarse de este golpe — Jake se enfrentaba habitualmente al dolor; sabía que Ren se recuperaría, porque aquel espíritu combativo que poseía no se doblegaba, pero también sabía que era posible que necesitara semanas, tal vez incluso meses, para que aquella sombra de dolor desapareciera de sus ojos.

Los arrebatos de dolor habían dejado pálidas a Emily y a Ren pero tenían los ojos secos. Emily pareció sorprendida de ver a su marido.

—¿Qué estás haciendo aquí? —No parecía especialmente contenta de verlo.

—Quería estar contigo —respondió él—. Ya sé que estás cansada, por eso no quería que tuvieras que esperar hasta medianoche para ir a casa. Por no mencionar que Alice y su familia probablemente se irán a la cama mucho antes de esa hora—

Alice desechó aquel comentario con un gesto de la mano.

—No te preocupes por eso—

—¿Y los periodistas? —preguntó Emily .—. No vamos a poder disfrutar de paz si siguen invadiéndolo todo—

—Dudo que se queden allí para siempre —dijo Jake —. Les gustaría conseguir una entrevista, claro, pero ya obtendrán declaraciones de otras personas. Lo más probable es que, como hoy no habéis estado en casa, llamen por teléfono en vez de acampar fuera, en el jardín. —

—En ese caso me gustaría irme a casa —dijo Emily levantándose. Abrazó a Alice —. Un millón de gracias. Hoy nos has salvado la vida. —

Alice le devolvió el abrazo.

—Cuando quieras. Vuelve mañana, si es que no vas a trabajar. Hagas lo que hagas, ¡no te quedes sola en casa! —

—Gracias. Es posible que te tome la palabra, pero... creo que mañana voy a ir a trabajar. Regresar a la rutina me ayudará a quitarme cosas de la cabeza—

Ren dijo:

—Me parece que Jake y yo también vamos a irnos a casa. Tiene aspecto de estar tan cansado como yo—

—¿Vas a ir mañana a trabajar? —quiso saber Emily

—No lo sé. Quizá. Ya te llamaré para decírtelo—

… Durante todo el camino a casa, Emily permaneció con la vista fija en la ventanilla.

—No tenías por qué haber salido temprano de trabajar —dijo—. Estoy bien—

—Quería estar contigo —repitió Sam, y acto seguido aspiró profundamente.

Preferiría tener aquella conversación una vez que hubieran llegado a casa, donde pudiera rodear a Emily con sus brazos, pero quizá fuera éste el mejor momento; por lo menos ella no podía irse a ninguna parte—. Lo siento —dijo en voz baja.

Ella no lo miró.

—¿Por qué? —

—Por ser un estúpido, por ser un imbécil. Te quiero más que a nada ni nadie en el mundo, y no puedo soportar la idea de perderte. —

—¿Y esa amiga tuya? — Emily hizo que aquella palabra sonara a inmadurez, como si él fuera un adolescente cachondo incapaz de ver más allá de su nariz.

Sam acusó el golpe con un gesto.

—Ya sé que no me crees, pero te juro que no he sido tan idiota—

—¿Exactamente cómo de idiota has sido? —

Nunca le había permitido que se saliera con la suya en nada, recordó Sam.

Manteniendo la vista fija en la carretera, porque tenía miedo de mirarla a ella, dijo:

—Idiota hasta el punto de coquetear. De darnos algún que otro beso. Pero nada más. Nunca. —

—¿Ni siquiera meterle mano? —El tono de Emily. indicaba que no se lo creía.

—Nunca —repitió él con firmeza—. Yo... Maldita sea, Emily no me parecía correcto, y no me refiero a algo físico. No era como tú. No sé, quizá dejé que me venciera el ego, porque me resultaba emocionante, pero no estaba bien y era consciente de ello. —

—¿Quién es exactamente esa mujer? —quiso saber Emily

Pronunciar su nombre le costó hasta la última gota de valor que tenía, porque el hecho de ponerle un nombre a aquella mujer la personalizaba, la convertía en algo real.

—Es de la reserva, nadie importante—

—¿La conozco yo? —

—Yo te quiero de verdad. Ayer, cuando te enteraste de lo de Claire y comprendí... —Se le quebró la voz y tuvo que tragar saliva antes de poder continuar—. Cuando comprendí que estás en peligro, fue como si me hubieran dado una bofetada en la cara—

—Ser perseguida por un asesino psicópata llama mucho la atención —replicó ella secamente.

—Sí. —Sam decidió jugarse el todo por el todo y preguntó—: ¿Quieres darme otra oportunidad? —

—No sé —respondió Emily y a Sam se le cayó el alma a los pies—. Ya te dije que no pensaba precipitarme ni hacer nada drástico, y no voy a hacerlo. En estos momentos mi atención está un tanto hecha añicos, así que creo que deberíamos aplazar esta conversación durante un tiempo—

De acuerdo, pensó Sam. Aquello había sido un lanzamiento fallido, pero aún no estaba fuera de juego.

—¿Puedo dormir contigo? —

—¿Te refieres a tener relaciones sexuales? —

—No. Me refiero a dormir contigo. En nuestra cama. Me gustaría hacer el amor contigo, además, pero si tú no quieres eso, ¿me permitirás al menos dormir contigo? —

Emily reflexionó sobre ello tanto tiempo, que Sam empezó a pensar que había vuelto a hacer un lanzamiento fallido. Por fin ella dijo:

—Está bien. —

Dejó escapar un suspiro de alivio. No era que Emily estuviera rebosante de entusiasmo, pero tampoco le estaba dando una patada. Era una oportunidad. Llevaban un montón de años juntos, y eso era lo que los estaba manteniendo unidos cuando otras parejas que carecían de una larga historia juntas tal vez ya se hubieran separado. No podía esperar deshacer en una sola noche todo el daño que había acumulado a lo largo de los dos últimos años.

Pero ella había aguantado a su lado, de modo que no iba a abandonar ahora, por muy hosca que se mostrase Emily ni por mucho que le costase a él convencerla de que la quería. Lo más importante era mantenerla con vida, aunque después lo abandonara a él. No tenía idea de si podría soportar perderla, pero de lo que estaba seguro era de que no podría soportar enterrarla.

—Estoy muy cansada —dijo Ren —. Tú debes de estar agotado—

—Llevo todo el día aguantando a base de café —repuso Jake —. Pero ya se me está pasando el efecto. ¿Te parece que nos acostemos temprano? —

Ren bostezó.

—No creo que podamos elegir. Dudo que pudiera seguir despierta aunque quisiera—Se frotó la frente— Llevo todo el día con un dolor de cabeza horrible, y nada de lo que me he tomado ha conseguido aplacarlo. —

—Maldición —repuso Jake suavemente—. Ni siquiera estamos casados aún, y ya empiezas a tener jaquecas. —

Aquello provocó una débil sonrisa.

—Sigo preocupada, ¿aún nada? —

—Estoy en ello cariño. ¿no sospechas de nadie? —

—No lo sé. Estoy muy confusa, pero hay muchos hombres enojados… por ejemplo mi jefe se sentía realmente molesto por lo de la Lista, hasta que la empresa decidió aceptar toda aquella publicidad gratis, y entonces fue todo mieles—

—¿Alguien más? —

—No conozco a todo el mundo. Vamos a ver. Tampoco me gusta Jane pero supongo que ésa no cuenta—

El nombre le resultó familiar. Tardó sólo un segundo en ubicarlo.

—La reina del drama—

—Y una auténtica tonta. Me alegro de que no esté en mi departamento. Emily tiene que aguantarla todos los días. —

—¿Alguien más? —

—Nadie que destaque—

Jacob suspiro y alargo el brazo atrayendo junto a si a Ren.

El hecho de ir a trabajar aquel día lo sentía como algo temerario. Ren no iba a ir; el dolor de cabeza que sufría el día anterior no había remitido, por lo que iba a pasar otro día en compañía de Alice, dejándose mimar.

Emily tuvo que reconocer que también le había gustado que Sam se preocupara por ella. Era tonto, tal vez incluso idiota, ir a trabajar sabiendo que él se sentía alarmado al respecto, pero llevaba tanto tiempo considerándola como algo dado por sentado, que aquella intensa preocupación actual por ella actuaba como un bálsamo para sus sentimientos heridos. La noche anterior la había sorprendido con lo que le dijo. Tal vez sí que pudieran recomponer la situación juntos. No pensaba precipitarse a aceptar sus excusas más de lo que se había precipitado a pedir el divorcio cuando su matrimonio empezó a hacer aguas, pero es que lo amaba de verdad, y por primera vez en mucho tiempo creía que tal vez él también la amaba.

Claire y Quil también habían logrado resolver sus diferencias al final, justo antes de que a ella la asesinaran. Tuvo dos días de felicidad con él. Dos días, cuando debería haber tenido una vida entera.

Emily sintió un repentino escalofrío. ¿Tendría ella sólo dos días con Sam para resolver aquella frágil tregua entre ambos?

No. A ella no iba a atraparla el asesino, tal como había hecho con Rose y con Claire. No comprendía cómo Claire pudo dejarlo entrar en su apartamento como pensaba la policía. A lo mejor ya estaba dentro, aguardándola. Jake dijo que no habían hallado señal alguna de que se hubiera forzado la entrada, pero tal vez él sabía abrir cerraduras o algo así. A lo mejor había conseguido hacerse con una llave. No sabía cómo, pero tenía que haber entrado de algún modo.

Si Sam estaba en el trabajo cuando ella llegase a casa aquella tarde, se dijo, no pensaba entrar sola en la casa. Pediría a un vecino que la acompañase.

Jane levantó la vista sorprendida al ver entrar a Emily en la oficina.

—No te esperaba hoy —le dijo.

Emily ocultó su propia sorpresa. La forma de vestir de Jane nunca resultaba favorecedora, pero por lo menos iba cuidada. Sin embargo, hoy venía como si hubiera encontrado aquella ropa tirada en el suelo. Llevaba una blusa y una falda, pero la falda le hacía una bolsa a un lado y se le veía el borde de la combinación. Emily. no sabía de nadie que aún usara combinación cuando no era necesario, sobre todo con aquel calor de finales de verano. La blusa estaba arrugada y con una mancha en la pechera. Hasta el pelo, que por lo general lo llevaba inmaculado, lucía un aspecto de no habérselo peinado antes de ir a trabajar.

Reparó en que Jane la observaba expectante, y entonces rebobinó para recordar lo que le había dicho.

—He pensado que me vendría bien trabajar. Ya sabes, la rutina—

—La rutina— Jane asintió, como si aquella palabra tuviera un contenido profundo.

Un misterio. Claro que Jane siempre había sido un tanto singular. Nada drástico, sólo un poco... aislada de todo.

A juzgar por lo que observó Emily, aquel día Jane estaba ciertamente aislada de todo, ocupada en su pequeño mundo. Tarareaba por lo bajo, se limaba las uñas, respondía unas cuantas llamadas. Por lo menos parecía racional, ya que no eficaz. «No sé, ya te llamaré» parecía ser su frase del día.

Poco después de las nueve desapareció, y regresó diez minutos después con manchas de suciedad en la blusa. Fue hasta donde estaba Emily se inclinó y le susurró:

—Tengo un problema para alcanzar unos archivos. ¿Puedes ayudarme a mover unas cajas? —

¿Qué archivos? ¿Qué cajas? Casi todos los archivos estaban en soporte informático. Emily quiso preguntarle de qué estaba hablando, pero Jane dirigió una mirada fugaz y vergonzosa al resto de la oficina, como si se encontrara en alguna dificultad que nada tenía que ver con archivos y no quisiera que se enterasen los demás.

¿Por qué yo?, pensó Emily, pero suspiró y dijo:

—Claro—

Siguió a Jane hasta el ascensor.

—¿Dónde están esos archivos? —le preguntó.

—Abajo. En el almacén. —

—No sabía que realmente hubiera algo almacenado en el «almacén» —bromeó Emily pero Jane no pareció pillar el chiste.

—Claro que lo hay —repuso en tono desconcertado.

El ascensor estaba vacío, y no se encontraron con nadie en el pasillo de la primera planta, lo cual no era para sorprenderse teniendo en cuenta que aún era muy temprano. Todo el mundo estaba en su despacho. Aquellos locos informáticos probablemente estarían inmersos en una batalla de bolas de papel, y todavía no había llegado la hora del descanso para tomarse un café, momento en el que la gente

empezaba a moverse más.

Bajaron por el estrecho pasillo de color verde vómito. Jane abrió la puerta que tenía el letrero de «Almacén» y se hizo a un lado para dejar pasar delante a Emily. Ésta arrugó la nariz al notar el olor acre y rancio, como si hiciera mucho tiempo que no había entrado nadie allí. Además, estaba oscuro.

—¿Dónde está el interruptor de la luz? —preguntó sin entrar.

Justo en ese momento sintió que algo contundente le golpeaba en la espalda y la empujaba al interior del local oscuro y maloliente. Cayó despatarrada en el áspero suelo de cemento, despellejándose las manos y las rodillas. Un segundo después lo comprendió todo, y horrorizada, se las arregló para rodar hacia un costado y ponerse de pie al tiempo que se le venía encima, con un silbido, un alargado tubo metálico.

Lanzó un chillido, o eso creyó. No estaba segura, porque el corazón le latía con tanta fuerza en los oídos que no podía percibir nada más. Intentó agarrar el tubo y forcejeó brevemente para hacerse con él. Pero Jane era fuerte, muy fuerte, y de un potente empujón la arrojó al suelo de nuevo.

Emily oyó de nuevo el silbido; a continuación explotaron un montón de luces en su cabeza y ya no oyó nada más.


Hola a todas! se que ha pasado muchooo tiempo sin actualizar la adaptación. pero la verdad es que lo había olvidado :/ trataré de completarla lo antes posible, por cierto, lo recordé solo por las alertas de reviews en mi correo. así que cualquier cosa dejen un mensaje al final de la pagina (:

Lamento si se me paso algún nombre o algo, pero son las 5.04 de la mañana, debería estar descansando para mañana estar temprano en la playa pero aquí estoy XD perdonen porfa el atraso (: y gracias a las que aún siguen leyendo :) nos leemos pronto.

Besos Psicóticos ... Coni 25.02.2013