CAPITULO 22
ADVERTENCIA: LEMMON.
-. Hola Severus -. Pero el bajo el libro, la observo y después siguió leyendo, ella se extrañó. -. ¿Qué ocurre? -. Severus se levantó y camino a acomodar el libro en su lugar.
-. Es poco decir, que a veces me canso de tus ex novios celosos y el descubrimiento de nuestra comunicación -. Se giró y la miro. -. Haz visto como todos los profesores y la directora me cuestionaron por esta relación, realmente estoy cansado de esto por hoy -.
Hermione se molestó.
-. Tú estás cansado, estuve haciendo lo mismo que tú, y tú y yo sabíamos lo que iba a pasar cuando se supiera nuestra relación, si decides terminar nuestra relación, entenderé que no pudiste con esto y no me amabas tanto como has dicho -. Hermione entro al baño dejando sorprendido a Severus, no pensaba que Hermione reaccionaria así, pero era obvio, era orgullosa.
Entro al baño para ver que hacía y la encontró lavándose la cara.
Hermione se giró y le echó una mirada que dejó claro lo enfadada que estaba.
-. Lo consideras, ¿No es así? -. Sonrió con superioridad, sacudió sus manos mientras se examinaba su pelo y luego se volvió a girar hacia el espejo, enseñándole su trasero con unas bragas de encaje negro que le hicieron estar seguro de que sus nervios ópticos habían salido disparados.
Severus la miro y sabía que jamás la dejaría ir, ahora que era adicto a ella.
Sus ojos de Hermione se cruzaron con los de Severus en el espejo justo antes de bajar la mirada, y su cara y su cuello se pusieron rojos, hasta llegar a la altura de sus pechos, ocultos bajo ese sujetador de encaje negro que tan celoso le ponía.
Ella también sabía que esto ya no se podía echar para atrás, deseaba a Severus con cada latir de su corazón.
-. Todavía tenemos mucho que discutir sobre cómo llevarlo dentro del colegio -. Severus dio un paso detrás de ella, llevo la mano a su pelo y agarro un mechón. Inhaló profundamente y lo miró furiosa a los ojos en el espejo. -. Y nos hemos metido en un buen problema -. Le inclino la cabeza a un lado y le descubrió el cuello.
-. Ahhh -. Empezó a respirar más fuerte. -. ¿Qué estás haciendo? -.
Bajo a su cuello y arrastro los labios por esa esbelta curva, dándole mordisquitos. Mordió lo justo para que emitiera algunos sonidos. Olía tan bien que el aroma le intoxicó hasta tal punto que no iba a poder mantener el control por mucho tiempo.
-. Yo no. Tú vas a ser la que me lo diga. Tú me vas a decir qué hacer. ¿Qué te hago primero? -. Dejo una mano posada en su cabello y le puso la otra en su vientre plano y la deslicé, apretando fuerte mientras bajaba por el interior del fino encaje. Ella se retorció pero la sostuvo con firmeza y su dedo corazón avanzó justo entre sus pliegues y sobre su clítoris. -. ¿Te gusta? -. Movió el dedo una y otra vez, lubricándola, poniéndola a tono y mojada para él, pero sin penetrar.
-. Oh, Merlín -. Gimió.
Le tiro un poco del pelo.
-. Respuesta incorrecta, Señorita Granger. Aún no me ha dicho qué debo hacerle. Ahora dígame: "Severus, quiero que..." -. Aparto la mano de entre sus piernas y se llevó a la boca el dedo que había estado deslizándole por su sexo. Lo chupo hasta dejarlo limpio con mucha maestría. -. Mmmmm, como miel -. Volvió a mordisquearle el cuello.
Se mostraba frustrada y excitada y necesitada, y él estaba disfrutando al castigarla por lo que había dicho. Se inclinó hacia él y restregó su trasero contra su miembro. Retiro las caderas y se rio en voz baja por el sonido de sus protestas cuando lo hizo.
-. Severus… -.
Chasqueo la lengua en su cuello y le volvió a tirar del pelo.
-. Has dicho muchas cosas malas. Aún estoy esperando. Dime lo que quieres de mí -. Le puso la mano que tenía libre en el trasero y lo tomo con fuerza. -. Tú has empezado este jueguecito y lo sabes de sobra, así que dime lo que quieres que te haga -. Jadeó cuando le metió los dedos e intentó volver a restregarse contra su miembro. -. No, no lo vas a conseguir hasta que me lo pidas de buena forma -. Echo la mano hacia atrás y se la coloco en el trasero dándole un azote. Ella gritó y se puso tensa de puntillas, arqueándose como la preciosa diosa que era.
-. Severus, quiero que... -. Se ablandó y trató de girar la cabeza contra su pecho.
-. Mmmmm, así que te gusta que te den azotes en tu precioso trasero, ¿no? ¿Te doy otra vez? -. Le susurro justo en la oreja. -. Se lo merece, Señorita Granger. Sabe que se lo merece, y aún no ha hecho lo que le he pedido, es muy mala. Dígame lo que voy a hacerle contra el lavabo -. Soltó un grito precioso y sumiso que hizo que se le acelerara el corazón y que su miembro estuviese a punto de explotar. -. ¡Dímelo! -. Le dio otro azote en el trasero y aguanto la respiración mientras esperaba su respuesta.
-. ¡Ahhh! -. Se elevó formando un elegante arco y abrió la boca para emitir un grito ahogado. Sabía que había ganado, sabía que se lo diría y nunca había sentido nada igual cuando dijo las palabras mágicas. -. ¡Severus, me vas a tomar contra el lavabo! -.
-. Inclínate y apóyate -. Le ordeno, mientras se apartaba de ella para esperar a que le obedeciera.
Temblaba un poco pero se puso en la posición tal como le dijo, y parecía tan excitada que resultaba casi imposible hacerse a la idea de esa locura en la que estaban inmersos, pero, era demasiado bueno para parar.
Metió los dedos por debajo del elástico de ese pequeño trozo de encaje negro y lo hizo trizas, abriéndole las piernas mientras ella se lo quitaba. Podía oler su excitación, sus ganas de él, de lo que solo él podía darle. Tiro de la cinturilla de sus pantalones de chándal y se sacó su miembro con la mano. La deslizo por su hendidura mojada y le froto el clítoris, pero todavía sin penetración.
-. ¿Es esto lo que querías, Hermione? -.
Hermione movió su sexo sobre la punta de su miembro e intentó hundirse hasta el final. Le dio puntos por el esfuerzo, pero él era el que estaba al mando y aún necesitaba algo más de ella. Su chica tenía un poco más de trabajo que hacer antes de conseguir su recompensa.
Volvió a su cabello y agarro otro mechón, mientras le estiraba el cuello hacia atrás con elegancia.
-. Responde a mi pregunta-. Dije en tono bajo. Su preciosa garganta se movía al tragar mientras se miraban el uno al otro en el espejo. Tirarle del pelo era algo que le gustaba. Nunca tiro tan fuerte como para hacerle daño, solo para maniobrar con su cuerpo y tener el control durante el sexo. La volvía loca, y si no se excitaba con eso nunca lo haría. Lo importante era satisfacer a su chica.
-. Sí, quiero todo de ti, Severus. ¡Quiero que me tomes y que hagas que me corra! ¡Por favor! -. Estaba temblando contra su cuerpo, a punto de estallar de la excitación.
Se rio y le lamio el cuello, que estaba estirado para él.
-. Buena chica. ¿Y cuál es la verdad? -. Le froto el clítoris un poco más y espero, disfrutando del sabor de su piel y del olor a excitación que desprendía.
-. La verdad es... ¡que soy tuya, Severus! ¡Ahora, por favor! -. Suplicó, y su corazón casi explota al escuchar esas palabras.
-. Sí que lo eres, y es mi intención. Me complace complacerte -. Coloco la punta y la embistió lo más profundo que pudo. Los dos soltaron un grito cuando sus cuerpos se fundieron en uno.
Sostuvo su cabello mientras la tomaba para poder ver sus preciosos ojos a través del espejo. Así era él. No sabía por qué, pero con Hermione necesitaba sus ojos cuando hacían el amor. Quería mirarlos y ver cada sensación, cada embestida y movimiento de sus sexos al unirse, llevándolos hacia el clímax, hasta que se perdían en una sensación que solo podían experimentar cuando estaban el uno con el otro.
Sumergirse en los ojos de Hermione cuando eso tenía lugar le proporcionaba una conexión tan poderosa, lo unía a ella de una forma que significaba que lo suyo era serio y verdadero. De hecho, la intensidad de lo que había entre ellos le daba miedo. Le hacía extremadamente vulnerable, pero ahora era demasiado tarde. Ya había sucumbido.
Sus músculos internos se contrajeron durante el orgasmo, al tiempo que gritaba el nombre de Severus y se estremecía. Severus continuo moviéndose con fuerza en sus profundidades, sintiendo cómo su sexo se aferraba a él mientras la ahondaba con su miembro. Le gustaba tanto sentirla convulsionarse en el que hacía que le ardieran los ojos.
El cuerpo de Hermione estaba hecho para el acto sexual, pero lo que importaba era ella. Era ella a quien quería. En los segundos justo antes de que el alcanzara el orgasmo, embistió dentro de ella lo más profundo que pudo y llevo los dientes a su hombro. Ella gritó y el escucho su gemido, pero no sabía si era de dolor o de placer. No era su intención hacerle daño, pero estaba a punto de perder la cabeza en ese instante, solo quería aferrarse a ella, tenerla consigo, llenarla con su esencia, hacerla suya.
Mientras el líquido se derramaba dentro de ella, le dijo otra vez:
-. Te... amo... -.
La miro a los ojos en el espejo cuando lo dijo.
Hermione no iba a regresar a su habitación a esa hora. No importaba. Algunas cosas eran más importantes. Los dos estaban agotados por el sexo y apenas podían mantenerse en pie después, así que la tomo y la metió en la ducha consigo. Le lavo todo el cuerpo y dejo que le lavara. No hablaron. Solo se miraban y se tocaban y se besaban pensativos. Después de la ducha la envolvió en una toalla y la llevo de vuelta a la cama; solo entonces, con ella estirada junto a él toda suave y serena, hablaron sobre lo que seguía ahora para ellos.
-. Bueno, estamos en esto y no me iré, afrontaremos lo que venga -. Hablo en voz baja pero con firmeza, no iba a cambiar de opinión sobre ese tema y lo tenía que decir. -. Punto final -.
A pesar de haber hablado con Minerva, ella no estuvo de acuerdo, pero sabían que era algo normal, ya que no solo era ella sino también cada habitante de Hogwarts, pero eso lo habían previsto, siguieron normalmente sin demostrar favoritismos ni enfados por los rumores de más.
Lo preocupante para ellos o más bien para Hermione era el hecho de que Sirius desde que se supo la verdad de su relación, no había sabido nada de él, nada grave, Harry le insinuaba que se encontraba bien pero que no quería estar ahí por el momento.
Hermione solo esperaba que no volviera a actuar como lo hizo, aunque claro tratándose de Black, eso era pedir mucho.
