¡Regreso con el segundo capítulo! En un principio, va a ser el último. Al no ser que me animéis a seguir escribiendo (sabréis a lo que me refiero cuando lleguéis al final) ;) Dejaré el fic abierto por si me apetece continuarlo, pero espero que lo leáis como si estuviera cerrado. Gracias a todos los que os ha gustado mi historia y la habéis marcado con favoritos, sois geniales.
Los personajes pertenecen a Cassandra Clare.
El temible día llegó. Magnus se había despertado de un buen humor poco usual en él y danzaba por el apartamento limpiando con elegancia. Era la única persona en el mundo capaz de quitar el polvo con tanto glamour. Alec se sentía nervioso e incluso agotado mentalmente. No sabía qué esperar del reencuentro de hoy y le daba mucho miedo. En especial, le preocupaba que hubiera un enfrentamiento entre el brujo y su padre, algo que no le apetecía en absoluto. Magnus le había tranquilizado asegurándole que para él Alec era la prioridad y que no haría nada que pudiera enfadar a su suegro, siempre que este no le faltara el respeto o algo similar. Pero eso no hacía que la inquietud del cazador disminuyera. Cuando faltaban apenas tres horas, Magnus comenzó a arreglarse. Quería estar deslumbrante y despampanante. Alec, después de mucho insistir, consiguió que se vistiera con sencillez, pues no le apetecía que llamara la atención más de lo necesario.
-Estás muy tenso, Alexander. Eso no viene bien para tu piel. –El brujo se acercó a él por detrás y le masajeó los hombros. El cazador jadeó del gusto; desde luego sus manos eran magníficas.
-No es el día más feliz de mi vida, si es a lo que te refieres –replicó, dejándose llevar por las atenciones.
-Necesitas estar relajado y mostrarte contento. Tu padre tiene que ver que esta vida que tienes ahora te hace feliz. –Bajó por su espalda, deshaciendo los nudos y masajeando sus músculos definidos. Con dedos hábiles, presionó varios puntos.
-Magnus, si sigues así no puedo concentrarme –masculló entre dientes, con los ojos cerrados.
-¿Qué mejor forma que esta para liberar tu tensión? Y otras cosas –le dio un cachete en el culo, seguido de una risita. Alec pegó un salto y se apartó de él, con las mejillas encendidas y tratando de recomponerse.
Una vez Magnus le dio el visto bueno a sus atuendos y se aseguró de que Presidente Miau se comportaría como es debido en su ausencia, salieron del loft. En la calle, el cazador de sombras le cogió de la mano. Al brujo le pilló desprevenido pues siempre mantenían cierta distancia prudencial. Miró a Alec con el asombro pintado en sus facciones de gato, pero este tan solo le devolvió una bonita sonrisa. Caminaron con tranquilidad, juntos, ignorando las miradas de curiosidad, e incluso de complicidad, que les dedicaban los transeúntes. Alec sabía que hoy tenía que actuar valiente y decidido y nada mejor que darle la mano en público para empezar.
Llegaron hasta el restaurante. Magnus sintió cómo la mano del nefilim comenzaba a sudar y cómo se formaba de nuevo tensión en la línea de su mandíbula. Decidió soltarle y darle una palmadita de ánimo en la zona lumbar. Alec asintió y se preparó. Un camarero les indicó cuál era su mesa. Bajo el glamour se vislumbraba que también era un cazador de sombras. El resto de clientes también lo eran. Miraban a la pareja entre curiosos y ofendidos, como si un subterráneo no pudiera pisar aquel local, y menos acompañado por uno de los suyos. Por suerte, no había ningún conocido entre ellos. Alec se disculpó brevemente con el brujo pues no sabía que aquel local era propiedad de los nefilim y lo menos que quería era que Magnus se sintiera incómodo. Más de lo necesario. Este negó con la cabeza y le susurró algo sobre su primera cita que le hizo sonreír. Sí, recordaba su primera cita con claridad. El bar regentado por subterráneos, el pequeño incidente con la licántropa descontrolada y cómo había finalizado aquella larga e intensa noche. Eso último le hizo sonrojar. Sus bonitas memorias fueron sustituidas por una expresión neutral cuando llegaron a la mesa que les habían reservado. Maryse y Robert estaban sentados a un lado e Isabelle a un extremo, dejando libres los asientos enfrente de sus padres. Alec se acomodó delante de su madre y Magnus a su lado.
-Es un placer que aceptara nuestra invitación, señor Bane –inició Maryse. Isabelle miraba de un lado a otro con evidente expectación, pues creía firmemente que este sería el inicio de una familia unida y tolerante.
-Oh, el placer es mío señores Lightwood. Es un honor compartir mesa con tan grandes cazadores de sombras. Pero por favor, solo Magnus. Ahora no estoy aquí en calidad de cliente para el Instituto, sino en calidad de pareja –concluyó con una enorme sonrisa. Maryse también sonreía y no parecía forzada. Robert se mantenía serio.
-Isabelle insistió mucho en que esta cita tuviera lugar. Se mostró muy entusiasta ante vuestra… relación. –Un tic nervioso apareció la ceja derecha de su padre y Alec temió lo peor. Pero enseguida desapareció-. Además, es evidente que aún no te hemos dado las gracias por lo que has hecho por nuestro hijo. Especialmente en Edom, aunque en realidad él se vio envuelto por tu desafortunada desaparición.
-Papá…
Isabelle fue interrumpida por el camarero, que vino a tomar nota. Los cinco echaron un vistazo rápido a la carta he hicieron su pedido. Las piernas de Alec temblaban ligeramente bajo el mantel, pues seguía convencido de que aquello no era en absoluto buena idea. Magnus acarició furtivamente su rodilla para consolarle. Una vez el camarero se alejó, el brujo retomó la conversación.
-Ciertamente, su hijo fue de gran ayuda para mí en esos momentos. No fue agradable estar secuestrado por Jonathan. –Hizo especial énfasis en la palabra "secuestro"-. No creo ser capaz de agradecerle nunca todo lo que hizo por mí. Y no solo en aquella ocasión. –Se giró para dedicarle una cálida sonrisa a Alec, que bajó la vista avergonzado, jugando con el borde del mantel.
-Sí, tenemos entendido que Alexander y tú os habéis hecho muchos favores. Al igual que has trabajado durante años al lado de los cazadores de sombras –continuó Maryse, tratando de desviar la atención a terreno más agradable. En un acto de increíble eficiencia y rapidez, el camarero regresó con la comida. Alec lo agradeció, así tenía una buena excusa para desatender deliberadamente lo que se hablaba a su alrededor-. Si no es inoportuno, ¿cómo os conocisteis? –Maryse parecía realmente interesada en saberlo, pero no como algo negativo o morboso, sino como deseo de participar de la felicidad de su hijo y compartirla. Alec le envió una mirada agradecida que su madre respondió con una pequeña sonrisa.
-Fue en esa fiesta que organizó Magnus a su gato, Presidente Miau. Cuando fuimos para averiguar más cosas sobre Clary. Fue increíble, porque todo el mundo se fija en Jace y en cambio Magnus le ignoró por completo para centrarse en Alec –comentó Isabelle, guiñándole un ojo al subterráneo. Magnus soltó una risita.
-Jace es puro oro, tan reluciente, seguro de sí mismo y arrogante (no me malinterpretéis, no tengo nada en contra de él). Sin embargo Alec tiene su brillo particular, un brillo que muy pocos saben apreciar y que si se pule bien, le hace radiante. Además, mi combinación favorita siempre fue moreno de ojos azules –concluyó. Robert pinchó su filete de carne con demasiada fuerza y un poco de salsa se esparció fuera del plato.
-¿Y qué planes tenéis juntos? –Se atragantó al pronunciar "juntos"-. Por lo que veo, -se dirigió hacia Alec- ahora estás viviendo en su apartamento.
-Sí, eh, bueno. –Se sentía terriblemente incómodo al notar como los cuatro pares de ojos se posaban en él.- Por supuesto, voy a seguir volviendo de vez en cuando al Instituto pero, eh, sí, ahora mismo estoy viviendo con Magnus. –Agachó la cabeza. Su comida resultaba de lo más interesante.
-Si Isabelle se siente sola, siempre puede quedarse a dormir también en mi loft, hay habitaciones de sobra –El brujo sonrió en su dirección y ella le correspondió-. Aunque imagino que Steven le hará compañía –le devolvió el guiño y esta se rio por lo bajo y murmuró "Simon".
-Oh, sí, olvidaba que mi hija también ha optado por un subterráneo. –El color de la piel de Robert parecía estar adquiriendo varios tonos de verde.
-Simon es un buen chico. Se sacrificó mucho por la causa y que sea vampiro no es su culpa. –Maryse movió la cabeza y se colocó tras la oreja un mechón de pelo. –Estamos muy contentos con las buenas elecciones que han hecho nuestros hijos. Sabemos que tanto tú como Simon les habéis aportado mucho y habéis sido su fortaleza. –Magnus se sintió inmensamente agradecido por sus palabras. Alec, a su lado, no pudo evitar sonreír.
-Es una alegría saber que opinas eso, Maryse. Para Alec su familia es muy importante y quiero hacer lo posible para que los conflictos que pude causar en el pasado queden solventados. Lo principal para mi es que Alexander sea feliz –apretó su mano bajo la mesa.- Y hablando de planes. –Miró fijamente a Robert mientras Alec le pellizcaba la palma, pues sabía lo que venía a continuación y no le gustaba nada de nada. –Me complace anunciaros que Alexander y yo vamos a casarnos.
Un pesado silencio se hizo patente. El ruido de cubiertos y de otros comensales fluía entorno a ellos, pero en la mesa nadie hizo el menor gesto. Robert miró al brujo con la mandíbula tensa. El tenedor se había hundido en la carne poco hecha y un reguero de sangre cubría el plato. Alec supo que no había mejor metáfora para lo que estaba pasando por la cabeza de su padre. La tensión fue interrumpida por un chillido. Isabelle se levantó de un golpe y se colocó entre Alec y Magnus, medio histérica, abrazándolos como podía y besando la cabeza de su hermano.
-¡Ay, por el ángel, por el ángel! ¡Os vais a casar! ¡OS VAIS A CASAR!
-Izzy, ¡baja la voz! –Alec no sabía dónde meterse. Magnus estaba encantado de que Isabelle se mostrara tan entusiasta y poco tardaron en comentar los detalles del enlace. El nefilim solo deseaba que un demonio eidolon apareciera de la nada y tuviera una excusa para salir corriendo de allí.
Su padre pareció recobrarse. Su pecho subía y bajaba y Alec tenía miedo de que sufriera una taquicardia o algo peor. Su madre se había quedado paralizada, con expresión de sorpresa.
-Eso es…-comenzó.
-Imposible –finalizó Robert.
Isabelle, que ya había regresado a su sitio, le miró con cara de pocos amigos.
-¿Cómo que imposible? Obviamente no podrán casarse con el rito de los cazadores de sombras porque Magnus es un brujo, pero hay mil maneras de que la boda sea válida y-
-Isabelle, basta. –Robert sonó autoritario y Alec se puso en guardia-. Puedo permitir que hayas decidido juntarte con un brujo, -sonó como si Magnus fuera una plaga- pero de ahí a aceptar que esa relación se formalice hay un trecho. He prometido ser más tolerante con tu situación y tus inclinaciones –El brujo compuso una mueca de desagrado pero permaneció en silencio- puesto que eres mi hijo y solo deseo lo mejor para ti. He soportado que manches el apellido Lightwood porque tus logros me hacen estar orgulloso de ti. Pero esto. Esto es demasiado.
Magnus iba a replicar pero Alec se le adelantó. Estaba harto de tener que cumplir con las expectativas de su padre. Estaba harto de que el honor de su árbol genealógico fuera más importante que su vida. Estaba harto de tener que hacer lo que él quería.
–Papá, entiendo que te sientas atacado por el hecho de que tu primogénito sea homosexual –Decir esa palabra en voz alta le produjo cierto placer-. ¡Y encima enamorado de un brujo! ¡Qué desfachatez! –exclamó con un deje irónico-. Pero Magnus me hace feliz. Muy feliz. Estuvo a mi lado cuando las cosas se torcieron, me quiso incondicionalmente a pesar de mis defectos, me consoló cuando vosotros me rechazasteis. –Maryse giró la cabeza, con el dolor pintado en su cara. –Podría haberme abandonado, tuvo muchos motivos para ello. Podría haberse mantenido al margen de los asuntos de los cazadores de sombras, podría haber rehusado a relacionarse con nosotros. Pero no lo hizo. Puso su poder a nuestra disposición. Me ayudó cuando más lo necesitaba sin pedir nada a cambio. Me cuidó y me protegió y no solo a mí, sino a mis compañeros. A mis hermanos…
Papá, mamá, le quiero. –Su voz se suavizó y sintió como Magnus le miraba, admirado por su valentía-. Quiero estar con él sin importar lo que ello implique. No será un camino fácil, como no lo ha sido hasta ahora. Somos muy diferentes, venimos de mundos muy diferentes. Él es inmortal y yo moriré. Y nada me asegura que llegue a viejo. –Una punzada de dolor le traspasó. El brujo dibujaba círculos en su rodilla, para tranquilizarle y transmitirle su apoyo-. Pero es mi decisión. Es mi decisión pasar los años que me queden con él. Es mi vida, no la vuestra. Y creo que ya soy mayor para saber qué hacer y cómo sobrellevarlo. Sé que mamá es más comprensiva que tú. Nunca te he pedido que lo aceptes ni que te parezca bien. Tan solo quiero que no me desprecies. Que el orgullo que sentiste aquel día en Idris se mantenga y no te lo empañe mi vida sentimental. Quiero que no te avergüences de que yo sea tu hijo. Pero si para ello tengo que renunciar a Magnus, ten por seguro que no lo haré.
Se encontró de pronto agotado tras aquel discurso. Nunca había dicho nada semejante y menos se había enfrentado a sus padres de una manera tan directa. No sabía de dónde había sacado el valor y la fuerza y temía que Magnus en un descuido le hubiera dibujado la runa de fearless. Por suerte, no podía hacer eso. Isabelle estaba encantada por lo que había dicho y le hacía el símbolo de victoria desde el otro lado de la mesa. Sus padres permanecían en estado de shock y el brujo parecía gozar la situación. Tanto que, sin previo aviso, se inclinó sobre Alec y depositó un beso en sus labios. Ahogó un grito de sorpresa y le correspondió complacido. Total, ya no tenía nada que perder.
Entreabrió los ojos para comprobar que ninguno de los otros clientes miraba en su dirección y se dejó llevar. Nunca había estado tan seguro de que quería algo (o mejor, a alguien) y cualquier duda que pudiera albergar respecto a su situación, se disolvió con aquel beso. Lucharía por Magnus, lucharía hasta el final por su amor, como un verdadero cazador de sombras. Los nefilims no se rendían ante nada, eran tercos y conseguían sus objetivos con honor y valentía. Eso era lo que pensaba demostrar.
Cuando Magnus le soltó, este carraspeó y observó impasible a los Lightwood, que no salían de su asombro ante el descaro del brujo. Los ojos de Isabelle brillaban de aprobación y Alec intentaba mantener la compostura aunque no le resultaba nada fácil.
-Si me permitís, yo también quisiera decir unas palabras –Dobló con maestría la servilleta sobre la mesa-. Amo a Alexander. Entiendo los prejuicios y que tengan miedo por si le hago algo a vuestro hijo, por si le hiero de alguna forma. He sido completamente sincero con él en lo que respecta a mi vida y mis planes de futuro igual que él lo ha sido conmigo. Soy honesto y admito que a lo largo de mis múltiples años de existencia he conocido a mucha gente y he tenido muchos amantes. He amado con intensidad y mi corazón ha sido destruido en multitud de ocasiones porque me resultaba difícil aceptar la mortalidad de mis parejas. Les aseguro que sé de sobra a lo que me enfrento y que he combatido con todas mis fuerzas el amor que sentía por Alexander. Ya he sufrido demasiado y no quiero seguir torturándome. Pero como buen cazador de sombras, Alexander es un poco terco –le dedicó una amplia sonrisa. El nefilim se encogió-. Enamorarme de él es una de las mejores cosas que me han pasado. Tiene muchísimas cualidades que me complementan, que me hacen ser más humano de lo que jamás pensé que sería. Alexander me ha aportado valores y emociones que creí que nunca volvería a padecer. Robert, Maryse, le amo. Estoy convencido de mis sentimientos son puros y fuertes. Traté de alejarme de él y no lo he conseguido, por lo que voy a aprovechar nuestro tiempo juntos. Tengo intención de hacerle el hombre más feliz de la tierra y nadie me lo va a impedir. Mi propuesta de matrimonio es una prueba de que voy en serio, de que le quiero como nunca he querido a otra persona antes y, estoy seguro, como nunca querré. Es una muestra de nuestra unión –tomó la mano de Alec con delicadeza y le miró a los ojos-. Mi mundo se desmorona si no estoy a su lado. Puede que suene cursi -En su sonrisa apareció un tono de tristeza-, pero le necesito.
Alec se sentía abrumado por la cantidad de sentimientos y emociones que revoloteaban por su estómago. Vio de reojo cómo Isabelle se secaba una lágrima indiscreta y cómo su madre les miraba con ternura y compasión.
-Alec, Magnus –su voz rompió la magia y les hizo volver a la realidad-. Tenéis mi bendición –Maryse estiró los brazos por encima del mantel y apretó las manos de ambos con cariño.
Robert dejó caer los cubiertos en señal de rendición y se atusó el pelo con un suspiro.
-Chicos, enhorabuena por vuestro futuro enlace –Aunque no era exactamente una aceptación de su relación, era un principio. Lo dijo con una tímida sonrisa que indicaba el inicio de comprensión por su parte. Alec también suspiró, aliviado. Después de todo, la comida familiar no había salido tan mal pues había podido hablar con sus padres cara a cara y dejar clara su posición al respecto. Se notaba que Magnus estaba contento con el resultado y, por la expresión de Isabelle, consideraba aquel encuentro toda una victoria. Pronto la tensión reinante se disipó y pudieron disfrutar de los platos que apenas habían tocado, mientras su hermana, su madre y su futuro esposo trataban temas banales sobre la organización de la boda. Robert parecía más relajado. Alec le echó un vistazo y este le sonrió. El nefilim le devolvió la sonrisa. Las aguas volvían a su cauce y de nuevo se sentía como en casa, rodeado de los suyos, de gente que le quería y le aceptaba, con sus virtudes y sus defectos.
Qué me decís, ¿escribo la boda? :D La verdad es que escribirla me daría bastante respeto, porque tiene que ser algo muy muy especial y no estoy segura de si yo sabría transmitir eso. Pero en fin. Al final, he terminado relacionando "Orgullo Lightwood" con otro fic mío anterior, "Alexander, cásate conmigo". Os dejo por aquí el link por si queréis leer cómo Magnus le pidió matrimonio. En un principio no tenía pensado unirlos de ninguna forma, pero se me ocurrió que la pedida de mano era una manera bonita de culminar la pequeña reunión familiar y una oportunidad perfecta para que Alec fuera claro con sus sentimientos respecto a Magnus y se atreviera a exteriorizarlos. ¿Qué opináis?
Alexander, cásate conmigo: s/9602539/1/Alexander-cásate-conmigo
