Una historia Policiaca

Por: Diyeim

Tercer Capítulo.

Advertencia: muerte de un personaje.

Mansión Makimashi. Marzo 9 Sábado. 5:03 am

Después de una noche agotadora sus cuerpos reclamaron el justo descanso, a Misao le dolían hasta los malos pensamientos, nunca pensó que sería capaz de resistir tanto, pero para satisfacción de su maestro, había aprendido la lección, al punto de quizás no poder olvidarla jamás, aunque al principio fue algo terca, debía admitir que Aoshi estaba decidido a que ella aprendiera, y si el maestro es bueno el peor alumno puede aprender. De repente sonó el teléfono, Misao estiro la mano hasta el auricular y abrió sus ojos de par en par al escuchar en silencio las palabras de Shouzo mientras que miraba su imagen exhausta en el espejo.

- Pon en marcha la operación Arca...- dijo cortante intentando no sonar dormida después colgó.

- ¿Qué sucede?- pregunto el detective que se despertó con el teléfono.

- El lobo viene de visita - dijo la muchacha mientras que reunía todas sus fuerzas para levantarse de la cama, al hacerlo flaqueo pero Aoshi la tomo en el aire y la apoyo contra su pecho – No resistiría dos clases seguidas de estas señor Aoshi.- dijo sonriente, el detective guardo silencio y miro el reflejo de ellos en el espejo, y por un segundo se vio como Hiko.

- No habrán dos.- sentenció Aoshi. Misao perdió su sonrisa y se aparto bruscamente del joven, tomo una levantadora azul de seda que estaba cerca del tocador, con una cinta rosa ato su cabello, antes de salir del dormitorio miro a Aoshi con un dejo de rabia en medio de una pose de soberbia.

- En una hora podrá irse, báñese, enviare su ropa en un momento.- al salir la puerta choco con fuerza y luego el resonar de ordenes invadió el corredor.

Estación de policía. Marzo 9 Sábado. 5:20 am

- ¡Comandos uno y dos preparasen para salir!

- Megumi está a cargo de los refuerzos, Sanosuke está al mando del escuadrón de ataque. No quiero errores.- esa fue la última indicación que Hajime Saito dio a sus hombres antes de partir hacia la mansión Makimashi.

- ¡SI CAPITÁN!

Los uniformados salieron en varias patrullas, Saito verifico la cantidad de municiones de sus pistolas y las coloco entre su ropa, en tanto que una mujer de largas piernas, alistaba un arma larga.

- Amor ¿a mí que me toca?- pregunto la mujer

- Cuidar que tu hijo no se meta en problemas.- sentencio el policia

- ¿Y porque a mí me tocan las misiones imposibles? - dice Tokio de Saito mientras que se monta en la moto que su esposo estaba encendiendo.

- Si me conquistaste a mi eres capaz de todo¿Por qué no trajiste falda hoy? – Pregunta el capitán.

- Porque te tienes que concentrar y no te quiero distraer.- el policía sonrío ante la respuesta de su esposa y se pregunto cómo demonios se había robado a ese ángel del cielo, mientras que se encaminaba a lograr su más codiciado triunfo, atrapar al nuevo líder del Onniwabanshu, y desmantelar aquella organización.

Mansión Makimashi. Marzo 9 Sábado. 6:35 am

Aoshi entro al despacho de Misao Makimashi, no la había vuelto a ver desde que despertó en la madrugada, había pasado algo más de una hora desde aquello, y la mansión que había sido un pandemonio antes, se encontraba sumida en un imperturbable silencio.

- ¿Donde están todos?- pregunto el detective.

- Lo suficientemente lejos señor Aoshi- dijo Misao de espaldas al joven- usted decide señor Shinomori, ¿Se irá ahora o esperara a su amigo?

- Saito y sus hombres vienen para acá, y esa tal operación Arca consistió en desalojar la mansión, tanto de sus hombres como de los estudiantes.- analizó el detective.

- Muy listo, pero los estudiantes tenían el fin de semana libre, aunque tiene razón, muchos de mis hombres no tienen mayor culpa, Saito es un idiota si piensa que las personas más peligrosas del Onniwabanshu están aquí, Himura es lo único realmente peligroso en este lugar, no hay nadie más que valga la pena, pero yo sé que es lo que quiere, papeles que me incriminen, lástima que no encontrara mayor cosa.

- Ya ha borrado todas las huellas - afirmo el detective. La niña le sonrío a través del reflejo de la ventana.

- Solo algunas, las demás tendrá que justificarlas mi abogado. Makoto Shishio.

- El abogado de su padre.- anoto el detective- ¿Y por qué no se ha ido de aquí?

- No lo adivina señor Aoshi, si me voy, culparan a cualquiera de los míos que atrapen saliendo del país, de ser el líder del Onniwabanshu, y lo harán hablar inevitablemente, usted sabe Saito es bueno para eso, si me quedo tendrán lo que quieren, - la niña vuelve a sonreír- solo en parte, soy menor de edad iré a una correccional y antes de seis meses Shishio me sacara de allí, y como me atraparan a mí, siempre quedaran con la duda de si soy realmente la líder o solo me han incriminado,- Misao toma un cigarro y lo prende- las operaciones del Oniwabanshu continuaran en manos de los más competentes, es solo un triunfo pasajero para el gobierno, al atraparme me darán tiempo de mejorar mis estrategias y abandonar por completo aquellas operaciones con las que no estoy de acuerdo o considero obsoletas, sin peligro de ser traicionada o asesinada por los míos,- la joven vuelve a sonreír- además me permitirá entrar en otra clase de campos que me interesan mucho, pero... comentarle algo más seria muy peligroso.

- ¿Y lo que me acaba de decir no lo es? Podría decirle todo esto a Saito.- comento el detective

- Pero a usted lo traiciona el honor y su ética profesional como detective, confío en eso.- dijo la joven

- Yo de usted no confiaría, y conociéndola como la conozco sé que no lo hace. - la niña volvió a sonreír.

- Bueno, eso explica porque en este mismo momento su abuelo Kenji Shinomori más conocido como Okina está siendo vigilado, y con una orden mía usted podría ir a visitarlo a un lugar tranquilo como... el cementerio.

Misao pudo ver la fría mirada del joven reflejada en la ventana, ya que le había dado la espalda y miraba el horizonte, Misao se deleitó en ella, era bueno volver a tener el control y hacer que otros lo pierdan en especial él. De repente, tocan la puerta.

- Espero que no le moleste señor Aoshi. pero me tengo que despedir de alguien - dijo mirando la puerta y dirigiéndose a su escritorio- Pase...

Un joven no muy alto con una hermosa pero atemorizante sonrisa entra en la estancia, Aoshi ya lo había visto antes, no sabía su nombre pero conocía esa sonrisa que podría hacer temblar a cualquiera, él era el Chofer de Misao, siempre la seguía como una especie de sombra, por un momento sintió una espina en su orgullo, "¿acaso será otro de sus amantes?"Pensó, eso explicaría porque el muchacho los miraba tan raro a Himura y a él.

- Disculpe señorita Makimashi creo que me mando a llamar.- dice sonriente.

- Si... Soujiro, como sabes Saito viene de visita, y no quiero que estés aquí cuando llegue.- el joven siguió sonriendo.

- Señorita Misao solo estoy esperando que usted me indique a dónde iremos y la guiare con mucho gusto. - Misao negó con la cabeza.

- No te hagas el tonto Soujiro sabes a lo que me refiero, partirás inmediatamente al aeropuerto. Una aeronave te espera para ir a Australia. – la sonrisa del joven no desaparece pero su mirada cambia súbitamente al acercarse a Misao, ella había extendido un sobre.

- Y realmente piensas que te haré caso Misao,- Aoshi se sorprende por el cambio en el trato por parte del muchacho, hace unos segundos se refería a Misao de usted y ahora de tu, eso no le gusto, tampoco el hecho de que el chofer lo hubiera ignorado desde el principio.

- ¡No lo hagas más difícil Soujiro toma el dinero y lárgate!,- la rabia en el rostro de la joven era evidente y no trato de ocultarla como en otras ocasiones, pero segundos más tarde su rostro expreso una ternura infinita, con delicadeza tomo las manos del joven que las tenia fuertemente apretadas al punto de hacerse sangrar, he hizo que éste las abriera - todo estará bien, tu papá me sacara de la cárcel en unos meses y yo te llamare y volverá a ser todo como antes, despreocúpate.

- No, no quiero dejarte sola Misao, no lo haré, por favor déjame quedarme contigo yo te protegeré con mi vida, no te dejare. Sabes que yo...- Misao tapo los labios del joven con un beso, Aoshi se sintió muy incómodo, Misao tenía las manos del chico contra su pecho y sus labios en los de él, posados con tal delicadeza que parecía una mariposa sobre una flor.

Misao se separó del joven y le metió el dinero en su chaqueta. El chico miro hacia un lado en medio de una tristeza infinita.

- Si no me llamas lo entenderé.- dijo el muchacho.

- Lo sé.- respondió Misao.

- Adiós Misao Makimashi.

- Adiós Soujiro Shishio.

El joven empezó a salir del lugar pero al llegar a la puerta se detuvo y le sonrío al detective, esa sonrisa fue suficiente para que Aoshi entendiera, que ese beso fue una despedida definitiva y que el chico hubiera preferido mil veces un golpe o la muerte antes que aquel beso. Al irse Misao tomo aire profundamente, encendió un cigarro que había sobre la mesa, y se acerco a la ventana en medio de unos pasos lentos y pesados.

- Me ama, me ama tanto que me hace daño- una lagrima resbalo por su rostro- señor Aoshi alguna vez le hable del amor sin sentido y el odio sin sentido. - El detective guardo silencio pero se acerco a ella, otra vez los dos estaban en la cuadrada ventana mirando sus rostros en el reflejo del vidrio.

- Él es Soujiro Shishio, es hijo del abogado de mi padre Makoto Shishio y Yumi Komagata su esposa, nos criamos juntos, yo le llevo unos meses, Makoto quería que fuera un gran abogado como él, pero Soujiro prefería ser como Himura, de hecho él lo entreno por un tiempo. Himura es tan viejo quien lo creería, - dijo para sí misma- Soujiro siempre fue mi confidente, mi amigo, pudo haber sido mi novio, mi amante, pero Hiko se le adelanto .- la mujer sonrío con nostalgia- Soujiro supo lo de papá antes que nadie, al principio él al igual que yo no lo entendíamos en sus verdaderas proporciones, cuando lo descubrí sufrí mucho y él me ayudo siempre, un día me pidió que le mostrara que era lo que Hiko me había enseñado, que le mostrara porque lo quería a él y que le permitiera ocupar en mi corazón el lugar de mi padre,- Misao coloco la mano en la ventana intentando tocar en la distancia al chico que abría la limosina sin mirar atrás- ese día lo bese así como hoy, al comienzo suavemente, pero luego lo bese con mas y mas pasión,...si hubiera sido mío ese día, las cosas hubieran sido diferentes,- dijo con una mezcla de rabia e impotencia- afortunadamente llego papa.

- ¿Afortunadamente?- pregunto el joven contrariado.

- Si, llego justo a tiempo para evitar que condenara al infierno a alguien más, veras... ese hombre... – el auto que estaba en la puerta de la mansión empezaba a alejarse lentamente del lugar. Otra lagrima rodó por el rostro de Misao - es mi hermano... hijo de Hiko con otra mujer, adoptado por Shishio a petición de mi padre que no tuvo el corazón para matarlo,- confeso la chica- solo un descendiente por generación, recuerda, - apunto- solo uno, y yo nací primero, si hubiera sido al revés quizás solo mi padre iría al infierno.- Misao dejo que el humo le nublara la vista- Si mi papa no nos hubiera encontrado ese día, Soujiro nos acompañaría también.- la joven miro a través de la ventana como si ella la llevara al pasado - Le pedí a Soujiro que se fuera, no quiso hacerlo, le explique que había vuelto con papá, aun así se negó a dejar la mansión, - sonrió para sí misma- testarudo como todo un Makimashi, me pidió que lo dejara quedar aunque fuera como mi Chofer, el pudo ser un abogado, un asesino como Himura, de hecho lo fue cuando peligro mi vida, pudo ser un joven normal, pero quiso ser mi chofer, desde ese día prometió siempre sonreír y así lo ha hecho... hasta hoy,- agrego melancólica - sé que cuando salió de aquí esa maldita sonrisa se borro de su rostro para siempre, me alegro. – Misao continuo con su relato después de una pausa- Deje que se quedara con una condición, que el día que lo volviera a besar él se iría para siempre.- Misao tenía una mano en el pecho y otra en la ventana miraba al horizonte, quizás más allá- Era una forma de evitarnos tentaciones, no quería alejarlo de mi pero si no lo hubiera besado hoy no se hubiera ido nunca. Lo odio porque lo quiero, no como a Hiko, a él lo amaba aunque solo debería odiarle, a Soujiro lo odio solo por aquello de lo cual no puedo culparle. – Misao rio estruendosamente, pero era una risa seca, sin alma- ¿Shinomori crees en el amor sin sentido y el odio sin sentido?

- Creo que la vida es un sin sentido, en especial la tuya- a lo lejos las patrullas policiacas empezaban a aparecer y con ellas el anuncio del fin de la mansión Makimashi

- Buena respuesta. ¿te gusta el mar o la montaña?- Aoshi miro extrañado a la muchacha era la primera vez que la veía de esa manera y deseo no haberlo hecho.

- La montaña - respondió sin más- no me gusta las aglomeraciones.

- También prefiere la lluvia y los lugares fríos, le gusta la arquitectura de las iglesias pero no es muy religioso, le fascinan los libros pero odia aquellos de auto superación. Su color preferido es el negro y sabe cocinar muy bien.- Aoshi se sorprendió pero no lo demostró.

- Parece que sabe mucho de mí. ¿donde lo averiguo?, que clase de espía contrato, para saber tales trivialidades.

- Entonces no me equivoque, - la niña sonríe- creo que podría ser detective.

- ¿Todo eso lo infirió sola señorita Misao?- la muchacha le dirige una mirada astuta, la primera mirada que le dirige después del incidente de la mañana.

- Usa gabanes así que siempre espera que llueva, el calor le desespera por eso prefiere las montañas, son mas húmedas, le gusta el arte y por lo que dijo de los círculos y los cuadrados de mi casa, pensé que quizás igual apreciaría una arquitectura mas monumental, no lo he visto rezar pero alguna vez lo vi persignarse, le encanto mi biblioteca y en ella no hay estúpidos libros de auto superación, no los necesito,- dio una bocanada a su cigarro- vive solo y está en buena forma, eso no se logra comiendo comida chatarra, y el color negro le queda muy bien.

- Parece que aprendió más de mí de lo que estaba pactado.

- Qué clase de alumna seria si solo aprendo lo que quiere mi maestro.

- Una obediente.

- Una estúpida.- Misao retira la mirada del joven y toma un estuche de armas de sobre el escritorio- vera señor Aoshi necesito un favor suyo.- la niña le entrega las armas - son un par de Kodashis, han pasado de generación en generación en mi familia, si se quedan aquí al igual que toda mi colección de armas del primer piso pasara a un miserable museo.

- Y quiere que las guarde. ¿por qué yo?

- Saito no se las quitara a usted, por favor, quiero quedarme con algo que realmente aprecie, yo le avisare cuando salga de la correccional para que me las entregue, también van un par de Kunais milenarios.

- ¿Porque yo, porque cree que se las entregare, porque cree que le haría un favor?

- Porque no tiene nada que perder, y porque ya no tengo nadie más en quien confiar. Sé que no se olvidara de esta mansión, ni de lo que paso, ni de mi,- sentencio- hasta que me entregue esas armas, por eso confío en que volverán a mis manos.

- ¿Y por qué demonios me trajo a su mansión señorita Misao Makimashi?- Aoshi la miro seriamente, quería saber eso más que nada, por eso se había quedado, por saber la maldita respuesta a esa pregunta, por eso no se había ido. Misao también lo miro seriamente, le gustaba la cara del detective cuando se la hacía.

- Eso se lo diré señor Aoshi... – La niña sonrío- Algún día, quizás el día en que me entregue las armas, pero créame será en privado.

Mansión Makimashi. Marzo 9 Sábado. 6:25 am

Las balas surcaban el cielo, el operativo secreto se había ido al carajo. Saito lo supo desde que vio la mansión. El líder del Onniwabanshu no estaría allí cuando él llegara y estos pelmazos que les estaban disparando no eran más que chiquillos con armas, nadie importante debía de estar adentro de ese lugar, el lobo maldecía su mala suerte mientras gritaba a sus hombres "!Pobre del miserable que nos delato. Si lo descubro deseara no haber nacido!". El policía impartía órdenes a diestra y siniestra.

- Pensé que no había nadie – repuso el joven detective.

- Nadie realmente importante, pandilleros sin mucha experiencia, los soltaran en unos días; bueno, los que no mueran – dijo Misao que miraba el espectáculo desde la ventana al lado de Aoshi – que partida de ineptos, ya se quedaron sin balas. Señor Aoshi aún está a tiempo de irse.

- Esperare a Saito.- sentencio

- Bueno pero no le aseguro que llegue hasta aquí, Himura está abajo y no creo que deje pasar al poli tan fácilmente.

- Pensé que no había nadie importante en el lugar a excepción de usted.

- El tonto de Himura quiso quedarse y como le dije antes, yo solo ayudo al que se deja ayudar. – Misao que estaba mirando a través de la ventana lo que sucedía fijo sus ojos en el detective – sabe lo que significa, hoy habrá un velorio, el de su amigo o el de mi amante. – Aoshi analizo un momento lo dicho y sintió un pequeño escalofrío, sensación que le empezaba a molestar, no supo si por la posible muerte de su amigo o por la mención del amante.

- En otra parte de la mansión Makimashi. Marzo 9 Sábado. 6.40 am

-Los policías habían tomado control de gran parte de la planta baja, el colegio era inmenso y muchas veces se perdían entre los salones y estancias, encontrándose ocasionalmente con bandoleros. Ya había pasado un buen rato desde que entraron en los predios de la mansión Makimashi pero aún no encontraban nada que valiera la pena. Tokio recorría el área Oeste, Sanosuke fue asignado al Este y Megumi revisaba el sur. Saito por invitación de uno de los detenidos se desplazaba por el área norte.

- Nada, Maldición ni una sola alma.- Saito encendió su cigarro.

- Permítame desmentirlo señor Saito, yo lo estaba esperando.- el policía levanto la mirada para encontrarse con un pequeño pelirrojo muy mal vestido.

- ¡Wou! – exclama sarcástico el policía- ¿Yquién demonios se supone que es usted?

- Veo que no me reconoce, pero no me sorprende, créame que si no fuera por el maldito de su amigo el detective yo tendría puesta esa obra maestra.

- Battusay - dijo complacido Saito al recordar la máscara, después de todo este no sería un día perdido.- realmente me sorprende ¿por qué no ha huido como el resto del Oniwabanshu.?

- Bueno... por un lado mi amada novia me dejo, por el otro me di cuenta que mi apasionada amante me ha utilizado y luego reemplazado por alguien más joven frente a mis propios ojos, y personalmente si te mato seré mejor que Hiko ya que tú lo mataste por que fuiste superior a él. Así que como no tengo nada que perder, me siento humillado y quiero vengarme, esperarte fue una buena opción. - El policía sonrío esto era lo que necesitaba un reto.

- Entonces, quieres morir,- repuso el policía.- encontraste a la persona indicada.

- Si. Eres la persona indicada para que con su muerte yo me haga una leyenda, alguien inmortal.

- Eso quiero verlo.

- Entonces abre bien los ojos lobito.- odiaba ese apodo.

El ganster sacó su pistola y empezó a disparar, el lobo hizo lo mismo y corrieron lateralmente en medio de la inmensa galería de armas antiguas, las balas volaban y destrozaban una que otra estantería, de repente la carrera se detiene, los dos hombres se miran directamente, el brillo ambarino del lobo choca con el destello púrpura del asesino.

- Se te acabaron las balas battusay- asegura el lobo.

- A ti también lobito- repone el joven.

- Y que propones ¿terminamos esto a los golpes?- pregunto el policía.

- El asesino miro el lugar y de repente se sintió extrañamente atraído por algo.

- Qué te parece arreglarlo a la antigua- dice el joven mientras toma de la pared una Katana. El lobo al verlo hacer esto se acerca a la pared y toma otra.

- Ya te crees samuray Battusay.- dijo el lobo con una sonrisa.

- Que tan difícil puede ser partir a un anciano a la mitad.

Los dos hombres se paran uno al frente del otro, las sonrisas de taimados llenándoles el rostro.

- Esa es una espada no un bate muchacho- dice el lobo al ver como el Ganster agarraba la espada.

- Lo mismo va para ti anciano, eso no es un taco de billar- replica el joven, los dos vuelven a sonreír.

- Acaso importa igual solo tengo que acertar una vez.

- Necesitaras más que buenas intensiones lobito.

La pelea comienza, los dos hombres se abalanzan uno sobre el otro, las espadas chocan, al comienzo parecen niños jugando, pero con el pasar de los segundos los destellos en sus miradas son acompañados por rápidos y certeros movimientos, que los obligaban a esforzarse por mantenerse completos.

- ¿Quién te enseño a pelear así muchacho?

- La televisión, supongo.- responde el joven algo agitado.

- Eso explica porque no tienes cerebro. – el lobo sonrió- te pareces a mi muchacho.

- Ah,... si el flaco largo ese. Creo que si sales vivo de esta lo podrás ir a visitar,... al cementerio.- el policía contiene el aliento.

- ¿Qué quieres decir?- pregunto.

- ¿No es claro? Te creía más listo.- el ganster sonrío- El cabeza de pollo se encontró conmigo primero, y si yo estoy aquí...

- ¡Maldito!- grito el lobo y se abalanzo con furia contra el joven que intento desesperadamente defenderse, al verse acorralado tomo otra espada de la pared y se la enterró en un descuido al policía en una pierna, el lobo cayó al suelo y el ganster se acercó triunfante.

- Salúdame al cachorro... Lobito.

Himura tomo la katana con la que había empezado a luchar, y se dispuso a cortar al policía a la mitad, pero este interpuso su mano deteniendo el golpe asesino y asestando su propia katana en el pecho de Himura, éste retrocedió dos pasos, no daba crédito a lo sucedido, él iba ganando, el policía estaba en el suelo herido y sin defensa, ¿cómo demonios pudo detener su katana con una mano? El ganster sentía la sangre caliente que manchaba su traje pero su mirada la dirigió a la espada.

- ¡Una espada de filo invertido!,- balbuceó atónito, para después empezar a reír frenéticamente mientras caía al suelo- de todas las malditas espadas de mi jefa escogí la única que no tenia filo.

Saito se quitó la espada de la pierna y se levanto con dificultad, la herida en su pierna no era grave pero battusay le había quebrado la mano con el impacto de la espada, eso fue una fortuna, porque él estaba seguro que se quedaría sin mano y sin cabeza "¿una espada de filo invertido? Para qué demonios sirve eso", pensó mientras miraba al ganster tirado en el suelo, aun estaba vivo, escupía algo de sangre pero se salvaría, la herida no era letal.

- ¿Estás bien Saito?.- preguntó desde el fondo del pasillo una mujer de piel trigueña, ojos verdes y cabello castaño, ella se acerco al policía.

- Si Tokio estoy bien- dijo el lobo, temiendo preguntarle por su cachorro.

- ¿Este es battusay? - pregunto la muchacha sin ningún tono especial en su voz.

- Sí, llama a la ambulancia y... – el lobo se detuvo en seco al ver como la mujer descarga un changonazo en la cabeza del asesino.- olvídalo. – agrego al ver el reguero de sesos.

El policía reflexiono tristemente ante la evidencia, "entonces nuestro retoño está muerto," pensó con amargura. Mientras que se apoyaba contra una columna, la mujer se acerco a él y utilizando la cinta de su cabello como vendaje detuvo el sangrado del policía.

- No pienses mal de mi amor, pero no quería que me vieras convertida en un monstruo, si hubiera dejado a ese bastardo con vida, luego lo mataría en una sala de torturas, – la mujer coloco una mano en el rostro del policía y lo beso tiernamente – tu ya me conoces nadie lastima a mi manada.

- ¿Dónde está Sanosuke?, - pregunto el lobo no muy seguro de querer oír la respuesta.

- Rumbo al hospital central. - la mujer se separa del policía y le ayuda a levantarse - el bastardo casi me lo mata, pero yerba mala nunca muere, a excepción de que le vuelen la cabeza de un changonazo - la mujer miro el amasijo de sangre y sesos que adornaba el suelo.- espero que si algún día quedas así no tenga que recogerte- dijo con asco.

- Qué bonitos deseos.- dijo el policía cruzado de brazos, la mujer sonrío y se aferro del cuello de su esposo para besarlo apasionadamente.

- No, te dejes matar y todo estará bien- la mujer desabrocho la camisa del policía y sonríe al ver el escalofrío que le causaba a su esposo el juego de sus dedos contra su piel- ¿puedes caminar? Mi amor – dice mientras besa el pecho descubierto del lobo

- Claro, ¿pero realmente quieres que me valla?- dice el lobo que empezaba a sentir como se le aceleraba el pulso.

- El líder del Onniwabanshu está arriba y lo que yo estoy pensando puede esperar, - la mujer mira a su esposo y sonríe- un poco... así que... no te tardes.

El lobo tomo el rostro de la mujer y la beso apasionadamente hasta quedarse sin aliento, después tomo el arma que ella tenía en la cintura y el changon y se dirigió a las escalas.

- Si no fuera porque sé lo importante que es para ti, no te dejaría ir solo. Mi lobo.- dijo la mujer para sí misma mientras veía desaparecer a su marido en la distancia, en medio de un mal presentimiento.