Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia pertenece a Simone Elkeles, yo solo la adapto.


Bella

–Sí, – dice Edward, su cara muestra desafío y diversión. – Demuéstralo.

Emmett levanta una de sus manos en señal de stop – No. No lo hagas. – Empuja a Edward contra el coche y le murmura algo en español. Edward murmura algo a cambio. No tengo ni idea de lo que están diciendo, pero tampoco suena a algo alegre.

Yo tampoco estoy feliz. No puedo creer que acabe de tartamudear. Estoy tan enojada conmigo misma por permitir que Edward me cohíba de esta forma y haga que tartamudee. Eso significa que tiene poder sobre mí y ese hecho me hace sentir más enfadada. No puedo esperar al viernes, cuando el plan Galletas finalmente entre en vigor. Tengo que esperar hasta que las galletas estén buenas y rancias a la vez para que funcione. Por lo menos no se lo esperará.

Emmett frustrado se aleja del camino de Edward, saca una caja de detrás del escritorio – He probado la radio, y creo que es un resorte lo que le falta. No creo que funcione, pero me gustaría darle una oportunidad. Dame las llaves y voy a probarlo en tu coche, se vuelve hacia Edward. – No digas una palabra en mi ausencia.

El segundo después de que Emmett se retiro, Edward dice – Así que si todavía quiere demostrar que no eres un tío, estoy listo.

– ¿Comportarte como un idiota hace que te sientas mejor contigo mismo?– Le digo.

–No. Pero molestar a mi hermano si lo hace. Y molestándote a ti hace que moleste a mi hermano. Lo siento pero estas atrapada en fuego cruzado.

–Mantenme fuera de esto.

–No es algo que pueda ocurrir a corto plazo. – Edward se agacha delante del coche en el que estaban trabajando y tira de la cubierta del parachoques.

–Es necesario desenganchar los clips en primer lugar – le digo, complacida por demostrar que sé más coches que él. – No saldrá hasta que se desenganche de los clips.

– ¿Hablas de clips o de parachoques? –me pregunta, y luego pone una sonrisa arrogante. – Porque soy un experto en desenganchar los dos.

No debería haber hecho esto. Es inmaduro. Ese comentario sexy y tonto que Edward hizo, combinado con su burla por la forma en que dijo la palabra "mermelada", es lo que me empuja a hacer que se coma sus palabras.

Es viernes. Embry y yo llegamos temprano a la escuela para arreglar la taquilla de Edward. El martes después de la escuela, Embry y yo hicimos más de un cien galletas con chispas de chocolate doble. Cuando se enfriaron, les pegamos un pequeño pero poderoso imán a la parte posterior de cada uno. Ahora son galletas imantadas. Cuando Edward abra su taquilla esta mañana, el interior va a estar decorado con un centenar de galletitas.

Cuando trate de sacar los imanes de cada galleta, se romperá en pedazos y se destruirá en su mano. Solo por los súper fuertes y pequeños imanes del tamaño de una moneda de diez centavos. Será una situación complicada, eso es seguro, así que tendrá dos opciones: mantener las galletas con los imanes pegados dentro de su taquilla, o sacarlos uno por uno y llenar su taquilla de migas de galletas.

–Recuérdame no tener nunca una pelea contigo – dice Embry mientras observa la situación. La escuela no iniciará hasta dentro de cuarenta y cinco minutos, así que sólo hay unas pocas personas que pasan en el pasillo. Abro la taquilla de Edward con la combinación que se que estaba escrita en la parte superior de su horario, que el Sr. Varner me entregó. Me siento culpable, pero no lo suficiente culpable como para no hacerlo. Pongo unas galletas, a continuación, Embry mira a los alrededores, está en la búsqueda de Edward o cualquier otra persona que pudiera llegar a sospechar. Cada vez que pongo una galleta, el tintineo del imán contra el metal hace reír a Embry.

Clink. Clink. Clink. Clink. Clink. Clink.

–Él va a enloquecer– dice Embry. – Sabrá que fuiste tú, lo sabes ¿no?– Cuando alguien hace algo malo, el objetivo es hacerlo de manera anónima para que no sepan que has sido tú.

–Ahora es demasiado tarde, –Pongo más galletas con imanes, y me pregunto cómo voy a poner las cien en el interior. Las coloco en la parte superior, en el fondo, en la puerta, a los lados... Me estoy quedando sin espacio, pero está casi listo. Parece que el interior de su armario tiene sarampión marrón.

Meto la mano en la bolsa. – Queda sólo una galleta.

Embry asoma la cabeza en el interior. – Esta podría ser una de las mejores bromas nunca vistas, Bella podrías ir directo a la historia con este hecho. Estoy orgulloso de ti. Pon la ultima en el exterior de la puerta del armario, justo en el medio.

–Buena idea, – Cierro su taquilla antes de que alguien nos vea, coloco la última galleta, a continuación, miro el reloj. Las clases empiezan en veinte minutos. – Ahora solo tenemos que esperar.

Embry mira por el pasillo. – La gente está viniendo. ¿No deberíamos escondernos?

–Sí, pero tengo que ver su reacción – le digo –Vamos a escondernos en la habitación de la señora Cope.

Cinco minutos más tarde, Embry y yo echamos un vistazo por la ventana de la puerta, vemos a Edward que viene caminando por el pasillo.

–Ahí está, –le susurro. Mi corazón está latiendo con furia en el pecho.

Sus cejas se levantan cuando llega a su taquilla y ve una galleta marrón grande en él. Mira a izquierda y derecha, obviamente en busca señales para ver quién lo hizo. Cuando tira de la galleta, se destroza en la mano, pero deja el imán pegado a su taquilla.

– ¿Cuál es su reacción? – Le pregunto a Embry, porque él es más alto y tiene una mejor vista.

–Está sonriendo y sacudiendo la cabeza. Ahora está lanzando los restos de la galleta en la basura.

Edward no va a estar sonriendo cuando abra su taquilla y encuentre noventa galletas con imanes.

–Voy a salir – le digo a Embry. Salgo desde la sala de la señora Cope donde estaba escondida y camino a mi taquilla como si todo fuera normal.

–Oye, –le digo a Edward mientras sus ojos ven el interior de su armario con todas las galletas pegadas.

–Te doy una A + por tu originalidad y ejecución– me dice.

– ¿Te molesta que saque buenas notas en todo, inclusive en las bromas?

–Sí–, dice levantando una ceja –Estoy impresionado, estoy cabreado, pero impresionado.

Cierra su taquilla, con noventa y nueve galletas aún en el interior, como si no existiesen, y camina hacia su primera clase. No puedo evitar sonreír mientras caminamos por el pasillo. Niega con la cabeza un par de veces, como si no pudiera creer lo que he hecho.

– ¿Tregua? – Le digo.

–De ninguna manera. Es posible que hayas ganado esta batalla, pero esta guerra, chica- dice en español-, está lejos de terminar.


Edward

No puedo quitarme el olor a galleta. Está en mis manos, está en mis libros... es un infierno, aun en mi mochila. Traté de tomar algunos de ellos fuera de mi casillero, pero fue un desastre me he rendido. Voy a mantenerlos hasta que estén realmente horrible... entonces voy a recoger todas las migas y las meteré en la taquilla de Bella. O mejor, le pondré súper pegamento adentro.

Tengo que dejar de pensar en las galletas y Bella. No hay nada cocinado de mi madre, pero en cuanto llegue a casa después de la escuela de hoy, me tomo todo lo que pueda encontrar en el apartamento de Emmett e intentare hacernos una comida mexicana auténtica. Esto va a conseguir que deje de pensar en esas malditas galletas de doble chocolate. Eso, combinado con el hecho de que ha estado aquí casi una semana y todavía tienen que comer auténtica comida mexicana picante, esta volviéndome loco.

Emmett se apoya en la olla de carne estofada y aspira el aroma. Puedo decir simplemente que la expresión de su cara le recuerda a casa.

–Se llama carne guisada. Es mexicana. –Digo las palabras lentamente, como si nunca hubiera oído hablar de ella.

–Sé lo que es–, culo listo. Reemplaza a la tapa, a continuación, pone la mesa y vuelve a estudiar.

Nos sentamos a comer una hora después. Puedo ver como mi hermano inhala su servicio de primera y toma un segundo.
– ¿a comer mucho?

–Nada tan bueno como esto. –Emmett lame el tenedor. –Yo no sabía que podías cocinar.

–No sabes muchas cosas acerca de mí.

–Yo Solía hacerlo.

Empujo alrededor la comida en mi plato, de repente no tengo hambre. –Eso fue hace mucho tiempo. –Mantengo los ojos centrados en la comida. Ni siquiera reconozco a mi hermano, después de que consiguiera salir, creo que tenía miedo de hablar con él de lo que hizo realmente. Emmett nunca dijo exactamente qué pasó cuando llegó a pertenecer a los Latino Blood, y nunca pregunté. Pero la mañana de ayer conseguí una pista. Vi sus cicatrices cuando salió de
la ducha.

Deja de comer y deja el tenedor. –Creía que aún estabas dormido.

–No lo estoy. –La imagen de su mala cicatriz regresa, llena de lo que parecen ser marcas del látigo, está grabada en mi cerebro. Cuando me di cuenta de la piel abultada entre los omóplatos con las letras LB en una marca permanente en él como una cabeza de ganado, mi piel se arrastró por la ira y los pensamientos de odio y venganza.

–Olvídalo–, dice Emmett.

–No va a pasar. –Emmett no es el único hermano Cullen que se siente un protector feroz hacia su familia. Si regreso a Chicago y encuentro el culo responsable de la marca del cuerpo de Emmett, será un hombre muerto. Podría rebelarme contra mi familia, pero aun siguen siendo mi sangre.

Emmett no es el único con cicatrices. Tengo más peleas a mi nombre que un boxeador profesional. Junto con mis cicatrices, si Emmett sabe de los tatuajes en mi espalda que me marcaron como un Guerrero, que me hacían mierda con un ladrillo. Sé que podría estar en Washington, pero todavía estoy conectado.

–Rosalie y yo vamos a ir a visitar a su hermana Bree esta noche. ¿Quieres venir?

Sé que la hermana de Rosalie está deshabilitada y permanece en un lugar de vida asistida cerca de la universidad.

–No puedo. Voy a salir.

– ¿Con quién? –dice Emmett

–La última vez que recuerde, nuestro padre estaba muerto. No tengo que responderte.

Emmett y yo nos miramos el uno al otro. Solía ser capaz de patearme el culo sin siquiera mirar, pero ya no. Estamos a punto de empezar nuevo, pero en eso la puerta se abre y entra Rosalie.

Ella debe darse cuenta de que existe una tensión en el aire, porque su sonrisa se desvanece cuando llega a la mesa. Pone su mano sobre el hombro de Emmett. – ¿Todo bien?

–Todo está perfecto... ¿Verdad, Emmett?– Digo, a continuación, recojo mi plato y tejo mi camino a su alrededor para llegar a la cocina…

–No. Le hice una pregunta simple, y ni siquiera puede contestar –, dice Emmett.

Te juro que es algo que sólo debe salir de la boca de los padres. Dejo escapar un suspiro de frustración. –Voy a ir a una fiesta, Emmett. No es como si fuera a ir a asesinar a alguien.

– ¿Una fiesta?– Rosalie pregunta.

–Sí. ¿Has oído hablar del concepto?

–He oído hablar de él. También sé lo que pasa en las fiestas. –Ella se sienta junto a Emmett. –Fuimos a varias en la escuela secundaria, a pesar de que hemos aprendido de nuestros errores, déjalo ir así el aprenderá de los suyos. No puedes hacer que no salga, –le dice a mi hermano.

Emmett me señala acusador. –Debes ver a las chicas con las que lo vi el otro día, Rosalie. Tienen psico Darla escrito sobre ellas. ¿Te acuerdas de ella? Esa chica hubiera jodido todo el equipo de fútbol en la secundaria si se hubiera elevado el estatus de popularidad.

Una vez más, mi hermano no está ayudando a mi causa. Gracias, hermano.

–Bueno, fue agradable escucharos –a los dos hablar de mi vida delante de mí, pero yo tengo que ir.

– ¿Cómo vas a ir?– Emmett pregunta.

–Andando. A menos que... –Veo clavados los ojos de Rosalie en la parte superior de su bolso.

–Puede usar mi coche–, le dice a mi hermano. Ella no me lo dice a mí, porque Dios no lo permita o a mi hermano o ella tomar una decisión sin tener la aprobación del otro. –Pero no bebas. O te drogues.

–Está bien, mamá–le digo con sarcasmo.

Emmett niega con la cabeza. –No es una buena idea.

Teje sus dedos a través de ella. –Está bien, Emmett. En serio. Íbamos a tomar el autobús para visitar a mi hermana de todos modos.

Por un nanosegundo me gusta la novia de mi hermano, pero luego me acuerdo de cómo ella controla su vida, y esa sensación caliente y borrosa desaparece tan rápido como un rayo.

Cojo las llaves de Rosalie, y las giro en mi mano. –Vamos, Emmett. No hagas mi vida de mierda peor de lo que ya es.

–Muy bien–dice él. –Pero trae ese coche en perfectas condiciones. O bien.

Lo saludo. –Sí, señor.

Él saca su teléfono celular de su bolsillo trasero y me lo arroja. –Y toma esto.

Antes de que ninguno de ellos pueda cambiar de opinión, me dirijo hacia la puerta. Me olvidé de preguntar dónde está aparcado su coche, pero no es difícil de detectar. El Beemer brilla como un ángel delante del edificio de apartamentos, que me llamaba.

Meto la mano en mi bolsillo trasero y saco una hoja de papel con la dirección de Tanya en él. Lo escribí antes de lavarse el brazo. Después de averiguar cómo utilizar la cosa, entro en la dirección en el GPS, puso arriba a abajo, y chillar de la playa de estacionamiento. Por último... libertad.

Puedo aparcar en la calle y caminar por el camino largo a la casa de Tanya. Sé que tengo la dirección correcta porque la música suena por la segunda ventana y los chicos están fuera colgando en el césped delantero. La casa es enorme. Al principio yo no estoy seguro si es una casa o un edificio de apartamentos hasta que me acerco y puedo ver que es sólo una gran mansión. Me paso el interior de la monstruosidad y el reconocimiento de un grupo de chicos de mi clase.

–Edward está aquí–– Grita una chica. Pretendo que no escuchó el eco de gritos que le siguen.

Tanya, que llevaba un vestido corto negro y ceñido sosteniendo una lata de Bud Light en la mano, pasa a través de la multitud y me da un abrazo. Creo que la cerveza se ha derramado sobre mi espalda. –O dios mío–, por fin estas aquí.

–Sí.

–Tenemos que entrar. Sígueme.

La sigo a una cocina que parece que salió de una revista. Cuenta con aparatos de acero inoxidable. Grandes losas de granito línea de la parte superior de los contadores.

Al lado de la pileta es una enorme bandeja de relleno hasta el borde con hielo y latas de cerveza. Llego y agarro uno.

– ¿Esta Bella aquí?–, Le pregunto.

Tanya aspira. –Como un sí.

Supongo que eso es mi respuesta.

Tanya envuelve su mano alrededor de mi codo y me conduce por un pasillo y subir un tramo de escaleras. –Tengo a alguien que tiene que cumplir. –Ella se detiene cuando llegamos a una sala a un lado, lleno de cinco juegos árcade de gran época, una mesa de billar y una mesa de air–hockey.

Es el sueño de un chico adolescente.

También huele a olla. Creo que me estoy volviendo de alta con sólo inhalar 'el aire.

–Es la sala de recreo–, explica Tanya.

Estoy seguro de que tiene la definición de sala de recreo –– a un nivel completamente diferente.

Un tipo de blanco está sentado en un sofá de cuero marrón, echándose hacia atrás como si él fuera el contenido para permanecer en esa posición para siempre. Lleva una simple camiseta blanca y
jeans negro y botas. Puedo decir que cree que es un tío más genial. En una pequeña mesa frente a él es una hay una pipa.

–Edward, este es James, –Tanya dice.

James asiente con la cabeza hacia mí.

Asiento con la cabeza hacia atrás. –– Sí.

Tanya se sienta junto a James, recoge la pipa y un mechero acostado junto a ella, y recibe un golpe muy largo. Maldita sea, esa chica puede inhalar.

–James quería conocerte–, me dice. Me he dado cuenta tiene los ojos inyectados en sangre. Me pregunto cuántos golpes que tomó antes de llegar aquí.

Irina asoma la cabeza unas pulgadas –Tanya, te necesito–– Ella grita. – ¡Ven aquí!

Tanya nos dice ya vuelvo y tropieza fuera de la habitación.
James me invita al sofá junto a él. –Tome asiento–.

El tipo es muy resbaladizo, y mi radar sube. Conozco su juego, porque he visto un centenar de James en mi vida. Infiernos, Yo era un "James" en México.

– ¿Tú te ocupas de las cosas?–, Le pregunto.

Él se ríe. –Si quieres comprar, comercio con ellas. –Tiende la pipa. – ¿Quieres una calada?

Tengo la lata de cerveza en la mano. –Más tarde.

Se limita a apartar los ojos de mí. –Tú no eres un narco, ¿verdad?

– ¿Me veo como un narco?

Se encoge de hombros. –Uno nunca sabe. Los narcos son de formas y tamaños diferentes en estos días.

Pienso inmediatamente en Bella. Ella es definitivamente convertida en mi diario de entretenimiento. Trato hostigarla viendo sus reacciones cada vez que hago mi mejor esfuerzo para cabrearla. Su
los labios de color de rosa se aprietan en una delgada línea que cada vez que hago un comentario escandaloso o coqueteo con una chica. No importa lo que le dije, y no importa cómo las migas de galleta muchas de ellas se encuentran dispersas en el interior de mi armario, me divierto mucho con ella como mi guía de pares.

No he decidido lo que voy a hacer para devolverle la hazaña de las galletas. Sea lo que sea, nunca va a verlo venir.

–He oído que Tanya quiere entrar en tus pantalones–, dice James mientras saca una bolsa de pastillas de su bolsillo delantero. Les derrama sobre la mesa.

– ¿Sí?– Le digo. – ¿De dónde has oído eso?

–De Tanya. ¿Y sabes qué?

– ¿Qué?

Él aparece una pequeña píldora azul en la boca y echa hacia atrás la cabeza para tragar. –Por lo general, lo que quiere Tanya, lo consigue.


Bueno pues aqui teneis el siguiente capitulo. He decidido subir dos capitulos a la vez, ya que por separado son bastante pequeños jeje. Espero que os halla gustado. Bueno quiero agradecer a todos aquellos y aquellas que han comentado, que me han agregado a su lista de alertas y favoritos. Gracias de verdad. Nos vemos en el proximo capitulo.

Un beso desde Andalucia, España.