Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia pertenece a Simone Elkeles, yo solo la adapto.
Bella
–Soy daltónico, –se queja el señor Clearwater con mal humor, su voz tan rasposa como él, sumerge un pincel en una taza de pintura marrón y lo golpea en el lienzo. – ¿Es verde este? ¿Cómo voy a pintar algo cuando los colores no están etiquetados?
No hay nunca un momento aburrido en la clase de arte en el
Centro de Atención Médica de salud a largo plazo de las Tierras Altas, también conocido como un asilo de ancianos. El profesor de arte regular se fue, pero desde que yo era voluntaria para ayudar durante las horas de arte que yo me he hecho cargo de la clase yo sola. La administración suministra la pintura, y yo vengo con temas
para aquellos que quieren pintar después de la cena de los viernes por la noche.
Como me precipito hacia el señor Clearwater, una viejita de cabellos blancos llamada Makenna Stark, viene hacia nosotros arrastrando los pies.
–No es daltónico–, Makenna grazna mientras encuentra un caballete vacío y se sienta. –No es más que un viejo ciego.
El Sr. Clearwater me mira con sus delgada y erosionada cara mientras me arrodillo a su lado y etiqueto los colores con un marcador negro y grueso.
–Ella solamente está dolida porque no quise bailar con ella en la última semana social, –dice.
–Estoy dolida porque olvidaste ponerte los dientes en la cena de ayer. –Ella saluda con la mano en el aire. –Era todo encías. Algo de Casanova, –dice en un resoplido.
–Cualquiera, –El señor Clearwater gruñe.
–La próxima vez tal vez usted debería bailar con ella en el social, –le digo. –Haga que se sienta joven otra vez.
Extiende arriba una mano con dedos callosos, artríticos y me jala más cerca.
–Yo tengo dos pies izquierdos. Pero no se lo digas a Makenna, porque me hará pasar un mal rato.
– ¿No tienen clases de baile aquí?– Le susurro al oído derecho, lo suficientemente alto para que pueda escuchar, pero no el resto de la clase.
–Apenas puedo caminar. Nunca seré Epharaim Astaire. Ahora, si usted fuera la profesora de baile en lugar del viejo palo de Siobhan Fitzgibbons, definitivamente empezaría a asistir a las clases. –Él agita sus crecidas cejas blancas y me da una palmadita en el trasero.
Niego con el dedo a él.
– ¿Nadie le dijo que eso es acoso sexual? –Me moleste.
–Soy un hombre viejo y sucio, cariño. En mi época no había tal cosa como el acoso sexual y las mujeres les dejaban a los hombres comprarse sodas y las puertas abiertas para ellos... y pellizcar el trasero.
–Dejo las puertas abiertas a chicos, con tal de que no esperen ningún favor en retorno. Yo podría hacerlo sin las palmadas en el trasero y los pellizcos, sin embargo.
Él me ahuyenta.
–Ay, que las niñas de hoy quieren todo... y algo más.
–No le hagas caso a él, Bella, –Makenna dice, agitando mi cuerpo. –Lo que quieren es un buen chico... un caballero de verdad.
–No hay tales cosas–, dice Maggie a su lado.
Un buen muchacho. Pensé que Mike era agradable, y él ni siquiera pudo botarme como un caballero.
-A lo mejor me voy a quedar sola por el resto de mi vida.
Ambos, Maggie y Makenna, sacuden la cabeza con fuerza, su ralo cabello blanco volando de un lado a otro. – ¡No! –Los dos dicen.
–No quieres eso–, dice Makenna.
– ¿No?
–No. –Ella mira al señor Clearwater. –Debido a que los necesitamos... aunque son la encarnación del demonio. –Ella se acerca más. –No me importaría si él me da unas palmaditas en el trasero.
–Amén a eso, hermana, –Maggie dice mientras desliza su pincel sobre el lienzo.
Está pintando una silueta que se parece sospechosamente a un hombre desnudo. – ¿Por qué no le pedimos a ese agradable muchacho Embry venir y posar para nosotros? Has dicho que podemos hacer sujetos en vivo.
–Yo estaba pensando en un perro–, le digo.
–No. Obtén para nosotros un modelo masculino.
–No dibujaré a un tipo, –el señor Clearwater le grita desde el otro lado de la habitación. –Bella tendrá que modelar, también.
–Yo no estoy prometiendo nada–, le digo a la clase. Esperen hasta que yo llame a Embry hoy y pida para ser de modelo masculino para mi clase. Creo que solo podría irse por eso.
Edward
–Ehhh, –canta Tanya. –Ya he vuelto.
Y ha traído unas diez personas más con ella. Todos se reúnen por la pipa y la pasan alrededor, cada uno le da una calada. Me pregunto qué estarán haciendo Bella y sus amigos esta noche. Apuesto a que está estudiando para su SAT o algo así, para así poder entrar en una buena universidad, mientras yo estoy en una fiesta pipa-y-pequeñas-pastillas-azules.
James alinea las pastillas en una bandeja. Me recuerda a lo que Emmett llamó plato de pu-pu.
Cuando Tanya me pasa la pipa con una gran sonrisa, quiero olvidarme de Bella, del SAT, de la universidad y de ser bueno. Soy un gamberro, así que mejor empezar a actuar como tal.
Le doy una calada, inhalando el humo dulce dentro de mis pulmones. La materia es, sin duda potente, porque siento los efectos, antes incluso de pasarle la pipa a la persona que está a mi lado. Cuando vuelve, esta vez le doy una larga y lenta calada. A la cuarta, estoy demasiado drogado como para preocuparme por Bella y sus galletas o por Emmett siguiéndome de cerca todo el tiempo, o el hecho de que le he mentido a Rosalie cuando le he prometido que no iba a beber o consumir drogas esta noche.
Ahora mismo, solo quiero pensar en cuestiones más candentes de la vida, como... – ¿Por qué Heavy Shevy no se afeita el bigote?
–Tal vez es un hombre disfrazado. –Dice James.
– Pero, ¿por qué iba a elegir a una mujer fea como disfraz? –Pregunto. En serio.
–Tal vez es un hombre feo y no tiene otra opción.
–Tiene sentido. –Veo a Tanya darle otra calada. Ella me ve mirándola, entonces me sonríe mientras se mueve hacia mi regazo y se lame los labios. Por la longitud y la punta de su lengua, creo que podría haber genes de iguana en su árbol genealógico.
Se inclina hacia delante, sus pechos a centímetros de mi cara.
–James tiene la mejor mierda. –Arrulla, echándose hacia atrás y extendiéndose sobre mí, como un gato sobre una alfombra. No es necesario decir que yo soy la alfombra. Ella se retuerce, se extiende y envuelve los brazos alrededor de mi cuello. Tiene los ojos a media asta. –Eres sexy.
–Y tú también.
–Somos una pareja perfecta. –Ella traza mi barbilla con su dedo y se inclina hacia delante.
Esa lengua de iguana suya se escapa y su cuerpo comienza a retorcerse contra el mío. Me lame la barbilla, y tengo que admitir que ninguna chica me ha hecho esto antes. No estoy muy interesado en que lo haga una segunda vez, tampoco.
Empezamos haciendo esto frente a todos. Creo que a Tanya le gusta la atención, porque cuando una de las chicas le hace un comentario a uno de los chicos para que deje de mirar, Tanya se inclina hacia atrás y empieza a tirar de su camiseta como si fuera una stripper en un club, haciéndome un Lap Dance*. Es obvio que Tanya quiere ser vista y admirada por todos los chicos, y envidiada por todas las chicas.
Esta chica es sin duda una exhibicionista, pero cuando miro a mi izquierda y veo a James haciéndolo con una Irina sin camiseta, empiezo a preguntarme si todo el mundo espera mostrar sus talentos sexuales aquí en público.
Ese no soy yo. –Vamos a un lugar privado, –le digo a Tanya cuando llega a sentirme sobre mis pantalones vaqueros.
Ella frunce los labios un minuto, entonces de aparta de mi regazo y estira la mano. –Vamos.
La noche se mueve demasiado rápido. Estoy más bien frío, y en el fondo de mi mente me acuerdo de que Jared me advirtió acerca de Tanya, pero me coge la mano y me levanta.
–Que os divirtáis, vosotros dos, –dice James en voz alta.
Dos minutos más tarde entramos en una gran habitación con una cama tamaño gigante contra la pared.
– ¿Tu habitación? –Le pregunto.
Tanya sacude la cabeza. –Es de mis padres, pero apenas están en casa. En este momento están en Phoenix. –Siento rastros de amargura en su voz, y estoy seguro de que jugar en su cama es su venganza.
¿Debo decirle que prefiero hacerlo en el suelo en lugar de en la cama de sus padres?
–Vamos a tu habitación –le digo.
Ella niega con la cabeza, luego tira de mí más cerca de la cama.
– ¿Qué ha dicho Jared de mí? –pregunta.
–Es un poco difícil pensar en eso ahora mismo, –le digo. –Estoy tan horneado como tú.
–Simplemente trata de recordar. ¿Mencionó por qué lo dejamos? Porque si lo ha hecho, no fue culpa mía. Quiero decir, no es que como que supiera que él lo conocía y que no sabía lo que estaba haciendo. Y si lo sabía, no era porque sabía que él le conocía. No es como que su madre se hubiera enterado y nos hubiera detenido.
Me duele la cabeza de oírla. –Está bien, –le digo. No tengo ni idea de lo que acaba de decir, pero me imagino que la respuesta –bien– puede cubrir las bases. Uno sólo puede esperar.
– ¿En serio? –Dice, sonriendo.
¿Eh? No tengo ni puta idea de lo que estoy hablando. O de lo que está hablando.
Ella me abraza fuerte, sus tetas presionan con fuerza contra mi pecho. Espero que no estallen por la presión de ser aplastadas contra mí.
Pensamientos de estallar tetas me están desplazando. Y mi mente se distrae con pensamientos de Bella y cómo se ve en esas enormes camisetas. Por un segundo pienso que el desconocido cuerpo de Bella es más sexy que el que Tanya ostenta todos los días.
Aprieto mis ojos cerrándolos. ¿Qué estoy pensando? Bella no es sexy. Es frustrante y me reta más que mi propia familia.
– ¿Te he contado lo que le hizo Bella a mi taquilla? –Le pregunto.
Ella me insta a la cama. –Realmente no me importa Bella. Deja de hablar de otra chica cuando estás aquí conmigo. –Ella tiene razón. Tengo que dejar de hablar de Bella. Me gustan las cosas que son fáciles para mí, y Bella no es una de ellas. Tanya lo es.
Antes de que lo sepa, estamos calientes y pesados en la cama de sus padres. Ella está sentada sobre mí, con el pelo en la cara. Creo que hay algunos de sus cabellos en mi boca cuando nos besamos, pero ella no parece darse cuenta. Yo lo hago.
Se inclina hacia atrás. – ¿Quieres hacerlo? –Ella articula mal.
Claro que quiero hacerlo. Pero cuando miro a un lado y veo una foto de sus padres sonriéndonos desde una de las mesitas de noche, me golpea. Ella no me quiere porque sea y yo, me quiere porque soy un matón drogado, exactamente lo contrario a lo que sus padres quieren que esté.
Pero decirme a mí mismo que soy un matón es una cosa. Actuar como uno, es otra. –Me tengo que ir, –le digo.
–Espera. Oh, no. No me siento bien. Creo que me voy a poner enferma.
Ella se levanta y corre al baño, encerrándose dentro. Los sonidos de náuseas y vómitos se hacen eco a través de la habitación un segundo después.
Llamo a la puerta. – ¿Necesitas ayuda?
–No.
–Abre la puerta, Tanya.
–No. Ve a buscar a Irina.
Cuando lo hago, Irina y un montón de otras chicas se precipitan en la habitación para ayudar. Estoy parado en la puerta, observando que actúan como si Tanya realmente estuviera enferma en lugar de vomitar por estar borracha y drogada.
Después de veinte minutos de pie alrededor siendo ignorado, y la confianza de que Tanya está teniendo todas sus necesidades de cuidado, me imagino que he tenido suficiente de esta fiesta.
Fuera, saco el llavero corazón rosa de Rosalie. Pongo en marcha el motor y empiezo a conducir, pero cuando veo que las líneas de la carretera están borrosas sé que no puedo hacerlo. Estoy demasiado drogado, borracho, o una mezcla de ambos.
Mierda. Tengo dos opciones. Volver a casa de Tanya y encontrar un lugar para estrellarme o dormir en el coche.
Ni siquiera es un concurso.
Pulso el botón para reclinar el asiento y cierro los ojos, con la esperanza de que mañana puede averiguar qué ha ocurrido realmente esta noche.
Brillante. Es demasiado brillante. Abro los ojos al golpe de sol por la mañana directo en mí en la cara. Todavía estoy en el coche de Rosalie. Con la parte superior bajada. Cuando vuelvo a casa de Emmett, lo encuentro sentado en la mesa con una taza de café en sus manos.
Se pone de pie cuando tiro claves Rosalie sobre la mesa.
– Dijiste que estarías en casa en un par de horas. ¿Sabes que son las nueve? De la mañana.
Froto mis manos sobre mis ojos. –Por favor, Emmett, –me quejo. – ¿Puedes esperar al menos hasta el mediodía para gritarme?
–No voy a gritar. Simplemente no te voy a dejar el coche de Rosalie de nuevo.
–Bien. –Me he dado cuenta de que el colchón inflable sigue estando ahí. Me tiro sobre él y cierro los ojos.
Emmett saca la almohada de debajo de mi cabeza. – ¿Estás drogado?
–Ya no es así, por desgracia. –Cojo la almohada de nuevo.
Oigo a mi hermano sentarse en su cama y dejar escapar un profundo suspiro. El pobre, probablemente necesita fumar algo de hierba para relajarse. Te juro que puedo sentir sus ojos aburridos en mi cráneo como dos pequeños láseres.
– ¿Qué quieres? –Murmuro en mi almohada.
– ¿No te importa nadie más que tú?
– Más o menos.
– ¿No te das cuenta de que me preocupo por ti?
–No. Ese pensamiento no cruza mi mente ni una sola vez.
Alguien llama a la puerta y por suerte le impide hacerme más preguntas.
Oigo a mi hermano decir: –Eh, chica.
Déjame adivinar: es Rosalie.
–Edward se olvidó de subir la parte de arriba, –ella le dice a Emmett. –Y está empezando a llover. Dejó el teléfono en el asiento del pasajero. Espero que todavía funcione.
Si llegan a casarse, lo siento por sus hijos. Espero que los niños nunca se metan en un lío... porque Rosalie y Emmett, ambos, están mirándome como si quisieran encerrarme de por vida.
Peor para ellos, no son mis padres.
*Baile de tipo sensual que ha alcanzado popularidad en los clubes y salas eróticas.
Bueno pues aqui teneis el siguiente capitulo. Hoy he decidido subir otra vez dos capitulo. Espero que os halla gustado. Bueno quiero agradecer a todos aquellos y aquellas que han comentado, que me han agregado a su lista de alertas y favoritos. Gracias de verdad. Nos vemos en el proximo capitulo.
Un beso desde Andalucia, España.
