Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia pertenece a Simone Elkeles, yo solo la adapto.


Bella

No sé si alguien más en mi familia se ha dado cuenta, pero Edward nos mira como si fuéramos un grupo de alienígenas enviados a la Tierra para acabar con él. Definitivamente no está contento por tener que vivir con nosotros.

Me pregunto qué va a decir cuando le digan que va a ser expulsado o que va a tener que ir al programa REACH después de la escuela. REACH es para adolescentes en situación de riesgo que se meten en problemas. Pueden asistir a la escuela en un período de prueba. Mi padre me ha dicho que Edward no sabe que REACH es su única opción. No quiero estar en casa cuando mi padre y Emmett le den la noticia.

Emmett está mirando el nuevo espejo del retrovisor que acabo de instalar. No me puedo resistir, Emmett levanta el capó e inspecciona el coche.

–Es un V8 estándar–, le digo a Rosalie, que está de pie junto a él.

–Eso no le dirá nada a mi novia. A Rosalie ni siquiera le gusta la bomba de gas.

Rosalie le golpea suavemente el brazo.

– ¿Me estás tomando el pelo? Cada vez que intento arreglar algo de mi coche, Emmett se hace cargo de todo. Admítelo Emmett.

Mamacita sin ofender, pero ni siquiera sabes qué es la junta del alternador.

–Y tú no sabes qué es el gel acrílico–, dice Rosalie con aire de suficiencia, con las manos en las caderas.

– ¿Seguimos hablando de coches? –pregunta.

Rosalie niega con la cabeza.

– Yo estaba hablando de uñas.

–Ya me lo imaginaba. Tú quédate con las uñas y yo me quedo con los coches.

Emmett sonríe con picardía cuando le cierra la boca a Rosalie.

–Creo que la comida está lista, –grita mi padre desde la puerta principal.

Mi madre sacude a mi hermano. –Seth cariño, lleva a Rosalie y a Emmett al patio.

Mientras Seth va corriendo al patio trasero, ayudo a mi madre en la cocina.

–Tienes grasa en la barbilla, –me dice mi madre. Me froto la barbilla y luego me doy cuenta de que no es grasa, es resina negra.

–Pongámonos en marcha, –dice tirándome un paño de cocina.

–Gracias. –Después de acabar de limpiarme la barbilla, me lavo las manos y me pongo con mi ensalada especial de nueces.

En el patio, mi madre ha puesto manteles rosas floreados y sus platos favoritos de cerámica con imágenes de mariposas pintadas de colores a juego con las tazas de té. Abrió una tienda de té orgánico llamada Hospitali-Tea hace unos años. Si vives en Boulder, lo más seguro es que te guste el aire libre y el estilo de vida activo. Y seguramente bebas té en vez de café.

La tienda de mi madre es muy popular entre los lugareños. Yo trabajo allí los fines de semana embolsando té, buscando nuevos tés y poniéndole precios a teteras de cerámica. Incluso la ayudo con la contabilidad, en especial cuando le fallan los cálculos y necesita a alguien para encontrar dónde ha cometido el error. Soy la buscadora de errores de la familia, al menos cuando se trata de hacer los libros.

Ayudo llevando la ensalada. De hecho, me inventé la receta y la he mantenido en secreto, ni mis padres saben cómo se hace. Está hecha con hojas de espinaca, nueces, queso azul y arándanos secos... y la salsa especial de Bella, la salsa secreta, como le gusta llamarla a mi madre. Fuera, le tiendo el plato a Edward.

Mira el interior del recipiente.

– ¿Qué es?

–Ensalada.

Vuelve a mirar el interior. –Eso no es lechuga.

–Son e-espinacas. –Dejo de hablar cuando siento mi lengua cada vez más pesada.

–Pruébala, –le dice Emmett.

–No necesito que me digas qué hacer, –responde Edward enfadado.

–Edward, tengo un poco de lechuga en la nevera, –murmura mi madre. Si quieres, puedo hacerte rápidamente una ensalada de lechuga.

–No, gracias. –murmura Edward.

–Me gustaría un poco de ensalada –dice Rosalie, señalándome el recipiente. No sé si realmente quiere ensalada de espinaca o no, pero está tratando de desviar la atención de Emmett y Edward.

Miro a mi padre. Tiene los ojos en Edward. Seguramente está preguntándose cuánto tiempo le llevará a Edward relajarse y confiar en nosotros. El problema es, que no sé si Edward bajará la guardia ahora que lo arrestaron.

–Sé que estás aquí debido a circunstancias atenuantes, –le dice mi madre a Edward pasándole las hamburguesas. –Pero estamos contentos de poder ofrecerte nuestra casa y nuestra amistad.

Mi padre corta la hamburguesa con el tenedor.

–Bella puede mostrarte la ciudad este fin de semana, y presentarte a sus amigos, ¿verdad, cariño?

–Claro, –digo, aunque "mis amigos" consiste en Embry. No soy de salir con una multitud. Embry es un chico, pero es mi mejor amigo y lo ha sido desde primer año, cuando Jane Harte y Tanya Denali se reían de mí durante la clase de inglés cuando me pusieron a leer un cuento de dos ciudades frente a toda la clase. No solo me avergüenzo de mi tartamudez, sino que creo que Dickens debe estar retorciéndose en su tumba al ver horriblemente masacradas sus palabras. Paré inmediatamente después de oírlas reírse, corrí a mi casa y no salí de mi habitación hasta que Embry se acercó y me convenció de enfrentar el mundo. El viernes en la clase del Sr. Berty me acordé de ese día.

–Creo que mi hamburguesa está mal cocida. Es realmente de color rosa, –dice Edward mientras mira fijamente el interior de una de las hamburguesas de salmón de mi madre.

–Es pescado, –le digo. –Salmón.

– ¿Tiene espinas?

Sacudo la cabeza.

Coge un pan de la canasta del pan, lo examina y luego se encoge de hombros. Supongo que no está acostumbrado a los granos integrales que hay en el pan de hamburguesa.

–Tengo que ir a trabajar, pero Bella te llevará mañana si quieres al supermercado a comprar. –le ofrece mi madre. –De esa manera puedes escoger lo que quieras.

– ¿Te gustan los deportes, Edward? –le pregunta Seth.

–Depende.

– ¿De qué?

–De quién esté jugando. No veo el tenis o el golf, si eso es lo que quieres decir-

–No estoy hablando de ver los deportes, tonto, –dice Seth, riéndose de él. –Estoy hablando de jugar. Mi mejor amigo, Max, juega al fútbol americano y tiene mi edad.

–Bien por él, –dice Edward, mientras le da un mordisco a la hamburguesa de salmón.

– ¿Juegas al fútbol?

–No.

Seth está en racha y no va a parar hasta que haya encontrado la respuesta que busca.

– ¿Tenis?

–No. Eso no es nada.

– ¿Entonces qué deporte practicas?

Edward deja su comida. Oh, no. Tiene un brillo rebelde en sus ojos mientras dice:

–El tango horizontal.

Mi madre y Rosalie comienzan a ahogarse con la comida. Mi padre dice:

–Edward... –En un tono de advertencia que se reserva para casos extremos.

–Bailar realmente no es un deporte. –le dice Seth a Edward, ajeno a la conmoción del resto de la mesa.

–Como lo hago yo, sí. –dice Edward.

Emmett para y le dice entre dientes:

–Edward, vamos a hablar. En privado. Ahora.

Emmett entra en la casa. No estoy segura de si Edward lo va a seguir.

Duda, luego raspa las baldosas del patio con la silla y se dirige al interior.

Oh, esto definitivamente no va a ser bonito.

Rosalie pone la cabeza entre las manos.

–Por favor, avisadme cuando dejen de discutir.

Seth se gira hacia mi padre con los ojos grandes e inocentes.

–Papá, ¿sabes cómo hacer el tango horizontal?


Bueno pues aqui teneis el siguiente capitulo. Espero que os halla gustado. Bueno quiero agradecer a todos aquellos y aquellas que han comentado, que me han agregado a su lista de alertas y favoritos. Gracias de verdad. Nos vemos en el proximo capitulo.

Un beso desde Andalucia, España.