Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia pertenece a Simone Elkeles, yo solo la adapto.


Edward.

–Entonces, ¿qué estás haciendo aquí? –le pregunto a mi hermano otra vez.

Miro a Swan, con una taza de café en la mano. Algo está creciendo definitivamente.

–Emmett quería estar aquí cuando habláramos de lo que sucederá hoy. Vamos a pedirle al juez que te deje en mi custodia, a cambio de tu cooperación y participación en un programa especial después de la escuela.

Miro mi comida, la mitad sin comer, y echo el tenedor hacia abajo. –Pensé que estábamos yendo a la corte para pasar a su custodia. Ahora me siento como si estuviera a punto de recibir un disparo con los ojos vendados y mi último cigarrillo.

–No es realmente un gran problema –dice Emmett–. Se llama REACH.

Swan se sienta frente a mí. –Es un programa especial para adolescentes en riesgo.

Miro a Emmett decírmelo en un perfecto inglés.

Emmett se aclara la garganta. –Es para los chicos que han estado en problemas con la ley, Edward. Irás allí directamente después de la escuela. Todos los días –añade.

¿Están bromeando conmigo? –Te dije que las drogas no eran mías.

Swan pone su taza sobre la mesa. –Luego me dirás quien te dio las drogas.

–No tengo un nombre.

–No es lo suficientemente bueno –dice Swan.

–Es un código de silencio –dice Emmett.

Swan no entiende. – ¿Un código de silencio?

Emmett mira hacia arriba. –Conozco a un miembro de los Guerreros del barrio –dice–. Un código de silencio protege a todos los miembros. Él no quiere hablar, aunque él sabe quién fue el responsable.

Swan suspira. –Un código de silencio no ayuda a tu hermano, pero lo entiendo. Yo no quiero hacerlo, pero lo hare. Y eso no nos deja otra opción que pedir al juez que deje entrar en el programa REACH a Edward. Es un buen programa, Edward, y es mejor que ser expulsado de la escuela o golpeado en la detención de menores. Recibirás tu diploma de escuela superior y serás capaz de aplicar a las universidades.

–Yo no voy a ir a la universidad.

–Entonces, ¿qué vas a hacer después de la secundaria? –Swan pregunta–. Y no me digas que es un traro con las drogas, porque hay un policía afuera.

– ¿Qué sabe usted, Carlisle? Es fácil para usted a sentarse aquí en su segunda casa y comer la comida de mierda orgánica. Cuando hayas caminado un día en mis zapatos, me puedes dar pláticas. Hasta entonces, no quiero escucharlo.

–Mamá quiere que tengamos una vida mejor que ella –dice Emmett–. Hazlo por ella.

–Lo que sea, le digo mientras pongo mis platos en el fregadero. Definitivamente he perdido mi apetito–. Muy bien, vamos a esta mierda de una vez.

Swan recoge su maletín y da un suspiro de alivio. – ¿Listos, muchachos?

Cierro los ojos y froto mis manos sobre ellos. Supongo que sería una ilusión pensar que los abriría y por arte de magia estaría en Chicago. –Realmente no quiere que le responda, ¿verdad?

Una media sonrisa cruza su cara. –En realidad no. Y tienes razón, no he caminado en tus zapatos. Pero no has andado en los míos, tampoco.

–Vamos, profesor. Yo apostaría mi huevo izquierdo a que el mayor problema que ha enfrentado es decidir sobre a qué club de campo pertenecer.

–Yo no haría esa apuesta, si fuera tú –dice mientras caminamos fuera de la casa–. Ni siquiera pertenezco a un club de campo.

Cuando llegamos a su coche, o lo que creo que es su coche, doy un paso atrás. – ¿Qué es esto?

–Un coche Smart.

Parecía como si una SUV se hubiera reducido y de ahí salió el coche Smart. No me sorprendería si Swan hubiera dicho que era uno de esos coches de juguete que conducen los niños.

–Es eficiente en combustible. Mi esposa utiliza la SUV, ya que yo estoy manejando al trabajo y de regreso, esta fue una elección perfecta. Si deseas conducir, puedes hacerlo.

–O podrías venir en mi coche –dice Emmett.

–No, gracias –le digo mientras abro la puerta del coche Smart y subo al pequeño asiento del pasajero. No parece tan pequeño en el interior, pero todavía me siento como si estuviera en una nave espacial en miniatura.

Se tarda menos de una hora para que el juez conceda la tutela temporal al profesor y apruebe mi participación en REACH, en lugar de ser condenado ya sea en servicios o detención de jóvenes de la comunidad. Emmett se va porque tiene un examen, por lo que le toca a mi nuevo tutor registrarme en REACH y luego llevarme a la escuela.

REACH se realiza en un edificio de ladrillo marrón a pocas cuadras de la escuela secundaria. Después de estar esperando en el vestíbulo, que se encuentra en la oficina del director, un tipo grande, alto y blanco que probablemente pesa cerca de 300 libras nos saluda. –Soy Jason Jenk, director de REACH. Y tú debes ser Edward –él mueve de un tirón un archivo y dice–: Dime por qué estás aquí.

–Órdenes del juez –le digo.

–Aquí dice en mi archivo que fuiste arrestado en la escuela por posesión de drogas el viernes pasado –él mira hacia arriba–. Eso es un delito grave.

Sólo porque me atraparon. El problema es que yo soy mexicano con afiliaciones a las pandillas. No hay manera de que este tipo me vaya a creer que estaba incriminado. Estoy seguro de que ha oído –no lo hice– de la mayoría de los chicos de aquí. Voy a saber quien me incrimino… y al final… me vengare.

Durante la media hora siguiente, Jenk recita la conferencia. En resumen, se trata de que yo tenga el control de mi destino y el futuro. Esta es mi última oportunidad. Si quiero éxito, el programa REACH ayudará a darme las herramientas necesarias para –alcanzar todo mi potencial– bla bla. Cuando me gradúe del programa, los consejeros de la carrera se dedican a ayudar a todos los graduados de REACH a conseguir un empleo o ingreso seguro a la educación superior.

Tengo que dejar de pretender roncar un par de veces, y me pregunto cómo Swan puede sentarse aquí y escuchar las estupideces de Jenk con una estés enterado –Jenk dice mientras saca un manual del estudiante y pasa a través de cada página–, que vamos a hacer pruebas aleatorias de drogas en todos los estudiantes durante todo el año. Si nos encontramos con una sustancia ilegal en tu sistema o en tu persona en cualquier momento, tu tutor será notificado y podrás ser expulsado de REACH y expulsado de la escuela. De forma permanente. La mayoría de los adolescentes terminan encerrados por cualquier violación.

Jenk nos da a Swan y a mí una copia de la normativa de REACH Luego cruza las manos sobre su gran vientre y sonríe, pero esa sonrisa no me engaña. Es un duro-trasero que no toma prisioneros. – ¿Alguna pregunta? –pregunta, su voz aún… pero no tengo ninguna duda de que la voz puede lanzar mas en alto los comandos que cualquier sargento.

El profesor me mira y a continuación, dice: –Creo que estamos bien.

–Genial. Entonces tenemos una pieza más del negocio antes de que puedas volver a la escuela –desliza una hoja de papel hacia nosotros–. Este es un contrato de responsabilidad con las normas de REACH, que comprendes y aceptas regirte por ellas.

Inclinándome hacia adelante, me doy cuenta de tres líneas de la firma. Una para mí, una para los padres o tutor, y otra para un miembro del personal de REACH. En el documento se lee:

Yo, _, certifico que al firmar abajo me comprometo a cumplir con las normas contenidas en el Manual de REACH. Entiendo las reglas, que me han sido debidamente explicadas por un miembro del personal de REACH. Además, reconozco que si hago caso omiso de las normas por cualquier razón seré objeto de una sanción disciplinaria, acción que puede incluir la detención de la casa, asesoramiento adicional, y/o expulsión del programa REACH.

Lo que realmente significa:

Yo, _, le otorgo mi libertad a REACH. Al firmar este pedazo de papel, certifico que mi vida será dictada por otras personas y yo viviré una existencia miserable, mientras esté en Forks.

No creo demasiado en eso por lo que escribo mi nombre en la hoja y la deslizo para que Swan pueda firmar también. Sólo quiero hacerlo ya, y así pueda seguir adelante. No tiene sentido tratar de discutir. Después de que el documento sea firmado y metido en mi archivo, somos conducidos fuera y me ordenan presentarme a REACH no más tarde de las 15:00 horas de lunes a viernes, o voy a cometer una violación.

Me imagino que tengo tantas reglas apiladas, es sólo cuestión de tiempo hasta que viole una.


Bueno pues aquí tenéis el siguiente capítulo. Espero que os haya gustado. Quiero daros las gracias a todos aquellos y aquellas que han comentado, que me han agregado a su lista de alertas y favoritos.

Nos vemos en el próximo capítulo.

Un beso desde Andalucía, España.