Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia pertenece a Simone Elkeles, yo solo la adapto.


Bella.

Empujo a Embry en el interior. –Basta ya, –le susurro.

Estamos en la parte trasera de la tienda ahora, donde nadie más nos puede oír.

– ¿Por qué?– Embry pregunta. –Necesitas un hombre de pie delante de la gente mayor contigo, y necesita hacer algo, además de sentarse a contar sus tatuajes durante todo el día. Es una idea perfecta.

–No, no lo es.

Mi madre desvía su camino junto a nosotros y abraza a Embry. – ¿Qué pasa?

–No puedo ir con Bella a su clase de pintura del viernes, por lo que quiere preguntar a Edward si quiere tomar mi lugar–, dice Embry.

Una gran sonrisa cruza los labios de mi madre. –Oh, cariño, es tan amable de tu parte que le incluyas en tus actividades. Eres tan especial. –Ella me aprieta en un abrazo de oso enorme. – ¿No es mi hija la mejor?

–Definitivamente, señora Swan. La mejor.

Embry es un pelota cuando se trata de mis padres.

–Bella, cuando Embry y tú hayáis acabado aquí, acompañad a Edward a casa. Estaba con Emmett, pero creo que han tenido un desacuerdo o algo así. Me iré en una hora, pero tengo que recoger a Seth de casa de su amigo y tu padre está preparando la cena. Ah, y cuando llegues a casa, es posible que desees supervisar si hay algo comestible para nosotros.

Después de que mi madre nos hace el té, me parece ver fuera a Edward beber lo que sospecho que es una de las mezclas especiales de mi madre. Parece que le gusta, aunque no puedo estar segura porque su cara es una máscara sin emociones.

–Te veré mañana–, dice Embry, saludándome con su vaso de papel.

– ¿Qué quieres preguntarme?– Edward pregunta. Suena molesto.

¿Quieres vestir como un vaquero la noche del viernes y ser modelo para gente mayor? –Nada. –Simplemente no puede pronunciar las palabras.

Mi madre sale a charlar con los clientes. Estoy viendo como lleva la conversación con cada persona como si fuera su amigo personal. Cuando llega a nuestra mesa, se inclina hacia abajo para asegurarse de que está bebiendo el té.

-Veo que te ha gustado –, le dice a Edward. Mi mamá toma orgullo de que si encuentra las mezclas de té de combinación perfecta para un favor a un cliente, la hace sentir como si hubiera ganado la lotería. –Entiendo que Bella quiera pedirte que seas un modelo para ella el viernes en La Sierra. Debe ser divertido.

Edward me da una mirada de: ¿de qué infierno está hablando?

– ¿Quieres más té?– Mi madre le pregunta.

–No, gracias.

–Bella lo llevas a casa. ¿Verdad, cariño?

–Sí. Vamos. –le digo antes de que mi madre diga nada más.

Cuando llegamos a mi coche, Edward trata de tirar de la manilla de la puerta del pasajero.

–Hay que subir por la ventana–, le digo.

–Estás bromeando conmigo, ¿verdad?

Sacudo la cabeza. –No estoy bromeando. –Ese es mi próximo proyecto, después de fijar el reloj y la radio.

Edward sube en el coche con facilidad, con los pies antes de que todo su cuerpo se deslice en el cubo del asiento de vinilo. Me gustaría que la radio o reproductor de cintas viejo fuera, porque creo que Edward se está poniendo muy nervioso a los cinco minutos de mi conducción en silencio.

Se mueve en el asiento. – ¿Qué es esa cosa acerca de modelado?

–Es de modelos para una clase de pintura en el asilo de ancianos la noche del viernes. No tienes que hacerlo. Ni siquiera te lo iba a preguntar.

– ¿Por qué no?

Estamos en una señal de stop, así que me dirijo a él y le digo la verdad. –Debido a que estarías posando conmigo, y sé que no estarías de acuerdo en hacerlo.


Bueno pues aquí tenéis el siguiente capítulo. Espero que os haya gustado. Quiero dar las gracias a todos aquellos y aquellas que me han agregado a su lista de alertas y favoritos.

Nos vemos en el próximo capítulo.

Un beso desde Andalucía, España.