Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia pertenece a Simone Elkeles, yo solo la adapto.


Edward.

Lo entiendo. Ella no quiere posar con un hombre que ha sido arrestado por drogas. –Puedo traer a Tanya, –le digo en el tono arrogante que sé que saca sus nervios. –Ella posaría conmigo. Pensándolo bien, me invitó a su casa la noche del viernes, así que no puedo ir a tu pequeña fiesta de pintura.

–No sé lo que ves en ella.

–Mucho más de lo que veo en ti–, miento para apartarla. La verdad es que no veo nada en Tanya. He estado tratando de evitar a la chica desde que vomitó en su fiesta, pero desde que está en mi lista de personas que podrían enmarcarme, tengo que estar más cerca de ella. Bella no tiene por qué saber eso. Demonios, Bella no debe saber que he estado pensando en ella y en sus galletas más de lo que debería.

Cuando llegamos a la casa, Bella sale del coche.

Cojo un aperitivo de la cocina un poco más tarde y observo a Bella cortar las verduras. Me pregunto si le gustaría ver a mi cabeza en ese tablero, junto con las zanahorias.

–Oye, Edward, –el profesor dice cuando entra. – ¿Cómo ha ido en REACH?

–Es una mierda.

– ¿Puedes ser más específico?– Mi tutor me pregunta.

–Es realmente una mierda, –elaboro, el sarcasmo goteando de cada palabra.

–Tu vocabulario me sorprende–, dice. –Hola, necesito tu ayuda, hoy después de la cena.

– ¿Con qué? –Le pregunto.

–Arrancar las malezas.

– ¿Los ricos no tienen jardineros que hacen eso?– Le pregunto.

La respuesta es no, porque después de la cena Swan nos acompaña hasta el patio trasero con bolsas de papel grande.

Él tira guantes de lona para mí y Bella. –Voy a tomar el patio lateral. Bella, tú y Edward id a la parte de atrás.

– ¡Papá!– Seth grita desde la puerta del patio. –, Edward dijo que iba a jugar a fútbol conmigo hoy.

–Lo siento, Seth. Edward tiene que ayudar a sacar las malas hierbas del patio, –Swan le dice al niño.

–Puedes ayudar, –le dice Bella. Seth se ve muy feliz por ayudarla.

Recuerdo cuando era más joven y Emmett me invitó a ayudarle a hacer trabajos de jardinería. Siempre me ha hecho sentirme útil. –Eh, Seth, podría utilizar tu ayuda, también, –le digo. –Después de que me ayudes, jugaré contigo.

– ¿En serio?– El niño pequeño me dice.

–Sí. Sólo asegúrate de que la bolsa está abierta para que cuando tire la maleza, que caiga en la bolsa.

Él se apresura a la bolsa y la mantiene abierta. – ¿Así?

–Sí.

Bella está en sus manos y rodillas, tirando de las malas hierbas y tirándolas en su propia bolsa. No me puedo imaginar a Tanya de rodillas en la tierra y sometiéndose a sí misma al trabajo manual. Tampoco puedo imaginar que tuviera un coche de época que incluso tienen una puerta de servicio inutilizable.

–Vas demasiado lento, –Seth observa. –Apuesto a que Bella tiene más malas hierbas en su bolsa de las que tienes tú en la tuya. –El niño corre para mirar el interior de la bolsa de Bella. –Ella está ganando.

–No por mucho tiempo. –Agarro un montón de malas hierbas y las arranco de la tierra. Algunos espinosos tallos me asoman a través de los guantes, pero no me importa.

Miro a Bella, trabaja más rápido que antes. Ella está definitivamente mostrando su lado competitivo.

– ¡Hecho!– Grita, de pie en el lado izquierdo de la silla y tirando los guantes de jardinería con actitud. Coge a Seth y gira en torno a él hasta que ambos caen en la hierba riendo.

–Es mejor que tengas cuidado, Bella, –Hago un llamado a ella. –Su personalidad está empezando a mostrarse.

Cuando la espalda de Seth está girada, Bella me enseña el saludo de un dedo mientras se acerca a su coche.

Definitivamente he tenido de su lado malo.

– ¡Ahora podemos jugar al fútbol! Voy a marcar–, dice Seth, señalando a la pequeña red en el patio. –Recuerda, si te paso, dijiste que jugarías a GI Joe1 conmigo.

Me atengo a la portería, mientras que Seth intenta patear la pelota más allá de mí. Tengo que dar el crédito al tipo pequeño. Lo intenta hasta que está sudando y jadeando, nunca se da por vencido a pesar de que es una causa perdida.

–Esta vez voy a hacerlo–, dice por enésima vez. Apunta a algo detrás de mí. – ¡Mira! ¡Por ahí!

–Ese es el truco más viejo en el libro, pequeño hombre. –Aprecio su intento de hacer trampa, pero ha escogido al tipo equivocado.

–No, en serio. ¡Mira!– Seth grita.

Suena convincente, pero todavía no estoy tomando mi ojo fuera de su balón de fútbol. Prefiero bloquear tiros durante todo el día a jugar con muñecas.

Patea la pelota, pero la bloqueo de nuevo. –Lo siento, hombre.

–Seth, hora de tu baño, –la señora Swan grita desde el patio.

–Sólo un poco más de tiros, mamá. Por favor.

Ella mira su reloj. –Dos más, entonces será la hora del baño. Estoy segura de que Edward tiene tareas que hacer.

Después de dos intentos fallidos, le digo a Seth de dejarlo. Él salta a la casa. Está muy coordinado, pero me pregunto a qué edad se dan cuenta los niños de que se supone que no tienen que saltar. En mi camino arriba, paso el comedor. Bella está sentada en la mesa grande, con la cabeza en un montón de libros de texto.

Las hebras de su cabello se han escapado de su cola de caballo, cayéndole en la cara. Esto me hace preguntarme como se vería con el pelo suelto.

Ella levanta la vista, a continuación, encaja la cabeza hacia abajo.

–Deberías llevar el pelo suelto–, le digo. –Podrías tener un aspecto más parecido a Tanya de esa manera.

Ella responde haciéndome el gesto con el dedo de nuevo.

Me río. –Ten cuidado, –le advierto. –He oído que en algunos países cada vez que lo hacen, les cortan un dedo.

Espero dos días para mirar en las taquillas de James y de Tanya, gracias a uno de los imanes galleta de Bella (menos la galleta) y un destornillador pequeño que he cogido del coche de Bella. En medio del tercer período, pido ir al baño, pero termino buscando en la taquilla de Tanya. En su bolsa solo hay libros, maquillaje, y un montón de notas de Irina y otras chicas. En un golpe de suerte, dejó su celular en el bolsillo lateral de su bolso. Cojo el teléfono y me lo llevo conmigo al baño, donde me desplazo a través de su registro de llamadas, agenda y contactos. Nada fuera de lo común aquí, salvo que el viernes después de la escuela llamó más veces a James de lo que puedo contar con las dos manos.

Dejo su teléfono de nuevo antes de volver a la clase.

Eso deja a James. Lo veo brevemente en los pasillos de la escuela y ha estado vigilando su taquilla, pero no tengo clases con el chico. Durante la hora del almuerzo las salas están muy ocupadas, pero después del almuerzo me cuelo en los pasillos y cojo el imán y el destornillador para volverlo a usar.

La taquilla de James es un desastre maldito. En su mochila hay un montón de nombres garabateados en pedazos de papel con sus códigos. Son probablemente sus clientes o proveedores, pero están todos escritos en un estúpido código.

He estado aquí demasiado tiempo ya. Pero me siento cerca, como si Riley o papá me estuviera guiando a mirar más lejos. Cavo a través de su mochila, con la esperanza de encontrar su teléfono o alguna otra evidencia de que estaba conectado con mi detención. Pero todo lo que encuentro son un montón de papeles.

Alguien está subiendo las escaleras. Oigo los pasos cada vez más cerca. Si se trata del director, estoy reventado. Si se trata de James, será mejor que estar listo para una pelea. Rápidamente paso el pulgar a través del desorden de papeles, hasta que... sí, lo tengo.
Es el desecho de un papel que no está en ese código. Es el nombre de alguien con el que estoy muy familiarizado... Aro Vulturi, un narcotraficante con profundas conexiones con los Guerreros del barrio, y un número de teléfono escrito justo debajo.

Meto el número en mi bolsillo, a continuación, cierro la taquilla antes de que alguien suba la escalera.

James ten cuidado, porque muy pronto voy a hacerte una visita... Una que no olvidarás pronto.


1 Muñecos militares.

Bueno pues aquí tenéis el siguiente capítulo. Espero que os haya gustado. Quiero daros las gracias a todos aquellos y aquellas que han comentado, que me han agregado a su lista de alertas y favoritos.

Nos vemos en el próximo capítulo.

Un beso desde Andalucía, España.