Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia pertenece a Simone Elkeles, yo solo la adapto.


Bella

El miércoles después de la escuela, estoy lavando mi coche en la entrada de mi casa cuando Emmett deja a Edward después de REACH. Emmett se acerca a mí y coge una esponja extra.

–Tu padre me ha dicho que estás teniendo problemas con la radio, incluso después de ponértela la primavera.

–Sí. –Amo mi coche, pero... Es imperfectamente perfecto.

–Creo que es una manera de describirlo. Suenas como algunas personas que conozco. –Emmett entra en el interior del coche. –El coche de Rosalie es rápido, pero esta cosa tiene un poco de zumo a la izquierda. –Él se sienta en uno de los asientos. –Podría acostumbrarme a esto. Uno de nuestros clientes tiene un Monte Carlo del 73 que vende. Estoy pensando en comprarlo.

– ¿Te ha dicho Edward que trabajó en el taller de mi primo en Chicago?

–No.

–Estoy sorprendido. Edward siempre salía con Henry en la tienda. Le encanta trabajar en los coches probablemente más que yo.

– ¿No tienes otro cosa que hacer? –Edward pregunta. Ha estado apoyado en el garaje todo este tiempo. Lo sé porque, bueno, cuando Edward está en cualquier lugar cerca de mí, puedo sentirlo.

He estado evitándolo a propósito desde el lunes, que ha estado trabajando muy bien para ambos.

Cuando Emmett se va un poco más tarde, Edward camina hacia adelante. – ¿Necesitas ayuda?

Sacudo la cabeza.

– ¿Alguna vez vas a hablar conmigo otra vez? Maldita sea, Bella, basta ya con el tratamiento de silencio. Prefiero que digas tus frases de dos palabras a que dejes de hablar por completo. Demonios, me voy otra vez.

Echo mi mochila en el asiento trasero y arranco el motor.

– ¿A dónde vas?– Edward pregunta, dando un paso delante de mi coche.

Pito.

–No me voy a mover, –dice.

Mi respuesta es otra señal sonora. En el fondo no es un tono intimidatorio, como la mayoría de los coches, pero es lo mejor que mi coche puede dar.

Coloca ambas manos sobre el capó.

–Muévete–, le digo.

Se mueve hacia la derecha. Con pantera como rapidez, Edward salta por la ventana abierta del pasajero, con los pies por delante. –Deberías fijar la puerta, –dice.

Supongo que viene para el paseo. Salgo de la calzada y voy dirección al Boulder Canyon. El viento sopla a través de las ventanas abiertas, el aire fresco me pega en la cara y bate mi cola de caballo contra la parte trasera de mi cuello.

–Podría arreglar la puerta, –Edward me dice. Saca su mano por la ventana, dejando que el viento le corra entre los dedos.

Conduzco hasta Boulder Canyon Road en silencio, viendo el escenario. Uno pensaría que soy inmune a la belleza de él después de haber vivido tanto tiempo aquí, pero no lo soy.

Siempre he sentido una extraña fascinación y paz con las montañas.
Aparco por La Cúpula, de vez en cuando subo la montaña con Embry aquí. Llego al asiento trasero para coger mi mochila y salir del coche.

Edward saca la cabeza por la ventana. –Estoy suponiendo este no es su destino.

Admito que tengo un poco de satisfacción cuando le digo: –Supón de nuevo. –Colgándome la mochila, me pongo a caminar hacia el puente suspendido de Boulder Creek.

–Eh, chica–, él llama detrás de mí.

Sigo caminando, en dirección a mi santuario en las montañas.

– ¡Joder!– No me doy la vuelta, pero por los sonidos que está haciendo y las malas palabras españolas que vuelan de su boca puedo decir que está tratando de abrir la puerta del acompañante para salir. Desesperadamente sin éxito. Cuando sale por la ventana y cae en el estacionamiento de grava improvisado, lo oigo maldecir de nuevo.

– ¡Bella, maldita sea, espera!

Estoy en la base de la montaña, ahora, al comienzo de mi ruta habitual.

– ¿Dónde demonios estamos? –Pregunta.

Señalo el signo, a continuación, voy hacia las rocas grandes.
Puedo oírle resbalarse en piedras, mientras intenta mantener el ritmo. Estamos en el camino, pero pronto voy a desviarme y seguir mi camino privado. Él definitivamente no está usando zapatos apropiados para hacer senderismo. –Tienes algunos problemas graves, chica, –gruñe.

Sigo caminando. Cuando estoy a mitad de camino de mi destino, me detengo y saco una botella de agua de mi mochila. No está demasiado caliente, y yo estoy acostumbrada a la altitud, pero he visto a gente deshidratarse aquí y no es bonito.

–Aquí, –le digo, manteniendo la botella hacia él.

– ¿Estás bromeando conmigo? Probablemente la hayas envenenado.

Tomo un trago, y luego se la ofrezco a él de nuevo. Él hace un gran negocio de limpiar la boca de la botella con la parte inferior de la camiseta, como si tuviera piojos. Luego toma un trago largo.

Cuando me la devuelve, hago una limpieza más grande de sus gérmenes con el fondo de mi propia camiseta. Creo que lo oigo reír. O eso, o está cubriendo su pesada respiración de la subida.

Cuando empiezo a caminar de nuevo, Edward está jadeando y resoplando. – ¿Es tan divertido para ti?– Porque esto definitivamente no es mi idea de un buen momento.

Sigo a mi ritmo. Cada vez que Edward se desliza, maldice. Podrías pensar que está concentrado mucho al ir de excursión y no resbalar en las rocas, pero sigue parloteando.

– ¿Te he dicho que es molesto que casi no me digas nada más? Eres como un mudo que no utiliza ningún tipo de gestos con las manos. Es decir, en serio, es irritante como el infierno. ¿No crees que tengo suficiente para hacer frente, siendo enmarcado, detenido, y tener que ir a ese estúpido programa REACH?

–Sí. –Voy al lugar donde tengo que ir a una pequeña repisa y me agarro a las rocas colgantes para la ayuda. Estoy totalmente sujeta e incluso si me caigo es tan sólo unos metros hasta una zona llana.

– ¿Esto es una broma? –Pide, siguiendo mi ejemplo porque en este momento es probable que no crea que tiene otra opción. – ¿Estamos yendo a algún lugar, o simplemente deambulando sin rumbo fijo hasta que me tropiece y tenga la caída de mi muerte?

Escalo la gran roca que protege mi lugar de excursionistas, me detengo cuando llego a la zona abierta con un gran árbol solitario. Me topé con esto hace años, cuando necesitaba un lugar para venir solo y... Piensa. Ahora vengo mucho. Hago los deberes aquí, dibujo, escucho a los pájaros, y tomo el olor del aire fresco de la montaña.
Me siento en una roca plana, abro mi mochila, y coloco la botella de agua a mi lado. Abro mi libro de cálculo y empiezo a hacer mi tarea.

– ¿Realmente estás estudiando?

–Uh-huh.
– ¿Y qué se supone que debo hacer yo?

Me encojo de hombros. –Mira alrededor.

Rápidamente mira a la izquierda y a la derecha. –No veo nada más que rocas y árboles.

–Se supone.

–Dame las llaves, –que exige. –Ahora.

Lo ignoro.

Le oigo resoplar. Fácilmente podía dominarme, coger mi mochila y sacar las llaves fuera de la misma. Pero no lo hace.

Mantengo mi cabeza en mi libro, a través de ecuaciones y escribiendo notas en el papel.

Edward toma una respiración profunda. –Bueno, lo siento. Perdón. Tanya y yo somos historia, y preferiría hacer de modelo contigo que pasar el rato con ella. Wow, estar en la naturaleza me ha devuelto la fe en la humanidad y me hace ser una mejor persona. ¿Ahora estás feliz?


Bueno pues aquí tenéis el siguiente capítulo. Espero que os haya gustado. Quiero daros las gracias a todos aquellos y aquellas que han comentado, que me han agregado a su lista de alertas y favoritos.

Nos vemos en el próximo capítulo.

Un beso desde Andalucía, España.