Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia pertenece a Simone Elkeles, yo solo la adapto.
Bella
Mi lápiz inmediatamente deja de moverse. Trato de concentrarme en mi ecuación de cálculo, pero no puedo concentrarme en nada de la página. Nadie que no fuera un terapeuta del habla nunca me preguntó por mi tartamudez antes. No estoy preparada para responder, sobre todo porque no sé por qué tartamudeo. Es sólo lo que soy, cómo nací, y todo los demás.
Antes de que Edward preguntara acerca de mi tartamudez, todo lo que podía pensar era en nuestro casi beso. Su aliento caliente quemaba mi piel y mi estómago revoloteaba.
Pero me estaba tomando el pelo. Yo lo sabía y él lo sabía. Así que tanto como yo quería desesperadamente volver la cabeza y ver que sus labios se sentían en los míos, no quería humillarme.
Meto todo en mi mochila, a continuación, la pongo en mi espalda y voy abajo de la montaña.
Camino rápido, con la esperanza de que voy a caer lo suficientemente lejos que él tendrá que concentrarse en mantenerse al día y no hacer más preguntas. Cometí un gran error por traerlo aquí. Fue impulsivo y estúpido. Lo peor de todo, no tenía que esperar querer darle un beso más que nada en este mundo justo antes de enfrentarme con lo de mi tartamudez.
Cruzo el puente sobre Boulder Creek y voy de cabeza a mi coche. Cojo mi mochila para las llaves, pero luego me doy cuenta de que todavía las tiene Edward. Le alargo mi mano.
Él no me da las llaves. En su lugar, se apoya en el coche. –Vamos a hacer un trato.
–Yo no hago tratos.
–Todo el mundo hace negocios, Bella. Incluso las chicas inteligentes que tartamudean.
No puedo creer que lo haya traído de nuevo. Me doy la vuelta y me dirijo a casa a pie. Es mejor que Edward conduzca mi coche de vuelta, porque tendrán que remolcarlo si está estacionado allí toda la noche.
Oigo Edward jurar de nuevo. –Vuelve aquí–, dice.
Sigo caminando.
Oigo los neumáticos del coche de vuelta en la grava detrás de mí. Edward conduce a mi lado. Él tiene la camiseta de nuevo, lo cual es bueno porque me distrae cuando está medio desnudo.
–Sube, Bella.
Como sigo caminando, el coche sigue hacia adelante. –Vas a tener un accidente. –le digo.
– ¿Me veo como que me importa una mierda?
Echo un vistazo en su dirección. –No. Pero a mí sí. Me encanta mi coche.
Alguien le pita por detrás. Él no se inmuta y sigue con el coche lentamente a mi lado. En la primera curva del camino, él acelera delante de mí y me corta el paso. –No me pruebes–, dice. –Si no subes en este momento, voy a salir a por ti. –Nos miramos el uno al otro, el músculo del lado de mi mandíbula se contrae con determinación. –Si entras, lavaré tu coche.
–Acabo de lavarlo.
–Haré tus tareas por una semana, entonces, –dice.
-No... No me importa hacer las tareas, –le digo.
–Dejaré que tu hermano me marque un gol y jugaré con sus muñecos de GI Joe.
Todos los días Seth ha estado tratando de conseguir marcarle un a Edward, sin suerte. A mi hermano pequeño le gustaría superar a Edward. –Muy bien– le digo. –Pero conduzco yo.
Él se desliza sobre la consola central y se sienta en el asiento del acompañante mientras me pongo al volante. Cuando lo miro, no puedo dejar de notar la mirada de triunfo en su rostro.
– ¿Sabes cuál es tu problema?– No me sorprende que no me espere a que responda para hacer su evaluación de mí. –haces de todo un gran problema. Besarse, por ejemplo. Es probable que si besas a alguien supongas que significa algo monumental.
–Solo no voy besando a la gente por diversión como tú.
– ¿Por qué no? Bella, ¿nadie te ha dicho que la vida se supone que es divertida?
–Me divierto de otra manera.
–Oh, por favor–, dice con incredulidad total. – ¿Nunca has fumado hierba?
Sacudo la cabeza.
– ¿Tomado éxtasis?
Curvo el labio superior con repugnancia.
– ¿Tener sexo salvaje en la cima de una montaña?– Pone en duda.
–Tienes una visión demente de la diversión, Edward.
Él niega con la cabeza. –Bueno, chica. ¿Qué considera que es diversión? ¿Escalar montañas? ¿Hacer tu tarea? ¿Ver que Tanya se burla de ti en clase? Me enteré de eso, ya sabes.
Me pongo a un lado de la carretera, los neumáticos chirrían pobres con la parada. –Ser grosero... No hace q-q-que seas... –estoy a punto de ponerme al día con mis las palabras. Trago, a continuación, tomo una respiración profunda. Espero que el pánico y la frustración no se muestren cuando tropiezo con mis palabras. Sé cuando llega, pero yo no puede detenerlo –. ... duro.
–No tengo el objetivo de ser duro, Bella. Mira, los has vinculado todo mal. Mi objetivo es ser un idiota. –Él me parpadea una gran sonrisa, engreída.
Sacudo la cabeza en señal de frustración y dirijo el coche a la carretera. En casa, me parece que mi padre está jugando con Seth en el patio trasero.
– ¿Dónde habéis estado?– Mi padre pregunta.
–Bella me llevó a hacer senderismo–, dice Edward. –Verdad, ¿B.?
– ¿Un poco de práctica?– Mi padre me pregunta, a continuación, explica Edward, –Vamos a un viaje de camping en familia.
–Joder, yo no voy de excursión o campamento.
–Pero él juega al fútbol–. Inclino mi cabeza y una sonrisa. – ¿No me digas que te mueres por jugar con Seth?
–Casi se me olvida–, dice Edward, la sonrisa arrogante se ha ido.
–Oh, eso es genial–, dice mi padre, dándole palmaditas a Edward en la espalda. –Va a significar mucho para él. Seth, ¿estás listo para jugar al fútbol con Edward?
Todos miramos a mi hermano, apresurándose para marcar un gol. – ¡Impresionante! Edward, hoy te voy a vencer.
–No cuentes con ello, muchacho. –Edward patea la pelota y empieza a saltar arriba y abajo con las rodillas como un profesional del fútbol. No importa lo que dijo antes, definitivamente ha jugado mucho.
–Yo estaba practicando con mi padre, –le suelta Seth. –Estoy listo para ti.
Practicando o no, mi hermano pequeño no tiene ninguna oportunidad contra Edward, a menos que intencionalmente le permita ganar. No puedo esperar a ver el triunfo en la cara de mi hermano cuando desliza el balón pasando a Edward y marca un gol. Me siento en el patio y veo como calientan.
– ¿No tienes tarea que hacer o algo así?– me pregunta Edward.
Sacudo la cabeza.
Él es definitivamente está tratando de desafiarme en este juego de quién va a conseguir la mano superior. –Creo que veo algunas malezas que te has perdido a tu lado–, dice.
–Bella, ¡ven a jugar con nosotros!– Seth grita.
–Ella está ocupada, –dice Edward.
Seth me mira con la confusión. –Está sentada mirándonos. ¿Cómo puede estar ocupada?
Edward tiene el balón bajo el brazo ahora.
–Voy a ver. –le digo.
–Vamos, –dice Seth, luego corre hacia mí. Toma mi mano y tira de mí hasta que me levanto. –Juega con nosotros.
–Tal vez no sabe cómo jugar–, le dice Edward a mi hermano.
–Claro que sí. Dale la pelota.
Edward me la lanza en el aire. Regateo con mis rodillas, a continuación, rebota fuera de mi cabeza de nuevo a él. El chico mira asombrado. E impresionado. En un raro momento diva, me cepillo el polvo invisible de mis hombros.
–Sorpresa, sorpresa, Bella puede regatear, –dice Edward mientras se posiciona frente a la portería. –Has venido fardando. Vamos a ver si consigues pasarme.
Cuando tengo el balón, se lo paso a Seth. Me lo vuelve a pasar, entonces lo golpeo hacia la portería.
Muy bien, no estoy realmente sorprendida de que Edward lo intercepte casi sin esfuerzo. Pero ahora que se ha cepillado el polvo invisible de sus hombros como yo lo hecho, siento no haber pasado más allá de él. – ¿Quieres una segunda oportunidad?, –me pregunta.
–Tal vez otro día, –le digo. No estoy segura de si estoy hablando de el casi beso o del fútbol.
Las cejas de Edward se levantan, y creo que se da cuenta que mis palabras tienen doble sentido. –Voy a mirar con interés el desafío.
– ¡Mi turno! –grita Seth.
Edward se pone delante de la portería y se inclina, concentrándose por completo. –Tienes tres oportunidades, pero enfrenta el hecho, Seth. No eres lo suficientemente bueno.
Inmediatamente, la lengua de mi hermano sale disparada al lado de su boca. Es profundo su modo competitivo de concentración. Estoy segura de que cuando sea mayor le va a dar a Edward una carrera por su dinero.
Mi hermano pone la pelota abajo y tira cinco pasos hacia atrás, contando cada uno de ellos. Se arrodilla como si fuera un jugador de golf alineando su tiro. ¿Edward le va a dejar ganar? No he tenido ninguna señal o signo de que nuestro pequeño acuerdo sigua en pie, y parece decidido a detener la bola de mi hermano.
–Abandona ahora, cachorro. Nunca conseguirás pasarme, y entonces después me vas a llamar el todo-poderoso-máster-portero, el único, el mejor... ¡Edward Cullen!
Su burla hace que mi hermano esté aún más decidido, sus labios están apretados y aprieta las manos a los costados. Patea la pelota tan duro como un niño de seis años puede, incluso gruñendo cuando el pie se conecta con la pelota y vuela... en el aire.
Edward vuela en el aire para atraparla...
Y la pierde por una pulgada. Incluso mejor, Edward cae y gira sobre su espalda cuando se estrella contra el suelo.
Nunca he visto una expresión más triunfal en la cara de mi hermano. – ¡Lo he hecho!– Grita. – ¡Lo he hecho! ¡En el primer intento!– Corre hacia mí y me da un abrazo de cinco, a continuación, salta sobre la espalda de Edward. – ¡lo he hecho! ¡Lo hecho!
Edward se queja. – ¿Has oído hablar de un ganador del dolor?
–No– Seth se inclina al oído de Edward. – ¡Esto significa que puedes jugar GI Joe conmigo esta noche!
– ¿Podemos hacer una revancha?– Edward le pregunta. –Como dos de cada tres. ¿O tres de cinco?
–De ninguna manera, José.
–Mi nombre es Edward, no José–, dice Edward, pero Seth no está escuchando. Está corriendo dentro de la casa para decirles a mis padres que ha derrotado a Edward.
Edward sigue en el suelo cuando me arrodillo a su lado. – ¿Qué quieres?, –Pregunta.
–Darte las gracias.
– ¿Por qué?
–Por llevar a cabo tú parte del trato al permitir que Seth te ganara. Más o menos tienes éxito en ser un idiota la mayor parte del tiempo, pero tienes potencial.
– ¿Para qué?
Me encojo de hombros. –Para ser un ser humano decente.
Bueno pues aquí tenéis el siguiente capítulo. Espero que os haya gustado. Quiero daros las gracias a todos aquellos y aquellas que han comentado, que me han agregado a su lista de alertas y favoritos.
Nos vemos en el próximo capítulo.
Un beso desde Andalucía, España.
