Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia pertenece a Simone Elkeles, yo solo la adapto.
Bella
Estoy viendo desde la puerta a Edward y mi hermano jugar con los soldados de juguete. Edward creó una escena elaborada con una camiseta de Seth como si fueran túneles, sosteniéndola con una cuerda. Un lado está atado al cierre de la ventana y se extiende por toda la longitud de la habitación de Seth. El extremo opuesto se une al tirador de su armario.
Por su expresión relajada, apostaría que Edward se está divirtiendo casi tanto como mi hermano.
Mi madre me frota el hombro. – ¿Estás bien?– dice.
Asiento con la cabeza.
–Me preocupo por ti.
–Estoy bien. –Pienso en esta tarde, jugando en el patio con Seth y Edward. Admito que me he divertido, también. Le doy un abrazo enorme. –Más que bien.
–Parece que se divierten–, dice ella, asintiendo con la cabeza a la escena de guerra que está pasando en la habitación de Seth. – ¿Crees que Edward se está acostumbrando a la idea de vivir aquí?
–Tal vez.
–Los cinco minutos han pasado hace un rato–, oigo decir Edward.
Mi madre se precipita en la habitación y coge Seth, evitando lo que es seguro de ser un intento de táctica de negociación típica de Seth. –Hora de ir a la cama, Seth. Tienes escuela mañana. – Después de que se mete dentro, pregunta: – ¿Te has cepillado los dientes? , ¿No?
–Sí, –dice mi hermano, asintiendo con la cabeza. Me doy cuenta de que tiene la boca totalmente cerrada cuando asiente con la cabeza. Supongo que mi hermano no está diciendo la verdad exactamente.
–Buenas noches, Racer–, dice Edward mientras sigue a mi madre fuera de la habitación.
–Buenas noches, Guerrero. Bella, ya que Edward no me va a contar una historia, ¿me puedes cantar una canción? ¿O jugar al juego de las letras? Por favor, –Seth me pide.
– ¿Cuál?– Le pregunto.
–El juego de las letras. –Mi hermano se sienta de espaldas a mí y levanta la parte posterior de su camisa.
He estado jugando este juego con él desde que tenía tres años. Con mi dedo, trazo una letra en la espalda, y tiene que adivinar qué letra dibujo.
–A–, dice con orgullo.
Trazo otra.
– ¡H!
Y otra.
–D... no, ¡B! ¿Estoy en lo cierto?
–Sí, –le digo, entonces digo, –Bueno, uno más. Y entonces, a dormir. –Trazo otra letra.
– ¡Z!
–Sí, –Le beso en la frente y le arropo. –Te quiero–, le digo.
–Yo también te quiero. ¿Bella?
– ¿Sí?
–Dile a Edward que le quiero, también. Me he olvidado de decírselo.
–Lo haré. Ahora vete a dormir.
En el pasillo, Edward está apoyado en la pared. Mi madre ha desaparecido, probablemente para ver la televisión en la sala de estar con mi padre.
–He escuchado lo que ha dicho, por lo que no necesito que me lo digas–, dice Edward. Su chulería habitual se ha ido. Se ve vulnerable, como si escuchar a Seth decir te quiero haya roto una barrera emocional que ha estado sosteniendo. Está mostrando una visión del Edward real.
–Está bien. –Miro mis zapatos, porque, honestamente, no puedo mirarle a los ojos. Son fascinantes y muy intensos. –Gracias de nuevo por, ya sabes, jugar con mi hermano. A él realmente le gustas.
–Eso es porque en realidad no me conoce.
Bueno pues aquí tenéis el siguiente capítulo. Espero que os haya gustado. Quiero daros las gracias a todos aquellos y aquellas que han comentado, que me han agregado a su lista de alertas y favoritos.
Nos vemos en el próximo capítulo.
Un beso desde Andalucía, España.
