Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia pertenece a Simone Elkeles, yo solo la adapto.


Bella

–Ven esta noche, –Tanya le dice a Edward en su taquilla la mañana del viernes. –Mis padres todavía no están, así que puedes jugar en toda la casa el fin de semana.

Estoy de pie en mi taquilla y la oigo. Se supone que Edward va a ir conmigo a la sierra para ayudar en la noche de clase de pintura. ¿Me va a dejar de lado por ella?

–No puedo–, le dice Edward.

– ¿Por qué no?

–Tengo planes.

Camina hacia atrás, sorprendida. No creo que nadie la haya rechazado antes. –¿Con una chica?

–Sí.

– ¿Con quién?–, Dice, sus palabras son tan afiladas como un cuchillo.

Antes de que sepa lo que está pasando, Edward me tira para su lado. –Con Bella.

Si bien todavía estoy en shock, Tanya se burla de los dos. –Eso es una broma, ¿verdad?

–En realidad... –empiezo, lista para soltarlo, pero Edward me aprieta más y casi me corta la circulación en el brazo.

–Hemos estado saliendo en secreto desde la semana pasada. –Él me da una sonrisa y una mirada que dice que soy su una y única. Esa sonrisa puede engañar a Tanya, pero sé que está lleno de ello. – ¿No es así, B.?

Él me aprieta más fuerte. –Uh-huh, –rechino.

Tanya niega con la cabeza rápidamente, como si ella no pudiera creer lo que está escuchando. –Nadie en su sano juicio opta por Bella Swan en vez de a mí.

Ella tiene razón. Hemos fracasado.

– ¿Quieres apostar?– Mis ojos se abren como platos cuando Edward inclina la cabeza hacia mí. –Dame un beso, cariño.

¿Un beso? ¿En el pasillo delante de todos? Ni siquiera puedo hablar delante de Tanya, y mucho menos besar al chico que le interesa, frente a ella. –Yo-yo-yo n-n-no...

Trato de llegar a algo, pero mantengo la tartamudez. Como si Edward no se diera cuenta de que estoy luchando con mi discurso, pone sus dedos en mi mejilla, y luego traza un camino suave hacia mis labios. Es algo que haría un novio a una novia por la que está loco y... y... y Edward está lleno de mierda completa. Yo lo sé. Él lo sabe. Pero Tanya no lo sabe.

Puedo sentir su aliento caliente en mi cara, y oigo una palabra casi silenciosa de agradecimiento antes de que incline la cabeza y ponga sus labios en los míos. Cierro los ojos y trato de dejar fuera el resto de la escuela y sólo me centro en tratar de saborear el momento. Incluso si el beso es falso, no se siente falso. Se siente emocionante y dulce. Sé que debería apartarlo, pero no puedo.

Levanto y envuelvo mis brazos alrededor de su cuello. Al mismo tiempo, él tira de mí más cerca y sin previo aviso se burla de mi boca abierta con unas pocas caricias eróticas de su lengua. No sé donde aprendió a besar así, pero es difícil no gemir en su boca y sentir algo muy profundo en mi cuerpo despertar con nuestro toque de lenguas.
Cuando Edward se aleja y desenvuelvo los brazos de su cuello, suspira. –Se ha ido. –

– ¿Q-q-qué h-ha s-sido e-e-eso?– Le pregunto.

Mira a su alrededor para ver que la gente no se escucha. –Necesito que seas mi novia. Vaya, lo he dicho. –Cuando no hay respuesta, me coge el codo y me tira por el pasillo hasta llegar a la clase de ordenadores. Está vacía, a excepción de los treinta ordenadores en pequeñas y ordenadas filas.

El chico me confunde y no ayuda que mis labios aún hormigueen por su erótico beso. Me compongo y pienso en las palabras antes de decirlas. No voy a tartamudear. – ¿Qué hay de Tanya? Has tenido relaciones sexuales con ella en la cama de sus padres.

–No tuve relaciones sexuales con ella, Bella. Eso es un rumor que empezó ella, no yo. La conocí cinco días antes de ir a su estúpida fiesta de su estupidez. Dame un poco de crédito.

– ¿Por qué debería? Siempre estás hablando b-b-basura. –Le doy la espalda y comienzo a caminar fuera de la clase de ordenadores. Creo que estoy loca porque lo he visto y se ha sentido como un verdadero beso, cuando en realidad Edward me ha dado el beso como una estratagema para engañar a Tanya.

–Está bien, lo admito. Hablo basura. Pero no he tenido relaciones sexuales con ella, y la única razón por lo que está detrás de mí en primer lugar, es porque quiere poner a Jared celoso. Necesito quitármela de encima, así que, ¿fingirás que somos una pareja o qué? –Se mete las manos en los bolsillos. –Nombra tu precio.

– ¿Por qué yo?

–Porque eres demasiado inteligente para caer en mi mierda, y yo no quiero una novia real. Tuve una, y fue un completo desastre. Vamos, nombra tu precio.

No me preocupo por vestirse todos los días, pero sólo una vez me gustaría ir a un baile de la escuela con una cita real. Es mi último año en Forks, y no podré tener otra oportunidad.

–Ven al baile de bienvenida conmigo.

–Yo no bailo. –Sacude la cabeza. –El baile de bienvenida está fuera de la cuestión. Y ni siquiera pienses en hacerme ir al baile de graduación.

–Entonces olvídalo.

Me dirijo hacia la puerta, pero él me agarra el codo y me impulsa hacia él. –No conozco a nadie más aquí que me pueda ayudar.

–Baile de bienvenida o nada–, le digo, manteniéndome firme.

Edward rechina los dientes. –Muy bien. Baile de bienvenida. Pero tienes que usar un vestido... y tacones. Y no estoy hablando de esos de abuela.

–No tengo tacones.

–Entonces, ves a comprar algunos. –Él tiende la mano. – ¿De acuerdo?

Me tomo un segundo para pensar en ello, entonces pongo la mano en la suya y le doy una sacudida fuerte. –Hay trato.

Trato de ocultar mi emoción, pero no puedo solo agitarle. Abro los brazos y le doy un abrazo apretado. Creo que está sorprendido, pero no me importa. ¡Voy al baile de bienvenida! Y no con cualquier chico... con Edward, un chico que podría ser el novio falso más perfecto. Ahora bien, si tan sólo pudiera cortar la parte falsa...

Recojo a Edward en las instalaciones de REACH, a las cinco y lo llevo a Highlands. Todo el grupo está esperando por nosotros en su caballete, ansiosos por empezar a dibujar.

Llevo a Edward con Victoria Sutherland, una de las administradoras de los horarios de las clases. –Victoria, este es Edward–, le digo. –Me va a ayudar hoy.

Victoria levanta la vista de su escritorio. –Gracias, Edward. Me alegro de que estés aquí. Todo el mundo ha estado muy contento de contar con modelos en vivo. Uno de nuestros artistas residentes está aquí para supervisar y ayudar hoy. –La seguimos al área de recreación, donde un hombre con un jersey negro y pantalón negro a juego apretado está metiendo las pinturas de diferentes colores en frascos.

–Aquí están sus modelos, –Victoria le dice. –Bella y Edward, este es Sam Uley.

–He comprado trajes, –Le digo a Sam cuando saco una camisa roja a cuadros y cinturón de vaquero para Edward y un vestido de cuero para mí. Los he cogido del departamento de teatro en la escuela.

Edward le da una mirada al vestuario y da dos pasos hacia atrás. –Nunca se dijo nada sobre los trajes.

– ¿No lo hice?

–No.
–Lo siento –le digo. –Vamos a vestirnos con trajes.

Victoria apunta a un cuarto de un lado. –puedes vestirte en la sala de conferencias, si lo deseas. O esperar hasta que uno de los baños de los huéspedes esté dispuesto, aunque acabo de ver la Sra. Heller entrar y podría pasar algún tiempo hasta que salga.

Edward agarra la camisa y el cinturón, entonces entra en la sala de conferencias. Yo sigo parada con el vestido de cuero.

–¿Recuérdame por qué estuve de acuerdo en hacer esto?

–Porque querías hacer algo bueno para mí – le digo cuando nos encerramos en la habitación para que nadie accidentalmente entre.

–Así es. –Él saca su camisa sobre su cabeza, que revela un estómago duro como una roca, que cualquier hombre envidiaría y cualquier chica babearía por él. –La próxima vez que quiera hacer algo bueno, dame una bofetada. –Él me mira y un lado de su boca se eleva. – estaba bromeando.

–Me he dado cuenta. –Me pongo el vestido de encaje por encima de mi cabeza, contenta de tener la mesa como escondite al menos un poco. Cuando está en su lugar, paso mis manos a través de mi propia camisa y la tiro a un lado, a continuación, tiro de mi pantalón. Whoa. Este vestido es corto. Muy, muy corto. Miro mis piernas desnudas. Trato de tirar el vestido hacia abajo, pero el encaje es en capas de volantes y destaca como pétalos.

–Por favor no me digas que tengo que usar realmente este cinturón ridículo–, dice Edward desde el otro lado de la sala cuando asegura la hebilla de plata de gran tamaño en el cinturón.

–Imagina que eres un campeón de rodeo–, le digo.

–Más como un campeón de lucha por el tamaño de esta cosa. ¿Qué llevas puesto? Es mejor que estés tan ridícula como yo.

Miro a mi corto vestido de volantes con el chaleco tejano falso cosido en la parte delantera. –El mío es peor.

–Sal de detrás de la mesa y me lo enseñas.

–No.

–Vamos. Somos una pareja ahora, ¿no?

–Somos una pareja falsa, Edward.

Se sienta en el borde de la mesa de conferencias. –Bueno, yo estaba pensando... Me imagino que como sabemos que no va a ninguna parte, podríamos, ya sabes, pasar el rato.

– ¿Qué significa 'pasar el rato'?– Le pregunto.

–Ya sabes, pasar más tiempo juntos. Me haces reír, Bella, y ahora necesito un poco de diversión en mi vida. –Él se mueve en torno a mi lado de la mesa y mira a mi traje, a continuación, silba con aprecio. –Bonitas piernas. Deberías mostrarlas más a menudo.

Me encojo de hombros. –Voy a pensar en ello.

– ¿El qué, mostrar sus piernas con más frecuencia, o pasar tiempo conmigo?

–Las dos cosas. –Si bien la idea de estar con Edward es muy emocionante, tengo que proteger a mi corazón de que se rompa. Salir con Edward significa mantener un muro emocional hasta no involucrarme demasiado. No sé si mi pared es tan fuerte.

En la sala de recreo, le presento a Edward a Sasha, Maggie, el Sr. Clearwater, y los otros. Sasha le agarra la manga. –Él es un mirón.

–Ya lo sé. El problema es, que él lo sabe, también.

Maggie saluda a Edward. –Deja que te mire. –Ella pasa sus ojos de arriba abajo. – te he visto cuando has entrado. ¿Qué pasa con todos esos tatuajes? Hace que te veas como un gamberro.

–Sospecho que soy un gamberro–, le dice. –Con todo lo que significa.

–Esto significa que estás problemas–, dice Maggie, apuntando con su pincel hacia él. –Nada más que en problemas. Mi marido era un gamberro. Problemas donde quiera que fuera. Solía pasear con su moto como si fuera James Dean.

– ¿Qué pasó con él?– Edward le pregunta.

–El viejo excéntrico murió hace diez años en un accidente de coche. –Ella acaricia la mejilla de Edward. –Te ves un poco como él. Acércate más. –Cuando lo hace, ella cierra los ojos y se estira para tocar su cara, casi trazándola con los dedos. Edward está todavía, dejando que sus fantasías se remonten a una época más feliz y pretender por el momento que ella está tocando la cara de su marido en lugar de la de Edward. Maggie suspira, luego abre los ojos. –Gracias–, susurra con lágrimas en los ojos.

Edward asiente con la cabeza en la comprensión con el regalo que él sólo le dio. Estoy de pie aquí temiendo por él. En el exterior, Edward es un tirón duro que no permite que nadie se acerque a él. Pero cuando llego a vislumbrar algo de su calor oculto y la compasión, siento que mi pared interior comenzará a desmoronarse.

–Muy bien, vamos a empezar la clase–, dice Sam.

Sam ha creado un pequeño escenario en la parte delantera de la habitación. –Vosotros dos–, dice, señalándonos. –Quedaos aquí y posad.

Edward sube al escenario primero, a continuación, coge mi mano y me ayuda a subir. – ¿Y ahora qué?– Edward pregunta.

–Se supone que tenemos que posar, –susurro.

– ¿Cómo?–

Sam pone su mano en el escenario, recibiendo la atención. –Te diré cómo. Bella, agarra sus hombros. Edward, abrázala por la cintura.

Lo hacemos como lo instruye. – ¿Así?– Le pregunto, tratando de ignorar como siento las manos de Edward cogiéndome.

–Parece que tenéis miedo de acercaros el uno al otro–, dice Sam. –Estáis demasiado rígidos. Bella, inclínate hacia Edward con tu cuerpo. Sí, eso es todo. Ahora dobla una rodilla... Edward, asegúrate de que aguantas su peso o de lo contrario caerá... Bella, mira hacia él como si estuvieras enamorada, a la espera de que la promesa de un beso... y Edward, mira hacia ella como si Bella fuera la vaquera que has estado esperando toda tu vida. ¡Perfecto! –, Dice. –Ahora no os mováis durante la siguiente media hora. –Se vuelve a los residentes de La Sierra y habla de siluetas y de la forma humana... pero todo lo que puedo hacer es perderme en los ojos de Edward.

–Has sido genial con los residentes, –le digo. –Te agradezco que estés aquí.

–Y yo agradezco que lleves ese vestido.

Para la siguiente media hora ya que estoy tratando de no moverme, estoy mirando en los profundos ojos oscuros de Edward y él está buscando en los míos. A pesar de que mi cuerpo está empezando a sentir rigidez, me siento segura y feliz. No hay nada más que pueda hacer, excepto decir: –He tomado una decisión.

– ¿Sobre qué?

–Nosotros. Me gustaría que pasáramos tiempo juntos.

Él levanta una ceja. – ¿En serio?

–Sí.

–Si vamos a agitarnos.

–Mis manos están un poco ocupadas en este momento–, le digo.

Él sonríe, esa sonrisa arrogante que es tan parte de él, no sería Edward sin ella. –Tus manos pueden estar ocupadas, pero tus labios no.


Bueno pues aquí tenéis el siguiente capítulo. Espero que os haya gustado. Quiero daros las gracias a todos aquellos y aquellas que han comentado, que me han agregado a su lista de alertas y favoritos.

Nos vemos en el próximo capítulo.

Un beso desde Andalucía, España.