Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia pertenece a Simone Elkeles, yo solo la adapto.


Edward

Casi todas las mañanas, me despierto con la voz de Seth cantando una de sus canciones habituales, que se quedan atascadas en mi cabeza por la mañana –Es un gusto, buenos días para ti. Todos estamos en nuestros lugares con brillantes caras brillantes. ¡Y este es el camino, comenzamos un nuevo día! –Podría volver a alguien loco.

No, hoy no es el hermano pequeño de Bella el que me despierta. Es la voz de Embry gritando en el pasillo. – ¡la cucaracha, la cucaracha, ya no caminar, porque no tiene, porque le falta, no me sé el resto, la, la, la, la!

Y mientras que Seth no me molesta, Embry es la razón por lo que la vida me cabrea.

– ¿Nunca te callas?– Le grito, con la esperanza de que me pueda escuchar desde el pasillo.

–Oye, amigo, – dice Embry, abriendo la puerta. – ¡Levántate y brilla!

Levanto la cabeza. -¿No cierro la puerta para que personas como tú se mantengan fuera?

Tiene un clip doblado y lo mueve. –Sí. Por suerte para mí sé cómo usar el abridor mágico de puertas.

–Sal.
–Necesito tu ayuda, amigo.

–No. Sal.

– ¿Me odias tanto por qué a Bella le gusto más que tú?

–No por mucho tiempo. ¡Joder, lárgate ahora! –le digo. El tío no se mueve.

–Bueno, en serio, no sé si es cierto o no, pero he escuchado que las personas que usan malas palabras están tratando de compensar su falta de, ya sabes, tamaño.

Aparto la sábana y salto de la cama y lo persigo por el pasillo, pero se ha ido.

La puerta de Bella está sospechosamente abierta. – ¿Dónde está?– Le pregunto.

–Um...–dice ella.

Escaneo su cuarto, a continuación, abro la puerta de su armario. Efectivamente, Embry está de pie en su interior. –Sólo estaba bromeando. ¿No puedes aceptar una broma, hombre? –, dice.

–No a las siete de la mañana.

Se ríe. –Ponte un poco de ropa para no asustar a la pobre Bella con tu erección de la mañana.

Miro hacia abajo a mis pantalones cortos. Efectivamente, la tengo dura delante de Bella y Embry. Mierda. Extiendo la mano para coger lo primero que sea y lo pongo delante de mí para protegerme de la vista. Resulta ser uno de los animales de peluche de Bella, pero no tengo muchas opciones ahora.

–Ese es el Mojo de Bella, –Embry dice, riendo. – ¿Lo pillas? ¿Mojo?

Sin decir una palabra, me apresuro a mi habitación y tiro a Mojo en el suelo. Sabiendo que Bella, probablemente me hará comprarle un nuevo animal de peluche.

Me siento en mi cama, preguntándome cómo voy a estar más cerca de Bella con Embry a la vista, y preguntándome por qué aún quiero. Me gustan sus besos, eso es todo.

Un golpe en mi puerta interrumpe mis pensamientos.

– ¿Qué quieres?– Digo, las palabras salen como un gruñido.

–Soy Bella.

–... y Embry, –se escucha otra voz.

Abro la puerta. –Te quiere pedir disculpas–, dice Bella.

–Lo siento mucho, abrí la puerta sin permiso–, dice Embry como si fuera un niño enviado a pedir disculpas por su madre. –Prometo no hacerlo nunca más. Por favor, perdóname.

–Bien. –Empiezo a cerrar la puerta, pero Bella pone su mano sobre ella.

–Espera. Embry y yo realmente necesitamos tu ayuda, Edward.

– ¿Con qué?

–Con mi equipo Ultimate, solamente cuenta con seis jugadores y tenemos que ser siete. Tenemos tres personas con gripe, y dos más que se lesionaron en los cuartos de final y no pueden jugar. Bella piensa que eres medianamente decente.

¿Medianamente decente? – ¿Por qué no juegas?– Le pido a Bella. –Tú eres atleta.

–No es un equipo mixto–, me dice. –Es un equipo de hombres.

Embry tiene sus manos juntas en posición de rezar, y yo sólo puedo detectar la mentira a punto de volar. –Por favor, amigo. Te necesitamos, Kimosabe, oh todo Poderoso. Te necesito más que la tierra salga por el oeste.

–El sol sale por el este pendejo.

–Sólo si estás de pie sobre la tierra. Si estás en la luna, la tierra se sale por el oeste. –Toma una respiración profunda. –Muy bien, he terminado de aspirar. ¿Estás dentro o fuera? El juego comienza en menos de media hora y tengo que saber si tenemos que renunciar o no. Desafortunadamente, es probable que seas nuestra única esperanza.

Miro a Bella.

–Embry realmente necesita tu ayuda–, dice. –Iré a veros.

–Bien, lo haré. Lo haré por ti –, le digo.

–Espera, ¿qué... de que está hablando de que lo haga por ti? –Embry me mira y después a Bella, pero ninguno de los dos dice una palabra. – ¿Alguien me va a decir lo que está pasando aquí?

–No. Dadme cinco minutos–, les digo.

De camino al partido, Bella insiste en llamar a mi hermano y pedirle que venga al juego. –Llámalo–, ella dice. –O lo haré yo.

–Tal vez no lo quiero allí.

Saca su móvil. –Tal vez lo quieres allí, pero eres tan terco que no lo admites. Te desafío.

Ahora, ¿por qué tenía que ir y hacer eso?

Agarro el teléfono de su mano y llamo a mi hermano. Le digo sobre el partido, y sin dudarlo, dice que va a estar ahí.

Después de colgar y tirar el móvil de nuevo a Bella, Embry repasa las reglas conmigo. Me concentro en las más importantes: una vez que coja el disco volador tengo que parar y tirárselo a otro compañero de equipo en diez segundos.

–Este no es un deporte de contacto, Edward, –Embry me recuerda, como, por décima vez. –Así que si tienes ganas de golpear, empujar, o peleando con alguien, asegúrate de que sea después del partido.

En el campo, Embry me presenta a nuestro equipo. Un pensamiento sigue corriendo por mi cabeza: si ayudo al equipo de Embry a ganar, ¿Bella pensará que soy un héroe?

Estoy practicando con los chicos minutos antes del partido. A pesar de que no he lanzado un disco en unos pocos años, no tengo ningún problema en hacerlo navegar por el aire a mi compañero de equipo.
Uno de los chicos de mi equipo corre pasándome, me guiña el ojo, luego me golpea en el culo.

¿Qué demonios ha sido eso, una especie de ritual de Ultimate? Yo no hago rituales que impliquen las manos de otros chicos en mi culo.
Me acerco a Embry, que está haciendo estiramientos en el banquillo. –Estoy delirando, ¿o ese tipo me ha golpeado?

–Su nombre es Brady. No me preguntes por qué, pero piensa que eres caliente. No lo halagues.

–No te preocupes.

–Aquí– Embry coge a su bolsa de lana y me lanza una camisa. –Es nuestro uniforme del equipo.

La sostengo delante de mí. –Es de color rosa.

– ¿Tienes algo en contra del rosa?

-Sí. Es gay.

Embry se golpea los labios. –Um, sí. Edward, probablemente ahora es un buen momento para que te diga algo. Es probable que no te guste.

Mientras Embry habla, hago un inventario final de mis compañeros de equipo. Collin, es un tipo que parece muy femenino. El tipo que me ha pegado en el culo se está mordiendo el labio inferior como si quisiera tener algo conmigo. Y las camisas son de color rosa... –Este es un equipo de chicos gays, ¿no?

– ¿Qué te ha dado la pista? ¿Las camisas de color rosa, o que la mitad de nuestro equipo está babeando por ti?

Pongo la camisa de nuevo en sus manos. –No voy a hacer esto.

–Cálmate, Edward. Jugar en un equipo con gays no te hace gay. No seas un homófobo. Eso es tan poco PC.

–Pregúntame si alguna vez he dado una mierda de ordenador sobre ser PC?

–Piensa en todos los fans que defraudarás. Bella... y tu hermano.

No sé si mi hermano se está riendo o llorando: todo lo que sé es que está con el pulgar hacia arriba en las gradas. Rosalie ha aparecido de repente, también. Bella y Rosalie tienen las cabezas muy juntas, en una profunda conversación.

Sé que no debo preguntar esto, pero no puedo evitarlo. – ¿Cuál es el nombre de nuestro equipo?

–Ultimate Queers1–, dice Embry, entonces empieza a reírse.

Yo, en cambio, no me rio.

– ¿Qué, no te gusta el nombre de nuestro equipo? Tú eres uno de los nuestros, Edward.

Todavía no me estoy riendo.

Atrapa un lanzamiento de práctica de uno de los otros chicos, luego lo lanza hacia atrás. –Ah, y para que lo sepas, antes de salir al campo todos nos amontonamos y gritamos muy fuerte '¡Vamos Queers!'

Eso es todo. –Lo dejo.

Empiezo a caminar fuera de la cancha. Si alguien de vuelta a casa me viera, mi culo sería expulsado de Atencingo a Acapulco y viceversa.
–Sólo estoy bromeando, hombre, –Embry dice detrás de mí.

Me detengo.

–Y nuestro nombre no es Ultimate Queers. –Pone las manos en alto en señal de rendición. –Bueno, la verdad está bien, es que no gritamos Vamos Queers, aunque aquel de allí con el pelo de punta, Peter, lo sugirió en el inicio de la temporada. Nuestro nombre es The Ultimates. No pudimos pensar un nombre bueno, entonces Brady
llegó con The Ultimates y ese es el que hemos usado desde entonces. ¿Feliz ahora?

Sacudo la cabeza y cojo la camisa de nuevo. – Me debes una por esto–, le digo mientras saco mi camiseta por encima de mi cabeza y la cambio por la rosa.

–Ya lo sé. Nombra tu precio, amigo.

–Lo haré. Más tarde. –Miro a Bella en las gradas. – ¿Bella ha tenido novio?

Se toca la barbilla con el dedo índice. – ¿Te ha hablado sobre Mike?

– ¿Quién es Mike?– Le pregunto.

–El tipo con el que Bella salió durante el verano.

Ella nunca mencionó el tipo. – ¿Cómo de serio fue?

Embry sonríe ampliamente. –Vaya, vaya, ¿no es curioso?

–Responde a la pregunta.

–Él le dijo que la amaba, entonces la dejó con un mensaje.

– ¡Qué idiota!

–Exactamente–. Embry señala al otro lado del campo donde el equipo contrario está practicando. –Es el tipo alto que está cogiendo la botella de agua más allí, con el apellido Newton en su camisa.

– ¿Ese tío con el pañuelo verde?

–Sí, ese es, –dice Embry. –Mike Newton, el dejador por mensaje.

– ¿Es calvo?

–No, Newton se protege su precioso pelo para que no se ensucie cuando juega. –Embry pone su mano sobre mi pecho para llamar mi atención. –Pero recuerda lo que te dije en el coche de camino hacia aquí cuando te expliqué las reglas. Este es un deporte sin contacto, Edward. Nos penalizan por rudeza innecesaria.

–Uh-huh. –En la zona de la portería contraria veo al ex de Bella como lanza su botella de agua hacia la línea de banda después de tomar un trago y no le importa un comino que casi golpea a uno de los perros de un espectador. Odio a ese tipo y nunca lo he conocido.

Cuando comienza el juego, Collin tira su brazo hacia atrás y lanza el disco a través del campo de nuestros adversarios. El juego va bien hasta que uno de los chicos del otro equipo murmura un comentario marica cuando intercepto su tiro. La sangre en mis venas se incendia de la misma forma en que lo hace cuando me llaman un sucio mexicano.

Soy competitivo, duro, y estoy listo para patear algún culo Ultimate.
Me pregunto si ahora es un buen momento para dejar que Embry sepa que debe esperar alguna necesaria rugosidad que viene de un muy encendido Mexicano.


1 Algo como maricones extremos.

Bueno pues aquí tenéis el siguiente capítulo. Espero que os haya gustado. Quiero daros las gracias a todos aquellos y aquellas que han comentado,

que me han agregado a su lista de alertas y favoritos.

Nos vemos en el próximo capítulo.

Un beso desde Andalucía, España.