Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia pertenece a Simone Elkeles, yo solo la adapto.
Edward
–Edward, ¿puedes echarme una mano con el coche de mi esposa?– Swan me pregunta más adelante por la tarde.
Estoy tomando una taza de té especial de la Sra. S. en el patio. –Claro –le digo. – ¿Cuál es el problema?
– ¿Puedes ayudarme a cambiar el aceite? También quiero asegurarme de que el silenciador está conectado correctamente. Esme me dijo que ha estado haciendo un ruido sordo.
Pronto estoy ayudando al profesor a levantar el coche y poniendo los ladrillos que se estaban escondidos en el garaje. Los dos estamos bajo el cuerpo mientras el aceite cae en un pequeño cubo.
– ¿Te divertiste en el partido de esta mañana?–, me pregunta el profesor.
–Sí, excepto que no sabía que iba a jugar para un equipo gay.
–¿Eso importa?
Sí en primer lugar, Pero al final todos éramos sólo un grupo de chicos en un equipo. –No. ¿Sabías que Embry es gay?
–Lo dejó claro cuando se vino a vivir con nosotros hace unos años. Sus padres estaban en medio de un divorcio complicado y necesitaba un lugar para quedarse.
Él deja su linterna y me mira. –Un poco como tú, que necesitas un lugar para quedarte.
–Hablando de eso: podrías arrepentirte de tu decisión después de que te diga que Bella y yo hemos estado saliendo mucho.
–Eso es bueno. ¿Por qué me haría lamentarme permitirte estar aquí?
Me gustaría que no nos encontráramos debajo de un coche mientras digo esto. – ¿Y si te digo que le di un beso?
–Oh–, dice. –Ya veo.
Me pregunto si tiene la necesidad de atarme bajo el coche y dejarlo caer sobre mí para que mis tripas salpiquen por todo el camino de la entrada. O hacerme beber el aceite sucio del coche hasta
que me comprometa a mantener mis patas mexicanas lejos de su hija.
–Probablemente vas a enterarte tarde o temprano de alguien más–, le digo.
–Aprecio tu honestidad, Edward. Eso muestra tu integridad, y estoy orgulloso de ti. Probablemente no fue fácil que me lo dijeras.
–Entonces, ¿me estás echando de tu casa, o qué?– Necesito saber si voy a estar en la calle esta noche.
Swan niega con la cabeza. –No, no te estoy echando. Ambos tienen edad suficiente para ser responsables. Yo fui adolescente una vez, también, y no soy tan ingenuo como para pensar en que los chicos de hoy son diferentes de lo que yo era. Pero es mejor que no le dañes un pelo o la fuerces a hacer algo que no quiere hacer, o de lo contrario no sólo te echaré de mi casa, sino que te arrancaré miembro por miembro. ¿Entendido?
–Lo pillo.
–Bien. Ahora, coge esta linterna y comprueba el radiador para ver si tengo que limpiarlo.
Cojo la linterna de él, pero antes de salir de debajo del coche le digo: –Gracias.
– ¿Por qué?
–Porque no me estás tratando como un pandillero.
Él sonríe. –No hay de qué.
Después de ayudar a Swan con el coche, llamo a mamá y Jasper. Les hablo del partido de Ultimate, de Bella, de los Swan, y todas las demás mierdas. Se siente bien hablar con mi familia. Cuando les digo que no he abandonado la escuela siento como si tuviera una sección de la familia animándome. No me he sentido así en mucho tiempo. Es evidente que dejo de lado la parte de Vulturi, porque no hay manera de que ponga a mi madre en tensión por saber ese detalle.
Después de la llamada, entro en la cocina, pero no hay señal alguna de Swan. –Estamos en el estudio, –la señora S. me grita. –Ven y únete a nosotros.
Toda la familia Swan está sentada delante de la televisión en la pequeña habitación de madera a un lado de la casa. El profesor y su esposa están en sillas separadas, y Bella y Seth están compartiendo el sofá. Hay bandejas de lasaña frente a ellos en la mesa de café.
–Toma un plato de lasaña, y siéntate–, Swan me instruye.
– ¡Es la noche de diversión familiar!– Seth grita cuando salta arriba y abajo en el sofá.
– ¿Noche de Diversión Familiar?– pregunto. – ¿Qué es eso?
La Sra. S. toma un plato y me lo pasa. –Es el día donde se elije una actividad y la hacemos juntos, como una familia. Es una cosa que hacemos una vez al mes.
–Estáis bromeando, ¿verdad?– Miro a mi alrededor a todos ellos y me doy cuenta de que no están bromeando. Realmente tienen noche de diversión familiar, y lo hacen porque realmente quieren compartir un rato juntos la noche del sábado.
Cuando miro a Bella, creo que no sería tan malo pasar la noche solo en el frío frente al televisor. Sostengo mi plato con la comida y voy al sofá.
–Hazte a un lado, cachorro.
Seth se escabulle de entre Bella y yo.
Después de finalizar la cena, ayudo a llevar los platos sucios a la cocina, mientras que Bella hace las palomitas.
–No tienes que hacer todas estas cosas de familia con nosotros si no quieres–, me dice Bella.
Me encojo de hombros. –De todos modos, no quería salir. –Tiro una palomita al aire y la capturo con mi boca.
Camino de vuelta a la sala de estar con mi mente más en Bella que en cualquier otra cosa. Incluso cuando la película de dibujos animados que Seth ha escogido comienza, la miro a escondidas.
–Seth, hora de dormir–, dice la Sra. S. después de que la película ha terminado.
–Quiero quedarme levantado, –se queja, entonces agarra del brazo de Bella.
–De ninguna manera. Vas a ir a la cama demasiado tarde –, dice la señora Swan. –Ahora dale a tu hermana y a Edward un abrazo y ven conmigo.
Seth se para en el sofá y se tira a sí mismo a los brazos de Bella. Ella lo abraza apretadamente y le besa en la mejilla. –Te quiero más de lo que tú me quieres a mí–, le dice.
–No es posible–, le dice ella.
Se mueve fuera de sus brazos y salta en el sofá a mi lado. Él abre los brazos y los envuelve alrededor de mi cuello. –Te quiero, amigo.
– ¿Estás hablando español, cachorro?
–Sí. Lo aprendí en la clase esta semana. Amigo es amigo.
Le doy una palmadita en la espalda. –Tú eres mi pequeño aspirante mexicano, ¿no?
– ¿Qué es un aspirante?
–Te lo explicaré mañana. Hora de ir a la cama, Seth, –dice la Sra. S. –Ahora. No pierdas más tiempo.
–Vosotros chicos, escoged la próxima película, –dice Swan, lanzándonos el mando a distancia. –Yo voy a hacer más palomitas. Seth, subiré a darte las buenas noches después de que te pongas el pijama y te laves los dientes.
La Sra. S. lleva arriba a Seth y el profesor se va con los platos vacíos de palomitas. Estoy a solas con Bella. Por fin.
Me siento con un brazo sobre el respaldo del sofá y el otro apoyado en mi rodilla. Soy muy consciente de esta chica a mi lado. Se levanta y se acerca a un armario llena de filas de las películas, obviamente, la colección personal de los Swan. Nunca he estado en una casa con una colección completa de películas antes.
–No puede ser normal contigo–, le digo.
Ella se vuelve hacia mí, confundida. – ¿De qué estás hablando?
–Esta mañana frente a Mike me pediste que fuera normal. –Tomo una respiración profunda y le digo lo que debería haberle dicho después del partido. En lugar de dejar que ella me ignorara cuando por fin llegué a casa, debería decirle la verdad. –No puedo. Cuando Embry me dijo que habías salido con Mike, todas estas visiones de ti con otro tipo me volvieron loco. No te quiero con otro tío.
–No quiero estar con otro chico. Quiero estar contigo. Ahora escoge una película antes de que diga algo que no quieras oír. –Agita una mano. –Elige una.
–Cualquiera que quieras ver está bien, –le digo, dejando a un lado el comentario sobre que ella no me dice lo que no quiere oír. Ya he oído bastante.
Ella quiere estar conmigo. Quiero estar con ella. ¿Por qué complicarlo diciendo algo más?
Saca West Side Story y me río. – ¿Te gusta esa película?
–Sí. Me gusta el baile. Y el canto.
Me pregunto si se puede mover tan bien como arreglando los coches. O si piensa que una pareja interracial está condenada porque son demasiado diferentes. – ¿Bailas?
–Un poco. ¿Tú? Quiero decir, además de, eh, el tango horizontal.
Bella me sorprende a veces. Siempre me sorprende cuando deja entrever su actitud picante. –Sí. De regreso en México mis amigos y yo íbamos a clubes cada fin de semana. Bailábamos, quedábamos con chicas, bebíamos, nos drogábamos... cosas divertidas. Ahora estoy aquí, teniendo una noche de diversión familiar con los Swan. Los tiempos definitivamente han cambiado.
–No deberías tomar drogas.
– ¿No haces cosas que no deberías hacer? Vamos, Bella, déjalo. No hay manera de que seas tan inocente como todo el mundo piensa que eres. Eres igual que el resto de nosotros los pecadores. Así que no fumas, bebes o consumes drogas. Pero tienes otros vicios. Todo el mundo lo hace. –Cuando ella no responde, sigo. –Dime algo que haces que me choque.
Ella se sienta en el sofá. – ¿Que te choque?
–Sí. Que me choque hasta la médula.
Ella se sienta en sus rodillas y se inclina hacia mí. –He pensado en ti, Edward, –susurra en mi oído. –Por la noche, en la cama. Pienso en tus besos, nuestras lenguas deslizándose una contra la otra, mientras que tus manos se entierran en mi pelo. Cuando pienso en la sensación de tus rizos de tu pecho desnudo me toco...
– ¡Aquí hay más de palomitas de maíz!– Swan dice, irrumpiendo en la habitación con dos grandes copas llenas hasta el borde de palomitas recién hechas. –Bella, ¿qué estás haciendo?
La escena se tiene que ver muy subida de tono. Bella se inclina sobre mí a cuatro patas. Su cara está a pocos centímetros de la mía.
Trago. Lo que ella estaba a punto de decir se forma como imagen en mi mente y es casi insoportable. Miro fijamente a Bella a los ojos para ver si ella está tonteando conmigo o no, pero no lo puedo decir. Ella tiene fuego en sus ojos, pero no estoy seguro si es de la pasión o de su entusiasmo por tratar de superarme con mi propio Modus operandi1.
Me quedo en silencio y dejo que éste lo tome Bella.
Ella se inclina hacia atrás sobre sus talones. –Um... yo... um... nada realmente.
Swan me mira para una explicación.
–Confía en mí, no lo quieras saber–, le digo.
– ¿Saber qué?– La señora S. pregunta, entrando en la habitación.
El profesor me entrega el tazón de palomitas cuando la Sra. S. se coloca de nuevo en su silla. Empiezo a masticar, así no tengo que hablar.
–No puedo obtener una respuesta directa de cualquiera de estos adolescentes–, dice Swan.
Bella se mueve al otro lado del sofá. –Mamá, papá, ¿qué haríais si vinierais aquí y nos encontrarais besándonos?
1 forma de actuar.
Bueno pues aquí tenéis el siguiente capítulo. Espero que os haya gustado. Quiero daros las gracias a todos aquellos y aquellas que han comentado, que me han agregado a su lista de alertas y favoritos.
Nos vemos en el próximo capítulo.
Un beso desde Andalucía, España.
