DISCLAIMER: Todos los personajes de BLEACH pertenecen a Tito Kubo sama, yo solo le pido prestado algunos para hacer cosillas interesantes jujuju...
El diario
by Hana Hime
Bebé
Era ya medianoche en la ciudad de Karakura e Ichigo finalmente podía tener un momento para leer. Había logrado sustraer el librito con una facilidad pasmosa, lo difícil había sido: engañar a Kon para que abandonara su cuerpo una vez que había vuelto a casa con el librito, tratar de no parecer ansioso cuando Yuzu y su padre empezaron a relatarle con lujo de detalles las asombrosas cosas que habían visto en la feria, disimular ante Karin las ganas de correr a su cuarto y, finalmente, no tumbar la puerta al librarse por fin de todos.
Pero por fin estaba solo, en su cuarto, en su cama y, lo más importante, con el librito en sus manos. No se había atrevido a abrirlo ni a echarle siquiera una mirada cuando volvía a su casa del museo porque quería preservar el suspenso, mismo suspenso que lo estaba matando. Con cuidado abrió la tapa y analíticamente le echó un vistazo a las primeras hojas. Sabía que estaba siendo masoquista al no mandarse de una a la lectura del librito en sí, ¡pero es que era tan pequeño! Sentía que si no disfrutaba cada pequeña cosa, terminaría con una ansiedad aún mayor e inacabable de saber más de ella. Recorrió el lomo, la simple portada y el reverso, acariciando el frágil material del que estaba hecho y que imaginó podría desintegrarse de un solo suspiro. Habiéndole dado al menos seis vueltas al diario entre sus manos, se convenció a sí mismo que sería de necios no abrirlo de una buena vez.
La primera página empezaba con una frase fechada el 14 de enero de 1863.
Nació.
La sola frase bastó para que el shinigami sustituto se encontrara medianamente mareado. No confundido, para nada, sino más bien con nauseas… creyó tener en sus manos el diario de la enana, pero esa fecha solo podía significar que ese diario era de…
Es mi intención comenzar esta especie de diario para registrar el resto de los días de mi vida ahora que ya no estoy sola. Es una beba, lo sé… pero Rukia es ahora lo más preciado de mi vida, mi pequeña y única hermana, mi primer amor. Sólo ella.
No hay palabras adecuadas para describirla, lo juro. Rukia es la beba más bonita que he visto en mi vida. Nació con dos kilos y cien gramos, casi nada! Es una cosita pequeña, con finísimos y lacios pelitos negros como tinta, y con unos ojos enormes como de servatillo! Y de color violeta! Bueno… digo violeta, pero deben de ser azules, sólo que todavía no se definen bien…
Ichigo Kurosaki no era un chico muy religioso, pero le rezó a Dios en todas las lenguas que conocía para que Byakuya Kuchiki jamás se enterara de esto. El tomó el librito con total convencimiento de que era de la enana, y todo lo que era de la enana (incluyendo a la enana misma) era suyo. Pero se había equivocado catastróficamente. Es decir, una cosa era inmiscuirse en la intimidad de Rukia (cosa a la que ya se había malditamente acostumbrado), pero otra cosa muy distinta era entrometerse en la de Hisana, y más cuando su marido, la actual cabeza de clan Kuchiki, se había empeñado tanto en preservarla. Se sentía como un hereje espiando en los escritos de la difunda y amada esposa del Capitán del Sexto Escuadrón del Gotei 13. Es más, se sentía como si fuera a ser ejecutado (literalmente) siquiera por ponerle las manos encima.
Se abrieron frente a él dos caminos. Uno era el del bien, el de la rectitud, el que comprendía el devolver el diario sin leer una sola palabra más, ya fuera al Museo o, a quién él pensaba que debía tenerlo en realidad, o sea, Byakuya. Después estaba el otro camino, el del mal, el del fisgón, el del egoísta, que consistía en seguir leyendo hasta el cansancio los párrafos llenos de líneas sobre Rukia y después, quizás, devolvérselo a su dueño. Total, nunca notaría la diferencia.
Ni siquiera tuvo que pensarlo, la verdad. Hasta ese día Kurosaki Ichigo, de profesión shinigami sustituto, había vivido casi en su totalidad, bajo las enseñanzas del código de honor samurai. Pero hoy rompería todas y cada una de esas reglas, todas y cada una de esas disciplinas por una sola persona. Por ella. Porque se dio cuenta de que Rukia había sido, era y sería una excepción para todo. Todos los absolutos se volvían relativos y todos los relativos absolutos, todas las negaciones se transformaban en SI y todas las afirmaciones se convertían en NO por ella.
Kurosaki Ichigo JAMÁS sería encontrado husmeando en la vida ajena.
Kurosaki Ichigo SIEMPRE ponía su honor y el de sus amigos por sobre todo.
Kurosaki Ichigo NO era egoísta.
Mentiras y patrañas. Sólo palabras sin sentido ahora.
El joven había elegido el camino del mal y, como no era de las personas que repiensan una decisión después de tomada, continuó agravando las consecuencias de su elección, o sea, leyendo.
Oka-sama está un poco cansada y entre todas las sirvientas de la casa la están atendiendo, definitivamente estará bien. No deja de pedir que le coloquen a Rukia entre sus brazos y de maravillarse una y otra vez por el color de sus ojos. Mis ojos son de un color azul oscuro, casi negro, tan distintivos de la familia Tsukishiro, pero me ha dicho Otou-sama que los ojos de la bebé son iguales a los de una tatara-tatarabuela, como diría mi adorado e inteligente anata "un pequeño salto en las características generacionales"
Tsukishiro. Recién acababa de caer Ichigo en el hecho de que Kuchiki era el apellido de Byakuya, aquel que había adquirido Rukia luego de ser adoptada por el clan. Nunca, hasta ahora, se le había ocurrido preguntarle su verdadero apellido a la enana. Y ella tampoco se había molestado jamás en decirle algo sobre eso. ¿Sería que había descartado su pasado por completo? Ichigo pensó en eso un instante antes de recordar dos cosas importantes. La primera, la shinigami alguna vez le había comentado algo acerca de que muy pocas de las familias de la Soul Society estaban formadas por parientes sanguíneos reales sino que eran, generalmente, un conjunto de almas o shinigamis que elegía unirse, y que los nacimientos sólo se daban raramente dentro de los clanes nobles. Y la segunda, era el hecho de que Rukia había crecido como huérfana en Inuzuri luego de ser abandonada por su hermana siendo un bebé. Era imposible que recordara su apellido humano, y recordando a los hermanos que quisieron llevarse una vez a Rukia (ver "Fade to Black, I call your name"), hasta era posible que nunca se hubiera figurado tener un apellido estando en el Rukongai.
Un rayo literalmente atravesó la mente del shinigamis sustituto haciendo que soltara el libro. Un bebé. Rukia había llegado al Rukongai siendo un bebé, eso significaba que ella había…ella había...
¡Ni siquiera podía continuar la línea de pensamiento! Se miró las manos y descubrió que temblaban incontrolablemente. Rukia había muerto siendo solo un bebé. En el diario estaban narrados y contados los días de su corta existencia humana.
