Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia pertenece a Simone Elkeles, yo solo la adapto.
Edward
He tenido cerca de dos horas de sueño esta noche. Cuando el sol me despierta, me lamento y me doy la vuelta para tratar de dormir más. Es difícil hacerlo cuando toda la habitación está pintada del mismo color que el maldito sol. La próxima vez que esté en la tienda de hardware, necesito obtener un poco de pintura negra para oscurecer este lugar para que coincida con mi estado de ánimo.
Me acuesto sobre mi lado y mantengo la almohada sobre mis ojos. La siguiente vez que los abro, son las diez.
Llamo a mi madre, solo porque necesito escuchar su voz otra vez. Dice que está intentando de conseguir billetes para hacernos una visita, y detecto un entusiasmo que no había oído en ella en años. Me acuerdo de que le dije a la señora S. que la ayudaría en la tienda hoy. Voy a enviar a mi madre el dinero extra que gane para que pueda añadirlo a los fondos para el viaje.
Después de ducharme, llamo a la puerta del dormitorio de Bella. No está aquí, así que me dirijo a la planta de abajo.
– ¿Dónde está Bella?– Le pregunto a Seth, que está jugando a un juego de ordenador en la oficina del profesor.
Está ignorándome o no me oye.
– ¡Eh, Racer!– Le grito.
– ¿Qué?– dice Seth que sin darse la vuelta.
Estoy a su lado y echo un vistazo al juego del que es adicto. En la pantalla hay un montón de personajes de dibujos animados caminando en un parque. En la esquina de la pantalla pone: Artículos: cocaína, 3 gramos; marihuana, 7 gramos.
– ¿Qué clase de juego es este?– Le pregunto al niño.
–Un de juego de tráfico.
El chico es un jodido traficante de drogas cibernéticas. –Apágalo–, le digo.
– ¿Por qué?
–Porque es estúpido.
– ¿Cómo lo sabes?– Seth me mira con ojos inocentes. –Nunca has jugado–.
–Sí, lo he hecho. –El juego de la vida real. Y eso es sólo porque tenía que hacerlo para sobrevivir. Pero Seth tiene opciones en la vida, y no necesita traficar con drogas para sobrevivir. Ni jugar a un juego que lo simula cuando está en el jardín de infancia. –Apágalo, Seth, o lo haré yo. No estoy bromeando.
Levanta la barbilla en el aire y sigue jugando. –No.
– ¿Cuál es el problema?– dice Swan, entrando en la habitación.
–Edward me ha dicho que tengo que apagar el juego. Papá, tú me has dicho que puede estar en tu ordenador y jugar a un juego de negociación. Todos mis amigos juegan.
Señalo a Seth. –Tu hijo y sus amigos son ciber-traficantes de drogas–, le digo a su padre.
Swan abre los ojos ampliamente y se lanza a la pantalla. – ¿Vendedores de drogas? Seth, ¿a qué estás jugando?
Salgo de la habitación cuando Swan le dice Seth que las drogas ilegales no son productos. Luego murmura algo acerca del control de los padres y la forma en que no se les puede sustituir y que debería haberlo supervisado de más cerca.
Deambulo fuera y encuentro a Bella trabajando en su coche, con las piernas y los pies sobresaliendo por la puerta del lado del conductor. Estoy viendo cómo trabaja al revés, con la cabeza debajo del tablero, y un destornillador en la mano.
– ¿Necesitas ayuda?– Le pregunto.
–No, –dice ella sin levantar la vista.
– ¿Puedo echarle un vistazo a la puerta? Tal vez pueda arreglarla.
–Está bien.
–No, no lo está. Está destrozada. No puedes ir así con ella para siempre.
–Mírame.
Me apoyo contra el lateral del coche. Y espero. Y espero. Si no sale en unos minutos me sentiré tentado a arrastrar su culo fuera.
Swan sale de la casa. –Bella, ¿a qué hora vais a ir Edward y tú a Hospitali-Tea?
–Tan pronto como pueda poner cinta a estos cables juntos, papá. No cooperan.
–Es probable que necesites soldarlos, –le digo, aunque en este punto queda bastante obvio que no quiere ninguna sugerencia que venga de mí.
–Avísame cuando estés lista para iros. Mientras tanto, tengo que hablar con Edward. –Swan curva un dedo hacia mí. –Nos vemos en mi oficina.
Él no se ve o suena muy feliz conmigo. La verdad es, que no debería estarlo. Anoche tuve mis manos llenas con su hija.
Paso Seth que está viendo algunos dibujos animados en el estudio en mi camino a la oficina del profesor.
– ¿Qué está pasando?– Le pregunto cuando me siento.
–Obviamente, esto no. –Me tira la camisa de la noche anterior. –Lo encontré en el suelo del estudio. Es obvio que hubo alguna relación sospechosa.
Vale, así que sabe que estuvimos haciendo el tonto. Pero al menos no ha encontrado el sujetador de Bella encima de mi camiseta.
–Si... un poco, las cosas se pusieron un poco calientes después de que tú y la señora S. salierais del estudio anoche –, le digo.
–Tenía miedo de eso. Esme y yo creemos en la comunicación abierta con nuestros hijos. Y aunque no eres uno de los míos, soy responsable de ti en este momento. –El profesor se pasa la mano por la cara y aspira una bocanada. –Uno pensaría que estoy preparado para esta charla. Hubo un tiempo en que fui adolescente e hice lo mismo en casa de mis padres. –Él mira hacia arriba. –Por supuesto, yo era un poco más diligente acerca de cómo ocultar las pruebas.
–No va a suceder de nuevo, señor.
– ¿El qué, dejar pruebas o perder el tiempo en mi casa con mi hija? Y por favor corta la mierda de 'señor'. Esta no es la milicia.
–Fui yo la que le obligó, papá–, dice Bella, apareciendo en la puerta. –No fue su culpa.
El profesor hace una mueca, cuando dice, –Se necesitan dos para bailar un tango. No estoy culpando o criticando. Sólo estoy hablando. Deseo que tu madre estuviera aquí para tener esta conversación. ¿Os habéis, eh, protegido a vosotros mismos por lo menos?
Bella gime, totalmente avergonzada. –Papá, no hemos tenido relaciones sexuales.
–Oh, –dice. – ¿no?
Sacudo la cabeza.
No puedo creer que esté en medio de esta conversación. Los padres mexicanos no tienen este tipo de conversaciones, especialmente con los chicos con los que sus hijas pasan el rato. Primero patearían el culo del muchacho, y a continuación, harían las preguntas. Después de eso, prohibirían a su hija salir sin una chaperona1. No hay nada de esta mierda de 'comunicación abierta'.
Siento que estoy en un programa de blancos de auto-ayuda, y no estoy seguro de lo que tengo que decir. Tampoco estoy acostumbrado a que un padre quiera hablar sobre una mierda como esta. ¿Esto es normal, o esto sólo ocurre con los padres que resultan ser psicólogos que están tratando de reducir nuestro cerebro?
–No soy tan estúpido como para pensar que puedo evitar que hagas... lo que sea que vosotros dos estabais haciendo –, continúa Swan. –Pero yo soy el que establece una nueva regla: no hay más negocio del mono entre vosotros dos bajo mi techo. Si puedo hacer que sea más difícil para vosotros, tal vez toméis mejores opciones. Y yo también os digo, como tu padre, Bella, y como tu tutor, Edward, que permanezcáis vírgenes hasta casaros. –Él se sienta en su silla y nos sonríe, poderosamente satisfecho de sí mismo por decir la última frase. Lástima que este debate es un par de años demasiado tarde, al menos para mí.
– ¿Eras virgen cuando te casaste?– Le pregunto, desafiándolo. Inmediatamente su sonrisa se desvanece.
–Sí, bueno, bueno, um... cuando era adolescente eran tiempos y edades muy diferentes. Los adolescentes de hoy son más inteligentes y más educados. Hay enfermedades incurables... y peligros para la pareja si no estáis en una relación seria, monógama y comprometida. –Nos señala con el dedo a los dos. –Y no os olvidéis de la gran palabra e.
No puedo dejar de reír. ¿Perdón? – ¿La palabra e?
– ¡Embarazo!– El profesor reduce sus ojos en mí. –No estoy listo para ser un abuelo por un largo, largo, largo, largo tiempo.
Pienso en mi madre, que se quedó embarazada de Emmett cuando tenía diecisiete años. Mi madre me hizo prometerle que siempre usaría condón si alguna vez estuviera físicamente con una chica, nunca ha querido que uno de sus hijos termine como ella y mi padre. Diablos, incluso me escondió algunos condones en la ropa interior como recordatorio.
Ayer por la noche asusté la mierda fuera de mí. Porque mientras que siempre he tenido la cabeza bien puesta en lo que respecta a la protección de mí mismo y la chica con la que estoy, no puedo decir que hubiera sido capaz de detenerme anoche a pesar de que no tenía una preservativo a mi alcance. Y no lo hubiera desaprovechado. Si no hubiera tenido miedo de la casi muerte por los disparos procedentes de la televisión, Bella y yo podríamos estar teniendo una charla muy diferente profesor ahora mismo.
–Papá, sabemos todo eso–, Bella dice.
–No perdéis nada con tener una charla recordatoria, teniendo en cuenta el hecho de que la camiseta de Edward estaba tirada en el suelo del despacho esta mañana.
Cuando le enseño la camiseta para que sepa de lo que está hablando, Bella suelta con sorpresa un: –Oh.
Swan comprueba el reloj de su escritorio. –Tengo que irme antes de que Seth desarrolle TDA2 por ver demasiada televisión. –Pone sus manos como si estuviera a punto de darme una ofrenda. –Edward, ¿estamos en completo entendimiento?
–Sí, –le digo. –Siempre y cuando no sea en tu casa y no sepas sobre ello, estás bien con que nos enredemos.
–Sé que estás bromeando conmigo. Estás bromeando conmigo, ¿no?
–Tal vez.
Bella camina por la habitación. –Papá, sí estaba bromeando.
El profesor cuenta de cada palabra en los dedos y me da una mirada nivel. –No te olvides de... (1) Seria, (2) monógama, (3) relación comprometida, (4) no bajo mi techo, y (5) confianza.
–Y no te olvides de (6) la palabra e–, le recuerdo.
Él asiente con la cabeza. –Sí. La palabra e. Un día en el ejército, Edward, y patearían tu chulería por la ventana.
–Lástima que no estoy pensando en inscribirme.
–Eso es demasiado malo. Si alguna vez te inscribes y pones tanta energía en ser un buen soldado como lo haces tratando de tener una actitud de mayor de edad, llegarías lejos. Estoy tentado de poner algo de color rojo dentro de la lavandería para que tu ropa interior se vuelva rosa. Sería un pequeño recordatorio de nuestra charla de hoy.
Me encojo de hombros. –Eso está bien. No uso ropa interior, – miento.
–Fuera, chico listo, –me pide, espantándome hacia la puerta. Creo su boca se curvado, entretenido por mi respuesta, pero desaparece rápidamente.
–Vosotros dos, fuera de mi oficina. Y vamos a mantener esta conversación sólo entre nosotros. Ahora moved el culo hacia Hospitali-Tea. Mi esposa está esperando para poneros a ambos a trabajar hoy. No os detengáis por el camino –, dice en voz alta cuando estamos en el pasillo. –Voy a llamar allí en quince minutos para asegurarme de que habéis llegado.
1 Persona que acompaña a una pareja.
2 Hace referencia a la(s) alteración(es) causada(s) por la deficiencia atencional, es decir, por la carencia, ausencia e insuficiencia de las actividades de orientación, selección, mantenimiento de la atención...
Bueno pues aquí tenéis el siguiente capítulo. Espero que os haya gustado. Quiero daros las gracias a todos aquellos y aquellas que han comentado, que me han agregado a su lista de alertas y favoritos.
Nos vemos en el próximo capítulo.
Un beso desde Andalucía, España.
