Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia pertenece a Simone Elkeles, yo solo la adapto.


Bella

-Oye, chica... –, dice Edward cuando estamos yendo a la tienda de mi madre unos minutos después.

Mis manos se aprietan en el volante. –No me llames eso más–, le digo.

– ¿Cómo quieres que te llame, entonces?

Me encojo de hombros. –Lo que sea. Pero no chica. –Me inclino para encender el equipo, pero aún así no funciona. Agarro el volante más fuerte y me concentro en la carretera, incluso cuando estamos en un semáforo.

Edward tiene las manos en alto. – ¿Qué quieres de mí? ¿Quieres que te diga mentiras, eso es lo que quieres? Bueno, voy a decirte una mentira. Bella, sin ti no soy nada. Bella, eres dueña de mi corazón y mi alma. Bella, cuando no estoy contigo siento que la vida no tiene sentido. Bella, Te quiero. ¿Es eso lo que quieres oír?

–Sí.

–Ningún chico que dice esas cosas, realmente lo dice porque significan eso para él.

–Apuesto a que tu hermano se lo dice a Rosalie y quiere decir eso.

–Eso se debe a que ha perdido todo el sentido común. Pensaba que eras la chica que no caería en mi mierda.

–No lo hago. Considero la posibilidad de que te deseo como mi novio real como un error de juicio –, le digo. –Pero estoy por encima de eso. No espero nada de ti de ahora en adelante, y me he dado cuenta de que no eres mi tipo en absoluto. De hecho, –le digo, mirándolo, –creo que llamaré a Mike. Quiere volver a salir conmigo.

Edward alcanza mi bolso y saca el teléfono del bolsillo. Trato de arrebatárselo de la mano, pero es demasiado rápido. – ¿Qué estás haciendo?

–Concéntrate en el camino, Bella. No querrás tener en un accidente porque no estás prestando atención, ¿verdad?

–Guárdalo otra vez, –le ordeno.

–Lo haré. Tengo que comprobar algo primero.

En el siguiente semáforo, me inclino y cojo el teléfono de su mano. Leo el mensaje de texto que Edward acaba de enviar a Mike. 4Q. –No lo has hecho.

–Sí, lo he hecho. –Él está sentado hacia atrás, se ve muy satisfecho de sí mismo. –Puede que me lo agradezcas más adelante.

¿Agradecérselo? ¡Agradecérselo! Salgo de la carretera, cojo mi bolso, y lo balanceo como si fuera un mazo de guerra apuntando a la cabeza de Edward.

Agarra el bolso antes de que le golpee. –No me digas que realmente querías salir con ese instrumento de nuevo.

–Ya no sé lo que quiero.

Vuelvo a la carretera, en dirección a la tienda de mi madre. Paro el coche y salgo, sin esperar a Edward.

–Bella, espera. –Edward gruñe cuando sale por la ventana. Lo oigo correr para ponerse a mi lado. –Voy a arreglar la puerta del coche aunque sea lo último que haga. –Se pasa la mano por el pelo. –Oye, si las cosas fueran diferentes...

– ¿Qué cosas?

–Es complicado.

Le doy la espalda. Si no me lo va a decir, no tiene sentido discutir.

– ¡Hola, chicos!– Mi madre nos recibe en la parte delantera de la tienda, así que nuestra conversación es interrumpida. –Bella, he sacado los recibos desde el mes pasado hasta la semana pasada. Siéntete libre para conciliarlos. Edward, ven conmigo.

Mientras me siento en la oficina y recuento los recibos y concilio los libros, escucho a mi madre explicarle a Edward cómo separar las cajas de té suelto que acaban de llegar.

Alrededor de la una, mi madre asoma la cabeza por la puerta y me dice que me encuentre con ella en la sala de descanso para el almuerzo. Mi madre es ajena a la tensión que hay en el aire cuando nos sentamos en la sala de descanso. Espera que todo el mundo esté feliz y lleno de energía todo el tiempo, así que me pregunto cuándo va a notar que el cociente de felicidad en la sala está muy lejos.

–Tengo este de Teddy, el proveedor de fuera de la tienda–, dice mientras saca de una bolsa alimentos.

– ¿Qué es?– Edward pregunta cuando le entrega uno.

–Perros orgánicos veganos.

– ¿Qué es un perro vegano?

–Un perrito caliente vegetariano–, dice. –Sin productos de origen animal.

Edward desenvuelve su perrito caliente con incertidumbre.

–No te va a matar comer sano, Edward, –le dice mi madre. –Pero si no te gusta, puedo salir y conseguir alimentos elaborados, si quieres.

Empiezo a comerme mi perro vegano. No me importa comer todo lo que hace mi madre saludable, pero definitivamente de vez en cuando me gusta la comida procesada.

Edward muerde el suyo. –Está muy bueno. ¿Tienes algunas papas fritas para acompañarlo?

Casi me río cuando mi madre vuelca un montón de papas de color naranja en la parte superior de una servilleta. –Son papas dulces al horno. Con piel, para darte más fibra. Si no me equivoco, creo que también tiene omega 3 ácidos grasos.

–Me gusta comer sin pensar en lo que hay dentro–, dice Edward mientras mastica.

Mi madre nos echa vasos de té helado de una jarra grande que hizo para nosotros. –Debes preocuparse por lo que sucede en tu cuerpo. Por ejemplo, este mezcla de té açaí, extracto de naranja y menta.

–Mamá, come, –le digo. Antes de que lo sepa, empieza una explicación completa de antioxidantes y radicales libres.

–Está bien, está bien. –Ella saca su perrito caliente y empieza a comer. –Entonces, ¿cómo fue la película de anoche?

–Fue bien –digo, esperando que no pida detalles porque no tengo ni idea de qué iba la película.

Coge una patata y muerde la punta. –Me pareció un poco violenta. No me gustan las películas violentas.

–A mí tampoco–, le digo. Edward se queda en silencio. Siento su mirada en mí, pero no miro hacia arriba. Concentro mi atención en todo lo demás fuera de él.

Charlotte, una de las empleadas de fin de semana de mi madre, abre la puerta de la habitación de descanso. –Esme, tienes un cliente que te solicita específicamente. Parece como si estuviera en un apuro.

Mi madre toma el último bocado de su perrito. –El deber me llama.

Me levanto para salir también, pero Edward se estira y se apodera de mi muñeca. Dios, como quiero que me tire hacia él y me diga que la pasada noche no fue un error. Que esta cosa entre nosotros no tiene por qué ser complicada.

–No eres tú, ya sabes. No he querido estar con una chica tan mal desde. . . –Su voz se apaga y deja ir mi muñeca.

– ¿Desde qué?– Le pregunto.

–No importa.

–Sí para mí.

Duda, como si no quisiera decir su nombre. Cuando por fin dice 'Heidi', no puede ocultar que todavía siente algo por ella. Su nombre rueda fuera de su lengua como si saboreara cada sílaba.
Definitivamente estoy celosa. No hay manera de que pueda competir con Heidi. Edward, evidentemente, todavía la quiere. –Lo entiendo.

–No, no lo haces. Ayer por la noche me asusté como el demonio, Bella. Porque sentía algo que no he sentido...

–Desde Heidi –le digo.

–No voy a enamorarme tanto de una chica nunca más.

– ¿Así que se supone que todavía tengo que fingir estar saliendo contigo en la escuela?

–Sólo por un par de semanas más, hasta que Tanya decida seguir adelante. –Él me mira. –Entonces, podemos crear una falsa razón para romper. Hicimos un trato, ¿verdad?

–Verdad.

De vuelta en la oficina de mi madre, miro hacia abajo a los recuentos que están frente a mí. Los números están difuminados. Tirando mi lápiz a un lado, pongo mi cabeza en mis manos y suspiro.

Fui tan estúpida anoche al decirle a Edward que me estaba enamorando de él. Definitivamente lo ahuyenté. Toda mi vida, hasta ahora, me he retenido. Y entonces conocí a Edward, un chico que hace que tenga ganas de seguir adelante y no lamentarme un solo momento.
Cuando jugó al fútbol con mi hermano, y vi un atisbo de generosidad que sólo regala a unos pocos que cree que son dignos, supe que lo que ves no es necesariamente lo que obtienes cuando se trata de Edward.

Al final del día lo encuentro en el cuarto de atrás, midiendo cuidadosamente los diversos ingredientes para las mezclas que hace mi madre en casa.

–Se me ha ocurrido una falsa razón por la que podríamos romper–, le digo.

–Golpéame con ella.

–Porque que todavía estás enamorado de Heidi.

Sus dedos se quedan completamente inmóviles. –Escoge otra cosa.

– ¿Cómo qué?

–No lo sé. Sólo otra cosa. –Pone los ingredientes de nuevo en los estantes. –Voy a ir a la tienda de carrocerías para hablar con Emmett. Dile a tus padres que llegaré tarde a casa.

–Puedo llevarte–, le digo. –Me voy ahora, también.

Niega con la cabeza. –Quiero caminar. –Lo miro mientras se dirige a la puerta de atrás unos minutos más tarde, me ha dejado preguntándome si sólo quiere alejarse de mí tan rápido como pueda.


Bueno pues aquí tenéis el siguiente capítulo. Espero que os haya gustado. Quiero daros las gracias a todos aquellos y aquellas que han comentado, que me han agregado a su lista de alertas y favoritos.

Nos vemos en el próximo capítulo.

Un beso desde Andalucía, España.