DISCLAIMER: Todos los personajes de BLEACH pertenecen a Tito Kubo sama, yo solo le pido prestado algunos para hacer cosillas interesantes jujuju...


El diario
by Hana Hime

Dolor

Ichigo miró al caído librito como si fuera una de las señales del Apocalipsis y, a la vez, como si algún tipo de reliquia religiosa. Sentía unas tremendas e inauditas ganas de vomitar todo lo que había comido en una semana solo al recordar todo el proceso mental que había llevado a esa puta, maldita, innecesaria, dolorosa-como-nada epifanía.
No podía digerirlo, era tan… injusto, malvado… ¡Ni siquiera podía calificarlo! El que Rukia muriera siendo un bebé era lo más enfermo y doloroso que había escuchado en su vida. Sabía que era estúpido, pues la shinigami estaba 'vivita y coleando'… o lo que fuera que hicieran los shinigamis, y que seguramente la enana no recordaría o sabría nada de ello. Pero no dejaba por eso de oprimirle el pecho la desesperación que se adueñó de él. Su primer instinto siempre era la felicidad de la pequeña shinigami, era protegerla y aún sabiendo que eso había ocurrido hacía mucho, pero mucho tiempo, se sentía un inútil, como si hubiera fallado en un deber prioritario, vitalicio y trascendental para él.
No quería seguir leyendo pues sentía que su razón pendía ahora de un hilo. Saber que la existencia de Rukia había durado tal vez sólo días y que esos días serían contados uno por uno en ese diario, era desesperante, desquiciante, lo hacía sentir impotente, totalmente inútil y pequeño; cómo si sus manos, su cuerpo y su espíritu, su ser por entero no fueran suficientes para proteger a la enana. No quería… y aún así… sentía que debía hacerlo, cómo si le debiera eso a la shinigami, cómo si el destino mismo le permitiera lo que él siempre había querido, saber más de ella, pero como todo, primero tuviera que pagar un precio. Un pequeño sacrificio por ella, su cordura.
Abrumado, escondió el rostro entre sus manos y trató de normalizar su respiración.

Inspirar, expirar, inspirar, expirar…

Se permitió ver el librito caído por entre sus dedos…

Lo daría todo por ella.

El joven Kurosaki había decidido seguir leyendo.

Sé que no es saludable para mí que me preocupe así. Todos me lo dicen una y otra vez, que tenemos sirvientes, que ella está sana, que nada le falta, que todos la aman, que sólo soy su hermana (no su madre). Todo eso he oído, pero no puedo, simplemente no puedo estar lejos de Rukia. Mi anata es lo bastante comprensivo como para dejarme venir todos los días a casa a verla, durante largas horas y dice –siempre con una sonrisa- que se me pasará cuando tengamos nuestros propios bebés…y aunque no quiero contradecirlo, pienso que ni así se me pasará…

Así que Hisana, la hermana de Rukia había estado casada antes… Tal vez debía reconsiderar lo de contarle a Byakuya sobre el librito. No lo sabía con seguridad, pero tenía el presentimiento de que el capitán del sexto escuadrón era de ese tipo de personas que son celosas pero que no lo demuestran, hasta que terminan matando al osado, claro está.

Mi matrimonio con el primogénito de la familia Kuchiki fue arreglado por mis padres en octubre y en noviembre nos casamos… lo normal sería que ya estuviera esperando mi primer bebé… pero hasta ahora no hemos recibido la bendición, ya que el sangrado continúa viniéndome…

Ugh… fue el pensamiento de Ichigo al leer ese párrafo. Pensaba estudiar medicina, pero no quería saber nada de ESE asunto en particular hasta que llegara la hora, PUNTO.
Espera un momento… ¡KUCHIKI! ¡Ella había dicho Kuchiki!
Cerciorándose, volvió a leer el párrafo y, en efecto, Hisana se había casado con alguien de apellido Kuchiki. ¿Qué posibilidades había de que Hisana y Byakuya hubieran sido pareja siendo humanos?
Ninguna, se respondió enseguida, puesto que Byakuya había nacido dentro de los clanes nobles.

-Lo que no quiere decir que antes no hubiera sido un humano. Sabrá sólo el diablo como mierda es el tema ese de las reencarnaciones…-se contradijo en voz alta, refunfuñando sobre el tema. Eso de que humanos y shinigamis fueran totalmente incompatibles, aún dentro del plano físico, nunca le había gustado ni tantito (y no quería indagar mucho el por qué)

Tendría que tener miedo… tendría que cuestionarme si es posible que yo no pueda tener un bebé… tendría que temer tantas cosas ¡Por kami-sama! ¡Tendría que estar aterrada! Pero no lo estoy…. Me siento como sumergida en un bálsamo que me mantiene desentendida de tales asuntos… y ese bálsamo es Rukia.

Luego de eso, el librito continuaba recién una semana después, frustrando en demasía al muchacho pelirrojo.

Una semana ha pasado desde la última vez que escribí… y si bien quería llegar una bitácora diaria, mis obligaciones me han mantenido alejada de este propósito… aún no puedo creer que madre haya muerto…

-No…- jadeó Ichigo largando todo el aire de sus pulmones con ese jadeo.

El parto de Rukia no fue tan simple como parecía para el cuerpo de mi madre. Fue horrible verla sangrar y palidecer… marchitarse como una flor en sólo cuestión de horas… sin poder hacer nada, ni nosotros ni ninguno de los médicos que otou-sama llevó… y aún en sus últimos momentos, lo único que quería era tenernos a los tres, a mi padre, a Rukia y a mí junto a ella…

Recuerdo sus últimas palabras a mi dolido padre… -quiéralas mucho mi señor… son nuestras hijas… de usted y mías, y si bien sé que no voy a poder disfrutarlas tal como querría, en especial de Rukia… desearía que les hablara mucho de mí, tanto a Rukia como a los pequeños que sé que nuestra Hisana tendrá- murmuró tomándome las manos fuertemente entre las de ella- hábleles por favor… de lo mucho que los quise… de lo feliz y hermoso de la vida… de las… de las tradiciones de nuestra familia… mmm… Rukia no tiene… Rukia no tiene la culpa de nada… ámela mucho, mucho… así como yo lo amo a usted, mi señor…

Luego de ello, las fuerzas abandonaron rápidamente el cuerpo de oka-sama, como si sólo el terminar de pronunciar esas palabras fuera el poco aceite de su llama de vida.

Mierda, mierda… mierda. Tenía que terminar de leer, pero saber de la muerte de la madre de Rukia era simplemente demasiado. Él, que siempre se retorcía en el dolor de haber perdido a su madre… al menos había tenido a su madre. Rukia ni eso había tenido. Muerta la madre al nacer la pequeña. Se sintió como un redomado estúpido.

Otou-sama, a pesar de las palabras de oka-sama, no quiere ver a Rukia, y me destroza el alma que así sea. Es una bebé, no tuvo la culpa de nada… y aún así debe lidiar con el odio y el dolor que padre parece destilar hacia ella. No es justo.

-No, no lo es…-susurró el joven Kurosaki luego de leer ese último párrafo, su mirada perdida en las pocas fotos familiares que se permitía tener en el cuarto.- No lo es.

Parecía ser que Rukia estuviera bajo la influencia de un mal karma, sintiendo el desprecio y la ausencia de la gente amada. En especial, pensó Ichigo, de aquellos hombres que seguramente debieron conformar para la pequeña shinigami, una imagen paterna o fraternal… Su padre biológico quien al parecer la despreció al nacer; su primer amigo Renji que se alejó de ella en la Academia; su hermanastro Byakuya que, a su entender, había sido más seco que una tostada con ella; su teniente, Kaien Shiba, quien había perecido en sus brazos… y sólo era una pequeña parte de la lista de la gente que seguramente la enana había perdido en sus cien años de vida…

El clan Tsukishiro se reunió en pleno al día siguiente de la muerte de Oka-sama. A mí no se me ha permitido asistir, aún con mi nuevo status de mujer casada, pero no ha sido necesario estar allí para enterarme de cada palabra dicha por los ancianos y cabezas de familia. Con dolor me he enterado que Otou-san no quiere a la bebé. Otou-san no quiere a Rukia, no soporta verla 'en lo más mínimo' según sus propias palabras. Y por ese motivo, presentó una petición de dársela a alguna de las ancianas mayores para que la críe ella como dama de compañía.

No lo he permitido. Al momento de tomar conocimiento de la situación por medio de las sirvientas de la casa, decidí irrumpir en medio de la reunión y reclamé a Rukia como mía. Todavía tengo grabada en mi memoria las expresiones perplejas de los ancianos y en especial de Otou-san por mi atrevimiento; y si bien la timidez que me caracteriza quiso hacer acto de presencia, se lo prohibí. No iba a permitir que nadie, jamás, me alejara de mi hermanita, mucho menos para pasarla de manos como si fuera una mercancía, sólo por el hecho de ser mujer… porque, Kami-sama me perdone el atrevimiento, sé que los cabezas de familia no hubieran tratado el asunto tan a la ligera de haber nacido Rukia varón…

El dolor y el alivio recorrieron el cuerpo de Ichigo, transmitiéndose en escalofríos que quitaron calor a sus manos y dificultaron su respiración. Sentía que nunca terminaría de agradecerle a Hisana por el amor que sintió en su momento por Rukia, aún cuando al final hubiera desistido, el pelirrojo podía sentir en cada palabra expresada por Hisana un amor que traspasaba todo lo que él hubiera podido prever.

Rukia ahora es mía. Y jamás, jamás la abandonaré.

Las últimas palabras lograron lo que casi nadie pudo… Kurosaki Ichigo esa noche cerró el diario cuidadosamente, se acostó en su cama y mirando a la luna, lloró.