Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia pertenece a Simone Elkeles, yo solo la adapto.


Edward

Cuando estoy lo suficientemente lejos de la tienda de té, saco el móvil que me dio Rosalie. Golpeo el número de Vulturi y espero.

Tan pronto como oigo que lo cogen, digo: –Edward Cullen. Querías mi atención, la tienes.

– ¡Ah, Señor Cullen! estaba esperando que te pusieras en contacto conmigo –, dice una voz suave desde el otro extremo de la línea. Tiene que ser Vulturi.

– ¿Qué quieres de mí?– Le pregunto, haciéndole saber de inmediato que no estoy jodiendo.

–Sólo quiero hablar.

Sigo caminando cuando hablo porque tengo un sentimiento loco sobre que el hombre tiene gente siguiéndome. – ¿No podrías haberlo hecho sin tener a James Witherdale me colocara?

–Necesitaba llamar tu atención, Cullen. Pero ahora que la tengo, es hora de que nos encontremos.

Mi cuerpo se tensa. Quiera conocer a Vulturi o no, va a suceder. – ¿Cuándo?

– ¿Qué tal ahora?

– ¿Tienes a tíos siguiéndome?– Le pregunto, aunque sé la respuesta antes de preguntar.

–Por supuesto, Cullen. Soy un hombre de negocios, y tú eres mi nuevo aprendiz. Tengo que mantener mis ojos en ti.

–No he aceptado hacer mierda para ti, –le digo.

–No, pero lo harás. Me han dicho que tienes lo que se necesita.

– ¿Quién?

–Digamos que me dijo un pequeño Guerrero. Basta de hablar. Cuando veas uno de mis chicos conducir, entra.

– ¿Cómo sé que es uno de tus chicos?– Le pregunto.

Vulturi se ríe. –Lo sabrás.

El teléfono muere. Unos minutos más tarde, un vehículo negro con vidrios polarizados para justo delante de mí. Respiro profundamente cuando se abre la puerta.

Estoy listo para enfrentar lo que está más allá. No importa lo que cada uno de mi familia piense, este es mi destino.

Me deslizo en el asiento de atrás y reconozco a Diego Rodríguez sentado a mi lado, un Guerrero que de los altos que siempre hablaba, pero rara vez lo veías. Asiento con la cabeza y me pregunto qué está haciendo con Aro Vulturi. Conozco algunos chicos considerados híbridos y que están en afiliaciones de pandillas, pero nunca había visto en realidad a nadie tan alto en una organización salirse con la suya.

–Cuánto tiempo sin verte–, dice Rodríguez. Delante hay dos hombres blancos que se ven como dos culturistas o al menos entrenados para patear culos. Definitivamente están aquí para proteger a alguien, y ese alguien definitivamente no soy yo.

– ¿Dónde está Vulturi?– Le pregunto.

–Vas a reunirte con él muy pronto.

Miro por la ventana para ver si puedo decir a dónde nos dirigimos, pero no sirve de nada. Estoy totalmente perdido y a merced de estos tres chicos. Me pregunto qué haría Bella si supiera que estoy en un coche con un grupo de matones. Probablemente me diría que no debería haber subido en el coche en el primer lugar. No voy a bajar mi guardia ni durante un minuto, eso es seguro.

Pensando en dejar que mi guardia me haga pensar en Bella. En como la tuve ayer por la noche entre mis brazos y sentir su suave piel bajo mis dedos, estoy totalmente perdiendo el control. Demonios, estaba listo para cualquier cosa que tuviera que ofrecerme sin importar las consecuencias.

–Estamos aquí–, dice Diego, sacándome fuera de mis pensamientos de Bella y de lo que podría haber sido.

–Aquí– es una casa grande con un muro de cemento que la rodea. Estamos circulando. Diego me dirige a través de la puerta principal y me lleva a una oficina lo suficientemente grande como para intimidar a cualquier director general corporativo.

El hombre moreno de cabello largo sentado detrás de un escritorio de madera oscura es, obviamente, Vulturi. Lleva un traje oscuro con corbata azul claro que coincide con sus ojos. Me hace un gesto para que me siente en una de las sillas frente a su escritorio. Cuando no lo hago, los dos tíos grandes del paseo en coche se ponen cada uno a mi lado.

Estoy en territorio peligroso, pero permaneceré en mi tierra. –Ten a tus perros entrenados lejos de mí–, le digo. Vulturi les hace un gesto, y los dos chicos inmediatamente dan marcha atrás y bloquean la puerta de la habitación. Me pregunto cuánto les paga a sus perros guardianes.

Diego todavía está en la habitación, un segundo en silencio al mando. Vulturi se inclina hacia atrás en su silla, evaluándome. –Así que tú eres Edward Cullen, este Diego de aquí me ha estado contando mucho sobre ti. Dice que pasaste de los Guerreros del barrio. Audaz movimiento, Edward, aunque supongo que si pones de nuevo un pie en México eres tan bueno como malo.

– ¿Es de lo que se trata todo esto?– Le pregunto. –Si te has afiliado a los Guerreros y te han dicho que te deshagas de mí, ¿por qué James me puso?

–Debido a que no voy a deshacerme de ti, Cullen, –interviene Diego –Te vamos a utilizar.

Esas palabras me dan ganas de atacar y de decirles a estos chicos que nadie me va a controlar o usar, pero me freno. Cuanto más hablen los chicos, más información podré conseguir.

–La verdad es que Cullen, –Diego dice: –estamos haciéndote un favor al no hacerte llegar de nuevo a los Guerreros en pedazos, y vas a hacernos un favor siendo nuestro chico bolsa.

Chico bolsa. Lo que quiere decir que tengo que ser su nuevo distribuidor de la calle, y aprovechar de buena gana la caída si me atrapan. Las drogas en mi taquilla fueron una prueba para ver si pasaba de James. Si lo hiciera, estaría vinculado con un soplón y probablemente estaría mintiendo en la morgue justo ahora. He demostrado que no soy un narco, por lo que ahora soy un producto valioso. Me recuerda al videojuego de Seth, aunque este juego es letal.

Vulturi se inclina hacia adelante. –Vamos a ponerlo de esta manera, Cullen. Trabajas con nosotros, no tienes nada de qué preocuparte. Además de eso, vas a ser un chico rico. –Saca un sobre del cajón del escritorio y me lo pasa. –Echa un vistazo.

Recojo el sobre. Dentro hay un montón de billetes de cien dólares, más de lo que he tenido en mis manos antes. Pongo el sobre de nuevo en su escritorio.

–Tómalo, es tuyo–, dice Vulturi. –Ten en cuenta que una muestra de lo que puedes ganar conmigo en una semana.

– ¿Así que la familia Vulturi se ha aliado con los Guerreros? ¿Cuando sucedió eso?

–Yo me alío con cualquiera que me lleve a mi objetivo final.

– ¿Cuál es tu objetivo, dominar el mundo?– Bromeo.

Vulturi no se ríe. –En este momento es traer los envíos que vienen de México y asegurarnos de que no se pierdan, si sabes lo que quiero decir. Rodríguez piensa que tienes lo que se necesita. Oye, no soy el jefe de una pandilla callejera que lucha por su territorio, el color de su piel o su maldita nacionalidad. Soy un hombre de negocios, gestiono una empresa. Me podría importar una mierda si eres negro, blanco, asiático, o mexicano. Demonios, tengo más rusos que trabajan para mí que el Kremlin. Mientras tú te beneficias de mi negocio, quiero que trabajes para mí.

– ¿Y si no quiero entrar?– Le pregunto.

Vulturi mira a Rodríguez.

–Tu madre vive en Atencingo, ¿no es cierto?– Rodríguez pregunta casualmente dando un paso adelante. Y tú hermano pequeño, también. Creo que su nombre es Jasper. Chico lindo. He tenido a un tipo vigilándolos desde hace unas semanas. Una palabra mía y las balas vuelan. Van a estar muertos antes de saber lo que les golpeó.

Arremeto contra Rodríguez, sin importarme que sea más grande. Nadie se escapa de amenazar a mi familia. Se protege la cara con las manos, pero soy rápido y consigo un pedazo de él antes de que los dos tipos grandes agarren mis brazos y tiren de mí de inmediato. –Si le haces daño a mi familia, te arranco tu corazón de mierda con mis propias manos–, le advierto mientras lucho por liberarme.

Rodríguez acuna de la mejilla donde le he marcado. –No dejéis que se vaya–, ordena, a continuación, maldice contra mí en una mezcla de inglés y español. –Estás loco, ¿lo sabías?

Sí. Muy loco, –le digo cuando uno de los hombres comete el error de aflojar su control para obtener un mejor agarre en mí. Le golpeo a distancia y lo mando a estrellarse contra un cuadro de la pared. Cuando se quiebra y se rompe en el suelo tras el impacto, me dirijo a ver otros daños que puedo hacer para demostrar que no soy alguien que se va a reducir de nuevo por el miedo de que mi familia esté amenazada.
Otros dos tipos asaltan la habitación. Mierda. Soy fuerte y puedo darles una patada en el culo, pero cinco contra son malas probabilidades. Sin contar a Vulturi, que está sentado en su sillón de cuero grande mirándonos al resto de nosotros como si lo hiciéramos únicamente para su diversión.

Me las arreglo para liberarme, a continuación, me mantengo durante unos minutos antes de que dos de los chicos se precipiten y me golpeen contra la pared. Estoy aturdido por el impacto cuando otro hombre comienza a golpearme. Puede ser que sea Rodríguez, o podría ser uno de los otros cuatro chicos. En este punto todo está difuminado.

Lucho contra ellos, pero cada golpe a mi estómago está tomando su peaje y duele como el infierno. Cuando conecta un puño con mi mandíbula una vez, luego dos, luego tres veces, noto la sangre. Me he convertido en su maldito saco de boxeo.

Reúno toda mi energía, ignoro el dolor intenso, y me libero. Lanzándome hacia adelante, conecto duro con uno de ellos. No voy a irme sin luchar, incluso aunque no tenga ninguna posibilidad de ganar.

Mi ventaja es de corta duración. Me apartan del hombre y me empujan al suelo alfombrado. Si me levanto tal vez pueda hacer más daño, pero estoy siendo golpeado y pateado desde todos los lados y siento que mi energía se está desvaneciendo rápidamente. Un sólido, doloroso golpe en mi espalda me dice que uno de los chicos usa botas con punta de acero. Con mi última gota de energía, agarro la pierna de quien me está pateando. Él cae hacia adelante, pero no importa. No tengo nada bien. No hay lucha, no hay energía... sólo la perforación del dolor con cada movimiento que hago. Lo único que puedo hacer es rezar para desmayarme pronto... o morir. En este punto, cualquiera de las dos sería bienvenida.

Cuando dejo de pelear, Vulturi grita para que paren. –Levantadlo–, ordena.

Soy forzado hacia la silla frente a Vulturi, que sigue teniendo el aspecto de un director general en su traje sin arrugas. Mi camiseta está rasgada por varios lugares y he salpicado de sangre por todas partes.

Vulturi sacude mi cabeza. –Considera esto por salir de los Guerreros del barrio y entrar en la familia Vulturi. Eres un Vulturi ahora. Sé que no me vas a decepcionar.

No respondo. Demonios, ni siquiera sé si podría responder, incluso si quisiera. Sé que no soy un Vulturi y nunca seria un Vulturi.

–Aprecio tu espíritu, pero no te metas a mi casa o luches con mis chicos de nuevo o eres hombre muerto. –Sale de la habitación, pero no antes de ordenar a sus hombres que limpien su oficina antes de girarse.

Soy arrastrado de la silla. Lo siguiente que sé, es que estoy siendo empujado al asiento trasero de la camioneta.

–No luches contra mí o Vulturi–, dice Rodríguez mientras conducimos de vuelta. –Tenemos grandes planes, y te necesito. Los chicos de Vulturi no tienen las conexiones de México que tenemos nosotros. Eso nos hace valiosos.

No me siento demasiado valioso ahora mismo. Mi cabeza se siente como si estuviera a punto de explotar. –Para el coche, –ordena Rodríguez cuando estamos a unas cuantas casas de distancia de la casa de los Swan. Abre la puerta y me arrastra hacia fuera. –Asegúrate de cuidar a esa chica con la que estás viviendo. No me gustaría que le sucediera algo. –Se mete de nuevo en el coche y tira el sobre del dinero a mis pies. –Deberías estar como nuevo en una semana. Me pondré en contacto contigo entonces –, dice, y se va.

Casi no lo puedo soportar, pero me fuerzo a ir a la puerta de la casa de los Swan. Apuesto que tengo el mismo aspecto que como me siento: como una completa mierda. Una vez dentro, trato de escabullirme a arriba para que nadie vea el caos sangriento que soy, intentando mantener la camisa contra mi boca para que no gotee sangre en la alfombra.

Me dirijo directamente hacia el cuarto de baño. El problema es que Bella está saliendo de él cuando trato de entrar.

Ella fija la mirada en mí, jadea, y se cubre la boca con la mano.

– ¡Edward! Oh, Dios mío, ¿qué ha pasado?

–Todavía me reconoces con la cara rota. Eso es buena señal, ¿verdad?


Bueno pues aquí tenéis el siguiente capítulo. Espero que os haya gustado. Quiero daros las gracias a todos aquellos y aquellas que han comentado, que me han agregado a su lista de alertas y favoritos. También quería deciros que cuando acabe esta adaptación comenzare a publicar otra, que ya casi tengo acabada.

Nos vemos en el próximo capítulo.

Un beso desde Andalucía, España.