DISCLAIMER: Todos los personajes de BLEACH pertenecen a Tite Kubo sama, yo solo le pido prestado algunos para hacer cosillas interesantes jujuju...


El diario
by Hana Hime

Miedo

Ichigo se negaba a seguir leyendo pero quería seguir haciéndolo. Era contradictorio y frustrante.
Estaba asustado. No. Estaba aterrorizado. Y si bien a todo el mundo se le daba por decir que el miedo era bueno porque significa que tienes algo tan bueno que no quieres perderlo, él nunca, jamás había sentido algo así. Había sentido miedo durante muchas de sus peleas. Había experimentado la desesperación en muchas oportunidades. Había visto sufrir a la gente que quería en más ocasiones de las que le gustaría. Y aún así, todo era poco en comparación a la profunda agonía que sentía.

Una parte de él lamentaba profundamente no haber continuado en la ignorancia. ¿Cómo podría mirar a Rukia sin delatarse después de esto? ¿Cómo podía mantenerse fuerte sabiendo lo que sabía?

Dos días fue el tiempo que pasó dentro de su alcoba, pensando y recordando y no queriéndolo hacer. Y si bien la familia Kurosaki era experta en meterse en asuntos ajenos, esta vez, por extraño que pareciera, decidieron respetarlo. Eso le daba a Ichigo la medida de lo mal que debía verse.

No encontraba la manera de salir del agujero en el que se encontraba. No quería sentir lástima de Rukia y no tenía idea de cómo la morena podía ser tan fuerte con semejante carga ¿Lo sabría? ¿Habría intentado investigar su pasado? ¿Cuál había sido su sentir al saber que Hisana era su hermana y que la había abandonado? Quería acribillarla a preguntas, pero era un tema tan delicado que ni él mismo podía permitirse dar un paso en falso.

Recordaba Inuzuri como un distrito horrible, lleno de almas miserables y casi ningún niño. Rukia simplemente no podía haber terminado allí, ¡por Dios! Pero sabía que era más que probable, después de todo, la década de 1860 había sido muy tumultuosa en la historia japonesa. Pleno período Bakumatsu sino mal recordaba.

Con lo poco de fuerza que sentía que tenía, tomó la laptop y utilizó el buscador, quería saber con qué estaba tratando.

Se denomina Bakumatsu (幕末 Shogunato Tokugawa Tardío) a los sucesos que comprenden los últimos años del periodo Edo de la historia de Japón, cuando el shogunato Tokugawa llegaba a su fin. Esta etapa está delimitada por los grandes acontecimientos ocurridos entre los años de 1853 y 1867, cuando Japón terminó su política de aislamiento conocida como sakoku, y se produjo la transición del feudalismo bajo el mando de la figura del Shogun, comenzando el período Meiji.

La mayor división político-ideológica durante este período fue entre los ishin shishi, un incipiente nacionalismo antioccidental que creció entre los Tozama-daimio («señores externos») y el gobierno del Shogun, incluyendo el cuerpo de élite Shinsengumi, que se produjo tras la llegada del Comodoro Matthew Perry a costas japonesas.

Finalmente, los clanes de Satsuma y de Chōshū se rebelarían contra el régimen Tokugawa, que aun contando con numerosas fuerzas, vio cómo un número creciente de sus antiguos vasallos se unían a la rebelión.

El punto decisivo del Bakumatsu fue la guerra boshin y la batalla de Toba-Fushimi, cuando las fuerzas del Shogun fueron finalmente derrotadas por los partidarios del emperador.

Eso no le decía absolutamente nada, pensó bajando la tapa de su laptop. Lamentablemente si quería saber algo, sólo había una fuente a la que podría recurrir.

Esto será como cuando era chico, pensó Ichigo, cuando me ponía a ver una película de suspenso y en cada escena esperaba algo horrible. Condenado diario.

Sintiendo su alma mucho más vieja de lo que era, volvió a tomar el librito entre sus manos. Él había decidido leer y si no lo hacía, si lo dejaba a la mitad, no sólo sería un cobarde, sino que también le estaría fallando a Rukia y sentía que incluso a Hisana. Después de todo, él debía ser el único humano en muchos años que leyera el librito teniendo una clara idea de quienes eran las personas mencionadas en él.

-Así está mejor…- susurró una voz desde la ventana.

-Yoruichi… -inquirió el pelirrojo apretando un poco más el librito contra su cuerpo. Se suponía que no debía tener aquella cosa y lo mejor es que nadie lo supiera.

-Nunca fuiste un niño cobarde… -aseguró la gatita moviendo la cola desde el marco de la ventana- y eso es bueno, pero no justifica mi falta de tacto –los ojos de Ichigo se estrecharon un poco más al recordar el momento del descubrimiento – lo lamento mucho.

-No pasa nada… -susurró el joven sin mirarla. Aunque agradecía las disculpas, no estaba de ánimo para hablar con la ex capitana de las fuerzas especiales. No ostentaba la mejor de las resoluciones respecto de leer y cualquier distracción podía transformarse rápidamente en una excusa para no hacerlo.

-¿Por qué querías saber de la transmutación de las almas Ichigo? –preguntó la felina. Respondería lo que Ichigo preguntara pero sólo si él lo quería. No era mucho de su estilo no presionar hasta obtener lo que quería, aún en algo tan simple como saciar su curiosidad, pero en los ojos del joven había una angustia que la aplacaba. Al menos momentáneamente.

Ichigo sin darse cuenta acariciaba la portada con sus pulgares, cavilando si era prudente rebelarle a Yoruichi lo que sabía y hasta dónde contarle si es que lo hacía.

-Yo… encontré evidencia de lo que parece –suspiró –la vida humana de alguien que ahora conozco en la SS… un noble.

Los ojos de Yoruichi se dilataron ligeramente al escucharlo. Había captado toda su atención con la última palabra.

-Inicialmente había ido a preguntarte por eso… pero cuando saliste con todo ese rollo de los distritos… -prosiguió sintiendo la voz rasposa, cerrando los ojos y pasándose la mano por el cabello- Yoruichi, Rukia… -jadeo sintiendo que se le cerraba la garganta otra vez –Rukia llegó siendo un bebé a Inuzuri –explicó comenzando a caminar por la habitación- ¡A Inuzuri! ¡El distrito setenta y ocho! ¡De ochenta! ¡Demonios! – gruñó golpeando la pared repetidamente– tú misma lo dijiste… ella… ella… ¡Mierda! – con rapidez se sentó en su cama y se sujetó el rostro, sintiéndose como Atlas, con todo el peso del mundo sobre sus hombros –algo… llámalo instinto o lo que sea… pero algo me dice que Rukia murió de una manera horrible… -gimió negándose a llorar enfrente de quien había sido su mentora. Si Rukia supiera que había llorado ante la ex capitana de las fuerzas especiales, iba a colgarlo de los cojones por hacerla quedar en ridículo, después de todo, ella había depositado su confianza en él.

-Ichigo, ¿acaso todo lo que has vivido no te ha enseñado que simplemente la vida no es fácil? No sé qué tanto de lo que supones será verdad o si estás equivocado, pero ¿crees que es lo mejor frustrarse así?

-Yo… siento que he fallado –bien, ahí estaba, por más vergonzoso que sonara lo había dicho.

-Tú no fallaste. Si no estuviste en su momento es porque así debía ser. Quizás si ella no hubiera muerto como tú crees no hubiera ido a Inuzuri, si no hubiera llegado a ese distrito no hubiera conocido a Abarai y probablemente no hubiera tenido siquiera la ambición de entrar en la Academia, Ichigo –ahí el joven tuvo que concederle la razón a la gata -Odio tener que decirlo así, pero no vale la pena llorar por la leche derramada… Y menos aún tenerle lástima a Rukia-chan… porque no sientes lastima de ella, ¿Verdad?

-Ni hablar –declaró irguiéndose. Podía sentir muchas cosas por la enana, pero jamás lástima. Apreciaba demasiado a la enana, a su maldito orgullo y a sus propios cojones como para arriesgarse a hacerlo.

-Entonces sólo resta que decidas qué harás niñato. ¿Seguirás leyendo? –era obvio que a la astuta morena no iba a escapársele de vista aquel librito que el muchacho no había dejado de apretar, ni mucho menos el extraño garabato dibujado en la tapa.

-Nunca hubo otra posibilidad en realidad… -medio sonrió Ichigo sintiendo como si su propia madre lo hubiera regañado usando alguna especie rara de psicología. Yoruichi, cuando no era un grano en el culo, era excepcional –gracias Yoruichi.

-De nada.

-Bueno… -suspiró mirándola intensamente.

-¿Acaso me estás echando? –sinceramente, era gracioso ver a una gata arquear las cejas.

-A menos que quieras ser cómplice en mi invasión a la privacidad de Hisana-san, la esposa de Byakuya…

No tuvo que decir más, con un escalofrío escandalizado – ¡No quiero ser despedazada por Senbonzakura! ¡Ichigo suicida idiota! –la gatita se había ido.

-Ya me parecía –sonrió Ichigo retomando la lectura.