Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia pertenece a Simone Elkeles, yo solo la adapto.
Edward
Me aferro a Bella, sintiendo una necesidad desesperada por protegerla. Si sólo pudiera moverme sin sentirme como una mierda, no me adormecería con sus dedos acariciando mi brazo. Mientras le doy la bienvenida a dormir, no quiero a Bella fuera de mi vista. Rodríguez podría hacerle daño, y no puedo dejar que eso suceda. Mientras Bella esté segura, está bien. Tengo que advertir a Jasper y mamá, también. Sólo necesito dormir fuera de este dolor... durante unos minutos. Los dedos de Bella trazando líneas arriba y abajo en mi brazo están calmando la agudeza del dolor. Cierro los ojos. Si me quedo dormido por unos minutos, está bien.
El sonido de la puerta chirriando me hace abrir los ojos. De repente me doy cuenta de que Bella ya no está sentada a mi lado. No es que realmente esperara que ella me mirara mientras yo duermo. Intento incorporarme, pero tengo tan condenadamente rígidos todos los huesos, músculos y articulaciones de mi cuerpo que está protestando. Me doy por vencido, me quedo de lado, debajo de la manta, con la esperanza de que entre Bella en la habitación y no sus padres... o peor aún, Seth. Si el niño salta sobre mí, el resultado podría ser feo.
Cierro los ojos. – ¿Bella?
–Sí.
–Por favor, dime que estás sola.
–No puedo.
Maldita sea. Hundo mi cabeza más profundamente en la almohada en un débil intento de ocultar la evidencia en mi cara.
–Edward, dime qué está pasando. Ahora, – demanda Swan con voz cortada, como muy militar. Por lo general, es tan relajado y tranquilo... sin embargo, ahora no.
–Me golpearon, –le digo. –Voy a estar bien en un par de días.
– ¿Puedes caminar?
–Sí, pero por favor no me hagas probarlo ahora mismo. Tal vez más tarde. Tal vez mañana.
Swan aparta las sabanas y maldice. No conocía al chico que tenía en él.
–Me gustaría que no hubieras hecho eso, –le digo. No llevo camisa, y está viendo la evidencia de primera mano. Miro hacia Bella, de pie junto a la cama. –Me has traicionado. Te he icho que no se lo dijeras.
–Necesitas ayuda–, dice ella. –No puedes hacer esto solo.
Swan se agacha para quedar cara a cara conmigo. –Vamos al hospital.
–No es una posibilidad–, le digo.
Oigo más pasos en la habitación. – ¿Cómo está?– Pregunta mi hermano.
– ¿Has llamado a la caballería al completo, o sólo a la mitad de ella?– Le pregunto a Bella.
Mi hermano me mira y sacude la cabeza. Se frota la cara, llena de frustración, ira y responsabilidad. No es culpa suya, es mía.
Si tenía opción o no, me metí en esto y voy a salir. Ahora mismo me gustaría que todos me dejaran solo, porque no quiero hablar de que estuve involucrado en una pelea y por qué sucedió en el primer lugar.
–Estoy bien. O por lo menos voy a estarlo–, le digo.
El profesor, con una expresión preocupada en la cara, te haría pensar que está molesto por su propio hijo, le dice a Emmett, –No quiere ir al hospital.
–No puede–, Emmett le dice.
–Eso es una locura, Emmett. ¿Qué tipo de gente no va al hospital cuando necesita atención médica?
–Nuestra tipo, –le digo.
–No me gusta. No me gusta lo más mínimo. No podemos sentarnos aquí y no hacer nada. Míralo, Emmett. Está prácticamente en posición fetal. Tenemos que hacer algo. –Oigo el ritmo de Swan de ir y volver por la alfombra. –Está bien. Tengo un amigo, Randall, que es médico. Puedo llamarlo y ver si viene y echa un vistazo a las lesiones de Edward–. Swan se arrodilla ante mí. –Pero si dice que tienes que ir al hospital–, dice, moviendo su dedo sobre mí, –vas, aunque tenga que sacarte de la casa gritando y pataleando.
Hablando de patadas y gritando... – ¿Dónde está Seth?– Le pregunto. No quiero que el chico me vea hasta que baje la hinchazón.
–Después de que Bella nos dijera lo que estaba pasando, Esme lo llevó a la casa de su madre. Se quedará allí durante unos días.
Su vida entera está sumida en el caos por mi culpa. Ya es bastante malo que esté comiendo su comida y ocupando espacio en su casa. Ahora su niño está desterrado porque estoy jodido. –Lo siento– le digo.
–No te preocupes por eso. Bella, yo voy a llamar a Randall. ¿Por qué no les damos a Edward y a su hermano un poco de intimidad? –Oh, infiernos. Eso es lo último que quiero.
Cuando la puerta se cierra, Emmett está por encima de la cama. –Te ves como una mierda, hermano.
–Gracias. –Miro a sus ojos inyectados en sangre y me pregunto si lloró cuando se enteró de que fui golpeado. En realidad nunca he visto llorar a Emmett en persona, aunque hemos pasado por momentos difíciles. –Tú también.
–Fueron los chicos de Vulturi, ¿eh? Bella me ha dicho que dijiste que fue el Diablo.
–Ellos son los que me sabotearon en la escuela. Anoche me asaltaron en contra de mi voluntad. Me dijeron que soy un Vulturi ahora.
–Eso es mentira.
A pesar de que me duele al moverme, no puedo evitar dejar salir una risa corta. –Que se lo digan a Vulturi. –Pensándolo bien... –Estoy bromeando. Mantente lo más lejos posible de Vulturi. Tú estás fuera de todo esto. Que siga siendo así. Lo digo en serio.
Empiezo a levantarme para poder asegurarme de Emmett me está escuchando. Él es mi hermano, mi sangre. Me molesta la mayor parte del tiempo, pero a fin de cuentas quiero verlo graduarse en la universidad y tener unos cuantos mini-Emmetts y mini-Rosalies molestos corriendo en el futuro.
Esta cosa con Vulturi... Simplemente no puede garantizar que pueda salir de ella. Me estremezco y contengo la respiración mientras lucho para sentarme, deseando poder aspirar y pretender que no estoy dolorido. No me gusta la sensación de debilidad y que todo el mundo me vea debatiéndome.
Emmett tose un par de veces, y luego se aleja para que no tener que verme debatirme más. –No puedo creer que esto está sucediendo de nuevo. –Se aclara la garganta, y luego se vuelve hacia mí. – ¿Qué te dijo Vulturi? Tiene que quererte, por alguna razón específica.
Cuanto más sepa, más profundo va a entrar en este lío. No puedo permitir que eso suceda. –Voy a averiguarlo.
–El infierno que lo harás. No me voy de aquí hasta que me digas todo lo que sepas.
–Supongo que vas a estar aquí un tiempo. Mejor ponte cómodo.
Swan golpea y vuelve a entrar –He llamado a mi amigo Randall. Está de camino.
La Sra. S. se nos une un segundo más tarde, con una bandeja en la mano. – ¡Ah, pobre!–, dice ella, inmediatamente deja la bandeja y se precipita hacia mí. Me examina el labio roto y las magulladuras. – ¿Cómo sucedió esto?
–No quieras más detalles, Sra. S.
–No me gustan las peleas. No resuelven nada. –Se pone la bandeja en el regazo. –Es sopa de pollo–, explica. –Mi abuela me decía que lo cura todo.
No tengo hambre, pero la señora S. está tan orgullosa de la sopa de pollo que tomaré una cucharada sólo para conseguir que deje de mirarme tan ansiosamente.
– ¿Y qué?–, Pregunta.
Sorprendentemente, el caldo caliente, salado con fideos me entra fácilmente. –Es fantástico–, le digo.
Todos me miran como madres gallinas. Estaba bien con Bella, pero estoy vulnerable ahora y no quiero nadie más alrededor. Bueno, además de Bella.
¿Dónde está?
Cuando el médico llega, pasa una media hora repasando todas mis heridas. – ¿De verdad te metiste en una pelea?, Edward. –Se gira hacia Swan. –Carlisle, va a estar bien. No hay conmoción cerebral, no tiene contusiones profundas. Tiene las costillas magulladas. No puedo estar seguro de que no tenga hemorragias internas, pero su color es bueno. Mantenlo en casa de la escuela por un par de días y debería empezar a sentirse mejor. Estaré de vuelta el miércoles para ver cómo está.
Después de que todos bajan para la cena, Bella se desliza de nuevo en mi habitación y se sitúa en el borde de la cama, mirándome. –No lo siento, les dije lo que le pasó. No eres tan invencible como creías. Y otra cosa. . . –Ella se inclina por lo que queda cara a cara conmigo. –Ahora que sé que vas a estar bien, he decidido no tener simpatía por ti. Si se trataba de drogas, es mejor que lo confieses. Sé que el dinero en el sobre que está en la funda de almohada no viene de la venta de mis galletas imán.
–Me gustabas más cuando eras simpática–, le digo. –Y te das demasiado crédito. Yo no podía regalar tus malditas galletas, y mucho menos venderlas. Y no estoy vendiendo drogas.
–Dime dónde tienes el dinero.
–Es complicado.
Ella pone ojos. –Todo contigo es complicado, Edward. Quiero ayudarte.
–Acabas de decir que no vas a tener simpatía. ¿Por qué me ayudas entonces?
–Eres egoísta, de verdad. No puedo soportar ver a mi novio falso dolorido.
– ¿Así que esto es acerca de ti, no de mí?– Le pregunto, divertido.
–Sí. Y para que lo sepas, has arruinado el baile de bienvenida para mí.
– ¿Cómo?
–Si no has notado los carteles alrededor de la escuela, es el próximo fin de semana. Si no puedes caminar, no hay manera de que seas capaz de bailar la noche del sábado.
Bueno pues aquí tenéis el siguiente capítulo. Espero que os haya gustado. Quiero daros las gracias a todos aquellos y aquellas que han comentado, que me han agregado a su lista de alertas y favoritos.
Nos vemos en el próximo capítulo.
Un beso desde Andalucía, España.
