DISCLAIMER: Todos los personajes de BLEACH pertenecen a Tite Kubo sama, yo solo le pido prestado algunos para hacer cosillas interesantes jujuju...


El diario
by Hana Hime

Orgullo

La gente siempre me ha visto como 'la siguiente'. Sólo como aquella que seguiría el linaje en caso de que Oka-sama no pudiera concebir un varón. Nunca me molestó ese hecho porque siempre fui débil. Y eso estaba bien, porque es el deber del varón ser fuerte y el de la mujer ser obediente…

Cuando empecé a entrenar para ser una Onna Bugeisha creí que podría cambiar ese concepto que la gente tenía de mí… pero parecería que el destino de burla de todos cuando menos te lo esperas.

Habiendo pasado dos meses ya desde que empecé a disciplinarme, mi cuerpo se ha convertido en un estorbo. Sufro por Rukia que llora al escucharme toser, sufro por mi anata que cada día se pone más pálido y ojeroso al saber los informes médicos, sufro más al causar molestias a otros que por la propia enfermedad que aqueja mi ser.

Me siento por completo embaucada. Creí que podría ser mi oportunidad. Realmente creí que esta vez me tocaba brillar… Estaba mejorando en arquería… y ya casi no me lastimaba al utilizar la naginata… sé que hubiera podido ser buena. Pero algo dentro de mí me dice que no viviré por mucho más tiempo… no se lo digo a mi anata para no preocuparlo más...

Los disturbios han ido en aumento. Las sirvientas me mantienen informada a pesar de que mi anata ha dado instrucciones de no molestarme mientras hago reposo… me dicen que se predice una invasión, que mucha gente morirá… me siento tan impotente… tan aislada.

Siento que mi orgullo ha sido herido… y por un enemigo por completo inesperado. Mi propio cuerpo me pesa, me es ajeno y desconocido. Débil. Lo odio. Odio no poder levantar a Rukia para calmar su llanto, odio no poder hablar más de unos minutos con mi anata sin que me falte el aire… incluso levantar la pluma para escribir supone un esfuerzo embarazoso…

Voy a morir como Oka-sama. Impotentemente rodeada de mis afectos, pero impotente al fin…

Kami-sama, si estás escuchando… por favor, permíteme realizar mi destino… permíteme cuidar de los míos. Haré las paces con Otou-sama… le daré un millón de hijos a mi anata… haré cualquier cosa… pero por favor… permíteme abandonar este lecho… permíteme seguir con vida… si no lo haces por mí, hazlo por mis amados… hazlo por Byakuya-sama que es tan noble y no ha hecho otra cosa que dar sin pedir nada a cambio, hazlo por mi padre que sé por otros que siente mucha culpa… hazlo por Rukia ¿No ha perdido demasiado ya? ¿No hemos sufrido ya lo suficiente…?

Estoy tan cansada…

Ichigo acarició la última página, notando las suaves manchas que las lágrimas de Hisana habían dejado; dio vuelta la hoja y estaba en blanco. Pasó algunas más por si la escribiente se hubiese equivocado… pero no. El diario terminaba allí, dejándole en la boca el sabor de la desesperación de Hisana y nada más que incertidumbre acerca del destino de las hermanas.

Se sentía tan malditamente vacío. Tenía un cuerpo de diecisiete años pero sentía el alma presa de un amargo y antiguo saber. Y supo, de alguna manera, que debía compartir su conocimiento, ya que este dolor no era sólo suyo.


-Gracias Urahara-san- susurró el joven atravesando el Senkaimon, llevando consigo sólo el pequeño diario.

-Ichigo… - la gatita y el ex capitán de la doceava sólo miraron cómo el joven partía, preocupados por él, pero a la vez confiando en que podría finiquitar aquel asunto que lo tenía tan ansioso.


Byakuya Kuchiki se encontraba rezando en el altar familiar. Él se consideraba un hombre práctico y razonable, que sabía cuando delegar las decisiones de una batalla en sus instintos. Confiaba en ellos y éstos rara vez lo habían decepcionado. Así que cuando se concentraron en su estómago, pesándole con la fuerza de un presentimiento, los siguió hasta donde le guiaron.

Así pues, a pesar de tener algunos pendientes en la Taisha, decidió permanecer un rato más en su mansión, rezándole a sus antepasados mientras los ojos de su fallecida esposa parecían mirarlo con emoción, por más bizarro que eso sonara.

Cuando su sirviente personal le dijo quién quería verlo, supo que había tomado la decisión correcta.


Ichigo sintió sus fosas nasales invadidas por el aroma a incienso y asumió de inmediato una actitud de sumo respeto ante el altar donde las imágenes de muchos Kuchiki reposaban.

El cabeza de la familia y capitán de la sexta lo miró sin abandonar su posición, esperando que él hablara primero. Rayos, venía en son de paz y aún así sentía que en cualquier momento le pondría a Senbonzakura al cuello.

-Ehm… Hola Byakuya –empezó.

-Kurosaki.

-Yo… sé que debe sorprenderte mi visita… pero bueno…

-¿Le pasó algo a Rukia? –preguntó Byakuya para alentar y quizás agilizar un poco el diálogo. Sabía que no le había pasado nada a su hermana ya que si así fuera el joven estaría desesperado y no con esa actitud casi servil que lo exasperaba un poco.

-¡No! No… o sea… no ahora…

Ok, eso sí había logrado desconcertar –un poco –al capitán.

Ichigo suspiró. Realmente era muy malo al expresarse. Un día lo matarían por ello. De fijo que sería Rukia por decir alguna burrada descomunal como que se veía gruesa estando embarazada…

¿Había pensado 'Rukia' y 'Embarazada' en la misma oración…? ¿Pero qué rayos…? No, no, no… ¡Concéntrate Ichigo!

-Yo, en mi mundo, encontré algo… una cosa. De Hisana-san –susurró mirando el portarretrato que reposaba en el centro del altar.

El joven capitán, ya de por sí callado, quedó mudo del asombro. Hubiera esperado que Kurosaki le hubiera dicho cualquier cosa menos eso.

-Es un diario… de Hisana-san. Y tú apareces en él.

Los ojos de Byakuya, que habitualmente reflejaban serenidad sino es que hastío, ahora estaban abiertos de par en par. Kurosaki quería matarlo de un infarto.

-Kurosaki…

-Sé que parece una locura… pero es cierto. Este diario lo escribió Hisana-san y también aparece Rukia – Byakuya no perdió de vista el brillo que apareció en los ojos del pelirrojo al nombrar a su hermana. Y por primera vez no sintió las naturales ganas de echarlo a patadas –y creo… que deberías tenerlo tú –Ichigo rio suavemente -¿Sabías que estuviste casado con ella siendo humano…? Bueno, al menos eso parece…

El muchacho esperó una contestación, pero ni una sola palabra más salió del moreno. Éste se levantó, caminó hacia un armario al costado del altar y allí empezó a revolver entre algunos libros y pergaminos hasta encontrar una caja de madera oscura pulida con engarces plateados en las esquinas. Acarició la tapa y suspiró, como juntando coraje, algo que esta vez dejó mudo al sustituto.

Byakuya volvió a sentarse sobre sus talones e Ichigo lo siguió, curioso por su comportamiento. El noble tocó la caja y esta se abrió sin emitir un solo chasquido.

Cerrada con Kidō… pensó el joven cada vez más intrigado cuando de pronto lo vio.

Dentro de la caja, sobre una cubierta de satén oscuro, sobrio y suave, había un segundo diario con una pareja de lo más peculiar dibujada en la portada. Chappy y el Embajador de Algas.

Santa mierda…