Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia pertenece a Simone Elkeles, yo solo la adapto.
Edward
Bella puede bailar como un profesional. Hombre, la desafías un poco y la chica se mueve como si estuviera poseída por la música. Bailo con ella, nuestros movimientos de repente se unen. Estamos encontrando nuestro propio ritmo juntos, bailando al son de cada canción sin parar. Bella me aleja de los pensamientos de Vulturi y del drama Rosalie/Emmett que está pasando.
Justo en medio de una canción rápida, el DJ hace una mezcla. Una canción dolorosamente lenta sobre el amor y la pérdida hace eco por el gimnasio. Bella me mira, insegura de cómo vamos a bailar esto.
Cojo sus manos y la pongo alrededor de mi cuello. Maldita sea, huele bien... como a frambuesas frescas que podrías oler por siempre. Al tirar de ella para que su cuerpo esté pegado al mío, todo lo que quiero hacer es llevármela y no devolverla nunca. Estoy tratando de fingir que Vulturi no existe y que no la dejaré para siempre a final del mes. Quiero disfrutar de hoy, porque mi futuro es un gran lío ahora mismo.
– ¿En qué estás pensando?–, Me pregunta.
–En irnos de aquí–, digo, diciéndole la verdad. Ella no sabe que en realidad estoy hablando de salir de Forks, pero está bien. Si supiera cuáles son mis planes, probablemente llamaría a Emmett y a sus padres y organizaría una intervención. Infiernos, probablemente también invitaría a Embry, mientras estuviera en ello.
Con los brazos todavía envueltos alrededor de mi cuello, me mira. Me inclino y la beso suavemente en sus labios suaves, brillantes, sin importarme que los profesores nos estén viendo. El cuerpo estudiantil fue advertido sobre la posibilidad de ser expulsado del baile por PDA.
–N-no n-n-nos podemos besar, –dice Bella, apartándose.
–Entonces vamos a algún lugar donde podamos. –Deslizo mi mano por su espalda y la apoyo en la curva por encima de su culo.
– ¡Oye, Edward!– Grita Jared mientras él y su cita caminan hasta nosotros después de que hemos bailado y comido y estamos listos para brincar. –Nos vamos a la casa del lago de mis padres. ¿Queréis venir?
Miro a mi cita. Ella asiente con la cabeza.
– ¿Estás segura?– Le pregunto.
–Sí.
Está lloviendo, así que corremos hacia el coche. Sigo a Jared y otros pocos coches fuera del estacionamiento. Media hora más tarde salimos de la carretera principal y nos metemos por un largo camino de entrada a una pequeña casa en un lago privado.
– ¿Seguro que estás bien con que estemos aquí?– Le pregunto. Ella no ha dicho mucho desde que salimos del baile.
-Sí. N-n-no quiero que la noche acabe.
Yo tampoco. Después de esta noche, la realidad empieza a configurarse. Seguimos otras tres parejas dentro de la casa, corriendo, porque ahora está lloviendo a cántaros. No es una casa grande, pero tiene grandes ventanales con vistas al lago. Estoy seguro de que si no fuera de noche seríamos realmente capaces de ver el lago. Ahora todo lo que vemos es la lluvia por las ventanas.
Jared tiene la nevera llena de latas de cerveza. –Todo es nuestro, –dice Jared mientras le lanza una a cada persona. –Y hay más en el garaje, si queréis.
Bella está sosteniendo la lata de cerveza que le ha tirado Jared. Está todavía sin abrir. – ¿Vas a beber?–, me pregunta.
–Tal vez.
Me tiende la mano. –Entonces dame las llaves. No quiero que conduzcas si vas a beber–, dice suavemente para que las otras parejas no puedan oírlo.
–Por cierto, –Jared grita, –todo el que beba tiene que quedarse aquí Reglas de la casa.
Miro a mí alrededor. Parece que las otras parejas están listas para acostarse. –Espera aquí –le digo a Bella, a continuación, voy al coche y saco el móvil que escondí en el tablero. Cinco minutos más tarde, regreso a la casa. A pesar de su timidez autoproclamada, Bella está haciéndolo muy bien. Jared le está hablando de los beneficios del combustible diesel y estoy tentado en decir: –Esta es mi chica. –Pero en realidad no es mi chica. Al menos, no lo será pronto. Esta noche, sin embargo, lo es.
Me pongo a un lado Bella. –Nos quedamos aquí–, le digo. –Acabo de llamar a tus padres. Han dicho que estaba bien.
– ¿Cómo has conseguido que estuvieran de acuerdo con que durmiéramos fuera?
–Les he dicho que hemos estado bebiendo. Al final han accedido para que no conduzcamos ebrios.
–Pero yo no estaba pensando en beber en absoluto.
Le doy una sonrisa maliciosa. –Lo que no sepan, no los matará, chica.
Mientras que el resto del grupo encuentra su propio lugar privado para acostarse esta noche, cojo un montón de mantas de Jared del armario y llevo a Bella fuera.
– ¿A dónde vamos?–, Pregunta.
–He visto un muelle en el lago. Sé que hace frío y llueve... pero está cubierto y es privado. –Me quito la chaqueta y se la doy a ella. –Toma.
Desliza sus brazos a través de los agujeros y lo mantiene cerrado. Me gusta que use mi chaqueta, como si de alguna manera ella fuera mía y de nadie más.
– ¡Espera!– dice Bella, agarrándome por la muñeca. –Dame las llaves.
¡Oh, demonios! Esto es todo. Aquí es donde me dice que no es mía, que todavía está enamorada de Mike y que quiere irse. O sólo quiere que la lleve de regreso a casa y tengo una idea equivocada. Aunque sólo me he bebido una cerveza y todavía estoy dolorosamente sobrio, no quiero llevarla de vuelta a casa. Quiero que esta noche dure tanto como sea posible.
–Necesito mi bolso–, explica. –Lo he dejado en el coche.
Oh. Su bolso. Estoy en la lluvia, mirando estupefacto a la chica que me hace querer aferrarme a ella y nunca dejarla ir, como si fuera mi manta de seguridad. Mis emociones están asustando a los demonios fuera de mí. En el camino al muelle nos detenemos en el coche. Saca su bolso y lo agarra mientras caminamos a través de la hierba.
–Mis zapatos se están hundiendo–, me dice.
Le paso las mantas y la cojo en brazos.
–No me sueltes–, dice, tratando de hacer malabares con las mantas en su regazo mientras se agarra a mi cuello para salvar su vida.
–Confía en mí. –Esa es la segunda vez que le digo esta noche que confíe en mí. La verdad es que no debería, porque después de esta noche, todas las apuestas se acaban. Pero no quiero pensar en el mañana. Esta noche necesito que dure toda la vida. Esta noche... esta noche puede confiar en mí, y puedo confiar en ella.
La siento en el muelle cubierto. Está oscuro, y las nubes negras cubren la luz de la luna. La parte superior de la manta está mojada, así que estoy contento de haber cogido un montón. Se las cojo y pongo las mantas secas en el muelle de madera, dándonos un lugar acolchado para dormir.
No sé si dormir es todo lo que vamos a hacer esta noche. ¿Bella? –Le digo.
–¿S-s-sí?–, Dice, su palabra resuena en la oscuridad.
–Ven a acostarte conmigo.
Bueno pues aquí tenéis el siguiente capítulo. Espero que os haya gustado. Quiero daros las gracias a todos aquellos y aquellas que han comentado, que me han agregado a su lista de alertas y favoritos.
Nos vemos en el próximo capítulo.
Un beso desde Andalucía, España.
