Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia pertenece a Simone Elkeles, yo solo la adapto.


Bella

Mi corazón palpita y me da una descarga de emoción por sus palabras. –Está o-o-oscuro. No puedo ver nada.

–Sigue mi voz, chica. No te dejaré caer.

Extiendo la mano en la oscuridad como si estuviera ciega, temblando todo el tiempo por el nerviosismo o la fría lluvia. No puedo decir que me hace temblar más.

Cuando nuestras manos se encuentran en medio de la noche negra, me guía hacia las mantas. Pongo mi bolso con el condón al lado de la manta, a continuación, tiro torpemente mi vestido para poder sentarme frente a él.

Él envuelve sus fuertes y musculosos brazos a mí alrededor. –Estás temblando '–, dice, tirándome contra su pecho.

–N-n-no puede evitarlo.

– ¿Tienes frío? Puedo ir a buscar más mantas si...

–No, no te vayas. Q-q-quédate conmigo. –Me vuelvo para envolver mis brazos alrededor de su cintura. Estoy acariciando el calor de su cuerpo, sin dejarlo ir. –Estoy n-n-nerviosa.

Él me acaricia el pelo, ahora mojado por la lluvia. –Yo también.

– ¿Edward?

– ¿Sí?

Ya que no puedo verlo, llego hasta su mandíbula y se siente bien afeitado. –Dime algo sobre tu infancia que recuerdes. Algo b-b-bueno.

Le toma mucho tiempo responder. ¿No recuerda nada feliz de su vida en Chicago?

–Emmett y yo siempre nos metíamos en problemas después de la escuela cuando mi madre estaba trabajando. Se suponía que Emmett debía estar a cargo de todo, pero la última cosa que quería un niño de trece años, era hacer los deberes cuando llegábamos a casa. Hacíamos esos concursos llamados los Juegos Olímpicos Cullen y creábamos los eventos más ridículos.

– ¿Cómo qué?

–Emmett tuvo esa estúpida idea de cortar la parte superior de las medias de mi madre y ponerle pelotas de tenis dentro de cada pierna. Lo llamó Disco panty. Les dábamos vueltas y vueltas como molinos de viento, luego los tirábamos tan fuerte como podíamos. A veces el que llegaba más lejos ganaba, y a veces el que llegaba más alto. –Se ríe. –Éramos tan tontos que las guardamos otra vez en el cajón de mi madre y pensamos que nunca sospecharía que fuimos nosotros quienes las mutilamos.

– ¿Fue dura con vosotros?

–Digamos que todavía me duele el culo desde ese día, y eso que fue cuando tenía siete años.

–Ay.

–Sí. Emmett y yo pasábamos mucho tiempo juntos en aquel entonces. Una vez quise ser un pirata, así que me fui a la habitación de mi madre, cogí su caja de joyería, y la enterré en el bosque cerca de nuestra casa. La mayor parte era joyas falsas y estúpidos pines que tenía que usar en el trabajo. Llegué a casa y dibujé un mapa con una gran X roja donde había escondido la caja, le dije a Emmett de encontrarla.

– ¿La encontró?

–No– Él da una breve carcajada. –Y yo tampoco.

– ¿Tu mamá se enfadó?

–Enfadarse es un eufemismo, chica. Todos los días después de la escuela iba a los bosques para desenterrar sus joyas, pero nunca pude encontrarlas. Lo peor de todo es que su anillo de boda estaba en la caja... no lo volvió a usar después de que mi padre falleciera, porque no quería arriesgarse a perderlo.

–Oh, Dios mío. Eso es horrible.

–Sí. No fue divertido a la vez, eso es seguro. Pero un día encontraré la caja, si alguien no la ha cogido primero. Bueno, tu turno. ¿Qué has hecho tú para enfadar al todopoderoso profesor y a la Reina Madre de los tés orgánicos?

–Una vez escondí las llaves del coche de mi padre para que no fuera a trabajar–, le digo.

–No es lo suficiente mal. Dime algo más.

–Solía fingir estar enferma para poder quedarme en casa y no ir a la escuela.

–Por favor, yo era el campeón en eso. ¿No tienes nada realmente malo? ¿Has sido una Santurrona dos zapatos toda tu vida?

–Cuando estaba enfadada con mis padres, solía echarles a su pasta salsa de Tabasco.

–Ahora entiendes de lo que estoy hablando. Bien.

–Pero mis padres nunca me pegaron, no creían en ello. Sin embargo, estuve un montón de tiempo castigada durante mi etapa rebelde cuando tenía doce años.

Se ríe. –Yo vivo en una etapa de rebeldía permanente. –Sus dedos rozan mi rodilla y poco a poco suben. Cuando llegan a la liga, toca el encaje. – ¿Qué es esto?

–Una liga. Se supone que tienes que quitármela, y guardarla como un recuerdo. U-una especie de trofeo por ir lejos sexualmente con una chica. Realmente es estúpido. Y del tipo h-h-humillante si pienso en ello d-d-demasiado.

–Sé lo que es–, dice, con la diversión evidente en su voz. –Sólo quería escuchar tu explicación. –Él se desliza poco a poco, los labios siguiendo el camino de la liga. –Me gusta–, dice mientras me quita los zapatos. La liga los sigue.

– ¿Te sientes rebelde ahora?– Le pregunto.

. Muy rebelde.

– ¿Recuerdas cuando me dijiste que tú y yo íbamos a meternos en problemas un día de estos?

–Sí.

–Creo que ese día es este. –Llego con la mano y empiezo a desabrocharle la camisa. Deslizo su camisa abierta y le doy pequeños besos en su pecho sólido, desnudo. Muevo mis besos más y más lento mientras abro más botones. – ¿Quieres meterte en problemas conmigo, Edward?


Bueno pues aquí tenéis el siguiente capítulo. Espero que os haya gustado. Quiero daros las gracias a todos aquellos y aquellas que han comentado, que me han agregado a su lista de alertas y favoritos.

Nos vemos en el próximo capítulo.

Un beso desde Andalucía, España.