DISCLAIMER: Todos los personajes de BLEACH pertenecen a Tite Kubo sama, yo solo le pido prestado algunos para hacer cosillas interesantes jujuju...
El diario
by Hana Hime
Confidencias.
-¿Y… qué es lo que quieres hacer? –preguntó el pelirrojo acostado sobre la cama, mirando de frente a la morena que dormía a su lado.
Después de las recientes revelaciones y la cantidad de emociones que habían compartido en las últimas horas luego de que ella llegara hecha una furia de la SS, les había parecido tácitamente absurdo que ella se fuera a dormir al armario o a la habitación de las gemelas.
-¿Respecto de qué Fresita…? –rebatió ella en apenas un susurro. Era ya pasada la medianoche y el silencio que reinaba era de lo más reconfortante. Bueno, quizás no tan reconfortante para la morena, ya que sabía que si provocaba al pelirrojo, su respuesta seguramente vendría en estéreo.
Y casi que acertó. Los ojos del muchacho se ampliaron, una vena en su frente se hinchó y lo sintió contener el aire como para gritarle, pero casi que inmediatamente pareció recordar la hora y el lugar en donde se encontraban.
-Joder, siempre tienes que sacarme de quicio ¿verdad? –la regañó ofuscado –odio ese puto apodo y lo sabes…
-Si bueno, pero al menos no lo hice en ese tonito que también odias… -estaba segura que si hubiera sacado ese tonito de niña buena y toda correcta de su manga, la respuesta hubiera sido de lo más estridente.
Ichigo sólo gruñó, confirmando su teoría.
-No contestaste mi pregunta –refunfuñó el pelirrojo.
-Y tú no contestaste la mía, baka –lo volvió a rebatir. Era tan benditamente fácil provocarlo.
-Respecto del puto diario y la puta carpeta, enana del demonio…
El puñetazo a la boca del estómago no se hizo esperar.
-Justo cuando me estaba preguntando qué había sido del inmaduro que conocí, él hace una estúpida entrada triunfal –le espetó la morena sentándose sobre la cama, dedicándole una mirada mortal –sería bueno para tu integridad que aprendieras la diferencia entre la provocación y el insulto.
-Ya, es fácil decir eso para ti, después de todo has tenido AÑOS para aprender…'No puedes decirme nada niñato, puesto que he vivido diez veces más que tú' –le imitó meneando el dedo en su dirección, agravando su tono para imitar la suave pero gruñona candencia de su voz al regañarlo.
-Pues no dejas de ser un niñato insoportable.
-Ni tú una anciana.
-Idiota.
-Perra.
-Cabeza de zanahoria.
-Marimacho.
-Imbéc… ¿Eh? ¿Marimacho? –preguntó ella un tanto estupefacta. Él nunca la había llamado de esa manera. Pensó la palabra y en su significado, y se sintió un poco herida en su orgullo. Miró a su nakama queriendo saber si la palabra tenía real significancia para él al momento de describirla, pero él sólo se encogió de hombros.
-La leí en un manga –y con esa sola frase, las inseguridades murieron antes de siquiera haber despuntado en los confines de su conciencia.
"Bueno, después de todo, yo lo he llamado nenita…" –concluyó un tanto divertida.
-Volviendo al tema… -empezó tentativamente el muchacho.
-Sí, quiero que leamos primero el diario… y respecto de la carpeta, miraremos juntos y yo te contaré algunas cosas de mí a cambio de que tú hagas lo mismo.
-¿Condición sine qua non? –preguntó un tanto resignado el shinigami sustituto sabiendo qué era aquello que ella querría hablar sin duda.
"Si te pregunto, ¿me responderás? Es tu problema. Un problema muy profundo. No tengo derecho a saber. No tengo un método de entrar en las profundidades de tu corazón sin poder ensuciarlo. Así que voy a esperar. Cuando quieras hablar, cuando pienses que estás bien para hablar... Habla conmigo. Hasta ese momento, voy a esperar."
Bien, él había invadido su intimidad y la de su hermana, así que ella merecía en cambio al fin tener una respuesta de su parte. Lo entendía.
-Correcto –respondió la Rukia con un gesto de suficiencia en el rostro y los brazos tercamente cruzados.
-Bien, ven aquí –le señaló golpeando la sábana a su lado al tiempo que apoyaba la espalda sobre la pared de la ventana y abría el diario sobre su regazo.
-¿No tienes escuela mañana? –preguntó ella descansando su cabeza sobre el hombro del pelirrojo.
-No importa, me tomaré unos cuantos cafés y listo –susurró el muchacho agradeciendo que la morena necesitara de su contacto. Lo que leerían probablemente no fuera sencillo de digerir para ninguno de los dos, en especial para Rukia.
Aún no entiendo esta necesidad de escribir que se apodera de mí, pero el hecho es que cada vez que fuertes emociones o grandes acontecimientos se suceden en mi vida, siento que lo más natural del mundo es plasmar todo en palabras, con tinta, en papel.
Hasta después de que Byakuya-sama y yo nos conociéramos, no podía recordar la identidad de la niña que cargué en brazos desde que llegué a este mundo. Lo único que entendía era que tenerla en mis brazos era doloroso, que al verla una sensación horrorosa de culpa y pérdida me invadía, que el pronunciar su nombre hacía que las lágrimas asaltaran mis ojos y millones de imágenes dolorosas y sangrientas aparecieran en rápida sucesión en mi mente.
Hasta después de que Byakuya-sama y yo nos conociéramos, no recordé que esa pequeña era mi hermana. Mi hermana, sangre de mi sangre, carne de mi carne, unidas ambas por un vínculo inusualmente raro en este mundo según lo que me ha contado mi anata.
Ahora soy parte del clan Kuchiki, muy a pesar de mis suegros y el resto de la familia. Porque no soy noble, porque soy del Inuzuri, porque soy absolutamente insignificante…
Pero por Byakuya-sama soy capaz de superar cualquier obstáculo, de superar cualquier insulto, de poner en mi cara una sonrisa radiante cuando lo que más quisiera es llorar. Porque Byakuya-sama no sólo me ama como jamás nadie me ha amado, sino porque me ha ofrecido un lugar para Rukia en la familia, porque me ha asegurado que más allá del rechazo de la familia, ella será parte del clan. Y eso para mí significa más que cualquier otra cosa en el mundo.
Ichigo sintió agitarse la respiración de la morena sobre su hombro y sin despegar la mirada del diario, deslizó su mano para tomar la de Rukia.
-Siempre me pregunté… cómo fue la relación de Nii-sama con Hisana-onee-sama… -susurró la teniente.
-Se no-nota que él la quería mucho… la qui-quiere… -murmuró el muchacho un tanto apenado. No le era muy cómodo hablar sobre la relación personal íntima del capitán y su mujer. Era exactamente igual que el tema de la autocensura que realizaba al leer el diario. Mientras más pudiera bloquear ese tipo de imágenes en su mente, mejor.
He recorrido el distrito por partes, empezando por la casa donde la dejé. Pero grande fue mi sorpresa al ver que ya no existía. Mi imprudencia no tuvo límites al dejarla en ese lugar. Estaba tan… desesperada por alejarme de ella, que la dejé sin preguntarme quiénes vivían en esa casa, ni cómo eran… sólo la dejé allí porque era la casa menos destruida que había encontrado.
Desde entonces es que estoy recorriendo Inuzuri preguntando por ella, aún cuando mi salud se deteriora cada día más.
-Cuando un alma muere en la SS, vuelve al mundo de los humanos ¿verdad? –quiso confirmar el muchacho teniendo en cuenta lo comentado por Yoruichi.
-Sí. Cuando un shinigami purifica un alma, ésta viene a la SS. Una vez cumplido su tiempo allí, reencarna.
-Ahora que me acuerdo, creo que me comentaste algo de esto cuando apenas nos conocimos… cuando me explicaste por qué los shinigamis y los Quincy eran enemigos o algo así.
-Ajá, porque ellos en lugar de purificar, destruyen el alma por completo. Al hacer eso indiscriminadamente, crean un desequilibrio.
-¿Indiscriminadamente? –inquirió el muchacho al escuchar esa palabra tan particular.
Rukia miró al pelirrojo como quien mira a un niño que aún cree en Santa Claus y eso, más allá de darle un mal presentimiento al joven, lo puso de mal humor. La respuesta no iba a gustarle para nada, de eso estaba seguro.
-¿Qué? –le espetó cerrando el diario con un dedo dentro para marcar la página.
La teniente se lamentó de haber dirigido esa mirada al sustituto, pero Ichigo realmente tendría que entender a esta altura que la SS era una sociedad rigurosamente manejada, con sus propias reglas, más allá de que él les hubiera volado la cabeza a todos.
-Ichigo, el mundo de los humanos y la Sociedad de Almas tienen que estar en equilibrio. Entiéndelo por favor, ese es el trabajo de los shinigamis. Cada persona debe morir y reencarnar según el orden establecido, en el momento establecido. Controlando los decesos, purificando las almas, eliminando a los Hollows y si, a veces eliminando de manera supervisada a algunas personas del Rukongai… es como se mantiene la balanza entre ambos mundos. Por eso los Quincy fueron considerados una amenaza hace doscientos años, porque ellos causaban un desequilibrio al eliminar tantas almas sin control…
-Nunca entenderé por qué mierda tratan a las almas con tan poca consideración, lo juro –gruñó el muchacho molesto –entiendo lo que quieres decir, no me malinterpretes, pero es igual que con las almas modificadas. Porque creen que no son necesarias o porque creen que es necesario que desaparezcan… es lo mismo. Deciden por sobre todos como si fueran…
-¿Reyes? ¿Dioses? –inquirió la morena con una sonrisa que no le llegaba a los ojos –shinigamis Ichigo, literalmente dioses de la muerte… eso es lo que somos. Y aún cuando no quisiéramos que fuera así, es la voluntad del rey aquella que nos gobierna a través de las instrucciones dejadas a la cámara de los 46.
Ichigo cerró los ojos sintiendo nacer un punzante y enorme dolor de cabeza. No quería discutir con Rukia de estos temas. En primer lugar porque lo ponían de mal humor (como muchas cosas ultimamente) y en segundo porque lo obligaban a reconocer lo poco que importaba la libertad ajena en el mundo que gobernaba la existencia de su nakama. No lo dejaba para nada tranquilo saber que personas que podían llegar a ser tan inescrupulosas fueran las que decidieran sobre la vida de tanta gente, pero en especial sobre la de Rukia. Maldita sea, él también podía ser egoísta casi sin proponérselo, porque estaba consciente de lo que sería capaz de sacrificar porque ella estuviera bien.
-Creo que por hoy ha sido suficiente ¿No? –sugirió él dejando el diario sobre la mesa, estableciendo una tregua temporal. Necesitaba dormir, necesitaba recuperar un poco de su escasa paz mental en rotundas horas de sueño.
Rukia tampoco quería pelear con él. No hoy, no después de todo lo que habían compartido, no cuando se encontraba tan susceptible y por demás propensa a retener un poco de estabilidad. Porque el que Ichigo cuestionara el orden de su mundo agitaba sus propias dudas, sus propias ansias rebeldes, pero ella en este momento necesitaba la estabilidad de ese riguroso y casi inescrupuloso mundo. Al menos por ahora. Sólo por ahora. Joder, ella también necesitaba un orden en su vida, un centro que la obligara a enfocarse más allá de las caóticas emociones que la acometían, y el sistemático esquema militar de la SS era lo único medianamente parecido que tenía en el momento. Quizás, más adelante...
-Tienes razón, vamos a dormir Ichigo.
