Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia pertenece a Simone Elkeles, yo solo la adapto.
Edward
¿Meterme en problemas con ella? Infiernos, en el primer minuto que puse los ojos sobre ella en el instituto Forks estaba en problemas. Ahora estoy perdido en la sensación de sus suaves y tibios labios en mi piel. La dejo tomar el control de esto. Me estoy reteniendo, a pesar de que mi cuerpo está gritando por más. Rosalie, me dijo que tenía controlar mi ego y mi actitud esta noche. El problema es que no tengo un mango de ellos en estos momentos.
Saca su lengua húmeda y roza mi pezón izquierdo. – ¿Está todo b-b-bien?–, Pregunta.
Ninguna chica me ha hecho eso. Diablos, no sé si alguna vez habría dejado a ninguna otra chica hacérmelo. Pero esta no es cualquier otra chica, es Bella. Tengo la sensación de que podría hacer lo que quisiera conmigo ahora mismo y me gustaría estar bien con ella. –Sí. Se siente muy bien, chica. No puedo esperar a devolverte el favor.
Mi respiración es irregular cuando trato de instar al resto de mi cuerpo a calmarse mientras su boca se mueve al otro lado de mi pecho.
Necesito sentirla contra mí. Nunca afirmé ser paciente. –Oye, –le digo, levantando la barbilla. La beso suavemente, sin desear nada más que tenerla tendida a mi lado en este momento. –Es mi turno.
Deslizo mi chaqueta fuera de sus hombros y la tiro fuera de nuestro camino. Mis dedos se mueven hasta la cremallera de su espalda, parando cuando llego a la parte superior. Cuando la deslizo lentamente, expongo piel que me gustaría poder ver, pero sólo puedo imaginar, Bella me desabrocha el pantalón y llega al interior para tocarme sobre los calzoncillos.
– ¿Qué estás haciendo?– Le pregunto.
–Lo siento–, dice rápidamente, tirando de su mano hacia atrás. –T-t-tenía que hacer a-a-algo con mis manos y quería saber si te e-e-encendía.
Me río. Dejo a Bella que vaya a mis calzoncillos en busca de respuestas. – ¿Has sentido la evidencia?– Le pregunto, divertido.
–Sí–, susurra. –Estás encendido.
–Para que lo sepas. . . –Le cojo la mano y la coloco encima de mí otra vez. –Sólo pensar en ti me hace ponerme duro.
Puedo sentir su sonrisa, a pesar de que no la puedo ver. Me imagino que sus pestañas enmarcan sus ojos camaleón, que probablemente se volvieron de un tono marrón chocolate claro.
Deslizo el vestido por sus hombros y no paro hasta que está completamente fuera de ella.
–Tu turno–, susurra, alejándose cuando llego a tocarla.
Me saco toda la ropa fuera menos la ropa interior, a continuación, tiro de ella bajo las sábanas conmigo. – ¿Tienes frío?– Le pregunto, notando un ligero movimiento de sus manos cuando llega y memoriza mi cara con los dedos.
–No.
Me inclino sobre ella y la beso. –Dame tu gérmenes–, le digo, burlándome de Seth por lo del beso francés.
–Sólo si me das los tuyos–, dice contra mis labios. Abre la boca para mí y deslizamos nuestras lenguas juntas, la humedad resbaladiza me hace ponerme aún más duro, si eso es posible.
Nos movemos juntos, nuestros cuerpos oprimiéndose entre sí por lo que parece ser una eternidad. Llego al interior de sus bragas, sintiendo al mismo tiempo como envuelve las manos a mi alrededor.
–He traído un condón–, le digo cuando deslizo hacia abajo sus bragas. Los dos estamos calientes y sudorosos, y no puedo resistir más.
–Yo también–, susurra en mi cuello. –Pero podría no ser capaz de utilizarlo.
– ¿Por qué no?– Espero que me diga todo esto es un error, que realmente no tenía intención de ponerme todo caliente y molesto sólo para decirme que no soy lo suficientemente digno para tomar su virginidad, pero es la verdad
Se aclara la garganta. –Todo d-d-depende de si eres alérgico al l-l-látex.
¿Al látex? Nunca me han hecho esa pregunta. Tal vez sea porque todas las chicas con las que he estado esperaban que llevara yo la protección, o no esperaban que lo usase en absoluto. –Chica, no soy alérgico a nada.
–Bueno–, dice ella, buscando en su bolso y sacando el paquete del condón. – ¿Quieres que te lo ponga?
Ella no puede ver levantarse un lado de mi boca. No soy el virgen de aquí, y sin embargo, esta noche está llena de primicias para mí. – ¿Seguro que puedes hacerlo?
Oigo el desgarrón de la apertura del paquete. – ¿Oigo un desafío?– Susurra, luego se inclina hacia adelante y dice contra de mis labios: – ¡Oh, Edward! Sabes que no puedo resistirme a un desafí fonéticamente
Bueno pues aquí tenéis el siguiente capítulo. Espero que os haya gustado. Quiero daros las gracias a todos aquellos y aquellas que han comentado, que me han agregado a su lista de alertas y favoritos.
Nos vemos en el próximo capítulo.
Un beso desde Andalucía, España.
