DISCLAIMER: Todos los personajes de BLEACH pertenecen a Tite Kubo sama, yo solo le pido prestado algunos para hacer cosillas interesantes jujuju...


El diario
by Hana Hime

Sueño.

Una brisa fina y ligera cual pluma acariciaba el patio trasero, haciendo que los delicados pétalos del antiguo árbol de sakura flotaran hacia la galería y cayeran sobre el estanque Koi.

La joven muchacha se encontraba sentada en la galería, sosteniendo a la pequeña bebé que hasta hace unos minutos había estando meciendo y que ahora dormía plácidamente, apretando entre su manita uno de sus dedos. A su lado, estaba su anata, permitiéndole apoyarse en él, protegiendo con su cuerpo a la pequeña bella durmiente de los rayos del sol.

Todo era paz y quietud, pero estaban conscientes –gracias a la visita que esperaban –de que poco iba a durar.

-¡HISANA-SAMA! ¡RUKIA-CHAN! –chilló un bólido entrando por la esquina de la galería a toda velocidad.

-Shhh… -chistó la mujer colocando un dedo cerca de su boca, en señal de silencio –Rukia-chan está dormida… -susurró sonriéndole a las tres figuras que integraron el bullicioso bólido.

-Gomenasai Hisana-sama… -susurró una de las niñas que componían el grupo.

-No hay problema Yuzuko-chan, gracias a Dios Rukia tiene el sueño pesado… -sonrió mientras la pequeña, de cabellos rubios cenizos, se sonrojaba al encontrarse ante la presencia de una mujer tan hermosa y elegante. Hisana-sama era su ídola.

-Hisana-sama ¿Podemos jugar cargar a Rukia-chan cuando despierte? –preguntó la otra de las niñas, melliza de la anterior pero con cabellos color ébano.

-Por supuesto Akari-chan… -volvió a sonreír Hisana ante el cariño que los pequeños vecinos tenían por su hermanita. Ese era el tipo de trato gentil y cariñoso que hubiera querido tener ella cuando joven.

-¿Y-yo t-también pu-puedo…? –susurró bajito el tercer miembro del grupo, el menor de la familia y único varón, Ichikuro. El pequeño, sonrojado hasta las orejas, miraba hacia el suelo pero en cuanto podía fijaba sus ojos de un color miel en la pequeña entre sus brazos.

Hisana iba a asegurarle que sí podía cargarla cuando las pequeñas la interrumpieron con estruendosas carcajadas.

-¡Hisana-sama, Hisana-sama! –corearon al unísono -¡A Ichi-nii-chan lo castigaron ayer! –chillaron al tiempo de que se ponían a dar saltitos.

El sonrojo del pequeño pelirrojo se intensificó y Hisana pudo notar como sus bracitos temblaban de puro enojo. No podía concebir por qué castigarían a tan adorable niño, ni tampoco llegó a preguntar cuando las dos niñas se lo revelaron sin esfuerzo.

-¡Golpeó a Jona-kun! ¡Golpeó a Jona-kun! –exclamaron las pequeñas un momento antes que su hermano menor empezara a perseguirlas por el jardín, exigiendo a chillidos que se callaran.

Hisana no podía afirmarlo, pero casi que sintió un atisbo de orgullo proceder de su querido anata, como si agradeciera que el pequeño pudiera hacer lo que él hubiera querido realizar. Aunque si tenía que ser sincera, el pequeño Jonathan Robertson también la ponía un poco nerviosa al quedársele mirando a Rukia así, tan fijo, casi de manera escalofriante.

Temiendo que los chillidos de los pequeños despertaran a una malhumorada Rukia y ardiendo de curiosidad por los motivos de Ichikuro, Hisana lo llamó suavemente, a la vez que movía suavemente una de sus manos.

El pequeño pelirrojo inmediatamente paró su persecución y se dirigió atento ante la oka-chan de Kia-chan.

-Ichikuro-kun, dime ¿es cierto que golpeaste a Jonathan-kun? –inquirió la morena y un segundo después agregó –no voy a regañarte, sólo quisiera saber… -le aseguró al ver cómo el pequeño parecía querer largarse a llorar de la vergüenza. Afortunadamente su intuición fue la correcta, ya que el pelirrojo se calmó notablemente y suspiró.

-Hai. Yo golpee a Jona –confesó el niño apretando entre sus manitas la tela azul de su yukata azul petróleo. Le daba tanta vergüenza haber decepcionado a Hisana-sama, con lo buena que era. ¿Y si no lo dejaba visitar a Kia-chan nunca más?

-¿Y por qué golpeaste a Jona-kun, Ichikuro-kun? –preguntó nuevamente la morena, percatándose de cómo el pelirrojo omitía los honoríficos al referirse al joven Robertson.

-Él… él la miraba mucho y… -balbuceó el niño –Y dijo… dijo ¡Dijo que iba a casarse con Rukia-chan! ¡Y él no puede…! No puede…

Después de tan efusiva respuesta, el crío pareció darse cuenta de su impertinencia y con rapidez se inclinó ante Hisana-sama y Byakuya-sama, esperando en silencio lo que suponía su merecido castigo. Había levantado la voz frente a sus mayores y había dicho eso… eso…

-Ichikuro-kun, ¿tu quieres mucho a Rukia-chan, verdad? –preguntó la doncella al tiempo que pasaba a la bebé a brazos de su anata.

Con cautela el pelirrojo levantó la cabecita y asintió, tragándose en lo que pudo el pudor que lo invadía.

-Bueno, te voy a contar un secreto Ichikuro-kun, pero no se lo vayas a decir a nadie… -susurró la morena haciéndole un gesto al pequeño para que se acercase. Éste asintió y luego negó, sin saber cómo contestar, pero queriendo ganarse la confianza de Hisana-sama –a mi tampoco me gusta Jona-kun para Rukia-chan… además a mi me parece que a ella le cae mejor otra personita… -susurró la Kuchiki mirando de reojo a su anata, el cual suspiró resignado ante la voluntad de su mujer y luego asintió, dando su consentimiento.

Feliz ante su victoria, la mujer se irguió y miró seria al pequeño –Ichikuro-kun, te tengo una importantísima misión.

El niño se enderezó como un soldado esperando una orden de Dios.

-Desde hoy en adelante, protegerás a Rukia-chan de todo y de todos. Serás su amigo y más.

A Ichikuro le pareció la mar de genial la misión, excepto por la última parte porque sencillamente no entendió, pero no se dejaría amedrentar.

-Como contraprestación -¡qué palabra tan larga! Menos mal que su otou-sama le enseñaba algunas de vez en cuando –Rukia-chan te cuidará y será tu amiga, y más –otra vez esa palabra… pero bueno, ya averiguaría qué quería decir Hisana-sama -¿Aceptas Ichikuro-kun?

-¡Hai! –exclamó el pequeño eufórico al saberse el guardián de la pequeña y mona Rukia-chan. Porque Kia-chan era sugoii. Cuando estaban juntos él era el único que la hacía reír fuertísimo. Además él sabía que le caía mejor a Rukia-chan que ese baka de Jona. ¡Porque Rukia-chan lo imitaba siempre! A veces él aparecía chillando –por culpa de sus hermanas –y Rukia-chan empezaba a chillar también, y si él chillaba más alto, ella también y si él paraba, Rukia-chan también paraba y se le quedaba mirando. Él quería ser el héroe de Kia-chan.

El pequeño se sintió grande teniendo tamaña tarea sobre sus hombritos, pero él quería ser un hombre honorable y grande y sugoii como su otou-sama, y sintió que esa importantísima misión que le acaba de encomendar Hisana-sama, era el primer paso en la empresa.

Lamentablemente, sus hermanas siempre llegaban para fastidiar el momento.

-¡KYAAAA! ¡A ICHI-NII-CHAN LO ACABAN DE COMPROMETER! –chillaron las mellizas eufóricas. Una vez que su hermanito se había olvidado de ellas, fueron libres de escabullirse y escuchar cada una de las palabras de los presentes. ¡Iban a poder ver a Rukia-chan más seguido!

El pequeño comenzó a correr a sus hermanas, furioso por su impertinencia y al instante Rukia-chan rompió a llorar, desconsolada por ser perturbada de su siesta…


Al instante de despertar, Rukia comprendió lo polémico de su sueño. En parte podía atribuir la temática del mismo al contenido del primer diario comentado por Ichigo, pero si bien podía justificar así la temática, no podía respecto del rumbo del sueño. El rumbo era obra de su mente, de su corazón y de nadie más. Ya no había caso en negar lo innegable.

Maldito cabeza de zanahoria, te me has metido muy dentro… -gruñó la shinigami mirando a su compañero de cama dormir plácidamente. Y muy aparatosamente. Con dieciocho años Ichigo seguía roncando como un crío, pero gracias a Dios ya había dejado de tener los típicos 'calambrecitos mañaneros' que le arrancaban los colores a ambos. –le quiero. Le quiero. Joder, le quiero. –ella no era del tipo de persona que berreaba sus sentimientos al mundo, pero sintió unas tremendas ganas de zarandear al muchacho y gritarle su epifanía, pero así como surgieron esas ganas, se esfumaron ante la perspectiva de ser rechazada… - él me conoce, sabe como soy… quizás como nadie… -y al parecer a él le gustaba cómo era ella, pero había cosas que él no sabía, cosas del pasado. Ella era mucho más rara y oscura que lo que demostraba… ¿y si él realmente no la conocía tanto? Y si él creía que ella era de una forma y… -quiero que me conozca… quiero que sepa de mí. Así como me hizo feliz conocer cosas de Hisana-onee-sama, quiero… necesito que él sepa de mí. –aún cuando sabía que era su última barrera, puesto que Ichigo no había estado presente, su pasado era algo delicado, casi turbulento y triste… y aún así –el segundo diario de onee-sama tendrá que esperar…

-Ichigo… -susurró colocando su mano sobre el pecho del muchacho.

El pelirrojo refunfuñó un tanto antes de abrir sus lagañosos ojos –¿qué pasa? ¿Ya es hora de ir a clases? –gruñó refregándose al tiempo que se sentaba y buscaba su reloj despertador.

-No, aún falta pero… Ichigo, cuando volvamos del colegio –susurró tironeando de la remera de él, sintiéndose estúpidamente tímida -¿Quieres saber de mí?

Y él, sintiéndose como cinco variedades de estúpido, farfulló - ¿Ehh?