Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia pertenece a Simone Elkeles, yo solo la adapto.
Bella
–Despierta, chica.
El sonido de la voz de Edward y el suave toque de sus dedos en mi hombro desnudo me hace removerme. Mis piernas están entrelazadas con las suyas, mi cabeza se encuentra en el hueco de su brazo, y los recuerdos de lo que hicimos hace unas horas están trayendo sentimientos agridulces a la superficie.
Abro los ojos. Es todavía de noche, y ambos estamos completamente desnudos bajo las sábanas. –Hola, –le digo, con voz aturdida y cansada.
–Hola. Tenemos que irnos.
– ¿Por qué? ¿No podemos simplemente permanecer aquí más tiempo?
Se aclara la garganta y se aparta, el movimiento me trae el aire frío de la noche a mi piel. –Me he olvidado de que tengo que llevarle el coche a Emmett esta noche.
–Oh, –digo en silencio. –Está bien. –Es obvio que se está volviendo loco y lamentando lo que hemos hecho. Lo entiendo. No sé qué lo ha provocado en este momento, pero lo entiendo.
–Vístete– dice con ninguna emoción en su voz.
Cuando me da su chaqueta después de que ambos estamos vestidos, no se la cojo. –Tengo mi impermeable, –le digo.
–Lo has dejado en el coche, Bella. Usa esto. Te va a proteger de la lluvia.
–No lo necesito–, le digo, y luego camino bajo la lluvia con mi vestido y los pies descalzos. Necesito su amor. Necesito su honestidad. Darme la chaqueta es una protección superficial de todos modos. La chaqueta está mojada, por dentro y por fuera.
En el coche, después de que mete las mantas en el maletero y murmura algo acerca de tener que ir a la lavandería para limpiarlas, conducimos por las calles oscuras, vacías, en silencio. El único sonido es la lluvia golpeando contra las ventanas. Ojalá la lluvia no me recordara tanto a las lágrimas.
– ¿Estás enfadado conmigo?– Le pregunto poniéndome el impermeable de manera que no ve mis brazos temblando.
–No.
–Entonces, d-d-deja de actuar como tal. Esta noche ha sido perfecta para mí. Por favor, no la arruines.
Se detiene en mi camino y aparca al lado de mi coche. La lluvia está cayendo más fuerte ahora.
–Espera unos minutos hasta que pare un poco, –dice mientras recojo mis zapatos y mi bolso.
– ¿Cómo vas a volver a casa después de dejar el coche?
–Dormiré en el lugar de mi hermano–, dice.
Veo las gotas de lluvia dejar un camino en la ventana del coche, luego desaparecen. No puedo quedarme aquí por mucho más tiempo sin emocionarme. –Para que lo sepas, no me arrepiento de lo que ha pasado esta noche. Ni un poco.
Él me mira. Las luces de fuera brillan en su bonita y fuerte cara. –Escucha, necesito entender las cosas. Todo es tan...
–Complicado–, digo, terminando su frase. –Permíteme h-h-hacer esto fácil para ti, entonces. No soy estúpida para pensar que las cosas han cambiado sólo p-p-porque hemos tenido relaciones sexuales. Lo dejaste pp-perfectamente claro desde el principio que no estabas buscando novia. No, ahora todo sin complicaciones. Eres libre y tranquilo.
–Bella...
No puedo soportar oír que me dice que es un error lo de esta noche, a pesar de mi declaración de que no tiene por qué significar nada. Salgo del coche, pero en lugar de correr bajo la lluvia, me dirijo directamente a mi coche. Tengo que estar en un lugar donde puedo pensar y llorar sin que nadie pueda escucharme. En este momento, mi coche es mi santuario. Si Edward se marcha, podré llorar en paz.
Abre su ventana y me hace señas para que abra la mía. Cuando lo hago, trata de decir algo. Su voz apenas se oye a través del sonido de la lluvia que viene con fuerza entre nosotros.
Me inclino por la ventana del coche. – ¿Qué?
Se inclina por la ventana, me encuentro a mitad de camino. Los dos estamos mojados y empapados, pero a ninguno de los dos parece importarle. –No huyas de mí cuando tengo que decirte algo importante.
– ¿Qué?– Le digo, esperando que no se dé cuenta de las lágrimas que corren por mi rostro, y rezando por que se mezclen con la lluvia.
–Esta noche ha sido... bueno, ha sido perfecta para mí, también. Has vuelto mi mundo al revés. Me he enamorado de ti, chica, y asusta como la mierda. He estado toda la noche temblando, porque lo sabía. He tratado de negarlo, hacerte pensar que te quería como novia falsa, pero eso era mentira.
–Te quiero, Bella–, dice antes de que sus labios se muevan hacia adelante y encuentren los míos.
Bueno pues aquí tenéis el siguiente capítulo. Espero que os haya gustado. Quiero daros las gracias a todos aquellos y aquellas que han comentado, que me han agregado a su lista de alertas y favoritos.
Nos vemos en el próximo capítulo.
Un beso desde Andalucía, España.
