Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia pertenece a Simone Elkeles, yo solo la adapto.


Edward

– ¿Qué estás haciendo aquí?– Emmett me pregunta cuando llego a su lugar a las 5 de la mañana.

–Me mudo de nuevo–, le digo, empujándolo. Al menos hasta que venga Demetri y desaparece al final de mes.

–Se supone que debes estar con los Swan.

–No puedo quedarme más allí–, le digo.

– ¿Por qué no?

–Tenía una especie de esperanza con que no me preguntarías eso.

Mi hermano se estremece cuando pregunta: – ¿Has hecho algo ilegal?

Me encojo de hombros. –Tal vez en algunos estados. Oye, Emmett, no tengo otro lugar adonde ir. Supongo que siempre puedo ir a vivir en la calle con los chicos niños cuyos hermanos han echado. . .

–No me vengas con eso, Edward. Sabes que no puedes quedarte aquí. Órdenes del juez.

Órdenes del juez o no, no puedo aprovecharme de Swan. Es uno de los buenos que solía pensar que sólo existía en las películas. –Metí la pata con la hija del profesor, –dejo escapar. –Así que me puedo quedar aquí, o ¿no?

–Por favor, dime que estás bromeando.

–No puedo. Ha sido en el baile de bienvenida, Emmett. Y antes de que me des un sermón sobre el bien y el mal, recuerda que te follaste a Rosalie por primera vez por una apuesta, en el suelo del taller de nuestro primo en Halloween, no es menor.

Emmett se frota las sienes con los dedos. –No sabes nada de esa noche, Edward, así que no actúes como si supieras. –Se sienta en la cama y pone la cabeza entre sus manos. –Lo siento por preguntar, pero tengo que saberlo... ¿usasteis condón?

–No soy idiota.

Emmett mira hacia arriba y levanta una ceja.

–Está bien–, le digo. –Admito que soy un idiota. Pero todavía uso condón.

–Al menos has hecho una cosa bien. Puedes quedarte esta noche –, dice Emmett cuando me lanza una almohada y una manta del armario.

Emmett ha devuelto el colchón de aire, así que tengo que dormir en el suelo. Diez minutos más tarde, cuando las luces están apagadas y estoy mirando hacia las sombras en el techo, le pregunto, – ¿Cuándo fue la primera vez que caíste por Rosalie? ¿Lo supiste que todo el tiempo, o pasó algo específico?

Él no responde al principio, así que creo que está durmiendo. Pero entonces un largo suspiro llena el silencio. –Estaba en clase de química con Banner... cuando me dijo que me odiaba. Ahora deja de ladrar y duerme.

Me pongo de lado y me paso toda la noche en mi cabeza, empezando por el momento en que vi a Bella con ese vestido negro. La chica, literalmente, me dejó sin aliento. – ¿Emmett?

– ¿Qué?–, Pregunta, molesto.

–Le he dicho que la quiero.

– ¿Querías decir eso?

No estaba bromeando cuando he dicho que la chica había puesto mi vida patas arriba. ¿Qué tipo de chica lleva camisas holgadas todos los días, tiene un mejor amigo gay, tartamudea cuando está nerviosa, pega horarios de ducha en el espejo del baño, hace estúpidas galletas imanes sólo para cabrearme, trabaja en los coches como un chico, y se entusiasma con el desafío de poner un condón? La chica está malditamente loca. –Soy una mierda, Emmett, porque creo que nada me gustaría más que despertar con ella todas las mañanas.

–Tienes razón, Edward. Estás de mierda hasta el cuello.

– ¿Cómo voy a salir de esta cosa con Vulturi?

–No lo sé. Estoy tan despistado como tú en este momento, pero sé quien podría ser capaz de ayudarnos.

– ¿Quién?

–Te lo diré por la mañana. Mientras tanto, cállate y déjame dormir.

Mi teléfono móvil suena, el pitido fuerte hace eco en todo el pequeño apartamento.

– ¿Quién demonios te está llamando a esta hora?– Demanda Emmett. – ¿Es Vulturi?

Leí el texto y me río. –No. Es un mensaje de tu ex-novia.

Emmett prácticamente salta de la cama y me arrebata el teléfono. – ¿Qué dice? ¿Por qué te ha mandado un mensaje?

–Mantén tus pantalones, hermano. Me ha preguntado cómo ha ido mi cita, y le he enviado un mensaje contestándole antes de llegar a tu casa. No sabía que iba a responder de inmediato.

–Quiere saber si estoy tan triste como ella, –dice Emmett, leyendo el mensaje de Rosalie.

El brillo de la pantalla en su rostro lo revela todo. Todavía está sin esperanza y asquerosamente enamorado de Rosalie. Me burlaría de él si no creyera que tenía la misma mirada en mi cara cuando me he despertado con el cuerpo desnudo de Bella presionado contra el mío y me he dado cuenta de que prefiero morir que vivir un día sin ella. No la conozco mucho en absoluto, pero sólo con mirarla se siente tan bien. Estar con ella se siente como... en casa. No puede tener sentido para alguien más, pero lo hace a mí.

–Eh, Emmett, solo contéstale diciéndole que eres un completo desastre, y que vas a hacer algo por recuperarla ... incluso si eso significa tener una cena con sus estúpidos padres y besarle su culo blanco perla durante los próximos setenta años más o menos.

– ¿Qué sabes tú acerca de relaciones, o culos blancos? Olvídalo. No quiero saber la respuesta a esa pregunta. –Entra en el baño con mi teléfono y cierra la puerta.

Mientras que no está en la sala, también podría aprovechar su cama vacía. Estará en el baño un tiempo, mandándole mensajes de texto a su ex-novia hasta que sea su novia de nuevo. Supongo que no le molesta que le mandara un mensaje justo antes de venir aquí, sabiendo que probablemente estaba despierta y miserable como mi hermano.

De vuelta en el muelle cuando acaricié el pelo largo de Bella cuando se quedó dormida en mis brazos, un miedo paralizante se apoderó de mí. Me di cuenta de que lo que tenía con Heidi no fue nada comparado con lo que tengo con Bella. Me asusté, y me entró el pánico. Sólo tenía que alejarme de ella para procesarlo todo, ya que estar cerca de ella me hace fantasear acerca de un futuro con Bella en lugar de centrarme en la realidad, me voy de Forks a finales de mes. Como Demetri, dijo, no hay realmente ninguna otra opción.

Lo siguiente que sé, es que Emmett me está sacudiendo. –Levántate–, me ordena.

–Necesito un par de horas más de sueño–, le digo.

–No se puede–, dice. –Ya es mediodía. Y te ha llegado un mensaje.

Rosalie de nuevo. Mejor que los dos vuelvan a estar juntos, así tengo una cosa menos de qué preocuparme. –Te dije que le escribieras y le hicieras saber que vas a hacer cualquier cosa para recuperarla.

–El mensaje no es de Rose.

Abro un ojo. – ¿De Bella?

Se encoge de hombros. –Has recibido un mensaje de Bella.

Me pongo recto, el movimiento repentino asalta mi cabeza desagradablemente. – ¿Qué quiere?

–Quería saber si estabas bien. Le he contestado y le he dicho que estabas bien, que dormiste aquí anoche y que todavía estabas durmiendo. Pero tienes un mensaje de voz de Vulturi. Quiere encontrarse contigo esta noche.

Froto el nudo de tensión que se forma en la parte trasera de mi cuello. –Bueno, supongo que eso es todo, entonces. No usar el pensamiento de que se ha olvidado de mí. Perdió un montón de energía reclutándome. No veo una salida, Emmett.

–Siempre hay una salida. –me tira una toalla. –Date una ducha y vístete. Puedes usar mi ropa. Date prisa, no tenemos mucho tiempo.

Emmett me lleva al campus de Boulder. Le sigo dentro de uno de los edificios, pero se para cuando llegamos a una puerta que pone CARLISLE SWAN, PROFESOR DE PSICOLOGÍA.

– ¿Por qué estamos aquí?– Le pregunto a mi hermano.

–Porque él nos puede ayudar. –Emmett llama a la puerta del profesor.

–Adelante–, dice. Swan levanta la vista cuando entramos en su despacho. –Eh, muchachos. Confío en que Bella y tú lo pasasteis muy bien anoche. Esme me dijo que ella seguía durmiendo esta mañana cuando salí de la casa, así que no tuve la oportunidad de preguntarle.

–Fue muy divertido–, murmuro. –Bella es...

–Un bicho malo a veces, lo sé. Definitivamente, nos mantiene en nuestros pies.

–Iba a decir increíble–, le digo. –Tu hija es increíble.

–No puedo tomar todo el crédito. Esme ha hecho un trabajo increíble criando a los niños. Bella sólo necesitaba salir de su caparazón. Ha sido amable de tu parte llevarla. Sé que ella realmente lo aprecia. Ahora, estoy seguro de que Emmett no quería verme aquí sólo para darle a la lengua. ¿Qué tienes en mente?

–Dile lo que me dijiste, –ordena Emmett.

– ¿Por qué?

–Porque él es duro.

Echo un vistazo a la calvicie de Swan. Duro, mi culo. Tal vez antes, pero ahora no. Es psiquiatra ahora, y no un soldado.

–Solo hazlo–, dice Emmett, impaciente.

Estoy fuera de las opciones, así que bien podría decírselo. Tal vez Swan pueda llegar a algo no he pensado. Es improbable, pero vale la pena intentarlo.

– ¿Sabes cuando me dieron una paliza y te dije que fue cerca del centro comercial?

Él asiente con la cabeza.

–Mentí. La verdad es... –Miro a Emmett, que me está instando a hacerlo. –He sido reclutado por este tipo llamado Vulturi. –

–Sé quién es Vulturi, –dice el profesor. –Nunca me encontré con el chico, pero he oído hablar de él. Está en el contrabando de drogas. –Sus ojos se entrecierran, y detecto que un poco de esa personalidad dura está tratando de brillar. –Es mejor que no trafiques con drogas para Vulturi.

–Ese es mi problema–, le digo al profesor. –Tengo que vender droga, o me mata. En este momento prefiero vender droga que morir.

–No lo estás haciendo bien–, dice Swan.

–Vulturi es un hombre de negocios que sólo se preocupa por el resultado final.

–Resultado final, ¿eh?– Swan se reclina en su silla, las ruedas de su cerebro están trabajando horas extras. La silla se vuelca tan atrás que tiene que agarrarse rápidamente a su mesa para que no caer hacia atrás. El profesor es duro, ¡de acuerdo! Sigo todo el camino hasta sus mocasines.

– ¿Alguna sugerencia?– Emmett pregunta. –Estamos fuera de las ideas.

Swan levanta un dedo. –Puede ser que sea capaz de ayudar. ¿Cuando se supone que debes encontrarte con él?

–Esta noche.

–Voy contigo–, dice Swan.

–Yo también–, interviene Emmett.

–Oh, sorpresa. Estamos empezando a crear nuestra propia pequeña banda de renegados. –Suelto una breve carcajada. –No podemos ir hasta Vulturi.

–Mírame–, dice Swan. –No importa lo que se necesite, vamos a sacarte.

¿Está bromeando este tipo? No es de mi carne y sangre. Debería pensar en mí como una carga y un riesgo en lugar de luchar por mí.

– ¿Por qué haces esto?– Le pregunto.

–Debido a que mi familia se preocupa por ti. Oye, Edward, creo que es hora de que te hable de mi pasado para que sepas de dónde vengo.

Oh, tengo que escuchar esto.

Me recuesto en la silla, listo para una larga dilatada triste historia acerca de cómo sus padres eran malos con él porque no le compraban el juguete exacto que había pedido para su sexto cumpleaños. O el hecho de que un niño en la escuela secundaria le dio una paliza por el dinero de su almuerzo. Tal vez estaba molesto porque sus padres le compraron un coche usado en lugar de uno nuevo cuando cumplió dieciséis años. ¿El profesor espera que realmente sienta pena por él? Le puedo ganar en el departamento de historia sentimental, con las manos hacia abajo.

Swan se mueve incómodo en su silla, a continuación, deja escapar un largo suspiro. –Mis padres y mi hermano murieron en un accidente de coche cuando tenía once años.

Whoa. No esperaba eso. –Íbamos a casa una noche, estaba nevando, y mi padre perdió el control del coche.

Espera. – ¿Estabas en el coche, también?

Asiente con la cabeza. –Recuerdo que se desvió, y el coche giró. –Duda. –Entonces el camión chocó con el coche. Aún puedo escuchar los gritos de mi madre cuando vio los faros grandes directos hacia ella, y mi hermano mirándome como si de alguna manera pudiera ayudar.

Se aclara la garganta y traga, y mi arrogancia en ganar el juego de –qué infancia fue peor–, comienza a desvanecerse rápidamente.

–Después del impacto, cuando mi cuerpo dejó de sacudirse como una muñeca de trapo, abrí los ojos y vi sangre salpicada en todo el coche. Ni siquiera estaba seguro de si era mía o de mis padres... o de mi hermano. –Sus ojos están vidriosos, pero no derrama una lágrima. –Fue como si él estuviera en trozos, Edward. Aunque pensaba que iba a morir si me movía por el dolor que sentía, tenía que salvarlo. Necesitaba salvarlos a todos. Apreté la herida que tenía mi hermano en el lado tanto tiempo como pude, la sangre caliente y fresca fluía en mis manos. Los paramédicos tuvieron que sacar las manos de encima, porque yo no lo soltaba. No podía dejarlo morir. Tenía sólo siete años, un año mayor que Seth.

– ¿Todos murieron, excepto tú?

Él asiente con la cabeza. –No tenía parientes con los que quedarme, así que pasé los siguientes siete años saltando de casa de acogida en casa de acogida. –Él me mira directamente a los ojos. –En realidad, me echaron de la mayoría de ellas.

– ¿Por qué?

–Lo que sea. Peleas, drogas, escaparme... básicamente, tenía la necesidad de comprensión y orientación, pero nadie estaba dispuesto o no tenían tiempo para enderezarme. Finalmente cumplí dieciocho años y fui puesto en la calle. Encontré mi camino en Boulder, donde había muchos chicos como yo.

Pero vivir en la calle era sucio, y yo estaba solo y no tenía dinero. Un día estaba pidiendo dinero y este hombre se burló de mí y me dijo, '¿Sabe tu madre que eres y lo que estás haciendo con tu vida? En ese momento pensé en ello. Si mi madre estuviera viéndome desde el cielo, estaría molesta conmigo como el infierno por no tratar de hacer algo mejor de mí mismo. Pero me di cuenta de que ninguna cantidad de peleas traería de vuelta a mi familia–, continúa. –Ninguna cantidad de drogas borraría por completo la mirada en los ojos de mi hermano, pidiéndome que lo ayudara. Y nunca podría huir de esa imagen, porque huyendo acaba haciendo peor las cosas. Reorienté esa energía en el ejército.

–No quiero que arriesgues tu vida por mí, profesor. Ya es bastante malo que quiera salir con tu hija.

–Vamos a tener que discutirlo en otro momento. Ahora vamos a concentrarnos en el problema que tenemos ahora mismo. Cuando se supone que debes encontrarte con Vulturi? –pregunta Swan. La determinación irradia de este tipo.

Estamos de acuerdo en reunirnos a las siete y poner algún tipo de plan en movimiento. Cuál es el plan actual, no tengo ni idea. Esperemos que esta noche sobre las siete Swan lo encuentre. La verdad es que finalmente es un alivio poner mi vida en manos de alguien en quien confío.


Bueno pues aquí tenéis el siguiente capítulo. Espero que os haya gustado. Quiero daros las gracias a todos aquellos y aquellas que han comentado, que me han agregado a su lista de alertas y favoritos.

Nos vemos en el próximo capítulo.

Un beso desde Andalucía, España.