DISCLAIMER: Todos los personajes de BLEACH pertenecen a Tite Kubo sama, yo solo le pido prestado algunos para hacer cosillas interesantes jujuju...


El diario
by Hana Hime

Amistad.

Rukia simplemente no recobraba su ansiada paz interior y dudaba que pudiera hacerlo a la brevedad. Aún cuando hubo tomado la decisión de hablar de corazón con el cabeza de zanahoria, su cerebro se negaba a proporcionarle un plan de acción y sus neuronas –las muy malditas –se rehusaban a hacer una sinapsis mayor a la necesaria para enfocar sus ojos en su nakama. Porque eso era lo único que había podido hacer en el transcurso de la mañana desde que salieron de la casa de él. Mirarlo.
Lo miró durante el camino a la escuela. Cómo sus largas piernas se encorvaban un poco al caminar; cómo sus cabellos se resistían a los intentos de ser peinados con la mano para alborotarse aún más en la nuca; cómo sus manos sujetaban fuertemente el morral, casi logrando que la piel de sus nudillos palideciera.
Nunca fue tan absolutamente consciente del cuerpo de Ichigo, de sus movimientos. Pero ahora, desde que él había abierto su inconveniente y –ella no podía creer que fuera a admitirlo –sensual boca, no podía enfocarse en otra cosa que no fuera él.

Y ahora, en plena clase de matemática, la situación no parecía que fuera a cambiar y la shinigami empezaba a desesperarse. Quedaban dos horas antes del final de la jornada y Rukia no tenía ni un solo puto plan.

¿Cómo debía empezar? Encararlo de una vez en cuanto salieran sería lo mejor, lo sabía, pero… ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Con qué cara? Ciento cincuenta y tres años de no tener experiencia en cuestiones sociales la iban a llevar al borde del suicidio social.

Con evidente frustración –y por quinta vez durante la mañana –la pequeña Kuchiki se revolvió el cabello, casi hasta lastimarse el cuero cabelludo. De pronto el suppuku no parecía tan mala idea.

-Chist… Chist… Kuchiki-san, Kuchiki-san…

Lentamente retiró los dedos de entre su cabello y miró a su costado, buscando a la portadora de aquella aguda voz.

-¿Está todo bien Kuchiki-san? –susurró Orihime mirando preocupada a su amiga.

Rukia quiso decirle que sí, que estaba todo bien; quiso realmente no angustiarla con su problema, no sólo porque ese era su modo operandi en estas situaciones, sino porque también sentía que si le contaba su problema a la pelirroja, sería absolutamente perjudicial para su amistad, y ella no quería eso. Pero su rostro delató demasiado su estado de ánimo y no pudo darle tranquilidad a su amiga. Simplemente suspiró, derrotada y negó, sintiéndose incapaz de hablar coherentemente.

Los ojos de la pelirroja se dilataron, su respiración se aceleró y antes de que alguien pudiera preverlo, se irguió en su silla y levantó la mano enérgicamente.

-¡Sensei! ¡No me siento muy bien! ¿Puede Kuchiki-san acompañarme a la enfermería?

El profesor no fue el único que perdió los papeles ante la exclamación de la pelirroja, pero al menos tuvo la suficiente compostura como para responderle afirmativamente antes de pedirle a la morena que acompañara a su amiga a la enfermería. Malditos adolescentes, un día terminarían por darle un infarto con sus gritos.

Como un maldito autómata Rukia siguió a Inoue, al corriente de que cualquiera podía darse cuenta de la charada. Que en realidad la que necesitaba salir de allí era ella y no Orihime. Pero no le importaba. Sólo quería salir de allí lo suficiente como para despejar su cerebro y alejar sus ojos de Ichigo, aún cuando eso presumiblemente significara el revelar su secreto frente a la pelirroja.

Las dos muchachas se dirigieron a la enfermería donde por suerte no encontraron a nadie y, ansiosas, se sentaron cada una en una cama, mirándose fijamente.

-Gracias Orihime… -se inclinó la morocha, entre avergonzada y resignada.

-De nada Kuchiki-san, es sólo que… nunca te había visto tan mal… -gimió la pelirroja sorbiendo las lágrimas que a duras penas había logrado contener. Realmente la había impactado lo devastada que parecía Rukia.

-Yo… lo siento. –gruñó la shinigami sintiendo los pinchazos de culpa directamente sobre su pecho –Orihime yo… Ichigo…

-¿Pasó algo con Kurosaki-kun? –inquirió la pelirroja.

¿Qué decirle? ¿Debía decirle? ¿Hasta qué punto debía decirle? La verdad. Ella se merece la verdad, resolvió Rukia al verla a los ojos.

-Ichigo se me ha… confesado –reveló apretando las sábanas entre sus manos.

El rostro de Orihime se contrajo durante un microsegundo, y Rukia casi pudo escuchar como algo dentro de la pelirroja se quebraba en infinitos pedazos, pero increíblemente ni una sola lágrima cayó por las mejillas de la voluptuosa muchacha.

-Así que al final… él fue quien dio el primer paso… -susurró Inoue ocultando su rostro entre sus manos.

-Inoue… -jadeó Rukia arrodillándose en piso rápidamente para apoyar la cabeza en las rodillas de la muchacha. No sabía qué hacer, nunca hubiera querido ver a su amiga sufrir.

-Está bien Kuchiki-san… yo siempre… lo he sabido –reconoció la humana acariciando las manos que Rukia había apoyado sobre sus piernas –pero fue hasta hace poco que me di cuenta ¿sabes? Descubrí que nombrar a Kurosaki-kun no me duele tanto como nombrar a… a… Ulqui-Ulquiorra-sama… -gimoteó la bella muchacha antes de romper en lastimero llanto –debo ser… el ser humano más patético que existe… -renegó usando sus manos para secar precariamente sus mejillas –llorando por algo que nunca hubiera podido ser… por alguien con quien seguramente no hubiera tenido futuro… pero…

-Está bien Inoue… no tienes que explicármelo a mí… -terció Rukia desolada. Vaya que entendía de cosas imposibles.

-¡No!- chilló Orihime agitando los puños -¡No es lo mismo! ¡Kurosaki-kun está vivo! ¡Y Kuchiki-san también! ¡Y…! ¡Y…!

-Pero Inoue… tus sentimientos…

-Mis sentimientos por Kurosaki-kun hace mucho que no son los mismos… es sólo que estar enamorada de él era reconfortante… porque era un amor dulce, infantil, Kuchiki-san… -le sonrió con cariño –porque siempre supe que sería incapaz de confesarme y me conformé con tenerlo como objeto de mi cariño… Estas lágrimas son el adiós a ese cariño… -reconoció la pelirroja tomando algunas de ellas con sus dedos, sintiendo como su garganta se cerraba sobre sus últimas palabras –pero son nada, nada… en comparación con las que derramaré por… la cuarta espada…

-Lo siento tanto Orihime… -murmuró la Kuchiki acariciando la cabeza de la muchacha, sintiendo por ella un cariño descomunal y un nuevo respeto. La portadora del Shun Shun Rikka era realmente valiente.

Ambas muchachas quedaron largo rato abrazadas, esperando volver a encontrar su centro. Rukia de sus pensamientos y Orihime de sus emociones. Instantes después Inoue dejó de hipar entre sus brazos y levantó su mirada.

-¿Y qué vas a hacer Kuchiki-san? Debes responderle a Kurosaki-kun… -susurró sorbiendo por la nariz los últimos restos de su reconfortante llanto.

En cuanto las palabras salieron de la boca de Orihime, el pesar volvió a posarse sobre la mente de la morena cual nubes de desgracia –Quiero responderle… pero… cuando pienso en ello me pongo tan… nerviosa… -reconoció apenadísima- ¡No sé ni por dónde empezar!

-Pero… ¿Le vas a decir que sí, verdad? –preguntó Inoue curiosa.

-….-

-¡Kuchiki-san! –esta vez la voz de la pelirroja sonó igual al regaño de una madre.

-¡No es que no quiera decirle que sí! –chilló Rukia levantando las manos defensivamente ante la tempestuosa reacción de su amiga –es sólo que antes… quisiera que Ichigo supiera algunas cosas de mí… para que no se arrepienta de sus palabras…

Orihime sólo pudo suspirar. Como si algo de lo que dijera Kuchiki-san fuera a desalentar a Kurosaki-kun. Realmente, y después decían que ella era la ingenua... Pero bueno, supuso que para la shinigami era importante que el muchacho la conociera en verdad antes de afianzar sus sentimientos.

-Entonces empieza por allí… -le recomendó a Rukia mientras se ponía de pie y la ayudaba a enderezarse –cuéntale, habla con él… y si después de escuchar lo que Kuchiki-san tiene que decir, Kurosaki-kun persiste en su empeño, bueno… lo demás saldrá naturalmente.

La sonrisa que Orihime le dio, fue lo más cercano que Rukia sintió a la sonrisa de una hermana. Los humanos, con sus cortas pero intensas vidas, eran tan jodidamente sabios cuando querían…

-Sí.

La campana sonó anunciando el final de la jornada y fue como una señal divina para la morocha. Finalmente había llegado el momento de darle uso a la maldita carpeta del demonio.

-Gracias Orihime...


Orihime es un personaje que nunca pude tragar del todo (en realidad no podía pasarla ni con Seven Up) pero después de los sucesos de HM, me di cuenta de que era una cosa de fanatismo mía y que en realidad ella no era mala ni nada por el estilo, sino simplemente una muchacha sufriendo un amor no correspondido que, cuando al fin pudo encontrar a su alma gemela (porque sabemos que si no era Uryu, era Ulquiorra) ésta tenía que morir. So… me permito en este pequeño capítulo darle un espacio. Que conste que ha sido un completo milagro que lograra plasmarla sin hacerla quedar mal y hasta un tanto más madura que de costumbre… pero la realidad es que ella ha madurado y se debe a la cuarta espada.

¡En el próximo capítulo finalmente se revela el contenido de la carpeta! ¡No más dilaciones! ¡No más anticlímax! ¡Y sabrán qué pasó con Isshin! (Porque no creerán que si no le hubiera pasado algo hubiera dejado irse a la parejita sin un show acerca de lo que había visto MUAHAHAHA)

Saludos!

Hana.