Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia pertenece a Simone Elkeles, yo solo la adapto.
Bella
Mi madre está haciendo tortitas para el desayuno la mañana del lunes. – ¿Qué estás haciendo en casa todavía?– Le pregunto.
–Tengo algunos empleados abriendo la tienda. –Sonríe con gusto, esa sonrisa dulce que siempre me hacía sentir mejor cuando me tenía que quedar en casa por estar enferma en la escuela primaria. –Será agradable veros a ti y a Seth y bajaros a la escuela por cambiar.
– ¿Papá o tú habéis hablado con Edward?– Pregunto por billonésima vez desde ayer. Mis padres han estado actuando raro desde que mi padre llegó a casa del trabajo de ayer. Se encerró en su oficina con mi madre durante horas. Los dos parecen en el borde, desde entonces, y no puedo entender por qué.
Edward me dijo que iba a ir a casa de Emmett, justo antes de que me dijera que me quería. Me gustaría que estuviera aquí para que me asegurara que todo va a estar bien entre nosotros, pero sé que necesitaba escapar y resolver las cosas en su propia cabeza.
El problema es que nunca ha disminuido su mayor miedo. Necesita saber que no voy a renuncia a él o renunciar a nosotros de repente. Me hubiera gustado poder haber hablado con él antes de la escuela hoy, pero eso no ocurrió. No ha vuelto desde que me dejó la madrugada del domingo.
Estoy observando a mi madre mezclar con fuerza y más rápido la mezcla para las tortitas en el cuenco. –No estoy segura.
– ¿Qué significa eso?
–Eso significa que no quiero hablar de ello.
Me acerco y pongo mi mano en su brazo, deteniéndola. – ¿Qué pasa, mamá? Tienes que decírmelo. –Trago, duro. No voy a retroceder y tener al chico que me encanta en la miseria porque él me quiere de vuelta. No vale la pena. Yo se lo daría si eso significara hacerle feliz.
–Necesito saberlo.
Cuando me mira, sus ojos están llorosos. Algo está definitivamente acabado. –Tu padre me ha dicho que está cuidando de él. He confiado en él durante los últimos veinte años. No voy a dejar de hacerlo ahora.
– ¿Qué tiene eso que ver con Edward? ¿Tiene que ver con él recibiendo una paliza? ¿Está en peligro?
Mi madre me pone la mano en la mejilla. –Bella, cariño, ve a la escuela. Lo siento, estoy un poco tensa esta mañana. Todo va a acabar pronto.
– ¿Qué va a acabar, mamá?– Pregunto en estado de pánico. –Sólo d-d-dímelo.
Retrocede, obviamente contemplando las consecuencias del derrame del secreto que gurda. –Tu padre dijo que lo está manejando. Tuvo una larga conversación con Liam y Paul ayer, sus compañeros de la milicia que trabajan en la oficina de la DEA1.
–Me siento enferma–, le digo.
–Va a estar bien, Bella. Ahora prepararte para la escuela, y no le digas una palabra acerca de esto a nadie.
– ¿Está listo el desayuno?– Mi hermano pregunta mientras entra en la cocina.
Mi mamá sigue con la mezcla. –Casi. Estamos haciendo tortitas de trigo integral.
Seth le pone su famosa cara enfurruñada, la que nadie en nuestra casa puede resistir. Me pregunto si esa mirada nunca envejecerá. Conociendo a Seth, todavía la estará usando cuando tenga cincuenta años. – ¿Puedes poner chips de chocolate en ellos? Por favoooor.
Mi madre suspira, a continuación, besa sus grandes mejillas. –Está bien, pero ponte los zapatos así no llegarás tarde al autobús.
Mientras echa cucharas de mezcla en la sartén caliente, entro en la oficina de mi padre. Sé que es terrible de mí, y es totalmente inadecuado, pero me siento delante del ordenador de mi padre y miro su historia. Primero en Internet y luego en cada una de sus carpetas. Si hay alguna pista de lo que está pasando, necesito saberlo. Y ya que nadie me lo dice, no tengo más remedio que husmear e investigar, yo misma.
Por desgracia para mi padre, pero afortunadamente para mí, no ha borrado su historia. Saco en todo lo que ha trabajado en las últimas veinte y cuatro horas. Veo una carta que escribió a su jefe acerca de la introducción de un nuevo plan de estudios, un resumen de la prueba en la que está trabajando para su clase, y una hoja de cálculo con un montón de números.
Estudio la hoja de cálculo. Es de carácter financiero... detallando una de sus cuentas bancarias. La última entrada es de hoy, un débito por cincuenta mil dólares, dejando a mis padres con un saldo de cinco mil dólares. En la línea de descripción solo pone una palabra: EFECTIVO.
Mi padre ha sacado cincuenta mil dólares de su cuenta bancaria hoy. De alguna manera el dinero está conectado con Edward recibiendo una paliza, sólo lo sé.
– ¡Bella, las tortitas están listas!– Mi madre me grita desde la cocina.
Obviamente no me va a decir por qué ha sacado mi padre una friolera de cincuenta mil dólares de su cuenta bancaria. Interpreto ser inocente, comiendo mis panqueques con una sonrisa despreocupada falsa en la cara.
Tan pronto como hemos terminado con el desayuno, mi madre apresura Seth fuera hacia su autobús. Rápidamente me cuelo de nuevo en el ordenador de mi padre porque tengo una idea más: voy a la página web de mapas que mi padre suele usar y hago clic en sus búsquedas recientes.
Efectivamente, las últimas dos búsquedas son direcciones desconocidas para mí. Una está cerca de Eldorado Springs y la otra está en Seattle, una ciudad que está aproximadamente a una hora y media de distancia de mi casa. Sé que hay un montón de problemas con las drogas ahí, y mi corazón se hunde. ¿Qué está pasando? Rápidamente garabateo las direcciones, a continuación, apago el equipo y trato de parecer inocente cuando mi madre entra otra vez en la casa.
En la escuela, abro mi taquilla y encuentro dos rosas sobre la parte superior de mis libros, una roja y otra amarilla. Están unidas por un rosario negro de perlas y una nota. No hay duda en mi mente, son de Edward.
Me arrodillo delante de mi taquilla y leo la nota, escrita en un trozo de papel de cuaderno.
– ¿Eres Bella Swan?– dice Embry, acercándose a mí. – ¿La que no me ha llamado?
Agarro las flores, el rosario, y la nota contra mi pecho. –Hola. Lo siento, las cosas han sido una locura.
Sus cejas se arrugan. – ¿Qué tienes ahí?
–Cosas.
– ¿Del semental Mexicano?
Miro hacia abajo a las hermosas flores. –Está en p-p-problemas, Embry. Mi padre está con él, y mi madre está actuando raro, y tengo que ayudar de alguna manera. No puedo quedarme en la oscuridad, cuando están todos en p-p-peligro. Me siento tan inútil. Pensé que... no sé qué h-hacer. –Ni siquiera me doy cuenta al principio, pero estoy frotando las perlas del rosario con los dedos.
Embry me empuja dentro una de las aulas vacías. – ¿Qué tipo de problemas? Dejar de temblar, me estás asustando.
–N-n-no puedo evitarlo. Creo que tiene que ver con Edward y algunos narcotraficantes. Me estoy volviendo loca porque mi padre piensa que es Rambo y que puede solucionar este problema. La DEA podría estar implicada también. Tengo la sensación de que está sobre la cabeza, Embry. Ni siquiera sé quién es ese chico vendedor de drogas, excepto que después de que a Edward le dieran una paliza, se refirió a él como el diablo, en español El Diablo.
– ¿El Diablo?– Embry niega con la cabeza. –No significa nada para mí. ¿Sabes con quién debes hablar?
– ¿Con quién?– Le pregunto.
–Con Jared García. Su madre trabaja en la oficina de la DEA. Vino a hablar con nosotros un día de su trabajo.
Beso en la mejilla a Embry. –Eres un genio, Embry– le digo, a continuación, me voy a buscar a Jared.
Media hora más tarde estoy sentada frente a la señora García, la madre de Jared. Lleva un traje de pantalón azul marino y una camisa blanca nítida, un aspecto muy parecido a un agente de la DEA. Cuando Jared me dio su número, me metí en mi coche y la llamé. Le dije todo lo que sé. Nunca me fui de la escuela antes, pero por otra parte, nunca he estado tan preocupada por mi padre y Edward antes.
La Sra. García acaba de hablar por teléfono con mi madre. –Ella está de camino–, me dice. –Pero vas a tener que quedarte aquí por unas horas. No puedo dejarte salir de este edificio.
–No lo entiendo–, le digo. – ¿Por qué?
–Debido a que conoces la dirección en Seattle. Tu conocimiento podría poner a un montón de gente en peligro–. La señora García suspira, a continuación, se inclina sobre la pila de carpetas de manila de su escritorio. –Para ser sincera, Bella, tu padre, Edward, y Emmett han tropezado con algo con lo que llevamos trabajando desde hace meses.
–Por favor, dime que no están en peligro–, le ruego, mi corazón late más y más rápido.
–Tenemos la palabra de que nuestros agentes especiales encubiertos que están dentro de la banda de que tu padre y los hermanos Cullen deben ser protegidos. Están tan seguros como lo que pueden estar al borde de una redada de drogas de la DEA, y tu padre, tomará todas las precauciones necesarias.
– ¿Cómo sabes eso?
–Tu padre ha trabajado con nosotros antes en algunos perfiles de criminales y operaciones encubiertas–, dice. –El mantiene la operación en secreto a Edward y Emmett por su protección. Cuanto menos sepan, mejor.
¿Qué? ¿Mi padre ha trabajado con la DEA? ¿Por cuánto tiempo? Nunca mencionó nada antes. Yo siempre lo veo como mi padre, no como un tipo que hace el trabajo encubierto de la Administración de Control de Drogas de . Lo único que sabía era que tenía amigos militares que se mantenían en contacto y que salían en ocasiones.
La Sra. García probablemente pueda ver la confusión escrita en mi cara, porque sale de su escritorio y se agacha delante de mí. –Tu padre ha estado en algunas misiones difíciles de combate con algunos de nuestros agentes. Él es muy respetado, y sabe lo que está haciendo. –Ella mira su reloj. –Todo lo que te puedo decir es que los tenemos bajo una vigilancia constante, y los agentes que trabajan en el interior están muy bien entrenados.
–No me importa que estén altamente capacitados. –Las lágrimas brotan de mis ojos, y pienso en todas las cosas que quiero decirle a Edward que he retenido y todas las veces que debería haberle dicho a mi padre lo mucho que lo aprecio. –Quiero una garantía del cien por cien de que estarán bien. –Le digo a la señora García.
Ella me da palmaditas en la rodilla. –Desafortunadamente, no hay garantías en la vida.
1 Drug Enforcement Administration (D.E.A. en sus siglas en inglés; en español: Administración de Cumplimiento de Leyes sobre las Drogas.)
Bueno pues aquí tenéis el siguiente capítulo. Espero que os haya gustado. Quiero daros las gracias a todos aquellos y aquellas que han comentado, que me han agregado a su lista de alertas y favoritos.
Nos vemos en el próximo capítulo.
Un beso desde Andalucía, España.
