DISCLAIMER: Todos los personajes de BLEACH pertenecen a Tite Kubo sama, yo solo le pido prestado algunos para hacer cosillas interesantes jujuju...
El diario
by Hana Hime
Origen.
Rukia no esperó un segundo más de lo estrictamente necesario. Cuando vio salir a Ichigo de las puertas del colegio, saludó a Orihime, tomó al muchacho fuertemente de la mano y empezó a arrastrarlo, importándole un bledo la cara de estupefacción de Keigo, Mizuiru y Chad.
-¡Oi! ¡Enana! ¡Cálmate!-gruñó el pelirrojo sintiendo la mano de la shinigami casi hirviendo contra su propia piel.
De por sí que ya lo había preocupado al retirarse así de la clase –encima con Inoue ¡Más le valía a la enana no haber dicho nada porque sino Uryû lo convertiría en coladera en un santiamén! –para que encima ahora lo llevara como un muñeco de trapo y sin siquiera dirigirle la palabra.
Lo único que impedía que Ichigo usara su propia fuerza para detener a Rukia, era el rostro de ella. Completamente sonrojado. Bueno… no completamente –es decir, es Rukia –pero ese sonrojo en la shinigami le decía al sustituto que por el momento era mejor callar (un poco) y dejar hacer.
Inmerso en sus propias cavilaciones, no se percató de a dónde lo llevaba la enana hasta que fue demasiado tarde. ¿El cementerio? ¿En serio?
Anonadado, plantó los talones y obligó a la morena a detenerse, indicándole con la rotundidad de su mirada que –aunque le molestara –necesitaba una explicación.
Rukia suspiró, un tanto enojada consigo misma por llevarlo allí, pero era realmente necesario. Así que juntando paciencia, procedió a explicarse.
-Lo que tengo que mostrarte… es muy… muy íntimo, Ichigo… -susurró con dificultad al momento que sacaba la dichosa carpeta desde dentro de su morral. Los ojos del muchacho siguieron el trayecto del objeto y la morena estuvo tentada de moverla de derecha a izquierda para ver si la cabeza del pelirrojo se movía como lo hacía la de los perros, pero se contuvo –no quiero que nadie más que tú, conozca su contenido… me apena bastante ya el hecho de que mi nii-sama lo conozca –confesó agachando la mirada, sintiéndose profundamente avergonzada. Su pasado estaba totalmente contenido en esa carpeta y pesaba como una tonelada en su mano, pero Inoue tenía razón, no podía huir de lo que era, de lo que la había hecho lo que era hoy y mucho menos podía ocultárselo a Ichigo.
-Pero enana, la gente suele venir usualmente al cementerio… nos verán -recalcó el muchacho tratando de entender por qué pensaba que ese lugar era privado.
-No si yo uso un Bakudō para ocultarnos –se sonrió un tanto pagada de sí misma al tiempo que arrastraba nuevamente al joven hacia un banco de piedra y lo sentaba –Bakudō… Kyōmon –la escuchó susurrar el muchacho antes de que una ligera barrera color lavanda perlado los rodeara.
El pelirrojo a veces se cuestionaba si desde la SS esperaban que el aprendiera Kidō o algo por el estilo. Al menos le daría la excusa de pasar aún más tiempo con la enana… aunque probablemente fueran tan retorcidos de enviarle a alguien como Renji o Byakuya para enseñarle… mejor ni averiguarlo por ahora.
Rukia se sentó a su lado en el banquillo y alzando las piernas para cruzarlas al estilo indio, los obligó a ambos a enfrentarse, rodeando la pequeña carpeta que había colocado entre ellos.
Ichigo vio a la morena pasar de ser la toda poderosa Kuchiki Rukia a ser casi un polluelo asustado y deseó poder ayudarla a pasar el trance, pero así como lo deseaba, sabía que el paso lo tenía que dar ella.
Con un largo suspiro, finalmente la carpeta fue abierta por las pequeñas manos de la shinigami y las hojas que estaban contenidas, empezaron a pasar entre ellos.
La primera era un informe del shinigami que cada tanto, cuando se acordaba al parecer, supervisaba el área, y con mala letra, rezaba:
Rukongai Sur.
Área Inuzuri – Distrito nº 78
Informe nº 1271.
Shinigami a cargo: Kuronami Momonosuke
"El área se ha presentado, como siempre, tumultuosa. Se han detectado pequeños focos rebeldes, pero se concentran como de costumbre en la frontera con el distrito nº79. Profesionalmente recomiendo que el área debiera considerarse como zona de purga en caso de necesitarse equilibrar energía…"
-¿Qué significa zona de purga? –inquirió el muchacho, curioso ante el término. Creyó haber hecho una pregunta inocente, pero se dio cuenta de su error al ver la incomodidad de la morena -¿Rukia…?
La pequeña había cerrado los puños fuertemente, y el shinigami sustituto vio como el color abandonaba tanto sus nudillos como su rostro.
-Yo… nunca me ha tocado hacerlo –y Rukia agradeció a todas las estrellas ese hecho –pero cuando sucede, me han dicho que los encargados son casi siempre los de la doceava…
-¿Hacer qué? –preguntó nuevamente Ichigo, reprimiendo las ganas de tomar las manos de la enana entre las suyas, de atraerla hacia él y frotarle la espalda para darle calor. Hacía mucho que no la había visto tan pálida…
-Nuestro trabajo… -murmuró ella y con eso, las palabras dichas anteriormente en su discusión atravesaron el cerebro del pelirrojo.
…el mundo de los humanos y la Sociedad de Almas tienen que estar en equilibrio. Entiéndelo por favor, ese es el trabajo de los shinigamis. Cada persona debe morir y reencarnar según el orden establecido, en el momento establecido. Controlando los decesos, purificando las almas, eliminando a los Hollows y si, a veces eliminando de manera supervisada a algunas personas del Rukongai… es como se mantiene la balanza entre ambos mundos.
-Me estás… me estás queriendo decir que… -el joven como pudo tragó el nudo que se le había instalado en la garganta y se obligó a terminar -¿E-eliminaban ge-gente de tu área?
-No… no me acordaba de esto… pero no, no en nuestra área… pero sí en el distrito nº 79 y muchas veces los sobrevivientes y huidos nos contaban cómo había sido… -había pasado ya mucho tiempo de ello, pero aún así podía recordar el horror y el miedo que había sentido en un principio. Los testimonios de los que habían logrado escapar la habían hecho temblar de pequeña y el saberse algo 'desechable' no había ayudado en nada a la esperanza de vida en Inuzuri.
-Por eso los shinigamis son temidos y mal recibidos por la gente del Rukongai… -concluyó el joven en voz alta. Pero esa conclusión, a su entender sólo generaba más dudas –Rukia, ¿Por qué carajos Renji y tú quisieron ser…?
Pero antes de que pudiera terminar su pregunta, una mano de la morena tapó su boca.
-No, de eso nada –gruñó apretando bruscamente los labios del pelirrojo entre sus dedos –si vamos a hacer esto, me vas a dejar contar las cosas en orden ¡Nada de adelantarse a los hechos! –le espetó mirándolo con una aura nivel cero absoluto, casi deseando que él la contradijera para poder pelear. Cualquier cosa era buena para sacarse de encima algo de tensión. Al menos eso pensó Ichigo antes de suspirar, tratando de que la vena de su frente no explotara del coraje que la enana le hacía agarrar.
-Bien… como quieras –finalmente concedió el joven anotando mentalmente su pregunta, porque sí, esperaría, pero la enana no se libraría indemne.
Bufando, la morena retomó la lectura del informe…
"Últimamente los pocos ciudadanos que podrían considerarse decentes en el área han denunciado distintos hechos delictivos por parte de un grupo de niños. A saberse tres niños y dos niñas. Lo intrigante del caso es que uno de esos delincuentes ha presentado signos de poseer algún poder espiritual…"
Así como había insistido en seguir leyendo, así de vigorosamente había cerrado la carpeta la morena en cuanto terminó de leer esa parte.
-Teníamos… hambre –susurró Rukia agachando la mirada, sintiendo, a pesar de sí misma, mucha vergüenza. Era tan extraña para ella la necesidad de que Ichigo la aceptara que llegaba a molestarle. Porque ella hizo todo lo que seguramente retrataría ese informe y en su momento hasta se había sentido orgullosa de ello –cómo espíritus no se supone que deberíamos tener hambre, ni sed… la comida en sí es innecesaria… pero, pero… -balbuceó frunciendo el ceño –mucha gente se dejaba morir por el simple hecho de no... de no sentir nada, Ichigo. El no tener necesidades puede sonar genial, pero no lo es… te llegas a preguntar qué es el gozo, o el placer, o el deseo de… de… ¡de algo! –trató de explicarse mirando las palmas de sus manos, como si buscara en ellas las respuestas – ¿Cómo disfrutar verdaderamente de algo si en algún momento no careciste de ello…? Creo que esa es la única función de la comida en el mundo espiritual, el recordarte durante ese instante en que te la llevas a la boca, el placer, el sabor, la textura, el frescor de algo… -susurró llevándose los dedos a los labios, acariciándoselos –el agua fresca… los dulces que parecen cosquillear en tu lengua… la textura y el sabor de una manzana… esas son las únicas cosas, además de tus amigos, a las que puedes aferrarte para mantener la cordura cuando estás en el mundo espiritual.
-Vaya paraíso… -masculló el muchacho, furioso de sólo pensar en cómo vivían las almas y recordando que distaba mucho de lo que le había descrito la morena cuando se conocieron.
Sabiendo por dónde venía el comentario, la pequeña shinigami se envaró.
-Es mi deber Ichigo –y viéndolo aún ofuscado, le enrostró - ¿Cuál es la opción, eh? ¿Decirle a toda esa gente, habiendo tenido la mayoría una muerte de mierda, que lo que sigue es igual de mierdoso? ¿Decirles que hay sólo un 0,0001 por ciento de posibilidades que encuentren a algunos de sus seres queridos? ¿o decirles que probablemente no recordarán nada, ni siquiera a esos seres queridos? No hay mucho que podamos hacer por ellos… no lo hay… -reconoció la joven Kuchiki al joven y quizás, a sí misma en otro tanto. Trataba de evitar el hacerse este tipo de planteos porque la hacían sentir verdaderamente inútil. Ellos eran dioses de la muerte, y si las cosas fueran como debieran ser, todas esas miserables almas del Rukongai llevarían otra forma de vida, pero lamentablemente hasta ellos eran seres limitados.
El pelirrojo se sintió enrojecer de la vergüenza y, sabiéndose en falta, se disculpó con la morena.
Rukia expiró tratando de bajar su propio nivel de ofuscación y le sonrió suavemente.
-Los shinigamis son… somos de temer en el Rukongai, aún más teniendo en cuenta que muchos de ellos… nosotros, al estar alejados por mucho tiempo del Seiretei, pierden el rumbo y se vuelven corruptos… pero ser un dios de la muerte es algo que permite a la gente justamente salir de ese estilo de vida y quizás, en un punto, tener el poder para cambiar las cosas… Renji y yo nos propusimos ser shinigamis luego de que todos nuestros amigos, aquellos con quienes robábamos comida, murieran… queríamos cambiar las cosas, queríamos algo mejor que morir de inanición o asesinados y ser enterrados en tumbas anónimas donde quizás nadie nos recordaría.
Aún ahora, que sé lo que pasa cuando un alma muere en el mundo espiritual, me siento viva siendo un shinigami –la morena inspiró, sintiendo que sus palabras cobraban un extraño vigor, quizás nacido del alivio y el fervor que el mismo hecho que relataba en sí le daba –Siento que al fin puedo proteger… y servir… por más trillado que eso suene.
Sorpresivamente sintió la frente del muchacho tocando la suya y al levantar la mirada, encontró esos ojos de un color entre el dorado y el cobre, enviándole mil mensajes, pero todos del mismo tenor. Yo siento exactamente lo mismo desde que tú apareciste en mi vida enana.
Las emociones se deslizaron como algo frío y caliente por la espalda de la morena y dieron brincos en su vientre. Era demasiado sentir a Ichigo tan cerca. Sus labios, su respiración, el calor de su cuerpo… simplemente era demasiado. Con un suspiro, permitió que sus brazos se elevaran hasta apoyarse sobre los hombros del pelirrojo. Estaban tan cerca que Rukia podía sentir su fresco aliento casi sobre sus labios… y aún así, no en ellos.
-¿Me vas a dar mi respuesta de una maldita vez…? –reclamó Ichigo con la voz más ronca de lo que en un principio pretendió. Había juntado mucha paciencia en pos de darle tiempo a la enana para que le contestara, pero ahora, al tenerla tan cerca, con las emociones de ambos a flor de piel, sólo quería… quería…
Algo entre un gruñido y un ronroneo resonó en el pecho del muchacho, evidenciando su agitación.
-Ya te lo dije… Quiero… -jadeó Rukia sintiendo cada pedacito de su cuerpo arder ante la ansiedad del muchacho, misma que repercutía y retroalimentaba la suya –quiero que sepas más de mí… quiero que sepas todo de mí… -le recordó haciendo un esfuerzo enorme para no prestarle atención a las manos de él sobre su cintura, a la caricia que realizaba la nariz del pelirrojo sobre la suya –así no te arrepentirás… así yo me sentiré tranquila…
-Carajo… -rezongó el shinigami sustituto recordando que las palabras tozudez y Rukia habían sido creadas para estar juntas casi tanto como obstinado y su propio nombre.
-Ahora está oscureciendo, mañana seguro terminaremos de revisar la carpeta –le aseguró ella trasladando sus manos de sus hombros a sus mejillas –y allí te daré tu respuesta.
El muchacho suspiró resignado, sabiendo que ese era el fin de su pequeña e íntima burbuja. Mañana pues… tendría que esperar hasta mañana… no era tanto, veinticuatro horas solamente. Lo mismo decir mil cuatrocientos cuarenta minutos… y también ochenta y seis mil cuatrocientos segundos…
…
…
…
…
…
Por más preciada que fuera, Ichigo quiso quemar la dichosa carpeta.
Y en compensación por lo que tardé en actualizar y lo poco que adelanté del contenido de la carpeta en este capítulo, ¡es que les doy un poquito de tensión sexual! ¡Si, acertaron! ¡NO TENGO MORAL NI ESCRÚPULOS! Aprendí en la Academia Tite Kubo para Trolls y medio (?) xDD.
Kisses! –la que se escapa desaforadamente –Hana.
