DISCLAIMER: Todos los personajes de BLEACH pertenecen a Tite Kubo sama, yo solo le pido prestado algunos para hacer cosillas interesantes jujuju...
El diario
by Hana Hime
Interludio: Búsqueda.
Vacilantemente caminaba por aquellas calles y la pregunta, sin que pudiera evitarlo, seguía acudiendo a su mente… ¿Cómo había podido abandonar a un bebé en un lugar como este? Las calles eran sucias, la gente la miraba de arriba abajo con descaro, y ella agradecía que los escoltas que había designado Byakuya-sama, vistieran con el escudo de la familia Kuchiki. Por donde miraras encontrabas gente durmiendo en la calle y charcos de sangre distribuidos aleatoriamente por paredes y ventanas, como huellas de lo que en este distrito se escondía.
Nada justificaba que hubiera abandonado a su pequeña hermana en este lugar. Absolutamente nada. Aún cuando su querido Byakuya-sama insistía en que no había tenido más opción, que su psicosis había sido causada por tener cerca a la bebé –por los recuerdos que ella despertaba en su mente-; que no había tenido los medios suficientes para mantenerlas a ambas; que había caído en un momento de debilidad como cualquier persona…
Para ella todos esos argumentos y más caían ante el peso de la única y exclusiva verdad: había abandonado a una bebé de meses en uno de los distritos más violentos, salvajes y sanguinarios de todo el mundo espiritual. Fin de la cuestión.
Por eso, desde el momento en el que había entrado en la familia Kuchiki y había podido librarse de la energía negativa que conducía a su psicosis, es que Hisana se había dedicado por entero a la búsqueda de su hermana. Pero hasta ahora, los resultados eran nulos.
Había ido en un primer momento al lugar donde la había dejado. De entre todas las casas del Inuzuri, había buscado la que estuviera medianamente en condiciones y luego la había dejado entre el césped que crecía justo enfrente de la puerta, de manera que lo primero que verían al salir, sería el pequeño bulto enmantado. En lugar de la casa que había esperado encontrar, sólo había más ruinas y baldío que otra cosa.
Preguntó en los alrededores y, mediante una que otra concesión monetaria, es que pudo averiguar que esa casa en realidad había sido una especie de pensión donde se hospedaban viajeros y comerciantes que iban de distrito en distrito. Cualquier persona pudo haberse llevado a la bebé e incluso pudiera ser que estuviera fuera del Inuzuri.
Su mayor temor era morir sin encontrarla, ya que la extraña enfermedad que aquejaba a su alma cada día se volvía más violenta. Aún si su hermana se negaba a dirigirle la palabra, se encargaría de que por el resto de su existencia no tuviera a faltar nada. Es lo menos que podía hacer. Y si por algún milagro del destino, su hermana decidía mínimamente escucharla, Hisana se juró que se pasaría la vida entera demostrándole su arrepentimiento –aún si Byakuya-sama ponía mala cara.
La noche empezaba a caer y la actividad del lugar en parte se terminaba –pues los pocos comerciantes del lugar se negaban a mantener abiertos sus negocios –y en parte comenzaba para aquellos a quienes la oscuridad les era beneficiosa. Otro temor que la inquietaba era justamente que Rukia fuera una de esas personas. No iba a juzgarla, eso jamás, pues sabía en parte lo que era sobrevivir en ese lugar, pero también entendía que eso traería problemas para el clan Kuchiki si es que quería cumplir su voluntad de adoptarla…
-Hisana-ojou-sama… -susurró uno de sus guardaespaldas, mirándola con aprehensión. Era la señal indicándole que debían regresar.
Otra jornada sin resultados… -pensó abatida la joven morena, al tiempo que asentía y daba media vuelta, dirigiéndose a la frontera entre el distrito nº 77 e Inuzuri.
El "carruaje" que le había regalado su esposo cuando apenas había empezado la búsqueda de su hermana la aguardaba allí. En sí parecía un norimono, pero era mucho más amplio, confortable y por sobre todo, abierto, algo que ella agradecía. Nunca había podido entender el por qué de transportar a una futura novia en una… bueno, caja. Porque eso es lo que era, por más ornamentada que fuera. Una caja.
Su medio de transporte personal era precioso y totalmente blanco, a excepción del blasón de la familia Kuchiki, gravado en los laterales en un tono rosado. Y si bien el material era inmaculado como el mármol y suave como la laca, era sumamente ligero, o al menos lo parecía.
Además, el hecho de que el palanquín –no encontraba otro nombre que le fuera mejor –se moviera gracias al Kidō de su anata y no utilizando la tracción humana de sus guardaespaldas, la hacía sentirse un poco mejor. Ya bastante le apenaba el estar rodeada de ellos y que la siguieran a todos lados.
Suave como una pluma, el carruaje se elevó un metro sobre el nivel del suelo y la destacada caravana emprendió su trayecto de regreso a la mansión Kuchiki.
Byakuya estaba en el patio esperándola, como cada vez que el lucero de la tarde despuntaba en el cielo. En cuanto el carruaje se posó en la verde hierba del jardín, el joven heredero del clan extendió su mano, aguardando para ayudarla.
Hisana sentía que se le salía el corazón del pecho cada vez que su querido esposo tenía un gesto con ella, por más pequeño que fuera. A veces hasta pensaba que su amor por Byakuya-sama era algo obsesivo, quizás nacido de la admiración que sentía hacia él. No podía asegurarlo, ni negarlo. Sólo tenía la certeza de que nadie amaría a su marido más que ella.
Cuando pudo salir del palanquín, él la atrajo a sus brazos y la respiración de Hisana se aceleró automáticamente. Podía sentir en el toque de su marido todo el ardor que él afanosamente trataba de refrenar. Él era un ser de pasiones, y ella en sus casi cuatro años de casados lo había entendido. Cuanto más sentía su esposo es cuando más reservado se ponía. El que la abrazara tan fuertemente y más aún, enfrente de la custodia, le daba a la enfermiza mujer la medida de la preocupación de su amado por ella.
-Yo también te he extrañado, anata… -susurró aferrando con sus dedos la blanca tela del kimono de su marido, sintiendo el delicado aroma a madera que desprendía su piel. Su lugar en el mundo, su hogar, su pilar, su mejor amigo y su único amor; pensó enfebrecida.
-¿Quieres que pida que preparen el baño?- inquirió el moreno acariciando la mejilla de su mujer.
-Si, por favor… -pidió ella a cambio, apoyando su rostro contra esa palma suave y cálida.
Sin apartarse siquiera un centímetro más de lo necesario, la joven pareja entró a la mansión.
-¿Ha estado haciendo los ejercicios de respiración que le encomendado, verdad? –preguntó el anciano hombre vestido con una formal yukata negra con la insignia de la cuarta división en el brazo, al tiempo que pasaba sus manos por la espalda de la joven mujer.
-Si, tal y como me enseñó Watanuki-san –contestó Hisana sintiendo escalofríos por la cálida energía que recorría su cuerpo, mostrándole al médico espiritual el daño existente en él.
-Bien, bien –rumeó el anciano y la joven pudo ver como apretaba ligeramente los dientes. Mala señal.
-¿Está empeorando, no es así? –inquirió la joven tratando de mantener la calma.
-Hisana-sama, ¿me permite hablar con franqueza? –el doctor evitaba su mirada, ofuscándose en limpiar sus anteojos. Nuevamente, mala señal.
-Por favor.
-Recomiendo e insisto fervientemente en que abandone sus excursiones al Rukongai, ojou-sama.
-¡Abandonar…! –jadeó sin poder creer las palabras de Watanuki-san.
-Señora, las almas que habitan el área del Rukongai, en especial las de los últimos distritos están llenas de miasma maligna y, lo que es peor, la emiten. Las ánimas que abandonan esa zona, paulatinamente son purgadas por la energía pura del Seireitei, pero a su vez, se vuelven más sensibles a la contaminada.
-Pero yo…
-Hisana-sama, durante estos casi cinco años he estado tratándola y, aunque le parezca impertinente, la considero casi como una hija… por eso le pido, por mí, por Byakuya-sama, por usted misma, no vuelva al Rukongai. Si sigue con sus excursiones, no puedo asegurarle otro año más de vida.
-¡¿Un año…?! –tan poco tiempo para encontrar a su hermana, para arreglar las cosas, para buscarla y compensarla –un año… -gimió sintiendo las lágrimas deslizarse por su rostro.
El anciano médico se inclinó, y se marchó silenciosamente de la habitación, respetando el dolor de la joven. Tenía que darle las noticias al cabeza de familia y hasta para un médico de su experiencia, sería algo delicado.
Cinco minutos después, Hisana se encontró a sí misma forzada a recostarse, y si bien ese hecho la molestaba un poco, ni una sola queja podía salir de su boca; no teniendo las manos entrelazadas con su marido; no cuando éste, sin palabras, le pedía lo imposible. Porque ella simplemente no podía permitirse abandonar la búsqueda. Se debía a su hermana, aún si su propia vida se extinguía en el proceso.
-Byakuya-sama…
-¿Si, querida…? –respondió el joven capitán de la sexta.
-Lo siento mucho… -susurró girándose sobre el futón, al tiempo que levantaba las colchas, invitándolo.
Él, aunque un tanto cohibido por su condición –tenía tanto miedo de tocarla siquiera –no dudó en recostarse a su lado y abrazarla –nunca te disculpes conmigo… -susurró el noble besando su frente –eres lo más precioso que tengo querida… y no cambiaría nada. Ni una sola cosa, ni un solo momento de nuestro matrimonio.
Hisana sintió el golpe de las emociones directo en su estómago y el sonrojo no se hizo esperar.
-Anata… ai shiteru –profesó Hisana con lágrimas en los ojos y las manos sobre las mejillas de su esposo.
-Aishiteru mo koishii –respondió él antes de juntar sus labios con quien sería el único amor de su vida. Aún con el mundo en contra, él lo tenía claro. Su destino había sido encontrar a su esposa y si tuviera que vivir mil vidas más, serían un precio bajo por volverla a encontrar; por vivir un instante más junto a ella, aún si lo que vivieran fuera tiempo prestado.
Cuatro meses después, Byakuya Kuchiki encontraría, casi sin proponérselo a la tan buscada hermana de su difunta esposa. Él en ese momento no lo sabía, pero pronto descubriría que no existían las coincidencias, sólo hitsuzen –lo inevitable.
Hola a todos, antes de pasar a las aclas, quisiera dedicar este capítulo a ALEXZHA, quien ha redactado y mandado el review número CIEN! –YAY!
En el próximo capítulo, Ichigo casi que arrastrará de los pelos a Rukia para terminar de ver 'la PUTA carpeta' xDD
Kisses!
Hana.
Aclas:
-Anata: querido, amado.
-Ai shiteru: te amo.
-Ai shiteru mo: también te amo.
-Koishii: querida, amada.
-Ojou-sama: una forma educada de referirse a alguien de clase alta, casi siempre utilizado para las hijas de personas influyentes.
-Norimono: es el palanquín o banquillo donde iba sentada la novia mientras era trasladada por la caravana o cortejo hacia el lugar de la boda. Por lo que he podido averiguar eran un tipo de transporte realmente estrecho y su propósito no sólo era proteger a la novia sino también ocultarla de la vista, ya que así también se la protegía de la envidia y demás energía negativa.
