Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia pertenece a Simone Elkeles, yo solo la adapto.
Bella
Le acaricio el brazo a Edward y le permito apretar mi mano ya que estamos a la espera de escuchar lo que el médico tiene que decir sobre su pierna. Un estoico Emmett tampoco ha dejado de lado de Edward desde que llegó al hospital. Tiene miedo, y parece que se culpa por no haber impedido que su hermano menor se lastime.
Pero todo ha acabado.
Mi padre se ha enterado de que la madre de Edward y su hermano fueron amenazados, por lo que con su permiso ha organizado que vengan a Forks. También les está ayudando a conseguir una vivienda temporal, lo que es genial.
–Mi padre dice que vas a vivir–, le digo a Edward cuando me inclino hacia delante y lo beso en la frente.
– ¿Es eso algo bueno?
Bueno, Bella, es hora de soltarlo, me digo. Es ahora o nunca. Me inclino cerca de él, por lo que sólo él puede oír. –Yo... Creo que te necesito, Edward. Del tipo para siempre. –Miro hacia arriba. Los ojos de Edward están bloqueados en lo míos. Quiero esto, le quiero a él. Más que eso, realmente le necesito. Nos necesitamos el uno al otro.
Cuanto más me acerco a él, más me alimento de la energía y la fuerza que irradia.
Puedo decir que quiere decir algo, para llenar el silencio como nos tiene acostumbrados, pero se detiene. Nuestros ojos están aún bloqueados, y no voy a mirar hacia otro lado. No esta vez.
Poco a poco tiendo una mano temblorosa y toco el centro de su pecho sobre la camisa, con ganas de llevarme a su dolor. Está respirando más pesadamente ahora, y puedo sentir el latido de su corazón contra mi palma.
Él acuna mi mejilla en sus manos, el pulgar suavemente acariciando mi piel. Cierro los ojos y me inclino en su toque, fundiéndome en el calor de su mano.
–Eres peligrosa–, dice.
– ¿Por qué?
–Porque me has hecho creer en lo imposible.
Después de la cirugía de Edward, toda mi familia está en torno a su cama de hospital. Dan un golpe en la puerta. Rosalie entra tentativamente.
–Gracias por llamarme, Bella, –dice.
Edward me dijo que la llamara antes de su cirugía, después de que me contara que Emmett y Rosalie habían roto. –No hay problema. Me alegro de que estés aquí.
–Así estoy–, dice Edward. –Pero estoy con morfina, así que podrías querer conseguirlo por escrito. –Emmett está a punto de salir de la habitación, pero al llegar a la puerta, Edward espeta: –Emmett espera.
Emmett se aclara la garganta. – ¿Qué?
–Sé que voy a lamentar decir esto, pero Rosalie y tú no podéis romper.
–Ya lo hemos hecho–, dice Emmett, luego mira a Rosalie. – ¿Verdad, Rose?
–Lo que tú quieras, Emmett, –dice ella, frustrada.
–No– Él se acerca a ella. –Tú querías romper. Mamacita, no me eches la culpa a mí.
–Quieres mantener nuestra relación en secreto a mis padres. Yo no. Quiero gritar al mundo entero que estamos juntos.
–Tiene miedo, Rosalie–, dice Edward.
– ¿De qué?
Emmett se acerca y le mete el pelo rubio detrás de la oreja. –De que tus padres hagan que te des cuenta de te mereces algo mejor.
–Emmett, tú me haces feliz, haces que me esfuerce por trabajar duro. Me he quedado atrapada en tus sueños de futuro y estoy desesperada por ser parte de ellos. Te guste o no, tu eres parte de mí. Nadie puede cambiar eso. –Ella lo mira, con lágrimas en su cara. –Confía en mí.
Él acuna su mejilla y limpia sus lágrimas. Sin decir una palabra, escucho el nudo que tiene Emmett en la garganta mientras tira de ella cerca y no la suelta.
Media hora después, Emmett, Rosalie, y mis padres se han escapado a la cafetería del hospital. Embry entra con un gran jarrón lleno de rosas y claveles y un globo unido que dice EL CINCUENTA POR CIENTO DE TODOS TUS MÉDICOS SE HAN GRADUADO CON LA MEDIA INFERIOR DE SUS CLASE, ESPERO QUE TU CIRUGÍA HAYA IDO BIEN!
– ¡¿Eh, amigo!?–, Dice.
– ¡Oh, demonios! –Edward resopla con falsa molestia. Me hace sentir bien saber que no ha perdido su espíritu de lucha, después de lo sucedido hoy. – ¿Quién te ha invitado?
Embry pone el jarrón bajo el alféizar de la ventana y sonríe ampliamente. –Oh, vamos. No seas tan gruñón. Estoy aquí para animarte.
– ¿Trayéndome flores rosas?– Edward dice, señalando el jarrón.
–En realidad, las flores son para Bella porque tiene que tratar contigo. –Saca el globo y los ata la barandilla de la cama del hospital.
–Considérame tu dulce stripper... Quiero decir striper1.
Edward niega con la cabeza. –Bella, dime que no se ha llamado a sí mismo stripper.
–Sé agradable–, le digo a Edward. –Embry ha conducido hasta aquí porque se preocupa por ti.
–Digamos que has crecido en mí–, admite Embry, a continuación, se aparta el pelo largo de la cara. –Además, si no te molesto, mi vida no será la misma. Acéptalo, amigo... me completas.
–Estás loco.
–Y tú eres un homófobo, pero con Bella y mi orientación tienes potencial para ser un ser humano decente y tolerante. –El móvil de Embry empieza a sonar. Lo saca de su bolsillo y anuncia: –Es Vladimir. Tengo que volver. –Desaparece en el pasillo, dejándonos solos a Edward y a mí. Bueno, no estamos completamente solos. Seth está en la silla de la esquina de la habitación, ocupado jugando con unos de sus videojuegos.
Edward me agarra la muñeca y me tira sobre la cama con él. –Antes de hoy, planeaba irme de Forks –, me dice. –Pensé que sería mejor si no era una carga para tus padres o Emmett nunca más.
– ¿Y ahora?– Le pregunto con nerviosismo. Tengo que escucharlo decir que quiere quedarse aquí para siempre.
–No puedo irme. ¿Tu padre te ha dicho que mi mama y Jasper van a venir aquí?
–Sí.
–Esa no es la única razón por la que me quedo, chica. No puedo dejarte más de lo que podría salir por esa puerta ahora mismo, mientras que la pierna esté rota. Estaba pensando... ¿deberíamos decírselo a tus padres ahora o más tarde?
– ¿Decirles qué?– Le pregunto, con los ojos muy abiertos.
Él me besa suavemente, y luego dice con orgullo, –Que estamos en una relación seria, monógama, comprometida.
– ¿Lo estamos?
–Sí. Y cuando salga de aquí, voy a arreglar la puerta de tu coche.
–No, si la arreglo primero, –le digo.
Se muerde el labio inferior y me mira como si lo hubiera encendido. – ¿Eso es un reto que escucho en tu voz, chica?
Cojo su mano y enlazo mis dedos con los suyos. –Sí.
Me acerca a él. –Tú no eres la única en esta relación a la que le encantan los retos–, dice. –Y para que lo sepas para el futuro, me gustan las galletas con doble chocolate caliente y suave en el centro... y sin imanes pegados a ellas.
–A mí también. Cuando decidas hornearme algunas, házmelo saber.
Se ríe, luego inclina la cabeza hacia la mía.
– ¿Estáis a punto de tener un beso francés?– exclama Seth.
–Sí. Así que cierra los ojos –, dice Edward, a continuación, tira la manta sobre nosotros, que nos da tanta privacidad como se puede conseguir ahora mismo. –Nunca voy a dejarte otra vez–, susurra contra mis labios.
–Bien. Yo no dejaré que te vayas. –Me inclino un poco hacia atrás. –Y yo tampoco te dejaré nunca. Recuerda esto, ¿de acuerdo?
–Lo haré.
– ¿Eso quiere decir que vas a aprender a escalar montañas conmigo?
–Voy a hacer cualquier cosa contigo Bella–, dice. – ¿No has leído la nota que puse en tu armario? Soy tuyo.
–Y yo soy tuya–, le digo. –Por siempre y para siempre y algo más.
1 Candy Striper: voluntario que trabaja en el hospital.
Bueno pues aquí tenéis el siguiente capítulo. Espero que os haya gustado. Quiero daros las gracias a todos aquellos y aquellas que han comentado, que me han agregado a su lista de alertas y favoritos. También deciros que ya solo queda el epilogo y me alegra mucho haber llegado hasta aquí.
Nos vemos en el epilogo.
Un beso desde Andalucía, España.
