DISCLAIMER: Todos los personajes de BLEACH pertenecen a Tite Kubo sama, yo sólo le pido prestado algunos para hacer cosillas interesantes, jujuju…
El diario
by Hana Hime
Destino.
Con la flexibilidad y ligereza de su pequeño cuerpo, la morena se catapultó de entre las sábanas y con ambas manos tapó la boca de Ichigo.
El muchacho, todavía sin poder determinar qué le pesaba más –si el enojo o la sorpresa-, miró a su acompañante con la más fea mueca que su cara hubiera expresado en mucho tiempo.
-Sé que dije que quería conocer más de ti y de tu madre y eso… -balbuceó la teniente no queriendo que su acción al ser inexplicada causara verdadera molestia al pelirrojo –pero no tienes que forzarte sólo porque hicimos… ehm… hicimos…
Antes de que pudiera coordinar correctamente lo que quería decir sin avergonzarse a sí misma, sintió una de las manos de Ichigo sobre la parte baja de su cintura, apresándola, y la otra retirando los apéndices de su propia boca.
-El amor, hicimos el amor.
El calor ascendió por su espalda al escucharle describir con esas pocas palabras, tan concisas, tan reales y llenas de significado lo que había pasado entre ellos.
Si Rukia conociera algo del trabajo de Shakespeare –autor favorito del shinigami sustituto –sabría que el pelirrojo no se cortaba muchas veces al hablar por no saber qué decir, sino que por no saber cómo decirlo.
En este caso las metáforas, las hipérboles y demás recursos literarios le parecían innecesarios. Él amaba a la enana y lo habían expresado de la manera más carnal posible. Punto.
-Sí, eso… sólo porque hicimos el amor –trató de continuar la shinigami sin poder evitar el declive de su tono al final de la oración; queriendo no pensar en cómo sus cuerpos seguían cálidos y suaves, evidenciando la posibilidad de querer más en un futuro más que próximo.
-Tú tuviste la oportunidad hasta de mostrarme tu prontuario, ¿y no me permites a mí siquiera hablar de mi pasado?
Y ahí estaba, esa maldita viveza que el pelirrojo lograba sacar a flote una vez cada mil años. Ella queriéndole dar su tiempo y él tachándola de dictadora.
-Bien. Continúa entonces –exigió la morena.
Y con un suspiro profundo, Ichigo comenzó.
-En la época en que mi madre fue asesinada por Grand Fisher al quedar despojada de sus habilidades, yo era muy dependiente de ella.
Los demás niños solían burlarse de mi color de cabello, me decían yanqui y cosas por el estilo, y yo no tenía las herramientas para defenderme de ellos ni física ni emocionalmente. Así que ella misma trató de arreglar eso.
Empezó a hacerse peinados de lo más estrambóticos para ir a recogerme a la escuela –el muchacho no pudo evitar hacer una mueca al recordar los complicados tocados que su madre se hacía en el cabello –y cada uno de ellos resaltaba lo bella que era su cabellera, de la cual yo había heredado el color. Para el final del primer semestre todos mis compañeros estaban enamorados de mi madre y todas mis compañeras querían ser como ella.
Ante esa situación más bien obvia, dejé de avergonzarme de mi pelo. Mi madre realmente era una jodida estratega.
Aun así, a muchos se les hizo un tanto difícil dejar de lado el hábito de molestarme, por lo que ella decidió que si las palabras no servían pues bien… que hablaran los puños.
La morena no pudo evitar reírse ante lo último mencionado. Masaki ya le caía más que bien.
Ichigo sonrió en triunfo al ver que había derretido el ceño de la teniente, pero sin permitirse dormir en los laureles, prosiguió.
-En las clases de karate 'conocí' a Tatsuki. Si bien era cierto que éramos compañeros de escuela, recién en esa instancia es que empecé a prestarle atención a ella y a los demás –se encogió de hombros –no tengo defensa alguna. Mi madre realmente era el centro de nuestro universo. Parecía que su sola presencia podía compensar a todos los demás entes grises y sin rostro que nos rodeaban.
Tatsuki, al igual que algunos otros niños, había percibido esa distancia que había creado entre ellos y mi pequeño mundo, y como esos otros niños, se había sentido dolida por ello. Y la muy mal arriada se desquitaba moliéndome a palos.
Ehm, no es que haya hablado de esto con ella, pero en el trato que hemos tenido hay ciertas cosas que he podido entender, más en estos últimos tiempos.
La shinigami no pudo juzgar a la compañera de instituto del pelirrojo. La pobre –entendía- había respondido como cualquier otro niño autosuficiente a la herida emocional causada por un semejante.
Ella misma, Ichigo, Renji… todos habían respondido a su manera a las agresiones.
-Igual, creo que Tatsuki pronto se aburrió de patearme el culo, ya que no importaba qué tan salvaje fuera la golpiza sobre el ring, al llegar mi madre yo siempre sonreía y secaba mi cara como si no hubiera pasado nada.
-No querías preocuparla.
-Ni decepcionarla. A mi manera entendía toda la gran mega operación de mi mamá para endurecerme, y aunque creyera que no estaba funcionando en esa etapa, no quería que ella lo supiera.
-Qué tonto. Obviamente que tu mamá lo sabía.
-Era un niño, jodida enana –gruñó el pelirrojo.
-Bueno, prosigue… -le indicó Rukia despachando su enojo con un gesto de la mano.
Inhalando y exhalando profundamente, el muchacho continuó.
-A todo esto, sospecho que mi madre trataba de fortalecerme porque intuía lo que sería mi futuro. Con semejante mezcla de sangre no podía ser para menos, ¿verdad? Ya había dado muestra de ligeros poderes espirituales. Percibía presencias, algunos entes hasta intentaban establecer algún tipo de relación de amistad conmigo. Pero yo seguía sin entender realmente los peligros que acarreaban mis habilidades.
Si lo hubiera sabido quizás habría sido más cuidadoso, quizás no habría ido directamente hacia la trampa de ese hijo de puta. Pero no había forma de prevenirme a esa edad sin asustarme o condicionarme de alguna manera. Mi madre sufrió el condicionamiento y me supongo que tal vez por eso trató de evitar que se repitiera el ciclo en mí.
-A su manera intentó protegerte, pero Grand Fisher siempre fue uno de esos hijos de perra que mutan y aprenden a sobrevivir. Cuando lo volviste a encontrar junto a mí, recuerdo que su expediente mostraba una recompensa bastante elevada y un número de asesinatos aún mayor.
-Y encima la agarró en su momento más vulnerable, cuando ese jodido de Yhwach le había arrebatado sus poderes para poder regenerarse a sí mismo.
Rukia bufó, cerró los ojos y se recostó sobre el pecho del pelirrojo.
-Todo se dio de esa manera que a mí me hace dudar de las casualidades. Si hubiera sido otro día, si no hubieran sido ustedes…
-De alguna manera me he terminado de convencer que las casualidades no existen. Tanta sincronicidad, tanto absurdo –con parsimonia acarició la espalda de la muchacha y pensó en las palabras dichas por Aizen durante la batalla –igual me niego a creer que soy parte del plan de la mariposa esa.
La shinigami tardó un buen par de segundos en entender lo dicho por el pelirrojo, después de todo Aizen no se parecía en nada a las mariposas infernales a las que ella estaba tan habituada, por ejemplo.
-Yo más bien diría que se parece a una polilla, ¿no crees? Pero ehm, sí… ni de coña quiero creer que nuestro encuentro fue planeado por ese traidor. ¡Porque vamos! –exclamó la morena alzándose ligeramente –tendría que haber realizado un estudio bastante impresionante de mi carácter como para saber que te otorgaría mis poderes para lugar contra ese Hollow. O que al idiota de Urahara se le ocurriría ocultar el Hougyoku en mi gigai sin prever que me irían a buscar debido a mi prolongada ausencia. Es demasiada planeación sobre conductas de seres no muy estables, tú mismo has dicho que Urahara se parece al sombrerero de no sé qué cuento humano. Aunque bueno, siempre está eso de que el hijo de puta asesinó a los de la Cámara de los 46 y no sabemos desde qué momento asumió el control de las decisiones…
Después de vomitar lo que tenía atragantado sobre el asuntillo, la morocha se recostó nuevamente sobre el pecho del pelirrojo, y luego de acompasar su respiración a la de él, concluyó – prefiero creer que fue el destino. Que el curso correcto de los acontecimientos es que nos encontráramos más allá de la voluntad de alguien de que así sucediera.
-Me gusta cómo suena eso.
Luego de lo acordado por el muchacho el silencio se prolongó como virutas de algodón naufragando en el aire. No era incómodo sino suave, como si los acariciara en recompensa a la muestra de fragilidad y confianza por parte de ambos.
No siempre se tenía la suerte de encontrar de entre todos los planos, de entre todas las vidas, a ese ser cuyo corazón palpita al mismo ritmo incluso estando al otro lado del universo; cuya alma vibra llamando directamente a la tuya al encuentro final y eterno.
Sólo el saber que probablemente tendría que esperar a su muerte para reclamar a la morena –o al renacimiento de ella- pintaba de cierta ansiedad los días del joven.
Intuía que su rara naturaleza influiría en el desarrollo de los acontecimientos, pero ignoraba si sería para bien o para mal.
No era del todo humano, ni shinigami, ni quincy, ni vizard, ni fullbringer; así que su suerte era más variable que la lotería.
Los labios de la teniente conquistaron los suyos, llenándole el cuerpo de un calor vaporoso e intenso e interrumpiendo su pequeño minuto de ansiedad. Se sentía como un jodido tren listo para emprender travesía nuevamente y a todo motor.
-Yo te voy a esperar siempre, ¿lo sabes verdad?
-Lo dices como si supieras cuánto tardaré en morir. ¿Y si no muero nunca? ¿Y si al morir no voy a la SS? – en calor no lo ayudaba a contener su carácter. Sentía el apremio de recorrer el cuerpo de Rukia otra vez y otra vez y otra vez hasta saciarse, hasta ahogar sus miedos, sus dudas.
-Irrelevante. De alguna manera te voy a acompañar.
- ¿Y si no me acuerdo de ti?
- ¿Realmente estás preguntando eso? Irrelevante.
- ¿Y si me despierto y tengo, no sé, otro carácter?
- ¿En la SS? Imposible y en lo que a mí respecta, jodidamente irrelevante. Podrías ahorrarte todas estas preguntas si hicieras un simple ejercicio mental.
-…-
-Sí fuera a la inversa ¿Qué harías tú?
Y la respuesta a ese planteo cayó como un bálsamo sobre él. No tenía que plantearse realmente nada de eso porque ya había sucedido, ya casi se habían perdido el uno al otro gracias a Homura y a Shizuku, pero el vínculo entre ellos había demostrado ser más resistente incluso que el olvido. Por más bizarra que fuera su suerte, ella era el destino, ellos juntos eran el destino.
-Sé que es complicado establecer algo respecto del temita de las reencarnaciones y las vidas con certeza, pero es interesante saber que tu hermana llevó un diario en las dos vidas que le conocemos, es como si ese rasgo de Hisana-san hubiera perdurado.
- ¿Y eso no te dice algo? ¿No te despeja alguna de tus dudas? –inquirió Rukia con cierto sarcasmo.
"A la mierda las batallas verbales" – resolvió Ichigo rodando sobre la cama, al tiempo que apresaba a la delgada muchacha contra las sábanas.
-Te voy a enseñar modales enana.
-Y yo a entender quién manda en esta y otras vidas, niñato –murmuró ella retorciéndose contra su cuerpo.
-Anciana –retrucó él empujando su pelvis entre sus piernas.
-Pendejo –exhaló la shinigami atrapando sus caderas y presionando.
-Dios…
-Oh sí, aprendes rápido.
Y entre risas, susurros y gemidos, Ichigo volvió a hacerle el amor.
