Ante todo, los personajes de Harry Potter, le pertenecen a J. yo solo juego con ellos, y me dedico a hacerles la vida un poco más difícil de lo que ella ya se lo hizo. Y también a recuperar personajes que para mí jamás debieron morir.

Este fic participa en el reto "En el filo de la oscuridad" de la página del Facebook HARMONY(HARRY Y HERMIONE)

Quinto año 1º Parte:

El columpio cogió una velocidad que jamás antes había alcanzado, me aferré a las cadenas con fuerza, sintiendo que me elevaba un poco separándome lo justo del columpio.

Cerré los ojos. Recordaba ese día con suma claridad, era como si no hubiesen pasado casi cuarenta y tantos años.

Sentí el aire frío en mi rostro y volví a descender, mis pies rozaron la arena al tocar el suelo y volví a impulsarme. Deseaba conseguir mayor velocidad, mucha más altura, me daba igual si terminaba dando una vuelta de campana, si me raspaba en la caída.

Nada importaba, hacía tiempo que había comprendido dos cosas sobre mi carácter. Me gustaba el peligro y la adrenalina pero sobre todas las cosas, no me gustaba ser un saco de boxeo.

Los primeros signos de acercamiento se hicieron escuchar, esperé. Ese día en concreto había comenzado a ser la diferencia con mi primo. Él había comprendido que le salvé la vida. No obstante, en esta ocasión, no sería todo tan sencillo.

No, en esta nueva oportunidad, mis decisiones serían diferentes, conseguiría su respeto, no de la misma forma, ni tampoco siendo el buen samaritano. Eso había terminado.

Cuando las risas se hicieron más sonoras abrí los ojos, los vi de lejos acercarse. Distinguí la insulsa y provocadora sonrisa de Gran D desde la distancia. Su voz era tan potente y parecía peor que un gato ahogándose, no entendía como podían sus amigos aplaudir tremendo desafinamiento y más, aguantar su voz.

Recordé por una milésima de segundo, lo que pensé cuando todo eso había sucedido. Torcí una sonrisa sarcástica en mis labios. Había preferido mantenerme al margen y no llamarlos. No poner a Gran D, en la tesitura de tener que decidir si se atrevía a meterse conmigo delante de sus amigos, o no.

Pero la prudencia y el chico bueno, habían desaparecido hacía tiempo:

—¡He, Gran D!

Grité para llamarlo y todos a una me localizaron en mi columpio, donde yo seguía balanceándome con indiferencia y cada vez a mayor velocidad.

La pandilla de idiotas miró a Gran D, quien parecía alarmado. Todos le palmearon y sonrieron, sin duda invitándolo a seguir con la juerga antes de marchar a casa. Dar una paliza a un pringado más, eso haría el día de todos esos capullos completo.

Pero Gran D y yo, sabíamos que de ahí podía salir alguien escaldado y él sabía que no tenía por qué ser yo.

Lo vi fulminarme con la mirada a espaldas de sus colegas y descubrí miedo en sus ojos. Sabía de sobra que no le gustaba lo que estaba por pasar.

—Pero mira a quién tenemos aquí, Big D, a Potty. ¿Cómo has estado bicho raro?, ¿Te pegan menos o más en ese colegio de locos al que asistes?

No miré al idiota que me hablaba, del que ni siquiera recordaba el nombre. Mis ojos estaban fijos únicamente en Dudley, que se mantenía tras sus colegas.

—¿Acaso le han comido la lengua al gatito?

—No creo, nos ha llamado. ¿Por qué lo has hecho Potty?

Amplié mi sonrisa torcida y me balancee aún más rápido:

—Es mejor que nos vayamos chicos, está como una puta cabra.

Dudley, sin duda me temía:

—¿Es eso primo?, ¿Estoy Loco?

Mi voz sonó calmada como nunca antes delante de ellos. Los amigos de Dudley se miraron entre sí, algunos sonreían anticipando lo que iba a suceder.

—Porque yo creo, que de nuestra casa, soy el único cuerdo, Peoncita.

Dudley enrojeció ante mi última palabra y apretó los puños, estaba furioso, sus amigos se miraron extrañados por mi sobrenombre. Yo solo alcé las cejas con curiosidad:

—No me digas que no le has dicho a tus coleguitas cómo te llama la tía Petunia. Cachorrito. Imagino que tampoco les habrás contado los besos que te da cada vez que llegas a casa.

—Cállate Harry o…

Salté del columpio y quedé de pie ante él, lo fulminé con la mirada:

—¿O qué Dudley?, ¿Qué se supone que me vas a hacer tú a mí?

Dudley retrocedió unos pasos, mientras sus amigos nos miraban fijamente, algunas sonrisas se habían borrado.

—Dale una buena paliza Big D, demuéstrale quién manda.

Miré al idiota que acababa de hablar, si no andaba muy equivocado, era el mierdas que nos acompañó al zoo. A ese lo recordaba bien.

Sonreí mirando al tipo en cuestión:

—Eso Peoncita, demuéstrales a estos capullos quién manda.

Puse mi mejor cara de psicópata, dos de los amigos de Dudley se alejaron tres pasos asustados. Llevé mi mano hasta el bolsillo trasero de mi pantalón. Con cuidado saqué la varita.

Dudley no pudo evitar dejar escapar un grito de sorpresa que le sonó bastante patético:

—¿Qué crees que haces?, Tienes prohibido sacar esa cosa fuera de tu maldito colegio.

Lo miré de reojo:

—¿Qué te hace pensar que me importa una mierda esa regla primito?

—Si lo haces no podrás regresar, te expulsarán y…

—¿Qué demonios haces Big D?, es solo un maldito palo, ¿por qué te cagas en los pantalones?

—Eso Peoncita, ¿a qué le tienes tanto miedo?

Dudley enrojeció, de todos ellos, él, era el único que sabía lo que aquello era, lo que podía hacer. Sus amigos estaban empezando a pensar que era un maldito acojonado y eso era precisamente lo que yo quería.

—¡Está loco tío! No le tengo miedo, es solo que mis padres me han prohibido tocarlo.

Caminé hasta él:

—No mientas Dudy, todos sabemos que nunca te ha importado una mierda golpearme, desde que comenzamos el colegio. Ahora no quieras hacerles creer que es por miedo a tu mami que no me tocas.

—Tío, no se va a enterar y él se lo está buscando, lo está pidiendo a gritos.

—Gritos es lo que da por las noches llamando a su novio.

Sonreí entrecerrando los ojos:

—En realidad, grito llamando al tipo que maté el año pasado primito. Al que entregué a las fauces de la muerte. ¿Crees que si hago lo mismo contigo o con cualquiera de estos miserables, gritaré los vuestros en las noches? –Me quedé en silencio durante unos instantes para después ladear mi cabeza y mirar uno por uno a los cretinos que nos rodeaban: —Yo creo que no. Ni siquiera me inmutará ver su sangre caer lentamente al suelo, empapar mis manos o ropas.

¿Te impactará a ti Dudy?, ¿Crees que sería bueno hacer la prueba?

—¿Qué demonios dices chalado?

—¿Qué te pasa?

La segunda pregunta provino de mi primo, estaba sorprendido y asustado:

—¿A mí?, no mucho. Solo que he decidido ser uno de los tuyos primo. ¿Qué me dices?, ¿me dejas unirme a tu troupe y me enseñas cómo ser un maldito abusón y no sentirme responsable ni culpable después?

—Harry, tú no…

—¿Yo no qué?, ¿No soy así?, Tal vez me he cansado de ser un mequetrefe que se deja pisotear. Primo, quizás he decidido ser yo el que aplaste a los demás. Empezando por tu pandilla de ratoncitos. ¿Quién te cae peor Dudy?, Juguemos juntos, elige al primero en caer.

Levanté mi mano con la varita en ristre, mientras caminaba para ponerme cerca de Dudley, de forma deliberada, coloqué mi otro brazo alrededor de los hombros de mi primito.

Me resultó un poco complicado, el idiota era más alto que yo. Aparenté que no notaba eso y amplié mi sonrisa:

—Venga Dudy, ya sabes que tenemos toque de queda, ¿a quién jodemos primero?

Los amigos de Dudley nos miraron de uno a otro, sin duda comenzaban a temerse algo, no por mi actitud, sino por la de Dudley, quien estaba blanco como una pared recién pintada, además de su cara de terror.

—¿Big D?

Miré a Dudley y sonreí:

—¿Entonces él?, Dime Dudy, ¿qué deseas que le haga?, Soy tu genio de la lámpara por unos instantes, pídeme cualquier cosa que desees que le haga, o quizás prefieres que lo elija yo. ¿Qué te parece obligarlo a retorcerse de dolor?, puedo hacerlo. Puedo incluso conseguir que se queden sin respirar, que hagan lo que yo les ordene.

¿Quieres verlos comportarse como los primates que son?

Miré de reojo a mí alrededor y sonreí internamente, había llegado el momento. No pensaba exponerme a no asistir a Hogwarts, pero cumpliría mi venganza.

—Primo, ¿quieres que les haga sentir frío, saber lo que es tener miedo de verdad?, No la clase de miedo que podrías tener al saber que diez matones van por ti, que un tipo diez veces más fuerte que tú busca partirte la cara por decirte la verdad. En verdad Dudy, pegarle a un chaval de Diez años, ¿en serio crees que eso te hace ser mucho mejor?

Quiero compensar el miedo que ayer le hiciste pasar a ese pobre infante, os mostraré lo que es el miedo de verdad. Uno que no podréis combatir y que os asfixiara.

Cuando regresé mis ojos a los amigos de Dudley estos comenzaban a temblar. Yo mismo sentí todos los signos de la aparición de los Dementores. Los vi segundos después y mi menté comenzó a reaccionar a ello. Dudley tembló:

—¿Qué estás haciendo?

El Dementor nos sintió a todos, el miedo de los ilusos lo estaba atrayendo, no estábamos en el callejón, pero sabía que me buscarían, esas eran sus órdenes, encontrarme para dejar de dar problemas al ministro.

—¡PARA YA! Se lo diré a todos esos locos de tus amigos, te echarán.

—¿Por qué Dudy?, ¿Qué crees que estoy haciendo?, Solo sostengo un palito de nada. ¿No es así?

Dudley pareció percatarse de que sus amigos aún estaban presentes y los miró, ellos no podrían interpretar lo que pasaba y el miedo que los recorría era demasiado para percatarse de la actitud de Dudley.

—¿Qué nos estás haciendo?

—Yo nada, pero quizás decida mostrarte quién es quién está haciendo esto, a ti y a todos.

No precisé decir el hechizo, no precisé mover mi varita ni un milímetro, después de todo, ese encantamiento no era complicado. No era magia por la que me pudieran castigar, porque pocos conocían esa clase de magia. Luna y yo la habíamos estudiado con cuidado y esmero.

No creía que el ministerio la tomara en cuenta, era antigua y poderosa, pero requería tan poco poder mágico que no se registraría.

—Que los ciegos puedan ver.

Dudley me miró horrorizado y sudoroso:

—¿Qué has hecho?, ¿Qué…?

No dijo nada más, sus ojos al fin captaron la terrible forma del Dementor, yo estaba a su lado y juntos observamos como el Dementor se acercaba a uno de los amigos de Dudley, en cuanto la mano agarró al tipo por las ropas y Dudley la vio, chilló.

Su grito fue tal, que hasta yo me estremecí, asustado hasta más no poder, Dudley, intentó alejarse y cayó de culo al suelo:

—¿Qué es eso?, ¿Qué…? ¡Aléjalo de él!

Negué.

—Yo no mando en esa cosa. ¿Recuerdas lo que le dije a Tía Marge hace dos años? Le advertí que mis padres no eran unos borrachos, que ellos fueron asesinados. ¿Lo recuerdas primo?

Dudley me miró horrorizado:

—No quiso creerme. Pues bien, fíjate primo, mira una de las formas en las que en mi mundo te pueden matar. Esa cosa es un Dementor. En mi mundo, se encargan de vigilar a los presos más peligrosos, son siervos de Voldemort, el tipo que mató a mis padres.

Ahora está aquí con el único objeto de cogerme a mí. Lo han mandado para quitarme de en medio. No saben que puedo deshacerme de él chasqueando los dedos, sin mayores problemas. ¿Quieres que ayude a ese miserable?, O ¿prefieres disfrutar del espectáculo?

Dicen que verlo es terrible, que puedes volverte loco. Tengo un profesor que dijo que creía poder soportarlo, ¿apostamos algo primo?, ¿Crees que tú y yo podríamos observar sin volvernos locos?

—¡TÚ YA ESTÁS LOCO!, ¡Detenlo, maldito seas, detén a esa cosa!

—¿Por qué tendría que hacerlo?

Miré a los Dementores, ambos estaban cada uno casi encima de uno de los amigos de Dudley, tal vez ese fuese el que peores cosas tenía en su pasado. ¿Tendrían más sufrimiento en ellos que yo?

Los Dementores no parecían haberme sentido. ¿Por qué?

—Porque tú no eres yo.

Esas palabras me impactaron, volví mi mirada a mi primo, quien se encontraba observando la escena como ido:

—Tú no te me pareces Harry. Eres mejor que todo esto. Pese a todas las cosas que has pasado, lo que mi propia familia te ha hecho, lo que yo y mi pandilla te hicimos, nunca has hecho nada contra nosotros. Has podido incluso matarnos a todos y nunca lo hiciste. Ni te lo planteaste. Es ahora, e incluso en estos instantes, no es a mí al que amenazas, pese a ser al que deberías odiar.

Es a ellos, me ofreces unirte a mí. Pero no deseas hacerlo. Porque tu carácter es como el de tus padres. ¿Sabes?, en una ocasión le pregunté a mi madre por tus padres.

Solo me dijo que tu madre valía oro, y que ella fue una egoísta. Que de las dos, ella era la mejor. Pensé que se debía al hecho de que al estar muerta, ella no podría hablar mal de su hermana. Pero no, había sinceridad en sus palabras, había amor.

Lo último que añadió, fue, que había dado su vida por aquello que más amaba.

Lo hice de forma inconsciente, como si mi cuerpo no me perteneciese, como si aquello que estaba haciendo lo hiciese otra persona, porque yo jamás quise llevarlo a cabo.

Mi patronius galopó como un espectro hasta los Dementores y los golpeó, ambos se centraron en mi primo y en mí. Dudley al ver eso, gritó y yo solo pude cogerlo de su maldita camiseta:

—Corre maldito gordo.

Con esfuerzo y torpeza, Dudley se puso en pie, sin soltarlo, ambos echemos a correr como dos posesos, no miremos atrás. Sabía que nos seguían, mi propio patronius había desaparecido en el instante en que exigí a Dudley echar a correr.

Vi el callejón y vi lo que pasaría, negué. Se supone que evitaría eso, se supone que no llegaría al callejón, que no viviría ese momento del mismo modo que lo viví. Que no sería igual, que manejaría las cosas a mi antojo, con mi propio juego. Me detuve en seco antes de entrar bajo el túnel a la oscuridad. Pero para mi sorpresa y horror, Dudley me cogió de la camisa andrajosa que yo portaba y tiró de mí:

—Maldita sea, Harry, corre. Esa cosa nos pisa los talones.

La oscuridad del túnel me absorbió y lentamente a mi cabeza comenzaron a llegar todos los malditos momentos que me atormentaban. La muerte de mi madre, la muerte de Sirius, la muerte de Luna, y la peor, la muerte de Hermione.

Me enfurecí, enloquecí de dolor, rememorando el engaño, la traición y la pérdida.

Escuché el grito de auxilio de Dudley, pero no le di importancia, no me importaba su muerte, maldita sea, no me importaba una mierda nada. Que me mataran a mí también, ¿Qué querían mi maltrecha alma?, pues que la cogieran, que terminara este maldito dolor, este sufrimiento innecesario.

"—Recupera todo lo que amas, y por favor, vuelve a ser tú, el chico del que yo y mi amiga nos enamoramos.

Sacrifico el tiempo que me queda, en pos de esta persona, para que pueda retornar y cambiar lo acontecido."

Abrí los ojos alarmado. Luna. Esa pequeña y loca rubia, ella me había dado esto, no podía desperdiciarlo.

—EXPECTRO PATRONUN

No hizo falta más. No precisé abrir los ojos para ver qué sucedía y cómo. Viví los próximos instantes exactamente igual a como los recordaba, la señora Figg, la pelea con los Dursley, la carta de Dumbledore.

Todo con la misma precisión, salvo por unas cuantas salvedades, no hablé, no discutí, Dudley, fue quien explicó lo que había visto. Dudley me defendió.

Pese a lo que yo le había hecho, a lo que había dicho, él solo tuvo en consideración, que yo, lo salvé del Dementor.

Lo siguiente lo dejé pasar tal cual, la aparición de la orden del Fénix, conocer a Tonks, y reafirmarme a mí mismo que ella y Remus sería una de las cosas que no dejaría que sucediera. No los perdería tampoco, ni Ted.

Al pensar en ese granuja me sentí culpable conmigo mismo, ¿qué había sido de mi ahijado después de yo enloquecer?

Negué, era mejor no pensar en ello. Pero mi prueba de fuego llegó en el momento en que pisé Grimmauld Place.

El recibimiento de la señora Weasley y sus evasivas, todo fue tal y como lo recordaba, pero lo que no pude dejar pasar tal cual, fue el momento exacto en que abrí la puerta y mi visión quedó nublada por una melena muy tupida. En cuanto sentí a Hermione abrazarme todo mi mundo se desmoronó de forma inmediata.

No fue lentamente, como en las películas, no, fue de forma automática y estrepitosa.

En cuanto su voz llegó a mis oídos todo mi cuerpo se estremeció de gozo:

—¡Harry! ¡Ron, ha venido Harry! ¡No te hemos oído llegar! ¿Cómo estás?, ¿Estás bien?, ¿Estás enfadado con nosotros? Seguro que …

No la dejé continuar, no la dejé hablar, mis brazos la estrecharon contra mí como si la vida me fuera en ello. Y es que me iba. Me aferré a ella como nunca antes lo había hecho y para mi sorpresa rompí a llorar.

Mi reacción pilló por sorpresa a Ron y Hermione. Esta última lo abrazó con mayor fuerza, pero no podía sostenerme en pie. Sabía que parecía un maldito idiota, ridículo incluso, pero no importaba.

Ella estaba ahí, estaba entre mis brazos. Ella había regresado, no importaban las cartas recibidas tras lo del Dementor, no importaba nada, solo el verla y abrazarla me había hecho comprender que era cierto, que ella había regresado a él.

—¿Harry?

La voz de Hermione sonaba preocupada, pero no quise contestarle, no quise hablarle, no sabía si podría hacerlo. Me creía inmune a los sentimientos, creía que mi alma ya no podría sufrir o sentir felicidad nunca más, pero verla a ella, viva y hablando, me había hecho sentir el ser más feliz sobre la faz de la tierra.

Y todo solo gracias a Luna.

Nunca dejaría de sentirme miserable por lo que le había hecho a ella.

—¿Compañero?

Pero esa voz lo estropeó todo. Abrí los ojos y los fijé en Ronald Weasley. Este formó una sonrisa torcida en su rostro en forma de saludo. ¿Cuándo, en qué momento esas sonrisas habían comenzado a ser falsas?

¿Lo eran ya en ese entonces?, ¿Lo veía ya como su monedero? Había sido justo antes de comenzar el verano cuando él había financiado el proyecto de los gemelos. Ese mismo año comenzarían estos a ganarse reputación y a crear el imperio que sería en un futuro de Ronald también.

O que hubiese sido. Sentí un regocijo en mi interior, eso era un instrumento que podía usar. Hablaría con los gemelos, los haría entregarme la mitad de su imperio. Después de todo, ellos se lo habían ofrecido. En esta ocasión no diría no. Y Ronald no tocaría ni un centavo de todo aquello.

Me deshice del abrazo de Hermione, pero no de su mano, la cual sostuve de forma urgente.

Si a Ronald o a Hermione les resultó extraño ese comportamiento no lo hicieron ver. Y poco me importó. Una vez a su lado, ya jamás la volvería a soltar. No era estúpido, sabía que Hermione estaba enamorada de Ronald, pero jamás permitiría que eso se diera. No, ya había vivido una vida sin ella, no pensaba tener otra.

—¿Qué es la orden del Fénix?, ¿Y este lugar?

Con esa frase dio comienzo todo, su teatro y su furia ante su mutismo, todo lo ya conocido y que él interpretó abiertamente. Con una sola variante, su tono nunca podría ser tan furioso al dirigirse a ella, ni tampoco podría soltarle la mano por voluntad propia.

Pese a que ella abandonó su agarre y lo dejó en la más profunda de las soledades.

La limpieza de la casa y todo lo correspondiente a ese verano, se llevó a cabo sin mucha variante, exceptuando su tono frío y distante con los pelirrojos a los que ya no soportaba.

La única variante, fue que recogí de la basura cierto artefacto que me sería muy útil.

Solo en dos ocasiones estuve a escasos instantes de mandarlo todo al demonio. Cuando vio a Dumbledore, al que quiso golpear con todas sus fuerzas, sintiendo en su interior un odio demasiado poderoso y en el instante en que tuvo a Ginny ante él.

Quiso llevar sus manos hasta su cuello y ahogarla, ver su rostro ponerse primero rojo por intentar recoger aire, y después ir perdiendo el color hasta que sus hermosos y castaños ojos, perdieran el color de la vida.

Ver su cuerpo inerte a sus pies, saberse responsable de su muerte y su miseria, pero no, aún no había llegado el momento de hacer tales cosas.

La última noche en Grimmauld Place, bajó solo al salón, necesitaba aclararse, sabía de sobra a quién vería al día siguiente en el expreso de Hogwarts. Saber que estaría allí lo hizo sentir cierto alivio, pero había una parte de él mismo que no estaba muy seguro de cómo comportarse.

Habían sido treinta años de maltratarla y torturarla, de hacerla sentir miserable y un objeto sin más uso que el de darle gusto a él cuando lo precisase.

—¿Qué haces aquí solo?

Estaba sentado en la única silla que había en el salón frente al escritorio y escuchar esa voz, lo obligó a levantar la mirada de la fría madera.

—Pensar.

Hermione venía con un cuaderno entre sus manos y una bata que la cubría por completo, sin duda tampoco podía dormir:

—¿Y tú?

Ella sonrió de medio lado y alzó el cuaderno:

—Venía a escribir un poco, no podía dormir. Tengo tantas ganas de comenzar este curso. Seré la nueva Prefecta, ¿sabes cuántas ganas tenía de ser algo más que la sabelotodo de Gryffindor?

Hermione caminó hasta él y se sentó con las piernas cruzadas en el suelo frente a él. Colocó el cuaderno entre sus piernas:

—¿Qué te preocupa?, ¿Estás enfadado porque han nombrado prefecto a Ron en lugar de a ti?

Esa pregunta lo dejó unos instantes mirándola fijamente, era cierto, en el pasado ese asunto lo había dejado un poco tocado, pese a que había recibido una explicación de Dumbledore justamente a finales de ese mismo año.

Negó:

—¿Entonces por qué tratas a Ron de esa forma tan fría?

—¿Qué quieres decir?

Ella puso su típica cara de sabelotodo y lo miró fijamente:

—No quieras hacerme tonta Harry. He notado como le hablas a Ron, aparentas que no pasa nada, y sin embargo cuando se da la vuelta, tus ojos se oscurecen. Sé que fue toda una sorpresa que no te eligiera a ti Prefecto, yo misma me quedé de piedra. Pero no es para que dejes de hablar a Ron o que lo trates de esa forma.

Entiendo que ha de ser duro para ti. Todos esperábamos que fueras tú el Prefecto, pero Ron también se merece algún nombramiento ¿no crees? Siempre eres tú el especial. El jugador de Quiddich, el seleccionado para el torneo de los tres magos, el…

—No lo hago queriendo. ¿Acaso crees que me agrada ser el puto centro de atención? –Furioso se agachó hasta la altura de ella y la encaró: —¿Piensas que me gusta toda esta mierda?, Me encantaría ser tan simple y ordinaria como vosotros Hermione, pero no es el caso.

¿Crees que me importa una puta mierda ese pedazo de chatarra?, Estás loca chica. Tú y él os podéis quedar con esa insignia, que no me importa. Tengo cosas mucho más urgentes y apremiantes en las que pensar. Ahora, bonita, hazme el favor de largarte y dejarme solo.

Sus ojos se abrieron de la sorpresa y supe en el acto que tardaría en volver a dirigirme la palabra, pero verla defender a ese miserable me había enfurecido. Si ella supiera, si conociera lo que esos despreciables pelirrojos me habían hecho.

No dijo ni media palabra, las lágrimas acudieron a sus ojos y se puso rápidamente en pie. Me miró desde esa posición, haciéndome sentir como una mierda.

—No tenías por qué ser tan miserable.

Y salió corriendo de allí. Me maldije por idiota, no quería alejarla, pero tampoco soportaba que lo defendiese, que lo antepusiera a mí. Pensar que ella estaba enamorada de ese maldito engendro me enfurecía, me carcomía el alma. Y pese a saber que mi comportamiento no ayudaría en lo más mínimo a conseguir su favor, no podía dejar de desear herirla por defender a esa escoria.

—¿Puedes explicarme a mí a qué ha venido eso?

¿Acaso era el día de acosarlo?, Aún de rodillas en el suelo, miró a quien se encontraba apoyado contra el marco de la puerta con los brazos cruzados. Su cabello largo y negro caía por su rostro.

Y sus ojos grises lo escudriñaban intentando descifrar su comportamiento:

—No entiende nada y se atreve a juzgarme.

Sirius lo miró fijamente a la par que negaba y se acercaba a él. Lo vio pararse de pie ante el ancestral árbol genealógico de su familia.

—Puede ser verdad que no entienda todo lo que te sucede. Pero tampoco es cuestión de que la trates de esa forma por ello. Nunca podrá entenderlo si no le explicas qué te está sucediendo.

Negó y dejó de observarlo:

—No preguntó, solo dio por hecho que estoy celoso de Ronald por ser nombrado prefecto.

—¿Y no es el caso?

Lo miró molesto:

—No me refiero a que estés celoso de Ron por la insignia, sin embargo, quizás sí que haya otro motivo que te lleva a odiar a quien siempre has considerado tu mejor amigo. Déjame decirte, que Hermione no es la única que está tan pendiente de ti, que se ha dado cuenta de tu forma tan distante y fría de tratar a Ron.

No le contestó. Solo apartó su verde mirada de él. ¿Con qué derecho venía a recriminarle nada?

Se sentía furioso con él por venir a hacerlo sentir peor aún. Cuando lo había tenido delante, lo había recibido con un fuerte abrazo, pero no fue acompañado de una larga y agradable conversación.

Y ahora que se tomaban un tiempo para hablar, era para echarle la bronca. Sí, definitivamente esa noche había tenido la mejor idea del mundo al bajar para pensar sin tener que soportar la imagen y los ronquidos de Ronald.

—¿Es así como piensas comportarte a partir de ahora?

—¿Qué quieres decir?

—Que si vas a fingir todos los malditos días de tu existencia. Harry, no soy estúpido y estos días has tenido un comportamiento de lo más irritable. Has intentando fingir muy bien ante todo el mundo, pero aquellos que te amamos y te conocemos bien, sabemos que algo anda mal en ti. ¿De qué se trata?, ¿Es por que no te contaron sobre todo esto antes?, ¿Qué te tiene tan mal?

—Todo. ¡TODOS LOS EMBUSTES Y FALSEDADES!—inquirió con rabia contenida: —Todos ustedes y sus embustes. Todos los secretos que guardáis, la impasibilidad de Dumbledore y sus planes retorcidos y manipuladores. Tu despreciable tranquilidad, estás muerto en vida Sirius, no eres así, y sin embargo te dejas guiar como el perro que eres. ¿Tú hablas de mí", Por favor, eres el menos indicado para hablar.

No haces nada que no debas hacer, ¿sabes?, estoy de acuerdo con Severus, no eres más que un perrito domesticado dedicado a la limpieza de su caseta. Deja de preocuparte por mí de una puta vez, de pensar que soy mi maldito padre, y comienza a vivir por ti y para ti. Deja de hacer lo que te mandan y piensa por ti, por tu bienestar y tu libertad, maldita sea, ¿has pensado una puñetera vez en pedir justicia para ti?

No creo. Ni para eso has tenido los cojones necesarios. ¿Qué clase de amigos tenía mi padre?, Un traidor, un cobarde y un tipo sin sangre en las venas. Te creía más intrépido y con más agallas.

Sin embargo. Esto es todo lo que eres. Una gran decepción.

Lo miré con desprecio y me fui a mi cuarto furioso, al abrir la puerta observé al indeseable pelirrojo dormir tan plácidamente en su cama. Era tan poca cosa, ¿cómo alguien como él podía haberme destruido de manera tan profunda?

Lo odiaba, lo odiaba de la forma en la que solo puedes odiar si alguna vez has amado a esa persona. Y debía reconocer que yo había amado a ese pelirrojo durante años como si fuese mi propio hermano.

Por eso su traición era tan difícil de digerir. Por eso quería verlo sufrir de igual manera en que yo lo había hecho, e incluso más.

Me acosté intentando pensar cuáles serían mis movimientos. En ese año habían pasado una serie de cosas que debía pensar y valorar.

La ida a la estación, las cabriolas de Sirius, la fría despedida de Hermione al decirme que debían ir al vagón de los prefectos, todo eso solo me hizo sentir más insignificante aún. Verlos alejarse juntos provocó que mi sangre hirviera. Pensaba separarlos, así fuese lo último que hiciese.

—¿Pero qué dices? En este compartimento hay sitio, sólo está Lunática Lovegood.

En cuanto escuché la voz de Ginebra volví a la realidad, miré al frente a la par que ella abría el compartimento.

—Es muy simpática. ¡Hola Luna!, ¿Te importa que nos sentemos aquí?

La imagen de Luna, con el pelo desgreñado, y sucio le devolvió la mirada, sus claros ojos plateados se centraron en sus ojos verdes y sintió un escalofrío.

Luna Lovegood lo miró por unos instantes con curiosidad, para seguidamente y para su total sorpresa, recibir una cálida sonrisa por su parte. Algo en su interior se revolucionó.

Algo en él lo hizo sentirse miserable y rápidamente negó. ¿Por qué sentirse culpable?, Ellos eran los malditos que lo habían traicionado, ¿por qué él debía sentirse así?

Sabiendo que eso no era lo indicado, incluso que el entablar amistad con esa rubia le serviría bastante, huyó de allí. Huyó de ella, de los remordimientos que le asaltaban y se refugió en el lavabo, encerrándose durante todo el trayecto hasta Hogwarts, evitando todo contacto con nadie. Intentando con todas sus fuerzas recordarse a sí mismo que él, era la víctima.

Y ahora el vengador, el dueño de un corazón frío, de piedra, sin vida alguna.

Vida que Ronald, Ginebra, Malfoy, Dolohove y esa insufrible rubia, le habían arrebatado.

No obstante, nada más pensar en Luna sintió nauseas de sí mismo. Negó intentando reafirmarse en su posición, en su postura, en su nueva forma de ser.

Sin embargo y cuando el tren atracó en Hosmeade, no se pudo contener. Llegó al compartimento donde todos hablaban entre sí, contentos y como si nada pasara. Sin duda hablando de la insoportable visita de Malfoy, de la marcha de Ronald y Hermione para llevar a cabo sus deberes de Prefectos.

Más no le importó nada de todo aquello.

—¡Maldita seas! Y mil veces maldita.

Cogió a Luna con fuerza de su brazo y tiró de ella. Ginebra y Neville los miraron sorprendidos por su pronto, pero le importó muy poco.

—¿Qué estás haciendo?, Eres Harry Potter.

—Sí, ya lo sé.

Sintió un escalofrío, negó, esas mismas palabras. Eso mismo ya había pasado. Maldición. Cogió a Luna con mayor fuerza y sin mirar a nadie ni preocuparse de su equipaje, abrió la puerta de uno de los carruajes. Con muy poca delicadeza, la lanzó al interior del carruaje y subió seguidamente.

—¿Qué snorlack te ha picado?

Frunció el ceño y la miró molesto. La puerta del carruaje se abrió, dejando ver a Ronald y Hermione, ambos lo miraron sorprendidos:

—Coged otro. Este ya está ocupado, largo.

Sin más cerró de nuevo la puerta del carruaje y golpeó la parte superior del mismo. No tardó en sentir que se ponía en marcha.

—Te odio.

Eso fue lo único que salió de sus labios, consiguiendo que Luna lo mirara con sus hermosos ojos plateados abiertos de par en par por la sorpresa:

—Yo no…

—¡CÁLLATE! No hables, no lo hagas maldita sea. Todo tenía que ser perfecto, todo. Y no tenía que sentirme culpable, no es justo, te lo merecías, te merecías mi trato, te merecías todo. Y sin embargo aquí me tienes, enloqueciendo de remordimiento por tu causa. Por ti.

—¿Por qué te sientes culpable?, ¿Qué me hiciste?, ¿Qué te hice yo?

La fulminó con la mirada y ella abrió sus rosados labios para volver a hablar, antes de que lo hiciera y enloquecido, la encerró contra el asiento y apresó sus labios.

La Luna Lovegood de catorce años abrió los ojos al máximo y se quedó estática, estaba asustada y sentía terror. Ella sabía cosas de Harry Potter, pero jamás creyó que él estuviese como una cabra. Y luego la llamaban a ella Lunática Lovegood.

Cuando él dejó de besarla de forma furiosa y con poca delicadeza, respiraba agitadamente:

—No es justo que no recuerdes nada de lo que me hicisteis pasar.

Sacó su varita de su pantalón y apuntó a su frente, Luna sumamente asustada y sorprendida, abrió los ojos.

El rayo impactó en su frente sumiéndola en una especie de trance. Sus ojos platinos perdieron su brillo y quedaron completamente blancos.

Fueron unos simples segundos, pero para la mente de Luna fue como si pasaran décadas. Cuando sus ojos recuperaron su brillo original, se abrieron aún más que antes, y de estos se desprendieron unas cuantas lágrimas.

Antes de darse cuenta, ella era la que lo estaba besando de forma desesperada. Un beso que él respondió. Era compañeros de penurias, de sufrimiento y ahora, seguiría siendo quien la ayudara en su venganza. Como lo había hecho en el pasado, o en el futuro, daba igual.

De nuevo lo ayudaría.

Este es el final del segundo capítulo, espero que me digáis qué os parece, un reviews no cuesta más de cinco min, y es la vida de todos los escritores. En especial de esta historia, pues participa en un reto.

Aquí paso a dejaros los enlaces de los otros fics que también participan en este reto, espero que os paséis y apoyéis también a sus autoras.

Ante todo, recordad, quitar los espacios, ya sabéis ;)

PrincesLynx: En el filo de la oscuridad: www . fanfiction s / 10578761 / 1 / En-el-filo-de-la-oscuridad

Ander Ghjyyt: Stabbing the black souls: www . fanfiction s / 10534632 /1 / Stabbing-the-black-souls-Reto-En-el-filo-de-la-oscuridad

Nanny Pgranger: In the Shadows: www . / s / 10561459 / 1 / In-the-Shadows-En-el-filo-de-la-oscuridad