Ante todo, recordad que los personajes de Harry Potter no me pertenecen y que este fic participa en el reto "En el filo de la oscuridad" De la página de facebbo HARMONY(HARRY Y HERMIONE)
Hola a todo el mundo, realmente muchas gracias por sus comentarios y por darle una oportunidad a esta historia. Espero que les siga gustando hasta el final.
Perdón por no responder Reviews, es que el trabajo y otros asuntos me tienen absorbida por completo. Ahora que empiezan las clases a ver si vuelvo a una rutina y ya puedo actualizar todas las historias.
Nos vemos pronto. Buybuy y hasta la próxima, disfrutad de este cap ;)
Quinto año 2ª Parte:
El comienzo de ese año, fue una especie de Deja-vu.
Una de las cosas que había olvidado por completo, fue su breve pero retorcida relación con el sapo de Umbridge. Cuando la vio en el juicio ya sintió asco, pero tenerla en la mesa de los profesores, le trajo demasiados malos recuerdos.
Por lo que durante los tres primeros meses de clases, los sufrió con serios castigos, pero nada podía empañar todo lo que le había hecho a esa arpía.
Tarde, se dio cuenta de que si hubiese sido algo más cómplice de la tipa, podría haberse conseguido una buena aliada para sus futuros planes. Más eso no era algo que le remordiera demasiado la conciencia. Claro está, si contara con una.
Su relación con Luna, le había servido para hacerse con cierta influencia en la casa de la chica y tener una espía que podía favorecerle en muchos sentidos.
Luego estaba el olvidado e insoportable dolor de su maldita cicatriz, desde que Voldemort había desaparecido, el dolor se marchó con él, debió recordar que al volver a un año donde él estaba vivo de nuevo, este regresaría.
Otra cosita que se le había borrado de la mente, era la insoportable oriental y su constante flirtear, patética.
Cada vez que la veía, se sentía tan estúpido e idiota, ¿cómo había podido desperdiciar tres años de su vida fijándose en ella y no en Hermione?
El ED, había sido formado de nuevo, pero en esta ocasión, no sería algo que se quedaría en la retaguardia, ni mucho menos. Ese atajo de niños, que querían ser guerreros, serían convertidos en eso.
–Ya está bien por hoy. –Su voz resonó en la sala de los menesteres, todos a una dejaron de lanzar sus hechizos y lo miraron. Era la última sesión de entrenamiento y solo deseaba perder a todos esos perdedores de vista. Todos, menos a una.
–Como sabréis, esta es nuestra última sesión antes de las vacaciones de Navidad. He decidido, que cuando regresemos, las cosas van a ser diferentes. He aprovechado todo este tiempo, para hacerme una idea general de lo poco que valéis y de lo blandengues que sois.
Sus palabras resonaron en la sala dejando a todos mudos de la sorpresa. Formó una sonrisa retorcida en sus labios y siguió hablando:
–Pero que ahora seáis simplemente inservibles, no significa que lo vayáis a seguir siendo. –Caminó hacía la lista que Hermione colgó el primer día de todo aquello y la arrancó con cuidado. Se giró a mirar a su atónito grupo y señalándola inquirió: –Todos y cada uno de vosotros firmasteis este pergamino porque queríais ser alguien, conseguir enfrentaros a los peligros de fuera y sobrevivir. Quizás, solo por vosotros mismos, por salvar vuestras miserables vidas, otros por proteger a sus seres queridos y otros por la mierda de gloria que podrían heredar, si hicieran algo tan increíble, cómo luchar en una batalla contra mortífagos y salir airosos.
Vuestras miserables o valerosas razones, me importan una mierda. Yo solo os voy a utilizar. Queríais luchar, perfecto, lo haréis, pero será para mí. Es justo deciros, que este pergamino está hechizado. Mi querida, mejor amiga, lo hizo para mí. Asegurándose así, que ninguno de vosotros, cometería la tremenda estupidez de delatarnos ante nadie indebido.
Fijó su verde mirada en la amiguita de Chang, debió de impedir que esa firmara, pero le pareció gratificante hacerla pagar por lo que hizo en el pasado, o se supone que haría en el futuro. Y la forma de pagar sería aquella.
–Voy a enseñaros magia de la que jamás habéis escuchado hablar, voy a hacer de vosotros gente a respetar. Os voy a otorgar poder. Lo que después decidáis hacer con él, es cosa vuestra y de vuestra conciencia. –Imprimió todo el sarcasmo posible en esa última palabra: –Para el siguiente tramo de vuestro entrenamiento, Luna Lovegood pasará a ser mi ayudante.
Levantó una de sus manos y le hizo una señal. La chica caminó hasta situarse a su lado. Sonreía de forma distraída como si la cosa no fuese con ella. Pero él ya la conocía bastante bien, y sabía lo nerviosa que estaba.
Sus ojos plateados se lo revelaban como dos hermosas ventanas a su alma. También le decían que lo que hacía no le agradaba para nada:
–Ella me ayudó en mi búsqueda y aprendió conmigo todo lo que nosotros os enseñaremos a partir de Enero.
No consentiré bajas, ni excusas, estáis aquí para aprender. No me preocuparé si salís heridos, si acabáis con fracturas, sangrando. Esto se va a convertir en un verdadero campo de batalla, donde todos seréis enemigos de todos, donde deberéis enfrentaros a todos, incluidos Luna y yo.
Si en una de las sesiones acabáis desmayados, a la siguiente os quiero presentes, porque no consentiré blandengues. Aquellos que tengan pensado largarse y librarse de todo esto. Les aconsejo que se lo piensen tres, o cuatro veces, antes de desafiarme y de violar el pacto con el pergamino.
Ya habéis visto todos, de lo que nuestra querida Hermione es capaz de hacer, ¿estáis seguros de desear descubrir lo que ella ha preparado para aquel que deserte?
Sus ojos se oscurecieron por momentos y seguidamente amplió su sonrisa, todos dieron un pequeño paso hacia atrás:
–¿Creéis que podréis salir indemnes por traicionarme? Pensadlo de nuevo si la respuesta es sí.
Todos los artefactos de cristal del lugar estallaron en mil pedazos. Los gritos de sorpresa y miedo no se hicieron esperar. Seguidamente miró a Hermione y Ronald, para descubrir, que ella agarraba la manga de la túnica del pelirrojo.
Eso lo enfureció, pero al ver el miedo y el desconcierto en sus enormes ojos ámbar sintió una punzada.
Apartó la mirada y respiró hondo, debía tranquilizarse y seguir, había descubierto que el miedo era una buena fuente para conseguir lealtades, pero en ciertas ocasiones:
–No obstante, sé de sobra que ninguno de vosotros es mi enemigo. Os considero amigos, compañeros y personas que creéis en mí y estáis de acuerdo, con que no podemos ser simples chicos que se queden a un lado de todo lo que pasa en el exterior.
No quiero perderos a ninguno, quiero ser yo quién os hiera y quizás os dañe, para asegurarme, de que si os enfrentáis con alguien fuera de aquí, vosotros podréis sobrevivir solos, no podrán mataros y cuando todo esto termine, El Ejército de Dumbledore contará con todos y cada uno de sus miembros. Que habremos conseguido salir ilesos y con todas nuestras piezas.
Estoy cansado de pérdidas, la de Cedrig Diggory, es la última que estoy dispuesto a tolerar. ¿Os convertiréis conmigo en el Ejército de Dumbledore? ¿Seremos juntos los que protejamos a todos los idiotas que se dejan manipular?
Levantó su verde mirada para fijarla en todos y cada uno de los presentes:
–¿Uniremos nuestras manos y varitas para hacer frente a Voldemort y a todos sus secuaces? –Levantó la mano donde sostenía el pergamino con la lista de nombres, o al menos eso les hizo creer a todos los presentes que era, la colocó ante él, e inquirió: –Yo no soy Voldemort, no os ataré. Sois libres de decidir por vosotros mismos. Sois libres de elegirme o no. ¿Vendréis conmigo a buscar la paz? Elegid ahora.
En un gesto muy teatrero, rompió el pergamino por la mitad y luego una vez más, cuando terminó, lo dejó caer a sus pies mientras decía:
–Dejo la elección en vuestras manos, dejo mi vida en vuestra decisión.
El silencio se extendió como una plaga por toda la sala, ninguno sabía qué decir o hacer. Todos estaban conmocionados por las dos caras que acababa de mostrar. Les había inculcado el miedo en el cuerpo, haciéndoles comprender que no convenía que lo hicieran su enemigo, les había persuadido con poder, para después dejarles la ilusa creencia de que eran libres de elegir seguirle.
Con los años, había aprendido muy bien las técnicas de Dumbledore, su manipulación sutil pero efectiva.
El primero en dar un paso al frente y levantar su redondeada y rosada mirada hacia él resultó ser el mismo que en efecto daría todo por ayudarlo y demostraría lo que todos decían que no tenía:
–Estoy contigo hasta la muerte Harry.
La voz de Neville resonó en la sala, rompiendo el silencio y sobre todo disipando las dudas del resto de personas que había tras él. Todos estallaron en gritos de conformidad y alegría. Todos, pensando que estaban más unidos que nunca y con un propósito muchísimo más importante que cualquier otra cosa.
Los observó a todos con regocijo, eran suyos. Todos y cada uno de ellos le pertenecían ahora.
O eso creía. Cuando sus ojos se encontraron con los de Hermione sintió un escalofrío. Ella sabía lo que había hecho y no estaba de acuerdo con ello.
–Es mejor que nos empecemos a largar todos.
Inquirió George y Fred lo secundó, argumentando que debían tratar con algunos pedidos que habían recibido antes de marcharse de vacaciones.
Hermione los miró mal, pero él solo sonrió de medio lado despidiéndolos. Tras ellos los siguieron muchos otros. Centró su verde mirada en Hermione, quien caminaba hacía el estante repleto de libros, sin duda para coger otro y leerlo atentamente en su cuarto o la sala.
Cuando observó que parecía decidida a marcharse con Ronald, decidió impedirlo:
–Hermione, espera un momento, tengo algo que hablar contigo.
Ella lo fulminó con la mirada:
–Es mejor dejarlo para después.
Sin pensar la agarró del antebrazo y la obligó a mirarlo a los ojos:
–Luego no, tengo algo importante que decirte.
Ella buscó algo en sus ojos y él no pudo descifrar si lo había encontrado o no. Dejó de mirarlo y la vio mirar tras él, lo que sus ojos mostraron lo desconcertó, un brillo juguetón y travieso. Una descarga de puro deseo corrió por todo su cuerpo.
Cuando ella centró sus ojos en los suyos, se tuvo que contener para no asaltar sus labios en ese preciso instante:
–Me parece que hay alguien que desea hablar contigo, estoy segura de que prefieres dejar nuestra charla para más adelante.
Hermione guiñó uno de sus ojos de forma divertida y él se giró para ver de qué demonios le hablaba. ¿Qué mierda pintaba la oriental allí aún?
–Se puede ir al infierno.
Rumió molesto, Hermione solo amplió su sonrisa:
–Hagamos una cosa, ve a hablar con ella y si en quince minutos deseas seguir hablando conmigo y no estás ocupado, haz que mi galeón queme.
–No será necesario. En quince minutos ven. Me libraré de ella rápido.
Soltó su mano y se dirigió a la oriental. La chica miraba la fotografía de Cedrig con atención.
–No deseo olvidar que todo esto lo hago por él. Últimamente, me pregunto, si Cedrig hubiese recibido una preparación como la que tú nos estás brindando ahora, ¿él seguiría con vida?
Chistó con fastidio:
–No. Mira, no voy a ser gentil ni darte palabras basadas en mentiras. Si Cedrig hubiese recibido esta mierda de clases, no habría podido sobrevivir. El ataque fue certero y sin tiempo. Ni yo pude reaccionar porque no me lo esperaba, él, ni de coña.
Ninguno de vosotros lo conseguiría. Al menos no ahora. Pero cuando empiece lo bueno de verdad, ahí, en ese instante, podrás sentirte todo lo culpable y miserable que quieras por seguir viva y él no.
Te voy a dar una oportunidad de sobrevivir, con hechizos que él desconocía, y que la mayoría ni sueñan con practicar.
No obstante, hasta que ese momento llegue, no te preocupes, no tienes por qué sentirte tan baja por lo que sea que sientas o pretendas. Es lógico que quieras vivir pese a que hace menos de un año, la persona a la que querías muriera. ¿Quién te reprocharía el ser una veleta que sigue el camino que más le conviene para sobrevivir?
La oriental se giró a mirarlo y rompió a llorar. Él rumió molesto, joder, quería evitar que se pudiera así, solo deseaba que se enfureciera, si acaso que lo golpeara y se largara. Que lo dejara esperar a Hermione tranquilo. Pero no, la jodida idiota tenía que romper a llorar:
–Mis amigas opinan igual que tú. Que debería vivir mi vida en memoria de él. Que no debo atascarme en el pasado, que eso es algo que él no desearía que yo hiciera.
Se quedó congelado, ¿Cómo, por los cuatro fundadores, ella había interpretado eso de sus crueles palabras? ¿Acaso la chica no había notado el desdén y sarcasmo al hablarle?
Negó, quizás debía ser más específico y mandarla al demonio. Abrió la boca para hacer eso precisamente, pero se encontró imposibilitado por sus labios.
Una descarga de desagrado lo sobrecogió. Nunca había logrado entender a la oriental, pero con el paso de los años la había odiado. Él había sufrido la pérdida de un ser querido y ni un millar de años que pasara, podría olvidar el dolor que sintió por su pérdida. Sin embargo, ahí estaba ella, besándolo después de que no hacía ni medio año que lloraba por su supuesto amor.
Había esperado demasiado para apartarla y fue ella la que rápidamente se alejó, señaló algo sobre su cabeza, dijo algo que ni escuchó, furioso como se encontraba y después se largó de allí.
Con movimientos lentos, llevó una de sus manos a sus labios y los repasó, para después oscurecer su mirada y limpiárselos con suma fuerza. Quería borrar todo rastro de esa miserable. Por Merlín, deseaba maldecirla, herirla, deseaba hacerla sufrir. ¿Cómo podía haber interpretado un papel de novia desesperada por la pérdida?
¿Cómo él podía haberse dejado engatusar o engañar por una arpía como aquella?
–¿Harry?, ¿Estás bien?
El espejo ante él estalló, recomponiéndose rápidamente, pero no sin antes recibir un corte serio en su mejilla derecha.
Hasta que no sintió la mano de Hermione en su mejilla derecha, no se percató de que ella estaba allí:
–¿Qué ha pasado?, ¿Te ha dicho algo malo? ¿Qué ha hecho?
Buscó sus ojos e irritado inquirió:
–Me ha besado.
Ella se quedó callada unos instantes y después rompió a reír divertida, él frunció el ceño molesto, ¿de qué se reía?
–¿Lo ha hecho?, Vaya, creí que tardaría un poco más en dar ese paso.
Podía haberse tardado toda la puñetera vida, no me ha hecho ninguna gracia. ¿Quién demonios se cree que es?
Hermione se quedó mirándolo unos instantes perdida:
–¿Qué demonios te sucede a ti?, últimamente eres un idiota redimido. Tú humor es una mierda y estoy cansándome de que te la pases tratándonos como si fuésemos tus enemigos a Ron y a mí.
–A ti no te trato mal.
–¿No?, ¿He de recordarte lo que pasó la última noche en Grimmauld Place?, ¿O la bronca que tuvimos hace tres semanas cuando conseguiste que Umbridge cayera por las escaleras?
–Eso fue culpa tuya. ¿Por qué tienes que defender a esa arpía? No se merece ni una sola de tus palabras de compasión, esa miserable merece la muer…
Le cruzó la cara, y la quemazón lo hizo parpadear perplejo, cuando la volvió a mirar sus ojos estaban entrecerrados y furiosos:
–¿Quién te crees para decidir esas cosas?, ¿Quién mierda piensas que eres para manipular a la gente como lo has hecho hoy?, ¿Cómo te atreves a usarlos y amenazarlos?
¿Y a inmiscuirme a mí en todo esto? Yo hechicé ese pergamino, es cierto, pero solo les saldrán unos granos a quien nos traicione, nada más, pero tú hiciste pensar a todos que yo les había implantado un terrible maleficio si te traicionaban.
–No, si me traicionaban no, si nos traicionaban. Y estás equivocada Hermione, ese pergamino sí que está hechizado, y no solo con el hechizo que tú pusiste. –Sonrió ladeadamente y Hermione pudo notar como sus ojos se oscurecían: –Yo los he atado a mí, os he atado a todos. No permitiré que nadie me traicione nunca más. No sufriré lo que sufrió mi padre. La desesperación de saber que había un traidor y desconocer de quién se trataba.
Si alguno de esos ineptos intenta jugármela, Hermione, te garantizo que no volverá a intentar traicionar a nadie más.
Asustada dio un paso atrás alejándose de él. Algo que lo enfureció. Por ello él mismo se acercó a ella antes de que volviera a alejarse de él:
–No entiendes lo desgarrador que es sentirse traicionado por aquellos a los que más amas Hermione. No entenderías jamás lo terrible que es saberse completamente solo en este mundo.
Verse utilizado y relegado a ser un simple monedero andante, no conocer el amor o el ser apreciado por ser lo que eres y no lo que tienes.
Hermione, es una soledad que no le deseo a nadie, maldita sea, es el infierno en vida. Yo ya lo he vivido y que me maten si vuelvo a ello. No, jamás, nunca volverán a herirme de esa manera. No permitiré que nadie alcance tal poder sobre mí.
Hermione, más shock que en sí misma, acercó su mano a su rostro, obligándolo a mirarla. Descubrió las lágrimas que caían por su rostro y se maldijo de nuevo. Hermione repasó su mejilla:
–Harry, nunca tendrás que pasar por eso. Tú no eres tu padre, ninguno de nosotros es Peter. Tus amigos te queremos por lo que eres y no por lo que tienes. Ninguno de nosotros te traici…
–CALLA. No lo digas Hermione, no lo hagas por favor. No deseo escuchar alguna mentira de tus labios. No sabes cómo es el corazón de las personas. Todos desean algo, o riqueza, o poder, o influencias, Hermione, la gente es mezquina y sin corazón, todos son unos miserables rastreros. Sus almas están podridas, no existe ni una sola alma que esté limpia en este mundo en el que vivimos.
Vio el dolor en sus ojos.
–¿Me incluyes en ese saco?
Increpó enfadada, mientras más lágrimas caían de sus ojos. Él llevó una de sus manos hasta su rostro y limpió una de sus lágrimas, miró su dedo donde descansaba su lágrima y sin mirarla directamente le habló:
–¿Hay algo que desees Hermione?, ¿Alguien a quien quieras tener a tu lado? –Cuándo miró a los ojos de Hermione vio un pequeño destello de reacción y él se enfadó aún más, sabiendo de sobra a quién iba dirigido ese sentimiento de ella, pero maldito fuese si permitía que eso sucediese: –Sí, lo hay. Deseas que sea para ti y para nadie más. Deseas besarlo, tenerlo en tus brazos, ¿y por qué no?, poseerlo en cuerpo y alma. Pero, ¿no te convierte eso en una pecadora también? Sientes instintos muy bajos cuando estás a su alrededor. Deseas que solo te mire a ti, deseas acaparar su atención, sus labios, sus manos, su cuerpo entero. Sientes el deseo en tu interior de tocarlo y de que te toque. Eso es Lujuria pequeña Hermione, uno de los siete pecados capitales, sí, el más inocente de todos, pero un pecado que consigue oscurecer tu pura alma.
Pero no solo posees ese pecado mi pequeña, no, pecas de soberbia, piensas que eres la mejor y que poca gente puede superarte. También la envidia, porque cuando alguien te supera en algo lo envidias con toda tu alma y te enfureces, decidida a superarlo en la próxima ocasión que se te presente.
Y los celos, o querida, ese pecado lo tienes bien arraigado en ti.
Sería justo decir que yo poseo otros tantos, y que mi alma es la más negra que hay sobre la faz de la tierra.
Acercó a Hermione a él todo lo que pudo e inquirió:
–Lo que quería decirte hoy, es muy simple Hermione. Soy una persona celosa, posesiva y que peca de lujuria del mismo modo que tú. Tus deseos están enfocados en Ronald, y los míos en ti. –Hermione abrió los ojos muda de espanto y sorpresa, sin poder creerse lo que él estaba diciendo. No sabía con certeza si su sorpresa se debía a su declaración de que la deseaba o a la revelación de que él supiera que le gustaba el pelirrojo.
–Es mejor que te hagas a la idea de una cosa. Eres mía Hermione, desde el momento en que lo decidí y no podrás escapar de esto. No permitiré que él te toque o te tenga, no consentiré que ningún tipo se te acerque. Tuviste mucha suerte de que el año anterior yo no me hubiese fijado aún en ti, porque si no, Víctor Krum, sufriría serias consecuencias.
De un rápido movimiento colocó una de sus manos en su cintura y la otra en su nuca, acercándola a él y pegándola a su cuerpo lo máximo posible.
Podía sentirla temblar en sus brazos, y sabía de sobra que no era deseo, sino todo lo contrario, pero no le importaba, en ese instante le daba igual, su mente solo estaba enfocada en el único hecho de que deseaba sus labios, deseaba besarla, devorarla.
–Harry, Por favor no lo hagas.
Su voz sonaba suplicante, tan sumamente asustada y herida, pero su mente no reconocía eso como una maldita negativa, su mente solo podía procesar el hecho de que ella al fin estaba entre sus brazos.
Acortó la distancia de sus labios y rozó los de ella:
–Harry, yo…
No la dejó continuar, no deseaba escuchar una negativa de su parte. Pese a lo furioso que estaba, la abordó con cariño, con paciencia, conteniendo todo el deseo que lo abrasaba en su interior por ella. Apresó sus labios con cuidado extremo, intentando tranquilizarla y hacerla entender que nunca, jamás, le haría daño.
Deseando trasmitirle que le pertenecía de una forma que ni ella aún comprendía. Precisaba que ella entendiese que aunque él le hubiese dicho que era suya, la decisión final estaría en sus manos.
Pese a que él haría lo imposible porque esa decisión fuese pertenecerle.
Cuando sus labios se separaron, enseguida se percató de que ella no había hecho ni el más leve intento de corresponder a su beso.
La miró a los ojos y lentamente la soltó:
–No puedes obligar a la gente por la fuerza a hacer lo que tú deseas. Puedes decir que te pertenezco todo lo que quieras, pero no es cierto, no lo es. Y yo quiero a Ron, Harry, tú mismo lo has dicho. Yo lo quiero a él y lo siento si esto te hiere, pero es así como me siento.
Se alejó de él dirigiéndose a la puerta para marcharse de allí, él la observó alejarse y antes de que terminara de salir:
–¡HERMIONE! –Ella se giró a mirarlo y él solo sonrió ampliamente: –Puedes intentar huir de mí, esconderte en donde tú desees, refugiarte en esa ilusión de que quieres a Ronald, pero ten por seguro algo. Tú serás mía, no me importa lo que tenga que hacer para lograrlo, ni a quién tenga que derribar en el camino. Te amo, de una forma que quizás te pueda resultar obsesiva u opresiva, pero no te perderé.
No otra vez. La vio alejarse rápidamente de allí, sabía que sería complicado y estaba muy acertado en su presentir. Su alma ahora era oscura, sus deseos e instintos más bajos, pero su amor era igual de grande, quizás era cierto lo que él mismo había declarado, era un amor enfermizo. Envuelto en infinidad de dolor y pérdida, y quizás todo se debía precisamente a ello.
Al temor de perderla de nuevo, de no tenerla jamás. Se había vuelto obsesivo y deseoso de ella, de protegerla, de tenerla con él y jamás soltarla.
Abstraído y pensando en la mejor forma de tenerla con él, regresó a la sala común de Gryffindor decidido a buscar el mejor plan de acción. De sobra sabía que ya no serviría hacerse el niño bueno con Hermione. Ese puente lo había quemado con lo que había sucedido en la sala de los menesteres. Ahora solo debía encontrar la cadena adecuada, no obstante, mientras la localizaba, jugaría con su deseo.
Sintió un escalofrío al pensar en lo que pensaba hacer con ella, pero aún más al recordar lo que en el año próximo sucedería.
Fijó su mirada en la cama de al lado. Ronald cometería la estupidez de enredarse con Lavender Brown, sonrió mientras sentía crecer en su cuerpo un creciente deseo que pensaba explotar en cierta castaña.
Lo que quedaba de año pensaba darle a ella momentos exquisitos, pero sobre todas las cosas, en sexto año, le demostraría que él, era lo único que ella necesitaba. Y no precisamente al niño bueno que servía de pañuelo de lágrimas. Existían muchas formas de consolar, y él estaba dispuesto a encontrar las más placenteras y enloquecedoras que conocía.
Se dejó caer en su cama y cerró los ojos. Pronto quedó dormido y sumido en diferentes pesadillas que no lo dejaban en paz.
Notaba su cuerpo liso, fuerte y flexible. Se deslizaba entre unos relucientes barrotes de metal, sobre una fría y oscura superficie de piedra… Iba pegado al suelo y se arrastraba sobre el vientre…Estaba oscuro, y, sin embargo, él veía a su alrededor brillantes objetos de extraños y vivos colores. Giraba la cabeza… A primera vista el pasillo estaba vacío, pero no… Había un hombre sentado en el suelo, enfrente de él, con la barbilla caída sobre el pecho, y su silueta destacaba contra la oscuridad…
Sacaba la lengua…Percibía el olor que despedía aquel hombre, que estaba vivo pero adormilado, sentado frente a la puerta, al final del pasillo…
Moría de ganas de morder a aquel hombre…Pero debía contener el impulso…tenía cosas importantes que hacer…
No obstante el hombre se movía… Una capa plateada resbalaba de sus piernas cuando se ponía de pie de un brinco y veía cómo su oscilante y borrosa silueta se elevaba ante él; veía cómo el hombre sacaba una varita mágica de su cinturón…No tenía alternativa… Se elevaba del suelo y atacaba una, dos, tres veces, hundiéndole los colmillos al hombre y notaba cómo sus costillas se astillaban entre sus mandíbulas y sentía el tibio chorro de sangre…
El hombre gritaba de dolor… y luego se quedaba callado… Se tambaleaba, se apoyaba en la pared… La sangre manchaba el suelo…
La cicatriz comenzó a dolerle como si fuese a estallar y escuchó voces a su alrededor:
No abrió los ojos a los llamados de quienes le rodeaban, empapado en sudor de pies a cabeza, su mente trabajaba a cien por hora.
Ese sueño y lo que sucedería posteriormente se le había olvidado por completo. Sin embargo, ahí, en ese preciso instante, tenía una oportunidad única. No precisaba esperar para comenzar con su venganza, solo debía permanecer callado, no decir lo que acababa de soñar.
Con eso, la familia Weasley recibiría un golpe mortal, aunque para ser sinceros solo deseaba ver enloquecer a dos de los Weasley.
¿Qué hacer?, ¿Qué maldita cosa hacer?, Debía importarle una mierda esa familia, la que él consideró como suya por tanto tiempo. Al contrario, debía odiarlos, desear su muerte y no sentirse culpable por ello. Y sin embargo ahí estaba, sumido en la miseria sin saber si hablar o callar.
–Hermione, que alguien me traiga a Hermione. Necesito… yo…
Varias voces se hicieron escuchar, pero no entendía lo que decían, ella, ella decidiría qué debía hacer. Ella después de todo lo sentenciaría o lo salvaría. Todo quedaría en una sola palabra que saliera por sus labios.
Hubo un gran ajetreo, en el que decidieron cómo hacer para traer a Hermione al cuarto.
Sus ojos se encontraron con los azules de Ronald, y sintió deseos de sonreír, si ella decía no, si ella dejaba salir esa palabra de sus labios, ese malnacido no sonreiría por mucho tiempo. Cielos, era injusto para el resto de la familia, pero por ver el dolor y sufrimiento en ese malnacido y en su miserable y rastrera hermana….
–¿Harry?, ¿Qué ha pasado?
–Señor Potter, ¿Se encuentra bien?
Hermione y la profesora McGonagall llegaron a la par, sin más agarró con fuerza la mano de Hermione y tiró de ella hasta situarla a una distancia desde donde sin sus gafas podía mirarla a los ojos sin verla borrosa. Estaban muy cerca uno del otro, y sintió el nerviosismo de ella, sin duda preguntándose si iba a besarla por la fuerza de nuevo.
–¿Sí o no Hermione?
La confusión de ella se reflejó en sus ojos inmediatamente y él se sintió ansioso de pronto. ¿Qué deseaba que saliera de sus labios?, ¿Qué palabra proclamaba su corazón que ella le diera?
–¿Harry qué…?
Apretó más su mano con urgencia y súplica:
–¿Sí o no? Solo di.
Sintió sus ojos ámbar descifrar su verde mirada, la vio descubrir su miedo y sus dudas, desentrañar su encrucijada, y cuando de sus labios salió el veredicto, se percató, muy a su pesar, que él mismo sabía que esa era la respuesta acertada. Que pese a desear hacer pagar a unos, no podía condenar a otros:
–Sí.
El suspiro de alivio que salió de sus labios y la relajación de su cuerpo, hicieron comprender a Hermione que había acertado en su respuesta, más aún cuando ella misma se sintió en paz.
–El señor Weasley está gravemente herido. Hay que ir a ayudarlo o morirá. Ya hemos perdido mucho tiempo y quizás sea demasiado tarde.
Ron palideció ante sus palabras, y a todo eso siguió un pequeño interrogatorio donde tuvo que poco más mandar a la mierda a la profesora McGonagall.
Cuando ella le pidió que se levantara y la acompañara, sintió que Hermione comenzaba a soltar su mano. Desesperado, la cogió con mayor fuerza y cuando se encontró sus ojos detectó la desilusión en ellos.
No le importó en ese instante y solo pudo decirle:
–No me dejes, o caeré.
Hasta aquí el capítulo de hoy, os dejo el enlace a los otros fics que participan en este reto:
Ander Ghjyyt (publicado: www . / s / 10534632 / 1 / Stabbing-the-black-souls-Reto-En-el-filo-de-la-oscuridad )
Nanny Pgranger (publicado: www . / s / 10561459 / 1 / In-the-Shadows-En-el-filo-de-la-oscuridad )
Princes Lynx ( www . / s / 10578761/1 / )
Recordad quitar los espacios.
