Ante todo, los personajes de Harry Potter, le pertenecen a J. yo solo juego con ellos, y me dedico a hacerles la vida un poco más difícil de lo que ella ya se lo hizo. Y también a recuperar personajes que para mí jamás debieron morir.
Este fic participa en el reto "En el filo de la oscuridad" de la página del Facebook HARMONY(HARRY Y HERMIONE)
Quinto año 3ª Parte:
La llegada a Grimmauld Place, había estado marcada por un suceso que lo había trastocado.
Jamás, en todos los años en los que Hermione y él se habían conocido, ella, había decidido no estar a su lado, y, sin embargo, en esa ocasión, lo había abandonado.
Había soltado su mano, dejándolo en un vacío absoluto, y mirándolo como si realmente no lo conociera. No dudaba un instante en intuir el motivo de ese actuar, ella, siendo tan inteligente como era, se había percatado, de que si ella hubiese dicho que no, hubiese abandonado al señor Weasley a su suerte. Una que había empeorado considerablemente al no ser atendido tan rápido como debió serlo.
Situado lejos de la mesa, donde todos los Weasley se amontonaban dándose apoyo mutuamente, y sosteniendo en su mano una botella de cerveza de mantequilla, su mente no lo dejaba concentrarse en nada que no fuera la castaña.
No podía permitirle alejarse de él, de sobra sabía que su forma de actuar era lo que estaba ocasionando eso, más, ¿qué podía hacer él?
No podía pedirle que de la noche a la mañana, olvidase todo lo que había sucedido en su maldita vida y empezase de nuevo como si nada. Además, eso nunca se lo permitiría.
Ellos debían pagar, todos ellos debían ser castigados. Ya había tardado demasiado en darle su merecido a esa arpía pelirroja, pero a su regreso a Hogwarts, comenzaría con ello, para eso precisaba la ayuda de cierta serpiente.
Los hundiría a ambos en la más absoluta miseria, los haría odiarse a sí mismos y desear su propia muerte. Pero eso sería a su retorno.
Antes tenía otros asuntos que atender más urgentes, más relativos a su venganza con otro ser mezquino.
–¿Estás bien?
Miró de reojo a Sirius, llevó su botella a sus labios y bebió de ella de forma indiferente. Seguidamente se encogió de hombros.
–No es como si fuese mi padre. No tengo por qué sentirme miserable por lo que está sucediendo.
Sus palabras hicieron a Sirius mirarlo por unos instantes:
–Pero es una persona que te aprecia y ha dado siempre mucho por ti. Considero que algo de ti debería sentir un poco de alivio al saber que has conseguido evitar su muerte.
Observó el rostro de Ronald y Ginny y sonrió torcidamente:
–¿Alivio?, ¿Es eso lo que debo sentir?, Tal vez eso se esperaría, pero lo cierto es, que tanto si muere como si vive, no es asunto mío. Mucha gente ha muerto en esta guerra, uno más no hará la diferencia.
–Voy a pensar que estás intentando protegerte a ti mismo por si algo llega a pasarle a Arthur. Si no, no me explico esta frialdad al hablar del tema.
Lo miró unos instantes a los ojos, Sirius no apartó la mirada, sus ojos grises estaban destinados a ser críticos y censuradores. ¿Desde cuándo Sirius lo miraba así?
–En fin, sería bueno que me acompañases, hay temas, mucho más importantes para mí, que tengo que tratar contigo cuanto antes.
–¿Qué puede ser más importante que dar tu apoyo a tu mejor amigo y su familia en estos duros momentos?
–¿De qué les va a servir que esté aquí como idiota tomándome una y otra cerveza de mantequilla?, Además, prefiero salvar lo que queda de mi propia familia, estoy cansado de ser el único idiota que pierde miembros en esta guerra.
–Harry, ¿de qué estás hablando?
–Mejor salgamos de aquí. Vamos a la sala.
Sin dar una sola mirada a ninguno de los restantes miembros de la sala salió de allí dirigiéndose a la sala de la casa, escuchó cómo Sirius decía algo a los Weasley y lo siguió después.
Se paró frente al enorme árbol genealógico y se quedó observándolo fríamente. Recordaba a la perfección lo dicho sobre semejante tapiz, y, también recordaba sus esfuerzos por restaurar los nombres borrados.
–¿Qué quisiste decir?
–Dime algo Sirius. ¿Pettigriw tiene familia con vida?
Esa pregunta pilló a Sirius con la guardia baja, quien quedó completamente congelado.
–¿Por qué preguntas eso?, ¿Qué se supone que….?
–No es tan difícil la pregunta. Solo contesta con un sí o un no. Si la respuesta es afirmativa, agrega por favor, la dirección donde viven, no preciso ni una sola palabra más.
Supo enseguida que Sirius se había tensado, le cansaba su forma de actuar, y sabía de sobra que si Sirius le contestaba con un golpe se lo tendría bien merecido, pero algo le decía que aún no había traspasado los límites de su control.
–Sí, su madre aún está con vida. Remus se ocupó de ir a visitarla mientras creía que él era inocente. Le cogió cariño a la pobre mujer y aún, hoy en día, sigue viéndola de cuando en cuando.
Al escuchar esas palabras sonrió. ¡Qué conveniente!, Podría llevar su plan acabo sin mucho esfuerzo.
–¿Por qué quieres saber?
–Creo que ha llegado la hora de reivindicar tu lugar y tu inocencia. Voy a ir de cacería, pero necesito un posible cebo para que brinde algún resultado.
–No puedes utilizar a esa pobre mujer para esto Harry.
–¿No desear tu libertad?, ¿Acaso no quieres poder ir por la calle sin ser perseguido?
–No a costa de personas inocentes.
Harry levantó su verde mirada y la enfocó en la de él:
–Es una suerte, que no tengas que ser tú quien lo lleve a cabo. Es posible que no desees que se haga así, pero estoy dispuesto a pagar muchos precios para conseguir lo que deseo.
–¿Hasta rozar los límites impuestos?, Harry, si haces eso, estás actuando como Voldemort.
–Quizás, es preciso que lo haga para vencer. Tal vez el buen samaritano no conseguiría llegar a rozar la victoria. ¿Te has planteado, que la razón por la que no podemos vencer, es precisamente porque sabe perfectamente que jamás nos moveremos como él?
Es posible, que si le mostramos una cara distinta, las cosas cambiaran.
El silencio de Sirius se prolongó por bastante tiempo, sabía de sobra que estaba procesando sus palabras y preguntándose mil cosas. Su mente debía estar funcionando a mil por hora, planteándose incluso si era él o no quién estaba hablando realmente. ¿Le habría hablado Dumbledore a Sirius sobre su posible posesión?
No, ese viejo seguramente no habría dicho nada a nadie.
La llegada de la señora Weasley, los obligó a detener su conversación y mantenerla en pausa, pues era un tema que no dejaría así como así.
Si no conseguía esa información de Sirius o Remus, la lograría de otra parte, Peter no podía vivir un año más. Al igual que otro ser más.
Tras toda la parafernalia y el desayuno, subió a descansar, observó el cuadro de Phineas y recordó un detalle. Lentamente se puso en pie y sin dudar un segundo, giró el cuadro contra la pared.
No permitiría que Dumbledore lo espiara, de eso ni hablar. Durmió hasta que lo llamaron para ir a ver al señor Weasley, quiso mandarlos a todos a la mierda. No deseaba hacer ese viajecito y fingir ser el niño tonto que era antes.
Recordó todas las cosas que había pensado cuando todo aquello pasó, lo que incluso algunos de la orden pensaban, y lo sucedido en el ministerio. Debía evitar que eso sucediese.
Había ciertas cosas por las que no estaba dispuesto a pasar una segunda vez.
En cuanto regresaron, se encerró en su cuarto. Los días siguientes, hizo creer a todos que se encerraba en cualquier cuarto de la casa, más eso no podía estar más lejos de la realidad.
Se pasó todos y cada uno de esos días saliendo a hurtadillas con su capa invisible a pasear por los alrededores del lugar. Lo peor era esperar a que cualquiera de la orden entrara o saliera cuando deseaba salir o entrar él mismo.
Pero una vez establecido una especie de orden, no le fue difícil.
Lo que peor llevó, fue descubrir con asombro, que en esa ocasión, Hermione no había renunciado a ir con sus padres a esquiar. ¿Era posible que ella estuviese alejándose o huyendo de él?
Sin duda era así. Lejos estaba ella de imaginar que no pensaba permitírselo, algún día tendría que darle la cara y en ese preciso instante, Hermione, entendería un par de cosas que le pensaba dejar en claro.
Como el que no escaparía de él jamás.
Ya una vez la había perdido, si era preciso, la ataría a él por la eternidad, para evitar que nunca más se le fuese.
Fue el día veintiséis de Diciembre, cuando Hermione, a las seis de la tarde, llegó a la casa.
Y cinco minutos después la tenía frente a él en el cuarto que compartía con Ronald en la casa.
Sus ojos echaban chispas y era evidente su furia.
–¿Cómo te has atrevido?
Él solo sonrió y se cruzó de brazos para encararla:
–Tú fuiste la que me obligó. No debiste negarte a venir.
–A ver si te enteras, yo puedo ir donde desee y hacer lo que desee. No tengo por qué aguantar tus gilipolleces de niño insufrible.
–Es evidente que a fin de cuentas siempre terminas aquí, conmigo. –Rápidamente se acercó a ella y tiró de su brazo, en cuanto la tuvo entre sus brazos inquirió: –Donde perteneces.
Antes de que ella pudiera apartarlo, la besó.
Sus labios presionaron los de una sorprendida Hermione que intentó soltarse con todas sus fuerzas pero le fue imposible. Cuando decidió separar sus labios de los de ella, llevó una de sus manos a su rostro:
–Te he echado de menos. No sabes lo que he necesitado de tu presencia en estos días.
–Suéltame Harry. No puedes hacer esto, no puedes…
–Es evidente que sí puedo. Ven.
Sin esperar repuesta de ella la guió hasta la cama y la obligó a sentarse, ella se resistió, pero al no estar usando fuerza, ella se sintió idiota y se dejó guiar finalmente.
–Lamento que esto te desagrade Hermione. Es lo último que deseo. En realidad preferiría que fueses más receptiva a mí. Sé que llevamos cuatro años y medio siendo mejores amigos, pero eso ya no es suficiente.
Del mismo modo que para ti resulta imposible ya ser solo amiga de Ronald, es para mí imposible verte solo como mi mejor amiga. Es simple y sencillo.
Además, tienes que tener en cuenta otro punto. –Se arrodillo ante ella, sosteniendo sus manos y la miró fijamente a los ojos: –No me gusta compartir. Haré todo lo que esté en mi mano para conseguirte, así tenga que jugar muy sucio.
Daré y lucharé por ti todo lo que tengo y más.
Y aprovecharé cada maldito segundo para robarte un beso. Quizás algún día consiga que me respondas y que comprendas que algo entre nosotros es posible.
Aguantaré tus enfados, tus enojos, hasta si deseas abofetearme. Pero quiero que entiendas algo Hermione. Cada vez iré más lejos, cada instante que te tenga entre mis brazos, aprovecharé el momento al máximo y ten por seguro que conseguiré una respuesta de ti.
Sonrió confiadamente, sintió a Hermione temblar y la vio abrir los ojos sorprendida por sus palabras.
Antes de que pudiera decirle ni una sola palabra en respuesta, se acercó de nuevo y volvió a besarla.
Como tenía los labios entreabiertos por la sorpresa y porque iba a contestarle, apresó su labio inferior entre los suyos y luego la besó más profundamente.
Escuchó la exclamación de sorpresa salir de sus labios, pero impidió que se alejara de él colocando su mano en su nuca.
Su lengua exploró el interior de su boca, intentando descubrir cada sensación, cada sabor, cada recóndito lugar de ella. Memorizarlos, recordar los lugares exactos desde donde ella no podía evitar darle una respuesta.
Y seguidamente la incitó, indujo a su lengua a jugar con él, a responderle, la incitó a responder a su intromisión y a su desafío. Pero salvo el fuerte agarre de sus manos sobre su jersey y la fuerza impresa en ese gesto, no recibió más respuesta de ella.
No supo si descifrar si su agarre se debía a su desesperación por hacer que él se alejase, o que intentaba asegurarse de no responderle y dejarlo vencer.
Cuando se decidió por separarse de sus labios, mordió su labio inferior y fijó sus ojos verdes en los de ella, descubriendo su fuerte voluntad y su terrible determinación a no responder a él.
Eso lo encendió por dentro, despertando en él un fuerte deseo. Así fuese lo último que conseguiría, ella sería de él.
¡Y cómo disfrutaría despertándola lentamente, conociéndola y recorriéndola, descubriendo con cada nuevo encuentro, lo que la encendía y lo que le provocaba!
–Vas a ser mía Hermione.
Él quitó su mano de su nuca y ella se alejó rápidamente de él:
–No lo seré.
Solo le sonrió ladeadamente y se separó de ella, de momento era mejor dejarla así:
–Dime algo, ¿te gustó mi regalo?
–¿Cuál de ellos?, ¿El que me obligó a regresar, o el otro?
Él sonrió aún más:
–El que te obligó a regresar era en realidad para mí. Tú eres mi regalo Hermione. El otro, ¿qué piensas?
A regañadientes Hermione se deshizo de su chaquetón y lo dejó caer en la cama:
–Es un libro bastante interesante, jamás había oído hablar de semejante magia. Ni siquiera lo pensé. Sabía que existían otras clases de poder, pero nunca creí que esa pudiese ser tan fuerte.
–Pues lo es. Luna y yo lo descubrimos, y hemos estado practicando en secreto. Sabía que amarías ese libro, por eso te lo compré. Deseaba que supieras lo que tenía planeado y que lo aprobaras. Después de todo, tú fuiste quien creó el ED.
–No me gusta todo lo que ese libro dice, habrá cosas que quiero comentarte porque no veo adecuadas que…
–Si decidimos hacer esto Hermione, será por completo. No habrá medias tintas, no habrá abreviaturas.
–Pero en ese libro se habla de magia negra muy avanzada que…
–Es necesaria. Nos guste más o menos, Hermione, tenemos que dejar de ser los niños ingenuos que hemos sido hasta ahora, eso se terminó. No pienso ponerte en peligro, no pienso perderte y si para ello, he de recurrir a la magia negra, que sea bienvenida.
Nada ni nadie, me apartará de tu lado, y no tendré escrúpulos con quien desee hacerlo.
Cuando Hermione lo miró, descubrió miles de preguntas en sus ojos, preguntas a las que no podría darle respuesta, al menos, no de momento.
Las vacaciones fueron simples y sin contratiempos, exceptuando la visita insufrible de Snape y su revelación de clases de Oclumancia.
En el preciso instante en que Snape le dio esa información, supo que estaba en problemas serios. No podía negar, que ni en todo el tiempo que tuvo de estudiar magia avanzada, había sido capaz de controlar esa mierda.
La mente siempre fue un misterio para él, y no estaba muy en sus cabales para controlar semejante magia en esos instantes. Por otro lado, no podía, ni mínimamente, permitirse el lujo de que Snape viese en su interior
–¡Puta mierda!
–Ese lenguaje Potter. A mí tampoco me hace ninguna gracia tener que enseñarte esto. Pero el director de Hogwarts tiene la ventaja de poder asignar las tareas más desagradables a otros.
Sintió a Sirius tensarse a su lado y lo miró iracundo y molesto:
–Ahórrate el espectáculo Sirius, no tengo tiempo ni ganas de observar otra niñería de las vuestras. Estamos en el mismo puto bando, nos guste más o menos a todos. Él está aquí porque Dumbledore así lo desea, no obstante, a mí no me hace ninguna gracia esto.
Es más, considero que lo que pasa entre Voldemort y yo puede ser más productivo que destructivo.
–Eso no es una decisión que debas tomar tú, ¡gracias a Merlín!, pues con esa forma de pensar, haces ver más claro el poco cerebro que tienes. Como dije, el Lunes a la seis en las mazmorras, no te retrases Potter, no estoy para aguantar estupideces.
–Un momento.
Sirius se puso en pie decidido a dar su ultimátum, él lo dejó sintiendo agitado de esa mierda. Ahora debía preguntarse cómo evitar que esas clases dieran comienzo.
Y si no podía evitarlas, buscar la manera de cerrar su mente. ¡PUTA MIERDA! ¿Cómo se había olvidado de eso? Fácil, él jamás planeó regresar tan atrás en el tiempo. Nunca pensó en Sirius y su pérdida. La había asimilado y se había convencido tanto a sí mismo de que perderlo lo había llevado a madurar, que jamás pensó en recuperarlo.
Sin embargo, Luna lo pensó por él. Esa rubia soñadora, debió sospecharlo. En alguna ocasión, ella le dijo que ese año marcó una diferencia en él.
Una sutil, que pocos percibieron, solo ella.
Aún, en ese punto, se preguntaba ¿qué, maldita sea, significaban esas palabras?
Ahora ahí estaba, en el gran comedor, sin la respuesta a la maldita pregunta de qué hacer con Snape y la Oclumancia.
Además de sosteniendo el espejo que Sirius le había entregado. En el preciso instante en que este lo había puesto en su mano, por poco sufre un colapso.
Ese maldito objeto, ese objeto que pudo significar una diferencia, el objeto que se juró jamás utilizar.
Lo apretó en su mano con cierta fuerza. ¡Maldición!, Se había jurado a sí mismo no volver a sentir. No tener consideración, hacer lo que debía y no cuestionarse nada.
–¿Podemos hablar un momento?
La voz de Luna lo sacó de sus pensamientos. Al mirarla a sus ojos plateados se encontró con algo que no supo identificar del todo. Asintió a su pedido y ella se puso en pie. Juntos abandonaron el lugar, varios ojos los siguieron curiosos.
Luna lo guió por los pasillos, llegando un punto en el que él mismo se perdió. No le dio importancia, confiaba ciegamente en ella. Ese pensamiento lo hizo detenerse en seco.
¿Qué CONFIABA CIEGAMENTE EN ELLA?, ¿QUÉ MIERDA ESTABA MAL EN ÉL?, Él había jurado jamás volver a confiar en nadie. Menos en ella, quien ya lo había traicionado una vez.
¡Joder!
Antes de poder decir algo en voz alta, Luna se giró y lo abrazó. Se quedó estático:
–¿Qué se supone que haces?
Ella enterró su rostro en su pecho:
–Lo necesitaba. Estas vacaciones. Harry, han pasado tantos años. Ver a mi padre de regreso, saberlo vivo, este regalo… jamás podré devolverte lo que me has dado con esta oportunidad que me has brindado.
–No te confundas Luna. Esto lo hice solo para hacerte pagar. No me parecía justo que….
–Puedes repetirte eso y repetírmelo a mí las veces que desees. Pero yo sé la verdad, y no conseguirás que cambie de opinión. ¿Qué tal las cosas con Hermione?
El cambio de tema tan abrupto lo desconcertó:
–Como la mierda. Ella me desprecia.
–Non creo que eso pueda suceder jamás.
–Apuesta. Está cegada con su amor por el cerdo y miserable de Ronald. ¿Qué cojones veis en ese despreciable miserable?
Luna se separó de él y lo miró:
–Lo veíamos. Algo que él jamás apreció o valoró.
Él sonrió de forma socarrona y llevó una de sus manos a su cabello:
–Tranquila rubia, que creo que él ya te notó en su momento. Y también te vio, además de forma muy, pero que muy caliente y pervertida. Rogándome por más, porque te diera todo lo que deseabas.
¿Crees que le gustó el espectáculo que le ofrecimos aquella vez?, Estoy dispuesto a ofrecerle algo mucho más pervertido y acalorado que aquello.
La vio enrojecer al máximo y negar rápidamente. Él solo contempló su cuerpo con indiferencia, después de todo, esa Luna era una niña de apenas catorce años.
–A veces me olvido que tu cuerpo no es el mismo. Una pena, podríamos divertirnos mucho.
–Pero Hermione…
Él se encogió de hombros y soltó el mechón de su pelo:
–Ella apenas y me mira. No soy su deseo, conseguiré serlo. Ella ya tiene dieciséis años, con ella sí que puedo jugar un poco. Le mostraré algunos trucos que la harás desear más. Pero para eso tengo que esperar un poco.
Ahora tengo un problema entre manos. ¿Recuerdas la Oclumancia?
Luna asintió a su pregunta.
–Bien, necesito algo que bloqueé mi mente. Snape empieza a darme clases desde el maldito Lunes. Tengo que conseguir que no penetre en mi mente.
–No podemos cerrarla del todo, sin hacemos eso, sabrá que…
Asintió molesto con eso.
–Lo sé. Algo tengo que hacer.
–¿No conoces a nadie que sepa sobre eso?
–El maldito viejo. Pero este año no quiere pasar mucho a mi lado, mucho menos decirme algo de cómo librarme de esta mierda.
–Tiene que existir alguien que sea bueno en esto. Que controle la mente como quiere y que…
Levantó una mano haciéndola callar. Abrió los ojos sorprendido por lo que acababa de pensar y sonrió.
Eso sería putamente perfecto. Y encima no podría negarse.
Definitivamente Snape no vería en su interior y tampoco tendría problemas de otro calibre.
–He de buscar a Malfoy antes de que se escabulla en su sala.
–¿Malfoy? ¿Y qué pasa con la Oclumancia y…?
–Eso ya lo he solucionado. Ahora es tiempo de comenzar a darle a la pelirroja lo que le corresponde.
–¿Y eso es?
–Es curioso que lo preguntes. Tú serás quien me ayude a llevarlo a cabo. Esa putita pelirroja sabrá lo que es ser usada y despreciada. Sufrirá algo que jamás olvidará y yo lo disfrutaré lo indecible.
Su sonrisa debió de reflejar algo escalofriante, porque Luna retrocedió unos pasos alejándose de él:
–No dudo que deseas venir conmigo, ¿verdad?
Le tendió su mano mirándola fijamente y observó cómo Luna miraba su mano extendida y después sus ojos. Con cierto miedo reflejado en sus dos lagos plateados, Luna cogió la mano que le extendía.
Él cerró su mano sobre su agarre y amplió su sonrisa.
En cuanto llegó al vestíbulo preguntó a uno de segundo si había visto a Malfoy, este le informó de que aún seguía en el gran comedor. Miró a Luna y le indicó que lo buscara ella. No era muy conveniente para él que Dumbledore se fijase en que interactuaba con Malfoy.
Aún, y en este momento de mi vida, donde todo se está yendo a la mierda una vez más, no entiendo, cómo consiguió esa rubita loca, que Malfoy la siguiera y se encontrara conmigo.
Era una puñetera Ravenclaw bien merecida, la mejor de todos ellos.
Es curioso que piense en eso en este momento, debía resumir esta historia, contar solo lo esencial para que comprendierais lo que estoy viviendo. Pero es evidente que resumir no servirá de nada.
Deciros que la pelirroja sufrió un infierno, no me satisfacería lo suficiente, y a vosotros tampoco, seguramente.
Por eso estoy contando los tres últimos años que he vivido, o mejor dicho revivido.
En estos instantes, puedo decir que no me siento para nada conforme con cómo salió todo. Las segundas oportunidades, sino las aprovechas como es debido, pueden tener desenlaces, tan catastróficos, como las de la primera ocasión.
Y es, ahora, cuando comprendo, que quizás, ese momento, ese instante, esa conversación, fue el peor error de mi puñetera vida. Esa conversación, nos sentenció a todos.
Era evidente que Malfoy no se esperaba que yo lo hubiese convocado, menos aún que la rubia lo hubiese engatusado para ello.
–¿Qué significa esto Potter?
Yo estaba apoyado en la pared, con ambas manos en mis bolsillos y analizando al tipo ante mí. ¿Cómo podía ese despreciable a ver conseguido que me hiciesen tan putamente miserable?
Era un maldito niño de papa, engreído, rico, sin nada que se pudiera mencionar, exceptuando que según algunas tipas estaba bueno.
Lo miré con desprecio, esto sería otra cosa que me pagaría esa puta pelirroja. El obligarme tener que interactuar con esa despreciable serpiente.
–Puedes irte ya Luna, para lo que sigue no te necesito.
Luna lo miró intrigada y desconcertada, él solo le sonrió de medio lado y la volvió a echar con un gesto de su cabeza. Luna miró a Malfoy y luego de nuevo a él, sin decir nada, se fue de allí.
–Interesante la rubia ¿verdad?, Resulta un exquisito manjar. Quizás con los años te deje probarlo, depende de lo utilizable que me resultes. –Malfoy lo miró incrédulo y sin comprender una sola palabra, él chasqueó la lengua con indiferencia: –No es eso lo que quiero tratar contigo, y es otra puta a la que quiero que te folles y degrades. Pero eso lo podemos dejar como tema secundario, estoy seguro que lo disfrutarás y antes debo tratar asuntos importantes contigo.
Vamos a otro lado, aquí no es seguro.
Se separó de la pared, le dio la espalda y echó a andar seguro de que lo seguiría sin dudar:
–No pienso ir a ninguna parte contigo, Potter.
Se detuvo y se giró medianamente, ladeó la cabeza y lo miró con los ojos entrecerrados y una sonrisa torcida en los labios:
–¿Estás seguro de eso Malfoy?, Porque creo que si te presentas ante tu señor y le dices que te ofrecí una reunión y que te negaste, no será nada placentero contigo. –Malfoy abrió los ojos al máximo y miró a ambos lados, él volvió a girarse y retomó su caminar: –Te estoy ofreciendo convertirte en algo así como el predilecto de los tuyos. Aparecerás con una proposición irrechazable para Voldemort, y podrás echarte las flores que desees y llevarte todo el crédito que estimes. Sin embargo, si ahora no me sigues, le ofreceré este trato a cualquier otro desalmado, Goyle o Crabbe, cualquiera de esos despreciables gorilas me serviría también. Serán incluso más manipulables, quizás conviene que haga eso. ¿Cómo le sentará eso al asqueroso de tu padre? Puede que incluso te considere menos valioso que a ese despreciable elfo de Kreacher.
Nombrar al elfo provocó que Malfoy se estremeciera de sorpresa, lo volvió a mirar:
–Por supuesto que sé que tuvisteis una interesante visita estas navidades. No cometas el error de considerarme estúpido Malfoy, no te conviene. Te estoy ofreciendo mi mano, un consejo, no la desprecies como hice yo en primer año.
A ti podría costarte muy caro hacerme ese desprecio.
Lo llevó a los jardines de Hogwarts, cerca del lago:
–¿Y a qué debo este inmenso honor Potter?, ¿Por qué me has escogido?
–Sé que los de tu calaña siempre vais en busca de más poder e influencias, yo puedo tener mucho de todo eso, no solo en el buen lado. Las influencias que ahora necesito, son más de tu lado Malfoy.
Quiero a Peter Pettigriw, lo quiero vivo y lúcido. Quiero su sangre, su vida entera, quizás pueda perdonar que le falte una mano, es un pequeño precio a pagar.
También quiero la certeza de la vida de Sirius.
Informa a tu padre para que hable con Voldemort en la brevedad posible. No extenderé mucho más esta oferta, Malfoy.
Dile que le trasmita esto de mi parte. Yo puedo conseguirle lo que quiere. Solo si yo obtengo lo que deseo, él tendrá lo que desea.
Y de ser posible, yo trasmitiría esto antes de las seis de la tarde de hoy: Te conviene que nuestras mentes estén protegidas antes de esa hora.
–¿De qué estás hablando?, Yo no…
–No tienes tiempo para dudar o negarte, ahora lárgate para hacer este encargo ya. En otro momento te buscaré para decirte en qué puedes ser bueno.
–No soy tu maldito perro faldero, ese puesto lo ocupa ya otro.
Sonrió:
–Tienes razón Malfoy. Eres menos que eso, quizás un muñeco en mis manos, algo muy desechable y que no dudaré en estropearlo, ensuciarlo, embarrarlo, destrozarlo y perjudicarlo sin contemplaciones. –Caminó hasta estar cerca de él, vio claramente como Malfoy descubría que no podía moverse y sonrió. Se detuvo ante él, cogió sus rubios cabellos y lo obligó a mirarlo a los ojos fijamente: –Ahora me perteneces pequeña escoria, siempre que me puedas ser útil, no duraré un segundo en utilizarte, pero en el instante que ya no sirvas: –se encogió de hombros ante él, apretó su agarre y se acercó a su oído: –En ese preciso momento, te mataré sin pestañear. Este Potter ante ti es muy diferente al iluso que ha existido estos cuatro años atrás, ahora quiero ser quien maneje mi vida y quien dicte mis propias medidas y caminos. Si me eres útil, tendrás un camino que seguir a mi lado, si no lo eres, tu camino termina aquí.
Ahora te voy a liberar, no preciso un sí amo, solo serás ese perrito faldero obediente, vas a girarte y te vas a largar de mi vista. Cuando te llame volverás con el rabo agachadito y con una simple pregunta en tus labios. ¿Para qué soy bueno ahora?
Soltó sus cabellos con suma fuerza, tanta que consiguió que el tipo callera de rodillas al suelo. En cuanto quedó libre de su parálisis, Malfoy respiró con fuerza y furia contenidas. Sabía de sobre que no era un tipo manejable, y que le costaría conseguir su sumisión. No lo temía, pero para eso no precisaba que lo temiese a él, sino a la otra parte que él necesitaba.
Con el temor que sentía por Voldemort, sabía que cumpliría en esa parte de entregar el puto mensaje.
Cuando Malfoy levanto su grisácea mirada hacia él, vio el odio en sus ojos y el desprecio, observó cómo apretaba sus puños con fuerza y mordiéndose la lengua se ponía en pie y se alejaba de allí.
Borró todo rastro de sonrisa socarrona o de victoria de sus labios y los observó perderse en las puertas del castillo.
Caminó hasta el interior y descubrió a Hermione con Ronald, decidido se acercó hasta donde ellos dos estaban. No pensaba dejarlos solos ni un maldito instante, esas gilipolleces se habían terminado.
–Hola Harry.
Escuchar esa voz lo irritó, verla lo enfureció, ¿qué mierdas podía querer Chang ahora?
–Será mejor que nos adelantemos. Nos vemos en la biblioteca Harry.
La voz de Hermione lo hizo enfurecer, la miró molesto y ella solo sonrió con cierto alivio. Él regresó su mirada a Chang, ¿acaso esa castaña ingenua se creía que conseguiría que él se fijara en ella y la olvidara?, Estaba claro que no estaba entendiendo una maldita cosa.
En cuanto ellos desaparecieron, la tipa comenzó a murmurar algo sobre una futura salida y no sé qué más. Irritado la escuchó y la dejó hablar. Al final ella se marchó, pero en esta ocasión no hizo la estupidez de seguirla y pedirle salir en la siguiente salida.
El famoso día de San Valentín.
No, ese día pensaba pasarlo de manera muy diferente. Se dirigió a la biblioteca a pasar el mayor tiempo posible con esa castaña mandona y exquisita, planeando esa deliciosa salida a Hosmeade.
La clase de Oclumancia fue una tortura, más supo su respuesta, Snape no fue capaz de penetrar en su mente y la quemazón de su cicatriz, le hacía comprender que no estaba solo en aquel lugar.
Malfoy había cumplido su cometido.
Pero lo que le dejó completamente claro, que Voldemort había aceptado su trato, fue la aparición de Peter Pettigriw, aturdido, herido y maltrecho, atado, adornado con un lazo y con un letrero que declaraba:
"Por una larga y prospera alianza."
Hasta aquí el capítulo de hoy, espero que este fic esté gustando, aunque la verdad, es que si me dejo guiar por los comentarios que recibe, bien, me queda claro que no debe gustar demasiado. Muchas gracias a todos aquellos que os molestáis en darme vuestra más sincera opinión al respecto, espero que os siga gustando, el próximo es ya el final del quinto año y el comienzo del sexto;)
RECORDAD QUE VUESTROS COMENTARIOS ES LO QUE MÁS NOS INSPIRA A SEGUIR ADELANTE, SON NUESTRA FUERZA Y AIRE, Nos vemos pronto.
Bueno, os dejo el enlace a los otros fics que participan en este reto:
Ander Ghjyyt (publicado: www . / s / 10534632 / 1 / Stabbing-the-black-souls-Reto-En-el-filo-de-la-oscuridad )
Nanny Pgranger (publicado: www . / s / 10561459 / 1 / In-the-Shadows-En-el-filo-de-la-oscuridad )
Princes Lynx ( www . / s / 10578761/1 / )
Recordad quitar los espacios.
