Pues bien, aquí tenéis, al fin, la actualización del nuevo capítulo de Fuego en el alma, disculpad mi tardanza, espero que la semana que viene pueda actualizar con el resto de los participantes.

Mi horario de trabajo es muy puñetero y apenas tengo tiempo. Hoy es mi primer día libre después de dos semanas y media.

Espero podáis perdonarme.

Muchas gracias por vuestros comentarios de ánimo, espero que os siga gustando y que no os disguste la historia. Confieso que es la primer vez que escribo un Harry oscuro, y no estoy muy segura de llevarlo demasiado bien, pero al ver vuestros comentarios, me animáis a seguir adelante con él.

Deseo que no os defraude y que os guste este capítulo.

Nota: Cuando está en cursiva el texto, es una intervención del Harry que cuenta la historia.

Quinto año 4º Parte:

Sabía que lo que estaba a punto de hacer, era la estupidez más grande que jamás había hecho en su vida, pero no hacerlo, podía llevarlo a vivir momentos tan espantosos como ver a Sirius caer, o creer a Hermione muerta.

Visión que no podría revivir ni loco.

Con ambas manos en sus bolsillos, contempló la gran fuente que se encontraba ante él. Era totalmente cierto lo que Dumbledore había dicho en su momento.

Esa maldita fuente era una maldita y asquerosa mentira. Era una pena que no quedara reducida a cenizas en esta realidad también. Aunque si recordaba la que dos años después había suplantado esta, no podría decidirse por cual le parecía más repugnante.

Al menos, la siguiente, mostraba verdad en esos instantes. No era falsa y cargada de hipocresía.

Contemplando la dichosa fuente, recordó a Dobby y el favor que meses atrás había llevado a cabo para él.

Justamente el día de San Valentín.

Sonrió pagado de sí mismo, ese día había comenzado su tortura con Hermione. Una tortura exquisita, pero tortura a final de cuentas.

Recordaba ese día como si hubiese sido ayer, quizás porque había tenido un grato recordatorio de ello unas horas antes.

Aún sentía el sabor de ella en sus labios y no podía esperar a conseguir otras probadas mucho más perversas de ella.

El día de San Valentín, ese, había sido un punto de no retorno para ellos, por mucho que Hermione lo quisiera negar.

Cerró los ojos dispuesto a perderse en ese grato recuerdo, decidido a revivir ese momento en plenitud.

La vio en el vestíbulo, al lado de Ronald, escuchando cómo él decía que no podía acompañarlos a Hosmeade. Su entrenamiento de Quiddich y demás gilipolleces de él.

Y cómo ella le hacía saber que Chang lo estaba esperando, aún se preguntaba cómo esa chica podía ser tan insulsa y sin cerebro. En serio, ¿cómo él alguna vez podía haberla valorado tanto? Ahora solo veía un envase hermoso pero carente de sustancia. Y la hermosura no era tampoco algo que alabar.

Aun así la acompañó a su puñetero café, pero no consintió sus estupideces sobre Robert o royert o como mierda se llamara el tipo ese, ni sus lloriqueos sin sentido de Cédrig, pero el momento en que todo terminó, fue cuando le habló de Hermione.

Recordaba, la furia que sintió, cuando ella uso ese tono condescendiente y de desaprobación al hablar de ella.

Recordaba perfectamente el golpe que dio en la mesa y como ella quedó congelada fijando sus ojos negros en los de él, descubriendo sin duda la furia e ira que lo embargaban en ese instante:

—Jamás, en toda tu miserable y rastrera vida, vuelvas a ponerte el nombre de Hermione Granger en tu sucia e indigna boca. Ella es lo que tú nunca podrás ser, ni en mil años o vidas que puedas vivir, le llegaras ni a la suela de sus zapatos.

Ella vale mil veces más, que cualquier persona que en tu insípida vida, podrás conocer. Con los años, dirás que tú coincidiste con ella en Hogwarts, pero no podrás decir que tuviste ni un solo visaje de lo que ella es en realidad o de lo mucho que vale.

Y te lo advierto Chang, si en algún momento decides decir o hacer algo contra ella, te lo juro, sabrás lo que es tenerme como enemigo, y creo que recordarás lo que te dije en el ED. Piénsatelo mucho antes de conseguir ese puesto conmigo.

No tendré piedad sea quien sea.

Se puso en pie, movimiento que ella siguió y le dedicó una sonrisa torcida:

—No ha sido un placer tomar café contigo, pero por el tiempo que te he hecho perder en esto, aquí tienes, te invito.

Le tiró tres galeones, más de lo que costaría el puñetero café y se dispuso a marcharse.

Al pasar por su lado, Chang con sus reflejos de años de buscadora, cogió su brazo. Borró su sonrisa y la miró fijamente:

—La amas, ¿no es así?

Retomó su fría sonrisa y cogiendo su mano, apartándola de él añadió:

—No eres tan estúpida como pareces Chang, bravo por ti.

Soltó su mano con asco y estaba por coger el pomo de la puerta cuando Chang se puso en pie dejando caer su silla al suelo, así de abrupto había sido su movimiento.

Pero lo que más lo enfureció, no fue que llamara la atención de todo el local sobre ellos, sino lo que le gritó a continuación:

—No será tuya Potter. Creo que el más ciego de todo esto eres tú. –La miró y descubrió una sonrisa cruel en sus labios, la vio cruzarse de brazos como si eso pudiera protegerla: —Es evidente, que la dientes de conejo, está enamorada del pelirrojo. Puedes ser todo lo miserable que desees, pero ella jamás te verá.

¿Que yo soy algo de poco valor?, por favor, ¿qué eres tú entonces?, Nadie te quiere más que por tu nombre y por tu miserable dinero. Estás como una puta cabra y ni la cosa más insulsa de este colegio te ve.

Y tú, pobre desgraciado, bebes los vientos por ella. Por lo más bajo de este colegio. Veo que incluso Skeeter tenía razón el año pasado. Me pregunto si los filtros de amor también serán reales.

—Ni una palabra más Chang.

Todos a su alrededor notaron la frialdad en su voz e incluso sintieron el peligro, pues varias personas se alejaron de allí levantándose de sus asientos y poniendo la mayor distancia posible entre ellos y él.

Pero Chang, quien seguramente estaría demasiado herida en su ego de diva, como para percatarse de que lo que hacía era de locos, ni siquiera se percató de su estado:

—¿Duele la verdad Potter?, sí que duele. Saber que no eres ni el segundo plato de la persona por la que estarías dispuesto a dar tu vida. Saber que todos los que te rodean solo desean tu fama y tu dinero, incluso un pequeño nombramiento en las páginas de sociedad.

Todos aquellos que se te acercan, o Gran Potter, solo lo hacen para conseguir un poco de gloria. Para que el día de mañana, ese futuro que tú predijiste, puedan proclamar que fueron amigos, que intercambiaron palabras con ese niño idiota, enamorado de su mejor amiga que no consiguió ni que ella lo viera un poco.

Las mesas, los cristales y todo lo demás, saltaron por los aires. Chang, quedó tirada en el suelo con varios cristales rodeándola y mesas y manteles destrozados y desperdigados por ahí.

Furioso caminó hasta Chang y la encaró, ella respiraba agitada, estaba llorando de miedo y lo contemplaba aterrorizada.

—Te lo advertí Chang, te lo dije, no me quieras de enemigo.

Chang gritó todo lo que pudo hasta que le dolió la garganta. Y él sintió cómo alguien lo agarraba con fuerza y lo apartaba de ella:

—Ya vale Potter, déjala.

El idiota que se supone había pedido a Chang salir se encontraba allí, pero ni una mirada le dedicó, solo siguió fulminando a Chang, quien seguía gritando.

Y él sonrió, sonrió ante sus gritos, porque de sobra sabía lo que los estaba provocando. Para la gente allí presente, solo veía a una chica loca e histérica.

—¿Harry?, venga tío, pasa de ella, no se merece ni que le dediques una sola mirada.

La voz de Neville lo sorprendió, cuando miró a su rechoncho amigo frunció el ceño. Neville retrocedió unos pasos ante la sonrisa fría y sin vida que adornaba el rostro de Harry, una sonrisa que jamás antes había visto y que lo hizo temer a su amigo.

Pero rápidamente se recompuso, sabiendo de sobra que Harry no le haría daño, agarró su brazo con confianza, volviendo a acercarse a él.

—Vamos Harry, busquemos a Hermione y Ronald. Seguro que estaremos mejor con ellos, que en este lugar.

Y lo siguió, sin dedicarle una sola mirada a ninguno de los presentes, sin importarle, que con eso que acababa de suceder, había conseguido reforzar, un poco, la imagen que el ministerio estaba vendiendo de él. Sin percatarse, que Draco Malfoy, estaba en una de las mesas del lugar viendo todo estupefacto y sin poder creérselo.

Draco Malfoy era calculador, y de sobra sabía, que ahora contaba con una información que podría granjearle infinidad de renombre a su padre.

Más por cosas del destino, prefirió guardarse esa información para él mismo, sin saber, que ese movimiento, seria lo suficiente importante, que ocasionaría para él un cambio total en un futuro no muy lejano.

Cuando él y Neville ingresaron en las tres escobas, se encontraron con la curiosa imagen que representaban Rita, Luna y Hermione, juntas.

La visión de Hermione y su sonrisa, fue como el bálsamo para su furia. Lo calmó en tal grado, que Neville quedó impresionado. Ocasionando, que durante todo el transcurso de la reunión, Hermione, fuese objeto de miradas y cavilaciones por el callado muchacho, que intentaba descifrar, si las acusaciones de Chang, era ciertas o no. Si Harry, estaba realmente enamorado de Hermione o no.

Aquella tarde, fue exacta a como la recordaba, con ella a su lado durante toda la conversación con Skeeter y Luna. La única variante, fue Neville, su atenta mirada y sin duda su inesperable e inestimable amistad.

Ese día, Neville pasó a ser algo parecido a un amigo. Un verdadero amigo, carente de búsqueda de dinero o nombre. Algo, que hacía mucho tiempo, había dejado de creer que existiera si quiera.

Es evidente, en ese momento no lo tuve en cuenta, no lo valoré. Era solo un insulso chico, carente de valor y con muy poco que ofrecer, nada que me sirviera a corto plazo, débil, sin fuerza de hechizo, sin cerebro suficiente para aportar valiosas ideas.

Y no obstante, fue un constante, y para mi total vergüenza, quien me vio caer en el infierno y me tendió su mano para regresar a la tierra, para volar al cielo y recuperar lo que estúpidamente había alejado de mí, a base de estupideces.

Pero lo importante del día de San Valentín, lo que me llevaría a un corto delirio, lo que arrastraría a Hermione a su infierno personal y a mí a perderla, comenzaría horas después en los oscuros pasillos de Hogwarts, entrada la noche.

Tras el regreso a Hogwarts de esa catástrofe salida, estaba decidido a llevar a cabo a como diera lugar mi primer movimiento verdaderamente importante con Hermione. Había hablado con Dobby noches atrás, y sabía perfectamente qué debía hacer con Hermione cuando ella estuviese haciendo sus rondas.

Yo la esperaba en la sala de los menesteres, dispuesto a demostrarle algunas cosas que ella se empeñaba a negarse a sí misma y de paso a mí.

Cuando ella abrió la puerta guiada por Dobby y me vio frunció el ceño. De sobra sabía que no sería fácil que lo aceptara.

—¿Qué significa todo esto?

—Es mi regalo de San Valentín. Ya te dije que no podrías escapar de esto Hermione. Haré que me veas, que sepas que existo.

—Ya te veo Harry, te veo como lo que eres, mi mejor amigo. No me pidas más de lo que te puedo dar.

Lo dicho, me hicieron recordar a Chang, y sus hirientes palabras, mi posición de mendigo ante algo que me negaban.

¿Acaso era yo eso?, ¿Un mendigo?

Cualquiera que me viera en esos instantes me tomaría por uno. Pues estaba haciendo eso mismo. Y yo no era nadie tan bajo como para merecer mendigar nada.

Ella era mía, maldita fuera si no lo entendía. Maldita fuera por negarse a verlo.

Tarde, me percaté de que se había ido del lugar, ocasionando que mi furia creciera de forma alarmante, cegándome.

No estoy orgulloso de lo que hice, hoy en día aún me maldigo por cómo la acorralé, por cómo la obligué a verme. Jamás podré perdonarme lo que provoqué en ella por culpa de mi impaciencia, de mis celos enfermizos, de mi deseo por estar a su lado y que nadie me la arrebatase.

Estaba tan seguro de que merecía tenerla, que me cegué a tal grado de que invalidé su poder de decisión. La obligué a mí y mi presencia.

Cuándo la alcancé, no dudé un segundo en acorralarla contra una de las paredes del pasillo. Ella debía comprender que me deseaba de la misma manera, y si no lo conseguía con las palabras, lo lograría con otras artes menos respetables.

—¡Suéltame ahora mismo Harry! ¿Qué demonios te pasa?

—Me pasa que estoy harto de que no veas nada. Te digo que te quiero y me ignoras, te digo que quiero estar contigo y tú solo piensas en ese maldito Weasley.

Hermione le dirigió una mirada furiosa:

—Ese maldito Weasley, es tu mejor amigo Harry. ¿Qué te ha pasado?, Ya no hablas con nosotros, y lo único que hablas conmigo son idioteces. Tú no me amas, Harry, nunca lo has hecho. Solo has tenido ojos para Chang. ¿A qué viene toda esta tontería ahora?

Golpeó con el puño cerrado la pared donde tenía a Hermione apoyada y la miró enfadado:

—¿Eso es para ti, lo que siento por ti?, ¿Idioteces?, Estás muy equivocada pequeña. Yo siempre te he visto, siempre he estado para ti, del mismo modo que tú para mí. ¿Crees que amas a Ronald?, ¿A ese supuesto amigo?, Estás muy equivocada, demasiado, y pienso demostrártelo.

Atacó sus labios, pillándola desprevenida. Ella no lo reconocía, jamás había sido un muchacho que se lanzara ante esas cosas, pero había perdido tanto.

No entraba en su mente que ella no lo viera.

Hermione lo empujó lejos de ella, obligándolo a soltar sus labios:

—¡Ya basta!, Harry, maldita sea, deja esto o te juro que…

No la dejó terminar, no le consintió que lo alejara, sabía de sobra el final de esa frase, y jamás la diría. Su lengua invadió su boca, recorriéndola, explorándola, bebiendo de ella toda su esencia, intentando que ella bebiera de él del mismo modo. Pero ella no reaccionó, quedó estática, como una muñeca sin vida, enfurecida, pero sin respuesta o alma.

Al ver que ella no reaccionaba su furia se esfumó, dejando solo un vacío en él que lo hizo sentirse tan perdido, se separó de ella lo justo, sin dejarla margen de movimiento:

—Mírame Hermione, quiero que me veas, que me sientas.—Cogió sus manos y las apretó contra su pecho: —Quiero que respondas a mí, no te lo niegues, no me lo niegues.

Apresó su labio inferior por unos instantes y cuando repasó con su lengua el mismo sintió que ella apartaba sus manos de las de él. ¿Era malditamente posible que ella no sintiera ni un poco por él?

—Responderás, maldita seas, lo harás.

Llevó sus manos hasta su cintura y tiró de ella hacía arriba, ocasionando que quedara pegada a la pared, encerrada entre él y esta, sin posibilidad de escapatoria. Se situó entre sus piernas y la obligó a tener que sujetarse de él.

Sintió sus manos aferrarse a sus hombros y escuchó su grito de sorpresa.

Antes de que pudiera decir una sola palabra la besó con ansia. En esta ocasión sus manos no quedaron quietas en su cadera.

Estaba decidido a ocasionar que sintiera algo, por mínimo que fuera. Así fuera luego odiado por ello. Pero precisaba un poco de reacción por parte de ella.

Su mano se alojó en su nuca mientras la otra descendía por su muslo, buscando el final de la falda.

Quería sentir su piel, acariciarla, saber si era igual a como siempre la había imaginado. Sentirla estremecerse entre sus brazos. ¿Habría Krum alguna vez tocado así a Hermione?

Pensar eso hizo que su sangre hirviera. En el momento en que supiera que eso había pasado, acabaría con el indeseable búlgaro.

Cuando sus dedos tocaron al fin la piel de Hermione, recibió la primera respuesta por parte de ella.

Un grito que quedó ahogado entre sus labios, a la par que aferraba sus hombros con mayor fuerza. Sintió el miedo de ella, y se maldijo, no era eso lo que quería obtener.

Acarició su piel con cuidado, deleitándose con el suave tacto de su piel. Lentamente sintió como su agarre iba menguando, y cuando acarició su nuca con extremo cariño, la sintió suspirar. En ese instante, no lo pensó, incitó con su lengua a la de Hermione, y se sintió eufórico cuando sintió como la de ella se enredaba con la de él.

En cuestión de unos segundos, ambos estaban bailando en la boca del otro. La lengua de Hermione se amoldó con facilidad a la suya, a su juego y ritmo, demostrándole que le gustaba lo que estaba pasando en ese instante.

Enfebrecido por recibir al fin una respuesta de su parte, él aferró su nuca y la pegó más a él, su cuerpo entero se amoldó mejor al de ella.

Y, ¡maldición!, eran malditamente perfectos el uno para el otro. Su mano acentuó y ascendió su caricia hacía su muslo, subiendo con ella su falda unas pulgadas, sintiendo como ella volvía a suspirar por su toque.

¡Por los cuatro!, deseaba sacarla de allí y demostrarle cuantas cosas más podía hacerla sentir, deseaba…

Hizo un movimiento con su cadera, instándola a pegarse más a él, pero no fue un movimiento acertado, pues eso la asustó, sintió como ella se apartaba y lo alejaba.

No se hizo de rogar, ya había conseguido lo que deseaba, una maldita respuesta por parte de ella. A partir de ese instante ella ya no lo vería como un simple amigo.

—¡Apártate, aléjate de mí!

No pudo evitarlo, sonrió ante su disgusto.

—Nunca vuelvas a acercarte a mí, jamás.

Indicó ella roja como un tomate, no sabía si de furia o por otro motivo menos digno. Por lo que sonrió un poco más ampliamente.

—Puedes decir lo que quieras, pero has respondido al beso, te ha gustado.

—¡No!, Es solo que, ¡maldito seas!, Es la primera vez que alguien me toca así, y me has confundido.

Esas palabras ampliaron aún más su sonrisa:

—¿Jamás te habían besado así?, ¿He sido el primero?

Ella lo fulminó con la mirada confirmando sus sospechas, ocasionando que se acercara a ella:

—Perfecto, así no podrás olvidarlo jamás. He sido el primero, y seré el último. Deja que pase Hermione, permítete esto y nunca te arrepentirás.

—No, no, ¿Acaso no lo entiendes?, Esto no es nada, Harry, jamás lo será. ¿Piensas que esto que pasó, va a volver a suceder?

Con esas palabras Hermione se alejó corriendo de allí dejándolo completamente congelado.

¿Qué si volvería a pasar? Por Merlín que lo haría.

Abrió los ojos, volviendo su verde mirada a la fuente. Había vuelto a suceder, hacía solo unas horas, cuando la había atrapado en una clase, dejándola completamente a su merced. La anterior vez había conseguido que ella se alejase de él, pero en esta ocasión, había logrado un fuerte golpe en el rostro y una advertencia.

Hermione lo quería lejos de ella, pese a que su resistencia en esta ocasión había sido menor, ella había cedido a él de manera mucho más rápida que la vez anterior, y de sobra sabía, que la próxima vez, sería aún más rápido.

Aunque si jugaba bien sus cartas, era posible que no hiciera falta acorralarla nunca más.

Ese pensamiento lo llevó a recordar su jugada después de su encuentro con Hermione.

El protagonista de ese movimiento, había sido Draco Malfoy, quien servía de marioneta a sus manos para acabar con la asquerosa y puta de Ginny Weasley.

Malfoy lo había encontrado en mitad del pasillo, solo, con una erección que precisaba ayuda de alguien, aunque no tenía idea de a quién acudir.

El muy idiota se había propuesto bajarle puntos, lo cortó con una simple mirada:

—Es bueno que estés aquí, así podré hablarte sobre tu trabajo más importante Malfoy.

—¿Mi trabajo más importante?, ¿De qué estás hablando Potter?

—Te daré un modo de conseguir rebajar a los Weasley. Quiero que seduzcas a la puta menor. Quiero que hagas de Ginebra Weasley tu muñeca Malfoy, malógrala, hazla una adicta a ti. Te doy permiso para que juegues con ella, la utilices como te plazca y luego la tires y desprecies.

No sé si llegarás a entender el alcance que quiero que esto tenga, quiero que esa miserable rata rastrera quede inservible para todos, que se vuelva una muñeca sin vida, quiero que la lleves al borde de la destrucción, pero sobre todo, quiero que seas tú quien la haga ser la cosa más baja de este mundo.

Degrada a esa perra, hazla creer que la amas, que la veneras y utilízala como tu puta particular.

Compártela si te place, quizás me una al juego en algún momento, otra cosa no, pero la zorrita es follable, y para un desquite podría servir. Tú podrás tener todos los que te plazca.

—¿Te has vuelto loco?, ¿Qué estás diciendo?

Miró al rubio insufrible y se acercó a él:

—Jamás entenderás lo que me ha llevado a esto, pero una cosa sí te diré Malfoy, no le tengas lástima a esa ramera, no la merece. Cuando la tengas, la ensilles y la montes, no pongas sentimientos en ello. Solo deja que desahogue tu polla, disfruta su boca sucia y mantente al margen. Es una rastrera muy lista, y si cree que puede, te intentará atrapar, no le importará lo que precise para hacerlo. Ella y su hermano, moverán hasta las artes más rastreras para lograrlo.

Esto es solo un consejo, tómalo si quieres, sino, allá tú con las consecuencias.

Puedo ser un gran amigo Malfoy, generoso y pagar muy bien los favores que se me hacen. Pero como estás comprobando, tenerme como enemigo, no os conviene a ninguno. Esa asquerosa arpía decidió tenerme como segundo, espero que tu elección sea diferente.

Recordaba haberse girado y largarse de allí. No tardó ni una semana en saber que Malfoy estaba en movimiento con la perra.

Un brillo de malicia oscureció sus verdes ojos, ¿se la habría cogido ya la asquerosa serpiente?, ¿Habría gemido como perra esa zorra?

Relamió sus labios, recibiendo el sabor de la esencia de Hermione de nuevo, ocasionando que mordiera su labio inferior.

"—La próxima vez serás tú la que me busques"

Esa era la última frase que él le había dicho a ella antes de despedirse horas atrás. Esa única frase que estaba dispuesto a cumplir. Sabía que sería difícil, pero oh, en el momento en que ella lo buscara. Ese momento sería glorioso, y ella entendería que nunca más se alejaría de él.

—¿Algún plan que salió con buenos términos?

Escuchar esa voz lo hizo sentir asco. Esa era la peor parte de regresar en el tiempo:

—Muchos.

—¿A qué debo esta reunión?, No consigo comprender qué pintamos en este lugar en plena noche.

—Mañana en lugar de tú, iban a venir unos cuantos mortífagos para intentar emboscarme a mí y a otros. Pero eso no será preciso.

Ese plan tuyo sería un caos sin frutos, perderías a unos cuantos títeres, entre ellos, al padre de Malfoy, un muñeco que me está sirviendo bien, no puedo joderlo ahora mismo, pues podría dejar de serme útil por una estupidez de su padre.

La segunda generación tiene mejores frutos que la primera.

—Si mi plan iba a ser tan desastroso, ¿por qué estamos hoy aquí?, Sería mejor esperar a mañana y que todo pase, ver cómo se malogra mi plan tanto como tú dices.

Sonrió ante esas palabras y se encogió de hombros:

—Podríamos, es cierto. Pero entonces jamás obtendrías esto.—Sacó de su bolsillo la esfera verde sosteniéndola ante él de forma que fuera visible para quien se encontraba a su espalda: — ¿Estás seguro que deseas perderla para siempre? Porque eso sucederá, la destruiré y jamás podrás saber qué dice.

Sin embargo, si accedes, estoy dispuesto a dártela ahora y a concederte un año más de invisibilidad. ¿Qué me dices?, ¿Accedes o no?

Hizo girar la bola en su mano a la par que se giró a mirar al tipo albino tras él.

Sus ojos rojos estaban fijos en la esfera que sostenía en sus manos, podía sentir su excitación e incertidumbre, como si temiese alguna trampa, y por supuesto que la había, pero jamás la encontraría.

—¿Cómo puedo saber que es la verdadera?

Sonrió:

—Ven conmigo. Baja ahí abajo, al departamento de misterios y verás, con tus ojos de serpiente, que la esfera no está y que esta que sostengo es la verdadera.

—¿Qué consigues tú a cambio de todo esto?

Borrar recuerdos espantosos.

—Tranquilidad, no sé qué oculta esta esfera, pero sé que no tengo ganas de enfrentar mierdas, solo deseo estar un tiempo más tranquilo y ya. Dime, aceptas o la estampo en este instante contra el suelo y final de todos tus planes a lo largo del último año.

Agarró la esfera con fuerza y la alzó, demostrando claramente que no mentía al decir que la estrellaría contra el suelo.

—Detente maldito inepto. Lo que eso guarda puede suponer una clara diferencia para ti y para mí. ¿En serio no sabes lo que es?

Negó con desenfado:

—Tampoco me importa, ¿hay trato o no?

—Muy bien, dame esa esfera.

Harry rompió a reír:

—No, no, esto no funciona así. Verás, la voy a dejar allí, sobre el elfo doméstico que adora a los magos. Lo dejaré bajo un hechizo que he encontrado muy interesante. Solo cuando yo me encuentre fuera del ministerio y en lugar seguro podrás alcanzarlo.

Si me pasa cualquier cosa, no la obtendrás, ¿Estamos claros?

Yo he de regresar a Hogwarts, sano y salvo, sin que el buenazo de Dumbledore sospeche de esta transacción que hemos llevado a cabo tú y yo.

En ese instante, tú podrás hacerte con la esfera.

—Me parece que no estás teniendo en cuenta ciertos factores muchachito. ¿En serio creíste que vendría hasta aquí solo?, ¿Sin asegurarme antes de que la situación me era favorable?

No, no era estúpido, de sobra sabía que Voldemort no perdería la oportunidad de despacharlo si se lo servía en bandeja.

—Vaya, ahí es donde vamos a tener un problema. —Harry sacó una moneda de su bolsillo y la mostró: —Verás, esto funciona más o menos, como tu marca tenebrosa. Si yo decido apretarla, ¿cuánto crees que tarde Dumbledore en personalizarse aquí? Él tiene otra de estas monedas, me encargué de que le llegara.

—Veo que has aprendido bien, estás resultando más puñetero de lo que predije.

Sonrió ampliamente:

—Y más que voy a resultar. Esto no ha hecho más que comenzar. Y te adelantaré algo que no sabes. Solo necesitaré dos años para matarte.

Ni uno más.

Dejó la esfera sobre la mano del elfo doméstico y dio tres pasos hacia atrás sin borrar su sonrisa, encaminándose a una de las chimeneas. En cuanto llegó hasta ella inquirió:

—Disfruta de tu corto espacio de tiempo Voldy, es lo que más deseo.

Sin más se perdió entre las llamas.

Apareció en la chimenea de Gryffindor y sin poder contenerse rompió a reír como un histérico.

Creyendo que había ganado por primera vez en mucho tiempo.

Al día siguiente, cuando se levantó, la primera plana de "El Profeta", anunciaba el regreso del que no debe ser nombrado y en su interior, la resolución de inocencia de Sirius Black y condena de Peter Pettigriw.

Esa noche recibió su otra satisfacción:

Estaba furioso, ese maldito chico se la había jugado, era cierto, tenía la esfera en su poder, pero todo el mundo mágico se había enterado de su regreso.

Maldito sangre sucia despreciable. Debió imaginar que el muchacho estaba tramando algo.

Nunca se le ocurrió que acudiría a sus raíces muggles para conseguir que lo atraparan, el indeseable había utilizado una maldita alarma mágica. En el instante en que había agarrado la profecía, un centenar de magos se había presentado en el lugar, entre ellos, el miserable de Dumbledore.

No había duda, todo aquello había sido planeado por esos dos despreciables y pensaba hacérselo pagar. Pero sin duda, no habían contado con que consiguiera escapar con la profecía en su poder.

Y ahora, al fin, después de tantos fracasos, después de tantos intentos infructuosos y de tantos años de espera, al fin, tenía en su poder lo que le ayudaría a terminar con ese miserable despreciable y le daría la victoria.

¿Dos años?, ¿quién era ese Potter que había conocido ese año?

Observó la esfera y lentamente la dejó caer. En el acto, una figura se personó ante él y comenzó a hablar:

"El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso se acerca... , Nacido de los que lo han desafiado tres veces, vendrá al mundo al concluir el séptimo mes...Y el Señor Tenebroso lo señalará como su igual…"

Para su total sorpresa, la figura siguió moviendo los labios, pero ningún sonido salió, era como si le hubiesen borrado la voz.

Una furia ciega lo sobrecogió, consiguiendo que la cicatriz de Harry ardiera y lo despertara.

Pese al dolor que abrasaba su frente, no pudo contenerse y estalló en profundas carcajadas. Una risa que consiguió despertar a todos los ocupantes de su habitación y que varios lo miraran como loco.

También que llamaran a la profesora McGonagall, quien ante la imposibilidad de descubrir lo que atacaba al moreno, lo llevó en presencia del recién restituido director de Hogwarts.

El director, sin una respuesta clara por parte del muchacho ante él, no dudó en introducirse en su mente, descubriendo en su exploración el cómo había conseguido que Voldemort se revelara el solo al mundo, cómo lo había engañado, y sobre todas las cosas, cómo había conseguido manipular la profecía para que no pudiese escuchar más que lo que ya conocía de la misma.

Cuando Dumbledore retornó de su exploración y sus ojos se encontraron con los verdes del chico, se percató de que ese muchacho era más de lo que aparentaba ser, y que tendría que vigilarlo de cerca.

Mucho más cerca de lo que lo había vigilado ese último año.

Hicieron que Harry durmiera esa noche en la enfermería, perdido en su propio regocijo y sin percatarse de que Dumbledore había entrado en su mente, pero menos aún, de que Luna Lovegood, decidió reunirse con Dumbledore y hablar con ese anciano hombre.

Traicionándolo una vez más.

Mejor dicho ayudándolo. Lo que no descubrió hasta que fue demasiado tarde. Qué ingenuo había sido creyendo que su jugada no tendría represalias, que todo aquello funcionaría y sería perfecto.

¡Una mierda!

Ese había sido el final de su nuevo quinto año, pero el sexto se presentó rápido, negándose a salir de casa de sus tíos, prohibiéndose a sí mismo el deleite de ver a Hermione o de vivir con Sirius y su renovado estatus.

Calculando la forma de conseguir que todo saliera como él deseaba, recibiendo informes sobre cómo iba el plan con la zorrita pelirroja, y alguna visita esporádica de Luna Lovegood.

Se negó a ir a casa de los Weasley, no deseaba tener que interpretar el papel de buen chico ante ellos y prefería la indiferencia de los Dursley mil veces. Un trato de silencio mutuo y poco más, ¿qué podía ser mejor que eso?

Tiempo de sobra para establecer las pautas de su séptimo año, cuando Voldemort hubiese decidido al fin hacerse con el ministerio presencialmente y no con títeres bajo su nombre.

Además, precisaba que Hermione lo añorase y lo echase de menos. Tenía que entender que cuando regresase a él, sería por su voluntad, pero sobre todo, para quedarse.

Y ese año, el muy cretino de Ronald la arrojaría derechita a sus brazos, los cuales la estarían esperando abiertos.

Él solito, se ocuparía de cagarla y de alejarla de él, de perderla por completo. ¿Qué lo cegó de tal manera?, ¿Qué lo llevó a ser tan miserable de no notar los pequeños e imperceptibles cambios de su mejor amiga?, ¿En qué momento, ella se enamoró de él que él no lo notó?

¿Cuándo pasó ella a ser toda suya?, ¿Y cuándo él la perdió?

Eso no importaba realmente, allí de pie, observando por segunda vez la misma escena, el momento en que ella lo había amado en realidad, y el momento en que él la perdió, el instante justo en que se percató, de que su odio y sed de venganza, no servían para nada, solo para oscurecer su alma y empañar su felicidad, la situación en que se encontraba cuando Neville lo encontró y le tendió su mano, nada de eso importaba ante lo que sus ojos estaban observando.

Podía retrasar los momentos, hacerlos un poco más largos, pero lamentablemente, había descubierto, que los cambios tenían consecuencias, y que a veces, eso que deseabas cambiar, solo lo lograbas por un corto periodo de tiempo.

¿Cuánto más había disfrutado de Sirius?

RECORDAD, LOS REVIEWS SON LA VIDA Y EL AIRE DE TODO ESCRITOR, NO OS OLVIDÉIS DE DARNOS DE RESPIRAR ;)

Nos vemos la semana que viene.